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Top 10 restaurantes en la Ciudad de México

Los mejores lugares para comer en la Ciudad de México

10
Azul Histórico
1/10

Azul Histórico

Recomendado

A cargo del chef Ricardo Muñoz Zurita, conocido también como el antropólogo de la cocina mexicana por su trabajo de investigación y rescate a las tradiciones culinarias, este proyecto gastronómico no podría estar en mejores manos. Se trata de una variante de la serie Azul, que inició con el ya clásico Azul y Oro, en Ciudad Universitaria. Alojado en una casona que perteneció a Francisco Sergio Iturbe, mecenas del arte mexicano del siglo XX, Azul Histórico ocupa su patio central, a la sombra de un techo de laureles. En sus paredes se encuentran dos piezas de grandes artistas mexicanos, “Las comadres”, del escultor Mardonio Magaña, y “El holocausto”, mural del pintor Manuel Rodríguez Lozano. El Azul no es un restaurante de mantel largo. Es más, no hay manteles. Las mesas de madera desnuda portan sólo grabados de los nombres de las calles aledañas a la zona. Sobre ellas se sirve cocina mexicana de autor. Entre los platillos más populares están los buñuelos rellenos de pato bañados en mole, los panuchos de cochinita pibil, el chichilo negro de chile chilhuacle servido con venado y el pastel de chocolate acompañado por helado de queso gorgonzola. Además del menú tradicional, cada mes se presenta un festival gastronómico distinto, dedicado a un ingrediente o cocina regional.

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Centro
9
Dulce Patria
2/10

Dulce Patria

Recomendado

Comer en Dulce Patria es volver a ser niño. Cada plato creado por la chef Martha Ortiz es una reinterpretación de los sabores que las abuelas mexicanas han llevado a las mesas por años. La diferencia reside en la elegancia con que se sirven. Delicadas perlas de chicharrón que recuerdan a una jugosa gordita de puesto. Un desfile de panes de mole, chipotle o violeta. Postres como el esquimo contemporáneo, un granizado coronado con grajeas y galletas de animalitos, ante cuyos colores, es imposible no sonreír. Entre los ejecutivos que acuden a la hora de la comida parece imposible volver a la infancia, pero basta ver los rostros de alegría para saber que en cada mesa dispuesta en el piso rosa mexicano, todos, igual que tú, están pensando en mamá.

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Polanco
8
Anatol
3/10

Anatol

Recomendado

El Anatol está en boca de todos. Al hablar con chefs y preguntarles sobre sus restaurantes nuevos favoritos, su nombre se escucha una y otra vez. Teníamos que comprobarlo. Para comenzar, pedimos un refrescante gin con cardamomo, canela e hinojo: descubrimos una cocina que apuesta por sabores conocidos que alcanzan otra dimensión en el paladar. El restaurante diseñado por Yubu Pushelberg –estudio que ha trabajado en las ciudades más cosmopolitas de Estados Unidos– cuenta con elementos decorativos que se repiten en las paredes, creando ritmo y diferencia en cada área. Esto lo hace armónico, aunque un poco neurótico. El salón es luminoso, con ventanales para ver a la “gente bonita” de Masaryk y Anatole France. Tanta perfección crea un sentimiento de set de película en el ambiente, que se relaja con el excelente servicio y la simpatía del capitán. El menú es breve y eso se agradece. De entrada, lanza los clásicos platillos engancha foodies: hamachi, aleta amarilla y coctel de camarón. Así, el chef Justin Emini luce su amplia experiencia en pescados y mariscos, añadiendo su sello. Hay ensaladas y mezclas de vegetales seleccionados con lupa y combinados con precisión, pero lo verdaderamente interesante es cuando Emini se sale de las promesas básicas y explora el difícil terreno del comfort food: macarrones con queso y aceite de trufa negra, sopa de frijol con foie gras ahumado, consomé de pollo con menta y el poutine, una de las estrellas del menú y el platillo que me hará regres

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Polanco
7
Nicos
4/10

Nicos

Recomendado

El DF siempre sorprende con hallazgos en zonas inesperadas. Basta darle la oportunidad a otras colonias para que revelen sus secretos. Es el caso de Clavería, hogar del restaurante Nicos desde 1957. La primera impresión es la de un lugar que goza de clientela fiel y que conserva su espíritu de restaurante de barrio. Con esta categoría me refiero al estilo del salón y al feelingde estancamiento en el tiempo que se respira. Se percibe un contraste entre el ambiente y el refinamiento de sus platillos, pero en la discrepancia está el secreto, pues se ocupan de lo importante: cocinar bien. El chef Gerardo Vázquez Lugo ofrece una carta que incluye recetas del siglo XIX –como la sopa seca de natas, estrella de la casa–, y en las que el origen del producto es fundamental para la calidad y sabor de sus preparaciones, pues siguen los principios del movimiento slow food. La trilogía de gorditas consta de una de requesón, una de quelites y otra inflada de frijol: dorada, delgada y sin relleno, pues el frijol está en la masa. Se acompañan con salsas de la casa: verde, roja y de chiles chilpotles; estos últimos tienen una ligera nota de canela y piloncillo. El resultado es una opción diferente a lo que se tiene acostumbrado por “gorditas”.  Para el segundo tiempo recomiendo el caldo verde de camarón roca con nopales. Los nopales, en juliana, de color verde intenso, y los camarones roca tiernos se presentan en el tazón; luego el mesero sirve cucharones del caldito espeso. El camarón, el

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Clavería
6
Biko
5/10

Biko

Recomendado

El prestigio de esta casa gastronómica ya es legendario: por años el Biko ha sido reconocido entre los 50 mejores restaurantes del mundo, según varios rankings, y en ocasiones ha sido el único restaurante mexicano mencionado en tales listados. Los artífices detrás de ese éxito son los chef vascos Mikel Alonso y Bruno Oteiza, quienes trajeron a nuestro país no sólo la añeja cocina del país de Euskadi, sino la vanguardia que esa pequeña zona del mundo ha aportado a sus platillos (que, pese a la diminuta región que ocupan, se ha proyectado a escala internacional), y lo supieron incorporar a la tradición mexicana. La primera parte de su menú lleva como nombre la filosofía que subyace a estas creaciones: Evolución. Es una cocina de porciones minimalistas, geometría cubista, colorido pop, y raíces tanto vascas como mexicanas. Cada platillo es una pieza de arte, algunos con efectos especiales, todos con métodos poco ortodoxos en su preparación (Mikel estudió química; y verdaderamente la aplica). La presentación obliga a comer con minucia, bocados pequeños, masticación detallada. Es indispensable maridar cada platillo con la copa precisa. No hacerlo no sólo es inapropiado, sino que arruinaría la experiencia: si no ha quedado claro, a este restaurate no se viene a comer, sino a tener una comunión con los alimentos: venir con hambre también sería inadecuado (si tu apetito es grande mejor vete a comer unas tortas). Ni siquiera intentes elegir por ti mismo la botella: el platillo que

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Polanco
5
Máximo Bistrot Local
6/10

Máximo Bistrot Local

Recomendado

“Es lo único que sé hacer”, dice Eduardo García, chef de Maximo Bistrot, con respecto a la cocina. Nació en Guanajuato, pero cuando era chico se mudó con su familia a Atlanta, donde la comida de su mamá fue su único contacto con México. Para poder sobrevivir y ganar dinero entró de lavalozas a un restaurante, donde aprendió el oficio de cocinero. Nunca estudió gastronomía pero, aun así, terminó cocinando en Le Bernardin, uno de los mejores restaurantes de Nueva York especializado en cocina eurocéntrica clásica. Luego conoció al chef Enrique Olvera en Vancouver. Olvera se enteró que había trabajado en uno de sus restaurantes favoritos y lo contrató en Pujol. Durante los tres años y medio que trabajó con Olvera, Eduardo se dio en cuenta que hacían falta restaurantes ecológicamente conscientes en México, que tomaran responsabilidad con lo que pasaba en el mundo. En respuesta, abrió su restaurante: Maximo Bistrot. Años después de su apertura, todavía es difícil encontrar mesa sin reservación. Posicionado en esquina discreta de la Roma, el restaurante sigue la estricta filosofía de apoyar los productos nacionales. Lo demuestra en todos los aspectos del restaurante, desde sus servilletas tejidas a mano por artesanos oaxaqueños hasta la selección diaria de platillos dependiendo de los ingredientes disponibles, todos locales. El pan posee las cualidades que debe tener: calientito, crujiente por fuera, suave por dentro, y del día. Puede venir acompañado de cualquiera de las mantequ

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Roma
4
Rosetta
7/10

Rosetta

Recomendado

Toda esa casona afrancesada, de techos altos e interior en tonos pastel, despide aroma a mantequilla: son el pan y las pastas. Si tienes suerte (o reservación) podrás sentarte en el patio, de paredes blancas y discretos motivos florales. Los muebles vintage por momentos y con detalles modernos, crean un aire bucólico. Antes de continuar, es necesario advertir al lector que debe guardar espacio para el postre. Entonces, bien… la carta está compuesta por cocina tradicional italiana, aquí nada de clichés. Los platillos son sencillos y hacen uso de ingredientes –sobre todo marinos– medianamente desconocidos en esta parte del mundo, sin embargo son justo como los que cocinaría una abuela italiana. La chef Elena Reygadas viajó por Italia para recopilar las tradicionales recetas que hoy sirve. Muy seguramente la verás al visitar el lugar, pues tiene la hospitalaria costumbre de pasear entre las mesas para platicar con los comensales. El menú cambia frecuentemente para ajustarse al clima y a los ingredientes estacionales. Sin embargo, te recomendamos, de entrada, la burrata, y para plato fuerte, los risottos o el short rib, que puedes acompañar con la amplia variedad de vinos tintos, blancos, rosados y espumosos que el restaurante ofrece. A pesar de las modificaciones del menú, la clientela del Rosetta es constante, pues ya es fama que cualquier platillo que pidan será bueno. Sencillo, pero delicioso. El ambiente es completamente amistoso en las tardes y muy romántico en las noche

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Roma
3
Merotoro
8/10

Merotoro

Recomendado

Sencillo pero sofisticado. Un restaurante que no intenta demostrar nada, su comida habla por sí misma. La carta: cuatro tiempos de gastronomía bajacaliforniana con un toque urbano. Platillos elaborados creativamente por uno de los mejores chefs de México, Jair Téllez. El lugar cuenta con una atmósfera amistosa y decoración simple llena de toques de madera, como para que el comensal se enfoque sin muchas distracciones en la comida y la bebida. Su selecta cava favorece a los vinos de Baja California. También se ofrecen cervezas artesanales. En todos los platillos el chef procura ser lo más fiel a los ingredientes que compra al día, escogidos con altos estándares y utilizados generosamente. Orgánicos, libres de hormonas y, preferiblemente, locales. Por lo mismo, la carta es impresa a diario y puede que los platos cambien si un ingrediente no cuenta con la calidad deseada. Elige el platillo que se te antoje, aquí puedes confiar en que lo que pidas no te defraudará. Algunos de los favoritos son el risotto de tuétano y la quijada de cerdo. En el cuarto tiempo, el menú ofrece postres originales para ir al cielo y de regreso, como el pastelito de almendra con tapioca, plátano dulce y helado de plátano. En un día caluroso prueba el granizado de jamaica, con mezcal, sorbete de mandarina y sal de gusano.

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Condesa
2
Quintonil
9/10

Quintonil

Recomendado

Cuando un cocinero entremezcla su trayectoria con sus más entrañables recuerdos culinarios, aparecen platillos como el arroz de aguacate con huevo perfecto, de Jorge Vallejo. Su tostada de salpicón de jaiba, nuevo integrante de su carta, nos recuerda que la cocina mexicana es una de frescura, acidez, contrastes y sutilezas. Quizá esta sea una de las mejores mesas de la ciudad, la única manera de saberlo es yendo.

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Polanco
1
Pujol
10/10

Pujol

Recomendado

La cocina como expresión filosófica. La preparación de los alimentos como una metodología de la sutileza. El restaurante como un espacio de introspección. El chef como un creador. Cuando Enrique Olvera abrió su restaurante Pujol en 2000, la gastronomía mexicana dirigió la mirada hacia sí misma, para cuestionar sus procesos tradicionales. Cobró, por así decirlo, conciencia crítica. Influido por las corrientes más vanguardistas de ese tiempo, Olvera deconstruyó las recetas de la cocina popular para dejar irreconocibles los platillos de todos los días. En pocos años, pasó de ser un chef excéntrico a una figura pública, indispensable en la escena gourmet capitalina. Portadas de revistas y nuevos proyectos restauranteros le otorgaron una suerte de ubicuidad. Por un periodo, hacia finales de la década, incluso descuidó a su restaurante original, su laboratorio de creación de platillos. Sin embargo, en cuanto volvió a poner las manos y la mente en la cocina, el Pujol recuperó su antiguo prestigio, su maestría, su fuerza originadora. En sí, en palabras del propio chef, el cambio de concepto transitó del replanteamiento de las delicias de la calle, a la búsqueda creativa personal, lo que amplió el campo de la experiencia.El trabajo de recuperación obró sus frutos: en 2011 el Pujol fue considerado como uno de los 50 mejores restaurantes del mundo por la lista de San Pellegrino.Los platillos que pudiéramos recomendar para esa reseña muy probablemente no volverán a aparecer en el menú,

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Polanco

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