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Un día en el Centro

Si quieres ser turista en tu ciudad o tienes un extranjero en casa y quieres saber a dónde llevarlo, aquí te damos algunas opciones de comida, cultura y reven en esta zona del DF

DESAYUNO: El Cardenal

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Hablar de clásicos siempre implica un riesgo, sobre todo en restaurantes: son bastantes los que viven de sus glorias pasadas. Afortunadamente, hay algunos que ameritan su prestigio y ofrecen lo que cualquier comensal esperaría de tal categoría: excelente comida y buen servicio. Justo es eso lo que convierte a El Cardenal en un auténtico clásico desde hace 43 años, cuando abrió sus puertas en las calles de Moneda y Seminario, para finalmente alojarse en un edificio porfiriano, cuyos cuatro salones cuentan con techos altos y columnas de cantera.

Aunque su propósito es mantener los procesos tradicionales de la cocina mexicana (como preparar el nixtamal para elaborar tortillas u hornear el pan en casa) con una carta que busca "evocar la provincia mexicana", el menú cuenta con platillos atípicos, como son las exquisitas albóndigas de salmón o las láminas de atún sellado, delicias del mar hasta hace poco ajenas a la mesa mexicana. Para comprobar la autenticidad de sus procesos artesanales, vale la pena probar sus desayunos, pues ello equivale a recorrer el bajío con el paladar. Ya sea con una tortilla de huevo con escamoles, unas gorditas hidalguenses o unas suculentas enchiladas mexicanas, el aroma del pan recién horneado basta para olvidar el bullicio del primer cuadro del Centro. De tomar, es imprescindible pedir un chocolate Doña Oliva, marca registrada de manufactura casera. Por otra parte, los guisos que sirven a la hora de la comida están pensados para satisfacer cualqui

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Centro

MAÑANA: Munal. Museo Nacional de Arte

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Dominando la plaza frente al Munal, está la estatua ecuestre diseñada por el ilustre arquitecto que da nombre a esa explanada: Manuel Tolsá. Mejor conocida como “El Caballito”, se trata en realidad de una imagen de Carlos IV de España, quien en su corcel, ha deambulado por media ciudad: primeramente, en 1803, estuvo en el Zócalo; luego en 1822 fue a dar a los patios de la Universidad, para salvarla de la furia anti-hispana que predominba tras la Independencia; posteriormente en 1852, calmados los ánimos, fue trasladada a las afueras, a lo que ahora es el cruce del Paseo de la Reforma y Bucareli. Finalmente en 1979 fue trasladada a su actual ubicación, en donde ya no desentona. Al mismo tiempo, el escultor Sebastián, sustituyó el caballito novohispano por su más famosa obra, la estructura en color amarillo que también se llama el Caballito y que, con indulgencia, parece un equino. El edificio detrás de esa estatua es el antiguo Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, diseñado por el arquitecto italiano Silvio Contri, quien inició su construcción en 1904. Por dentro presenta una hermosa escalera cuyos escalones de mármol ya muestran la huella del tiempo. También hay en su vestíbulo, impactantes esculturas en mármol, de influencia francesa evidente hasta en el título: la famosa “Malgré Tout” (“A pesar de todo”) de Jesús Fructuoso Contreras (1882-1948), que representa a una joven encadenada y desnuda, que se arrastra por el suelo, o la muy escandalosa “Après

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Centro

COMIDA: Hostería de Santo Domingo

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Aquí he probado el mejor caldo de res de toda mi vida. Que algo tan doméstico como un consomé de res servido en un restaurante logre múltiples dimensiones en el paladar, y te revele lo que siempre pensaste que debía de ser ese potaje pero nunca lo había alcanzado, habla en verdad mal de tus abuelitas, con perdón. Lo bueno es que tus abuelitas seguramente comieron aquí, cuando eran unas niñas y acompañaban a sus abuelos. También es muy posible que ya desde entonces trabajaran aquí los mismos meseros que ahora te atienden. Este establecimiento ofrece comida mexicana desde 1860. Para darnos una idea, en ese año era presidente Benito Juárez. Se trata del restaurante más antiguo de la ciudad, la muy tradicional y añeja Hostería de Santo Domingo, con su piano que tocó Agustín Lara (y que sigue tocando las de Agustín Lara), con sus murales de la vida antigua de la urbe, su talavera, su papel picado colgando del techo, su vitral, sus autógrafos de celebridades de hace décadas, y sus chiles en nogada monumentales en tamaño y sabor, de los que recomendamos pedir únicamente media porción, porque la porción completa es inacabable. Chiles que, a diferencia de muchos otros lugares que sólo los sirven en septiembre, se pueden pedir en cualquier época del año, y han trascendido su fama hasta autodenominar a este viejo edificio colonial, exconvento de Santo Domingo, la catedral del chile en nogada. La espera afuera por una mesa por más de una hora es también parte de la tradición, así como

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Centro

TARDE: Templo Mayor, museo y zona arqueológica

Majestuoso desde el nombre, el Templo Mayor resguarda lo más preciado de nuestra historia. Los vestigios de este centro ceremonial dan cuenta del linaje de todos los mexicanos y de la vasta cosmogonía que hasta hoy prevalece. Para que no quepa la duda, en cada pieza arqueológica hay información al respecto, tanto en español como en inglés. No es necesaria la ayuda de una guía, el recorrido es muy concreto y bien trazado. Es interesante la fusión que se hace entre las ruinas y los sonidos del exterior. Los tambores y los cascabeles ambientan la explanada de Tláloc y Huitzilopochtli con gran armonía. La aventura continúa en las instalaciones techadas, donde se encuentran esculturas y ofrendas originales de la época prehispánica, además de escenificaciones de la forma de vida de los pobladores, a lo largo de nueve salas. Te recomendamos disfrutar del museo y respetar las normas, sobre todo con las cámaras fotográficas, pues los flashes están prohibidos debido a que deterioran los materiales exhibidos. Por último, échale un ojo a la leyenda del dios de la guerra y busca a Coyolxauhqui.

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Cuauhtémoc

CENA: Azul Histórico

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A cargo del chef Ricardo Muñoz Zurita, conocido también como el antropólogo de la cocina mexicana por su trabajo de investigación y rescate a las tradiciones culinarias, este proyecto gastronómico no podría estar en mejores manos. Se trata de una variante de la serie Azul, que inició con el ya clásico Azul y Oro, en Ciudad Universitaria. Alojado en una casona que perteneció a Francisco Sergio Iturbe, mecenas del arte mexicano del siglo XX, Azul Histórico ocupa su patio central, a la sombra de un techo de laureles. En sus paredes se encuentran dos piezas de grandes artistas mexicanos, “Las comadres”, del escultor Mardonio Magaña, y “El holocausto”, mural del pintor Manuel Rodríguez Lozano. El Azul no es un restaurante de mantel largo. Es más, no hay manteles. Las mesas de madera desnuda portan sólo grabados de los nombres de las calles aledañas a la zona. Sobre ellas se sirve cocina mexicana de autor. Entre los platillos más populares están los buñuelos rellenos de pato bañados en mole, los panuchos de cochinita pibil, el chichilo negro de chile chilhuacle servido con venado y el pastel de chocolate acompañado por helado de queso gorgonzola. Además del menú tradicional, cada mes se presenta un festival gastronómico distinto, dedicado a un ingrediente o cocina regional.

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Centro

NOCHE: Miralto

Hay un cierto goce en ver las cosas desde lo alto, la ciudad como una gran maqueta; en poner las cosas en perspectiva y a los autos como hormigas. Si de esto se trata, una de las vistas más embriagantes de la ciudad está en el Miralto, en el piso 41 de la Torre Latinoamericana. Las ventajas de este bar, que está sobre los cimientos de donde alguna vez estuvo el zoológico de Moctezuma II, es que tiene la misma vista espectacular del mirador del edificio, pero sin tener que pagar una pequeña fortuna ni hacer cola para subir. Al final, una chela de 35 pesos sale más barata que caer en la otra trampa para turistas. Lo más recomendable es llegar un poco antes de que caiga el sol y ver los volcanes en un día despejado. Echarte un martini mientras salen las estrellas y se forman las líneas rojas del tráfico de la ciudad; platicar entre la encendida urbe, como vestida de lentejuelas. En realidad, el lugar no tiene nada de onda ni está de moda, más bien sufre del mal de quien tiene mucho potencial: su locación única es todo lo que necesita, por lo que no se esfuerza por dar más. Los cocteles son poco estéticos pero cumplidores; la carta es un repertorio de clásicos a disfrutar mientras escuchas una terrible y añeja selección musical, como de tía que sale a rocanrolear. La decoración es tipo lounge, como en los noventa y la concurrencia, como en muchos lugares del Centro, el punto de intersección entre los godínez y los foráneos.Eso sí, el servicio siempre es amabilísimo. Este pequ

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Centro

MÁS FIESTA: Salón Tenampa

Parada básica en la vida y en el desamor. ¡Que fluyan los tequilas! ¡Desgastemos las cuerdas vocales con las de José Alfredo Jiménez! ¡Que estallen los chiflidos y aplausos espontáneos! Hay mariachis para pedir canciones y antojitos mexicanos para picar. Un templo mexicano que, si bien por su historia y su fama tiene precios más altos de lo que debería, también es cierto que hay que ir al menos una vez en la vida.

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