Lobos por corderos

Teatro, Drama
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Lobos por corderos
Foto: Cortesía de la producción

Un camión escolar y un grupo de niños sufren un accidente que produce caos y pérdidas. Este suceso despierta en los padres el deseo de tomar represalias y de castigar a la instancia responsable. Por un lado, las víctimas se enfrentan a un sistema que no está dispuesto a padecer el escándalo y el desprestigio; por el otro, hay un desencuentro entre los padres de familia que por nada del mundo venderán su duelo, ni sacrificarán su egoísmo. Se convierten en fieras que al perder a sus cachorros se dan cuenta de que, quizás, se pierden también a sí mismos.

Reynolds Robledo es el autor de Lobos por corderos, obra que es su primer proyecto de larga duración en escena. En octubre de 2014 dio la sorpresa al escribir y dirigir la obra Sie7e, dentro de la temporada Por paz de Microteatro. Un mes después, su microobra El hombre en la luna, dirigida por Carlos Corona, fue elogiada en el evento 24 Hour Plays, en el Teatro Milán.

En el reestreno de esta obra, él mismo asume la dirección, junto con Daniela Padilla, quien ha sido asistente de dirección del prestigiado Hugo Arrevillaga en montajes como Ventanas, Antes te gustaba la lluvia y Aquí y ahora.

Para abordar los demonios de estos padres que pelean contra una directora de escuela, Robledo y Padilla reunieron a un muy atractivo reparto compuesto por Mónica Huarte, Mariana Garza, Fernanda Borches y Alejandro de la Madrid. Actores sólidos y constantes de nuestro teatro, quienes confrontan al espectador –y a sí mismos– con una pregunta: ¿cuánto vale la vida de un hijo?, un dilema moral y ético que refleja cualquier intento en la vida cotidiana, profesional o personal, de ofrecer dinero a cambio de silencio.

Se trata de una obra en la que los escrúpulos van de ida y vuelta pues, amén del duelo, siempre cabe la posibilidad de caer en la tentación.

Ambos directores construyen un universo de pequeñas vidas rotas, desgarradas por todo aquello que, con un hijo al lado, se creía fuerte e irrompible: el matrimonio, por ejemplo. Lo que se antoja indestructible es este montaje, cuyos elementos son una muy buena síntesis de lo que es el teatro contemporáneo independiente y de cómo los que participan son capaces de convertirse en lobos para hacer que el público, como corderos, ocupe una butaca.

Por Enrique Saavedra

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