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Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki rumbo al Oscar

Lubezki e Iñárritu llegan juntos al Oscar por segunda ocasión consecutiva, ahora por El renacido. Te decimos por qué tienen todo para dobletear

Foto: Cortesía 20th Century Fox

¿Qué bomba detonaron Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki? Cada uno había trabajado por separado en diferentes películas, muchas de ellas aplaudidas. Sin embargo, fue hasta Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) que este par de mexicanos se decidieron a colaborar juntos.  

El director

Defeño nacido en 1963, Alejandro González Iñárritu escapó como polizón en un barco carguero hacia Europa y África, luego de pasar por una ruptura amorosa. A su regreso estudió comunicación y años más tarde se convirtió en locutor de radio en W. En su tiempo de ocio, el joven Alejandro tenía otra pasión: el cine.

Era un asiduo visitante de las proyecciones en la Cineteca Nacional. De ahí nació su relación con, y el amor a, las películas de otros. Descubrió a Eisenstein, a Bergman, a Herzog y a Fassbinder. Una década después, a las probadas capacidades de Iñárritu como locutor y publicista hubo que sumarle la de director de cine. Acumuló elogios y notoriedad como ese realizador agudo, atento a un mundo en fuga con su ópera prima: Amores perros (2000).

Le siguieron otras trágicas y trepidantes historias contemporáneas, retratos de la soledad en las metrópolis: 21 gramos (2003), Babel (2006) y Beautiful (2010). Fue con Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (2014) que Iñárritu cambió radicalmente de género y estilo y así conquistó al mundo: tan sólo en los Oscar ganó tres premios en una sola noche (mejor película, director y guión original). Con El renacido (2015), el cineasta crea su película más personal. Una historia de supervivencia y redención en la que el estado emocional del protagonista (Leonardo DiCaprio) parece oscilar entre la pesadilla y la alienación, o tal vez entre el anhelo y la resignación.

El renacido exhibe la genialidad y estilo personal de su autor, al ofrecer un ejercicio narrativo complejo y una mirada primitiva que se maravilla frente a la belleza de los paisajes nevados de Alberta, Canadá y la Patagonia. Una historia tan ambiciosa como aquella primera película de época de Stanley Kubrick: Barry Lyndon (1975), una joya del cine por su supremacía técnica -no se usó ningún tipo de luz artificial- y bajo la magnífica fotografía de John Alcott.

Como Kubrick, Iñárritu a voluntad filmó solo con luz natural a lo largo de 80 días de rodaje-en orden cronológico, con la colaboración del gran cinefotógrafo mexicano, Emmanuel Lubezki. De ese modo, el nuevo trabajo de Iñárritu, comparte con el filme de Kubrick esa voluntad de convertir una pieza cinematográfica en una joya del séptimo arte.

El fotógrafo

Cómo detener el tiempo, cómo retener en la memoria los vestigios de un sitio distante. Cómo explicarle al mundo la esencia de esos recuerdos de manera que pueda ser comprendida a través de una obra con carga estética. Esos eran los dilemas de un joven Emmanuel Lubezki, estudiante de cine del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC, de la que, según consta en documentos escolares, aún debe una materia).

De familia judía, nació en la Ciudad de México en 1964. Su primer contacto con la fotografía fue a través de una cámara Kodak que su padre le regaló cuando tenía diez años. También estudió historia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Después, por voluntad emigró a Estados Unidos.

Sus composiciones plásticas lo convirtieron en un habitual de Terrence Malick, Alfonso Cuarón, y ahora un incondicional de Alejandro González Iñárritu. Bajo su lente se articularon filmes como Sólo con tu pareja (1991), Como agua para chocolate (1992), ¿Conoces a Joe Black? (1998), El árbol de la vida (2011) y Gravedad (2013).

Al lado de Iñárritu, Lubezki se consolida como un depurador de la técnica y, como otros muchos virtuosos (Roger Deakins, John Alcott, Benoît Debbie), un ejecutor de impresionantes ejercicios de cámara que devienen en propuestas artísticas: En Birdman – filme que le valió su segundo Oscar a mejor director de fotografía- recreó el más largo falso planosecuencia de la historia del cine -de planificación exquisita y orquestación virtuosa y completado digitalmente en sala de montaje.

Por su parte, en El renacido construye una atmósfera invernal irreal, casi onírica, lograda a base únicamente de la luz natural. Sus encuadres dotan al filme de una espiritualidad invisible al ojo, que emerge de la forma en la que fueron rodadas y montadas. Una vez más, Lubezki persiste en su plástica ambientación fotográfica: cuadros de una saciedad visual, sugestiva y fascinante, que podría valerle su tercera estatuilla dorada de manera consecutiva a Mejor fotografía.

Lee nuestra reseña de El renacido

El renacido

Tras la arriesgada, urbana y contemporánea Birdman, Alejandro González Iñárritu retoma la oscura visión del mundo que llevaron sus películas como Babel y 21 gramos, pero ahora en un sombrío western que se desarrolla en 1820. 

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