El Jacalito

Bares y cantinas, Antro Roma
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Time Out dice

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Al Jacalito, más que reseñarlo, habría que escribirle una oda. Después de tantos recuerdos, no se me ocurre otra cosa. La fiesta más prendida la he encontrado ahí siempre pasada la medianoche. Ni en los bares más exclusivos de la ciudad la he pasado tan bien. Quizá justo porque de exclusivo, el Jacal no tiene nada.

Alguna vez, hablando de una fiesta de una conocida-feria-de-arte en la que había estado “todo mundo, goe”, mis amigos y yo concluimos que esa, justamente, era la frase más incluyente y excluyente al mismo tiempo. “Todo mundo”, en una fiesta de una feria de arte en la ciudad de México, es muy poquito mundo.

En El Jacalito, “todo mundo” se aplica en su versión incluyente. No porque quepan todos (el espacio es mínimo), pero sí porque siempre hay representantes de todas las tribus urbanas que conformamos la ciudad, bailando y pidiendo cubetas de cervezas sin parar.

Hipsters, fresas, los que trabajan en el mercado de Medellín, los que se refunden ocho horas en las oficinas aledañas, los periodistas, los artistas, los que andaban bailando en el Mama Rumba, los extranjeros que por lo visto se perdieron en la noche del DF. Todos confluyen e interactúan ahí como debería ser la convivencia sobria en la ciudad siempre. El Jacalito es una lección. Sin importar dónde vivimos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, todos buscamos lo mismo: divertirnos, no ser juzgados, no juzgar, amanecer riendo, bailando…

La música es ecléctica. Una serie de hits de los sesenta para acá donde el género no importa. De pronto suena “Qué bello” de la Sonora Dinamita y luego “Lemon Tree” de Fools Garden. Es como si pusieran una canción para cada uno.

La botana son frituras de harina con salsa valentina (si es que alcanzas), y sólo se paga en efectivo.

La fiesta dura hasta tarde, pero cuando se pone muy buena es como a la 1:30am. Si un día se te ocurre ir antes de las 12, es probable que te encuentres algo más parecido a una cantina de pueblo en la que, si hay poca gente, es común que se junten las mesas en lugar de andar 10 personas por ahí desperdigadas, lo cual provoca charlas que acaban en bailar cumbia y en esas crudas en las que dices que no lo volverás a hacer, aunque sabes que te mueres de ganas por volver a hacerlo.

Estuvo cerrado un tiempo —periodo trágico— pero no ha muerto. El Jacalito sigue de pie en la oferta nocturna de la ciudad. Larga vida al Jacal.

Por Mónica Isabel Pérez

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Dirección Medellín 143
Roma
México, DF

Transporte Metrobús Sonora
Precio Consumo promedio por persona $150
Horas de apertura Mié-sáb 9pm

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