Restaurantes y cafés

Los mejores restaurantes y cafés en la CDMX, reseñados anónimamente por nuestros expertos

Bistrós en la CDMX
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Bistrós en la CDMX

La cocina bistró tiene su base en la comida francesa, como aquella que se sirve casi de forma casera en los establecimientos de las esquinas de París. Comida reconfortante como sopas y pan fresco para acompañar, otros incluso con cocina de autor y dentro de nuestra lista de los mejores restaurantes de la CDMX.  Recomendado: 10 bistrós que te volverán loco

Comida mexicana de la A a la Z
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Comida mexicana de la A a la Z

Aunque ya sabes que existe un increíble repertorio de platillos de comida mexicana, en esta ocasión queremos que te salgas de la norma y te aventures a probar el ABC de lo tradicional y  la chispa de diversión que carazteriza a los restaurantes capitalinos. A pesar que ya paso el grito seguimos festejando el mes patrio con Fresca y te recomendamos estos lugares de comida mexicana de la A a la Z en la CDMX.

Pócimas de brujas y cafés para Halloween
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Pócimas de brujas y cafés para Halloween

Es una de las épocas del año preferida por muchos: el calor se amortigua, los vientos refrescan, las lunas de octubre son las más impresionantes y las brujas encienden sus calderos. No todo en Halloween son sustos y fiestas; se trata de una celebración celta y cristiana que en la actualidad conecta al mundo de los vivos con los muertos. Muy próximo también a la tradición mexicana de Día de Muertos, se presta para que los cafés de la CDMX se luzcan con platillos y bebidas de temporada. Encontramos para ti estas creaciones imperdibles, en lugares incluso mágicos y tan oscuros como el café. Recomendado: Cafés de brujas

20 mejores tacos al pastor
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20 mejores tacos al pastor

Los tacos al pastor son el deleite de cada mexicano y el motivo de nostalgia del expatriado; pero siempre presentes en las mejores taquerías. Es un platillo que por más autóctono que parezca, y a diferencia de otros clásicos de la comida mexicana, es un híbrido de recetas más antiguas de Europa y Asia, de influencias turcas y libanesas en las que la carne marinada se coloca de manera que su cocimiento sea paulatino (tradicionalmente al carbón), facilitado por la forma de trompo que mientras gira, se cocina adecuadamente preservando sus jugos. En México, cada estado, luego cada taquería, tendrá su propia receta para marinar la carne tradicionalmente de cerdo, cuyo color anaranjado que hace salivar a cualquiera proviene (en la mayoría de las preparaciones) del pigmento del achiote, además sazonada con especias y jugo de limón o naranja.¿Por qué llevan piña? Además de que el adobo del pastor generalmente tiene jugos de cítricos y el marriage es excelente, la piña tiene una sustancia llamada bromelina. Aparte de usarse como ablandador natural de carnes, esta facilita la digestión de las rebanadas de carne en esa docena de tacos que gustosamente ingerimos.  ¿Por qué es difícil decir cuál es el mejor taco al pastor? Porque cuando los recuerdos de la infancia, la costumbre, la preferencia y la salsa favorita influyen, hasta las mejores garnachas se convierten en un asunto muy personal. No obstante, quisimos entrarle al ruedo y hacer para ti un ranking de aquellos que hemos probado

Los 10 mejores postres de otoño en la CDMX
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Los 10 mejores postres de otoño en la CDMX

La fiebre de Halloween y Día de Muertos en la CDMX llega con más fuerza cada año. Con tantas opciones para comer es casi imposible seguir con la dieta, pero con delicias como chocolates y pan de muerto relleno no te importará. No olvides descubrir los 20 mejores postres de la CDMX y mientras tanto, te dejamos con lo más exquisito de esta temporada escalofriante en la CDMX. Recomendado: Pócimas de brujas y cafés para Halloween

Restaurantes en la Ciudad de México recién reseñados

El Roma Bistrot
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El Roma Bistrot

Uno de los chefs más versátiles en la CDMX es Joaquín Cardoso. Fue en el restaurante Carlota —en el cosmopolita y arquitectónico Hotel Carlota en la Cuauhtémoc— donde despuntó su carrera junto a la chef Sofía Cortina. Ahí sus platillos se apoyaron siempre del ingrediente principal, sobre todo de la frescura del origen; y también, con alguna que otra sorpresa en la técnica y presentación. Después lo conocimos en otra faceta reclinada hacia los vinos naturales en Loup Wine Bar, en la Roma. Ahí se enfocó en sopas y en platillos mediterráneos y estofados. Aunque siempre hubo indicios de gastronomía francesa en la técnica del chef Cardoso, en El Roma Bistrot emprendió el rumbo de la cocina reconfortante de un bistró, sin dejar a un lado los retoques mexicanos, caribeños y por supuesto, del resto de Europa. Retoma el estilo parisino de esos establecimientos que te brindan familiaridad en la capital de Francia. Los insumos son orgánicos y provienen de granjas cercanas, como Yolcan de Xochimilco y otras del Estado de México, ahí una de las firmas del chef. Creó un menú bastante concreto y sin ideas rebuscadas, aunque sí con propuestas diestras que se notan trazadas con esmero. Hallé contrastes en la totalidad del menú y balance en la individualidad de cada platillo. En las entradas la tártara añeja de res con pan a la parrilla es de sabores refinados y textura cremosa por la yema de huevo, también rústico con el pan tostado y marcado en la parrilla. Del caribe están las accras de

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3 de 5 estrellas
Casa Nool
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Casa Nool

Se trata de uno de esos lugares de antojitos mexicanos que se convierten en una gran sorpresa sin importar lo que pidas desde la primera visita. No lo podría categorizar como una fonda, pero es un local pequeñito con aroma y sabores caseros, ubicado frente al Kiosco Morisco, sobre Salvador Díaz Mirón en la aún progresiva Santa María la Ribera. Unas bancas de madera y repisas en las paredes son suficientes para disfrutar del menú nacional de la chef Paola Argáez, completamente casero y a precios que te permiten desayunar como te mereces hasta varias veces a la semana. Desde temprano se hacen los tacos de guisado con tortillas hechas a mano, hay de $20 y $25 según la preparación, como cochinita pibil o coliflor con arroz y frijoles para los vegetarianos. En los huevos rancheros se ve el esmero de la cocina, por la yema intacta y las salsas con sazón enfática; luego los crujientes chilaquiles verdes de huevo con longaniza que pican justo como te gusta. La torta de chilaquil cuesta $35 y entre semana hay paquetes con café cocteles de frutas, para que te des una idea. Para la comida se mantiene casi intacto el menú, pero con la ideal añadidura de una sopa azteca, fideo seco con frijol o un guisado del día. No está de más decirte que hay esquimos naturales y cocteles con cacao, porque te serán irresistibles después de una sabrosa ración a la mexicana. Esperemos que pronto preparen un menú para la cena.

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3 de 5 estrellas
Ecole Cua
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Ecole Cua

Así como necesitamos de una farmacia o un supermercado cerca del hogar, las pizzerías artesanales también son necesarias; cuando da el antojo, este llega de forma implacable. Suertudos somos los que vivimos en la Del Valle porque tenemos a Ecole Cua, un lugar muy acogedor, amiguero y familiar que llegó justo a tiempo para darnos calor en estos próximos meses fríos. Sería imposible desanimarse con alguna de las pizzas clásicas. Las grandes tienen ocho rebanadas y vienen en combinaciones como salami con cebolla de cambray; mozzarella, parmesano, brie, queso azul y aceitunas; o la sencilla fugazza de cebolla con mozarrella. No podían dejar fuera del menú las creaciones de la casa, especialmente la llamada de cancha, con anchoas, pimientos, cebolla cambray y chile serrano, una combinación de sabores que despuntan: salado, ácido, orégano y pimienta. Las puedes pedir en tamaño pizzeta por $70. Todas gozan de una masa medianamente gruesa y una salsa de tomate a la italiana, que si me preguntan, podrían llevar una cucharada más. Es momento de darle cuerda al antojo de la pizza. Toma en cuenta que si tienes reunión en casa Ecole Cua te entrega pizzas listas para hornear.

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3 de 5 estrellas
Anastasia
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Anastasia

Pabellón Altavista fue en los años 40 la mansión de los Peralta, una histórica familia mexicana de empresarios. Hoy alberga tiendas de ropa, servicios y algunos de restaurantes, y aunque parezca un simple centro comercial, después de ver el nacimiento de las cadenas Cinemex e Italianni’s, continúan surgiendo sorpresas que renuevan los aires veteranos de esta plaza. Así nos pasó con Anastasia, un rincón joven que se desprendió del concepto típico de comidas en centros comerciales. El interiorismo retoma los aires señoriales de la historia del lugar en un elegante comedor con pisos de mármol, reflejos plateados y candelabros; aunque no pretenden ser un restaurante de corbata. El menú no distó de esta idea con platillos clásicos de la cocina mediterránea europea. Para abrir apetito están las crujientes tostas de gulas hechas con surimi y aguacate en pan tostado, o la de queso brie con anchoas, que contrasta lo salado con unas cebollas caramelizadas e higos dulces. También hay croquetas de jamón serrano de bechamel con alioli de chipotle, para acompañarlas con una limonada de pepino con mezcal. En los platillos fuertes aparece el filete wellington, una receta inglesa que tuvo auge en los años 80 servido con gravy y espárragos. Y para no alejarnos de la temática mediterránea, están los ravioles de tres quesos y aceite de trufa, con mozzarella, ricota y queso de cabra. La salsa es ligeramente picante por los piquillos, una combinación que se acompaña bien con vino blanco. También

Time Out dice
3 de 5 estrellas
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Las mejores opciones para comer en la CDMX

Las mejores hamburguesas de la CDMX
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Las mejores hamburguesas de la CDMX

Los platillos más populares siempre son los más controversiales, pero para festejar el Día Internacional de la Hamburguesa (28 de mayo) nos arriesgamos a hacer un especial de este platillo con las que el equipo de expertos de Time Out México considera las mejores, de entre esos restaurantes de cocina estadounidense. Además, preparamos una votación especial para conocer tu lugar favorito para comer hamburguesas, te invitamos a votar por tu hamburguesería preferida. Si te gusta probar todas las cocinas del mundo, échale un ojo a nuestra guía de restaurantes imperdibles de cocina internacional. 

Restaurantes gourmet amables al bolsillo
Restaurantes

Restaurantes gourmet amables al bolsillo

Los restaurantes de la CDMX tienen toda la oferta gourmet que es digna del orgullo local. Estos son los restaurantes que te permiten probar la mejor calidad sin afectar a tu bolsillo, perfecto si eres un oficinista de Polanco, un hombre de negocios o simplemente un foodie. 

Diners en la CDMX
Restaurantes

Diners en la CDMX

¿Qué sería de Popotitos sin las hamburguesas y malteadas? En la CDMX encontrarás las mejores propuestas de comida estadounidense y barbecue. Para que no haya falla y sea un primor por mucho tiempo más, te mostramos los mejores diners de la ciudad.Recomendado: Las mejores hamburguesas de la CDMX.

Dónde comer por menos de $150 en la CDMX
Restaurantes

Dónde comer por menos de $150 en la CDMX

Seleccionamos para ti las colonias con más movimiento gastronómico, para que pongas en tu radar esos restaurantes o lugarcitos donde puedes ir a comer un día que no puedas –o no se te pegue la gana– gastarte más de $150. Recorre Polanco, Roma, Del Valle, Centro, Condesa y Juárez.  Si te interesa buscar más opciones de comida económica, visita la guía completa para comer barato en la Ciudad de México, te reducimos la lista a 10 lugares para comer barato en Lomas; y si eres godín, apréndete de memoria el listado de los restaurantes y fondas para oficinistas en la CDMX. 

Planes para comer en la Ciudad de México

Guía para comer saludable
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Guía para comer saludable

En los hot spots gastronómicos de la Ciudad de México hay muchas opciones de comida nutritiva que te ayudarán a mantenerte en forma o a bajar esos kilos de más, incluso a domicilio. Hay de donde escoger, también encontrarás los restaurantes de comida mexicana por tipo y la comida internacional por continente.

Comer barato
Restaurantes

Comer barato

Esta es una de esas guías que –lo sabemos de antemano– no importa lo bien que la hagamos, siempre va a faltar ese lugarcito que tú, querido lector, descubriste y que merecería que la gente acudiera en peregrinación a degustar su económico menú... pero que aquí no aparece. Lo sentimos, es una ciudad con decenas de miles de lugares de comida, lo menos que podemos hacer es seleccionar algunos entre los cientos que son indiscutibles. ¡Queremos conocerlos, comparte los tuyos en redes sociales usando #ComerTOM! Échale un ojo a los hot spots gastronómicos, descubre dónde puedes comer saludable en la CDMX y los restaurantes imperdibles de cocina internacional. 

Guía para la cruda
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Guía para la cruda

El malestar llega cuando bajan los niveles de alcohol en tu sangre y el cuerpo pide descanso. Tienes dos opciones para curar la cruda: reponerte y ayudar a tu cuerpo a que se normalice, o conectarla para que no pare la fiesta. Para cualquiera de las dos opciones necesitas herramientas, ellas se encuentran en los mejores restaurantes de mariscos, en los bares de cocteles y en los secretos culinarios de la Ciudad de México. En fin, armamos para ti esta guía para que encuentres una rápida solución. Si nada de esto te aplaca, entonces acude a la guía de 24 horas en la CDMX.

Restaurantes 24 horas
Restaurantes

Restaurantes 24 horas

Además de los lugares para comer de madrugada, tienes disponible la mejor comida en los lugares abiertos las 24 horas en la Ciudad de México. Prueba los tacos, las empanadas, las tortas, las garnachas y lo más selecto después de la medianoche. 

Restaurantes por tipo de comida en la Ciudad de México

Japonesa
Restaurantes

Japonesa

Desde restaurantes asiáticos y tiendas en la barrio coreano, hasta celebraciones (como el Año Nuevo Chino), la cultura asiática se ha establecido en la vida cotidiana del DF. Como de la comida nace el amor, te invitamos a probar lo mejor de la gastronomía japonesa en la ciudad.

Mediterránea
Restaurantes

Mediterránea

Los restaurantes españoles, la comida griega y algunos de los mejores restaurante italianos, son quienes representan en la Ciudad de México a la cocina del Mediterráneo.

Italiana
Restaurantes

Italiana

La comida italiana es de las más deliciosas del mundo, aunque también de las más imitadas. Te invitamos a conocer los mejores lugares para probarla en la ciudad, desde las mejores pizzas hasta cremosos helados.

África y Medio Oriente
Restaurantes

África y Medio Oriente

Las costas africanas de Marruecos y el Medio Oriente también tienen sus sucursales gastronómicas en la CDMX. Te recomendamos ver los mejores restaurantes de cocina de Francia, Italia y España en la Ciudad de México.

China
Restaurantes

China

La gastronomía china es de las mejores del mundo y los restaurantes de la Ciudad de México no se podían quedar atrás para respaldarla. Si te encanta la cocina de especias, la comida japonesa o la cocina coreana, tampoco dejes de probar más del oriente en estos rincones de la CDMX. 

Española
Restaurantes

Española

Amantes de las tapas, el vino y la buena vida, te ofrecemos una guía de los restaurantes de comida española del DF. Visítalos en Polanco, el Centro y Lomas de Chapultepec. 

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Cafés en la Ciudad de México recién reseñados

La Conchería
Restaurantes

La Conchería

El pan es el básico del desayuno y el favorito en la merienda, ¿apoco no? Este nuevo espacio apuesta por la panadería contemporánea con recetas de otros lugares del mundo adaptándolos al público mexicano; son una mezcla de colores, sabores y texturas que convierten lo tradicional en algo sorprendente. El pequeño local ubicado en el corazón de Azcapotzalco ofrece solo productos para llevar. El viaje comienza con su mezcla de café 100% mexicano de Veracruz y Chiapas de tueste medio; lo probé en flat white y a pesar de la leche, el sabor del café conservó su toque ácido. Las estrellas del lugar son las conchas, tienen las tradicionales ($7) y las gourmet ($9), con la corteza lisa pero con más sabor que una tradicional. La versión atrevida son las cinco mini conchas gourmet rellenas: la consentida de naranja con nata montada, crema de vainilla y ligeramente envinada con ron, es la favorita; la chococoncha va rellena de trufa de chocolate envinada con tequila y arroz inflado, puede llegar a ser mucho chocolate pero al morder el arroz disfrutas el cambio de textura; la concha ferrero va rellena de crema de avellanas; la concha parís CDMX es la reinvención del parís brest con praliné de avellana muy ligero y sustituyen la masa choux por la de concha; por último, la caperucita roja va con fresa rellena de nata montada con frambuesa, mora azul, zarzamora y fresas.

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Ancestral Coffee Gallery
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Ancestral Coffee Gallery

Pozol, tascalate, aquetzalli, ehécatl y tepache fueron la oferta que me obligó a entrar a Ancestral, un cafecito adjunto a Katapulta, una ludoteca y laboratorio de actividades para niños en Gutenberg, en la Anzures. El lugar lo montaron rústico en lo que fuera un espacio de jardín, con grava, muchas plantas y mesas, sillas y decoraciones de materiales reciclados. Al fondo se ven imágenes de artículos prehispánicos modelados, como espadas y accesorios, de ahí que son una galería que prometen convertir en todo un catálogo por internet. El proyecto es de Andrea Suárez quien quiere promover las tradiciones mexicanas, desde lo gastronómico hasta los rituales y las vestimentas haciendo un enlace con artesanos, chocolateros y cafetaleros. El pequeño mostrador está cargado de botanas naturales como galletas de maíz azul, brownies sin gluten, panqués de elote y mazapanes de amaranto con cacahuate, también tlayudas listas para llevar o para pedirlas ahí mismo con tasajo. Hay comida más elaborada, desde tamalitos y molotes de plátano hasta dobladitas de huitlacoche. Si quieres un café frutal y más relajado tienen La Chulada, de Chiapas, mientras que su opción más robusta es Lulá de Oaxaca; cualquiera lo pides en expreso, capuchino o con cacao. Hablando de eso, hay chocolate con 50 o 70% de cacao. Mi alegría fue haber encontrado pozol, una preparación maya deliciosa de cacao, maíz y canela, típica de Chiapas y disponible en contados lugares de la CDMX. Además de ser nutritivo, antiox

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Coffice
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Coffice

En la oficina recibo llamadas, correos, mensajes de WhatsApp y surgen juntas, pláticas con los colegas y pendientes exprés que me obligan a quitar la mano del teclado y el ojo de la computadora. Como editor de secciones necesito concentrarme en escribir mis reseñas y revisar los textos que recibo de mis colaboradores para que te llegue el ejemplar del mes con la información más valiosa. El cierre editorial está encima y requiero enfoque. Supe de un nuevo espacio de coworking que sirve buen café y desayunos y convencí a mi editora en jefe, Mariana Guillén, de permitirme una mañana de escape. Me encuentro en Coffice, serio frente a mi computadora con tres cafés encima, los correos revisados y disfruto la oportunidad de reseñar en vivo y platicarte la experiencia de trabajar aquí. Me encontré con los dueños y los colaboradores del lugar; son Rodrigo Gamba, Isabel Duchesneau, Andrea Méndez y Katia Aguilar, quienes atienden, cocinan, sirven, imprimen y están al pendiente. Es un lugar pequeño, como estar en casa, con tres salas —sin contar la recepción donde también te puedes instalar, una tiene sillones y barra de trabajo con enchufes, las otras dos funcionan como espacios para juntas, en una hay pantallas y en la otra una pared blanca para proyectar. Pedí un paquete quickie que me incluye tres horas de trabajo y un platillo sencillo de desayuno con café, para elegir entre cereal, fruta, yogur o avena, por $100. Aparte pedí un expreso e Isabel me cuenta que es de una mezcla espe

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Pinche Café
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Pinche Café

Parece que en la Anáhuac todo es más grande. Desde Mercado San Genaro, el mercado gastronómico de mayor tamaño en la ciudad, hasta las construcciones de complejos habitacionales con más de 2,000 departamentos por torre; y desde hace un año el comedor de Pinche Gringo BBQ con capacidad para 1,000 personas hambrientas de brisket, costillas y del que compite por ser el mejor mac & cheese de la región. El tamaño del lugar es asombroso, montado en lo que fue una fábrica de metal y posteriormente una bodega de papel. Aunque requirió de alguna que otra adaptación, la amplitud del lugar y los contenedores de rollos de tela convertidos en lámparas, le dan todo el matiz fabril que necesitas para olvidarte de los lugares insustanciales (y caros) que abundan en la zona. La noticia caliente es que ahora el bodegón de Pinche Gringo BBQ Warehouse estrena su propia cafetería con repostería a cargo de Mad Dona MX, después de todo tienen casi el mismo espacio que un centro comercial; la noticia tibia es que por el momento no abrirán temprano, ni la cocina tendrá un menú especial de desayunos. Eso no importa tanto porque el café, el matcha y el chai masala también se toman después de comer. Además, faltaban opciones in situ para echar el postre después de tanta salsa bbq. El café que sirven es una mezcla de granos arábica chiapanecos y oaxaqueños, que son más ligeros en carga de cafeína, pero fornidos en aroma y sabor en un expreso; de ahí le siguen el expreso cortado, el americano y los lec

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Restaurantes y cafés en la CDMX por zona

Roma
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Roma

Alekzander Consideremos que hasta hace apenas unas semanas en este mismo lugar había una franquicia de esos lugares de tortas que se llaman Subway, y ahora ofrece sus mesitas sobre la banqueta este asombrosamente bien decorado local que armoniza con el estilo art-noveau del edificio que lo aloja: esa casona porfiriana que se conoce como El Parián. Muebles de anticuario y un segundo nivel con una bien surtida barra que por las noches sirve de lounge. Ese cambio radical de concepto habla muy bien del impulso que la Roma está tomando en los últimos meses. Queremos más restaurantes así y menos franquicias. El menú, en donde se indica claramente “cocina del mundo”, se divide en cuatro capítulos, que no tiempos: 1) Al horno de leña (con una oferta que abarca pizzas, paninis, empanadas y queso fundido, 2) De la cocina fría (en donde hay ensaladas, brusquettas, cebiches, tártara de atún, jocoque, 3) De la barra (con ingredientes para armar tu ensalada) y 4) De la cocina caliente (que sugiere tacos, hamburguesas, solomillo y pad thai). Después del nombre de cada platillo se indica, entre paréntesis y abreviado, su lugar de origen, así que tenemos platillos argentinos, mexicanos, tailandeses, italianos, peruanos, españoles, libaneses, franceses, etcétera. La idea es que se elige del menú sin importar el orden: una pizza puede ser una entrada, o la entrada es la hamburguesa y cerrar con la ensalada de la barra. Nosotros pedimos el cebiche peruano y la pizza de alcachofa con aceitunas. Del primero podemos decir que no es el mejor del mundo, y que para ser peruano parecía más mexicano, pero tampoco decepcionaba: a nuestro gusto le faltó esa acidez picosita que da la felicidad en quien lo come. Sin embargo es lo que era pues: un cebiche. La pizza tuvo mejor fortuna: con un adecuado tiempo de horneado de la masa, de forma que era crujiente por fuera y suave por dentro, bien sazonada, de gusto equilibrado, viene en porción individual y tiene forma oblonga, no redonda, lo que es siempre mejor a la hora de acomodar las cosas en la mesita. De postres había poca variedad, pero bien seleccionada. Lo mejor es el helado de queso de cabra con higos y hojitas de hierbabuena: tan rico que es como para tomarlo de pretexto, llegar a media tarde y solamente sentarse a ver pasar gente mientras se le paladea. Muto Suponemos que por ahí del año 2025, los restaurantes serán todos así y para entonces esto no será novedad: sobre tu mesa se proyecta el menú desde un cañón de video que pende verticalmente, y tú vas seleccionando platillos y bebidas señalándolos con el dedo. Estos se cargan a la cuenta y luego te los llevan a tu mesa. Para entonces será un robot el que te lo traiga. Por ahora sigue siendo un mesero humano, más preocupado por saber si supiste usar esa interfase que por otra cosa. Si este dispositivo estuviera en un restaurante de Polanco o Santa Fe, sería una curiosidad para los oficinistas. Pero en la Roma esto hubiera sido impensable hasta hace unos meses. El Muto es un símbolo más de que la Roma está mutando. La colonia, que hasta entonces se había caracterizado por propuestas gastronómicas “auténticas” (léase: esfuerzos culinarios casi domésticos), cada vez más atrae otro tipo de inversiones. Y de clientela. Los comensales de Muto son los mismos que puede uno ver en Polanco o Las Lomas, si bien un poco excitados por estar en otra zona a la que nunca acuden (quien esto escribe, escuchó ese mismo tema de conversación en dos mesas distintas). El restaurante está pensado para ellos: su decoración es al mismo tiempo exótica y lujosa; ese cutre-chic perfectamente calculado, con atisbos high tech (curiosamente, los aparatosos proyectores colgantes son lo menos high tech del mundo: son toscos y oficinescos). Aquí la inspiración decorativa y gastronómica es asiática: una especie de Tailandia cubista, tapizada en maderas, donde se ofrece sushi y udon. La música es lounge reglamentario. La comida, después de toda la parafernalia tecnológica, no resulta en grandes sorpresas: son combinaciones si acaso un poco más vanguardistas en su presentación, pero ya la has probado anteriormente. Los edamames para la entrada tienen un toque de canela que los vuelve más interesantes. Pedimos también los Ravioles muto, pero no nos emocionaron. Recomendamos, eso sí, el Pescado laqueado, jugoso por dentro, de corteza dulzona y suave. La bebida obligatoria es el sake. Pide el de la casa: es suavecito e invita a que se alargue la conversación, la sobremesa. La Perla de la Roma En las soleadas playas de la avenida, esta marisquería por un momento te hace dudar de que estás en realidad en la Ciudad de México y no a orillas del mar, mirando pasar a los pelícanos. Claro, vuelves a dar una probada a tu Vuelve a la vida y la duda queda disipada: eso que oyes afuera no es el Metrobús, son barcos que pasan… La Perla de la Roma es un clásico de la comida del mar en la ciudad… sin ninguna pretensión de gran restaurante. Lleno todas sus mesas de comensales casi a todas horas –es común esperar tres cuartos de hora a que te dejen entrar– su interior no es más que un jacalón de paredes amarillas y sillas de metal, sin ningún sentido decorativo. Eso sí, una vez dentro el servicio es super veloz y eficiente. En un dos por tres ya tienes tu cerveza fría en la mesa y un coctel enorme delante de ti. Los mariscos y pescados son en verdad frescos y siguen las recetas de las costas mexicanas: al ajillo, al vapor, al mojo de ajo, fritos, empanizados, rebosados, a la mantequilla… Pero lo que rifa aquí es el empapelado: servido en papel aluminio, es una especie de bomba afrodisíaca que mezcla camarones, pescado, pulpo, calamar, ostión, caracol y no sé cuánta cosa más, flotando en su propio caldo. Visto por fuera parece poco, pero en realidad es un platillo más grande de lo que aparenta, y si antes pediste empanaditas o un coctel grande, es muy posible que no puedas terminar éste, muy a tu pesar, pues es delicioso. Un lugar que lleva ahí décadas y por décadas seguirá no importa que la Roma deje de estar de moda: sus comensales son capaces de cruzar media ciudad para comer ahí. La Miscelánea Es difícil imaginarlo pero la Roma aún tiene sus pequeños tesoros escondidos. Uno de ellos es La Miscelánea, galería de arte que tiene un restaurante con una interesante oferta gourmet. Su menú de precio fijo ($70) cambia diariamente. Entre sus platillos regulares con más éxito está el gazpacho rojo, las croquetas de jamón serrano y atún, el hummus de garbanzo, la tortilla de patatas clásica, mar y tierra o del huerto. Lo sirven de lunes a viernes de 2pm a 4:30pm e incluye una copa de vino o una cerveza. Sirven también desayunos de 9:30 a 12 del día. Si sólo quieres algo para picar están las tapas y antojitos mediterráneos que sirven todo el día. Tip: Un imperdible es el hummus de elote o chícharo y el gazpacho de tomate verde. Para compartir lo ideal es el carrousel de tapas (champiñón, calabacín, queso y jamón serrano). La Piazza Ristorante/ Café della Piazza La Piazza es el común denominador para decir que vas a cualquiera de estos dos establecimientos, prácticamente homogéneos en espacio y menú. Como el idioma de su nombre lo indica, hay variedad de platillos italianos —y en italiano, para los conocedores de la gastronomía y las lenguas romances—, entre otras opciones. Entre éstas destacan los desayunos, que no distan mucho de las alternativas más socorridas en la vida de un mexicano (chilaquiles, molletes, huevos, etcétera). Entre las dos cartas (la del restaurante y la del café) podrás encontrar platillos que se ajusten a tu bolsillo o a apetito, así que desde que llegues pide ambas, para que tengas de dónde elegir. La versión chica de una Insalata della Piazza (jitomate, espinacas, jamón, champiñones, aderezo francés y mozarella) por ejemplo, sólo cuesta $40. El Salmone e peperonatta se sirve en un grueso filete, con espinacas, nuez y salsa de pimiento que da un toque especial; y la ensalada con queso de cabra es una excelente alternativa si pretendes comer algo saludable pero no dejas de ser “de buen diente”. El pan, tanto dulce como salado, es hecho en casa y tantas opciones —garibaldi y pan de elote, o multigrano y pan de aceitunas— te harán romper la dieta. Si tu prioridad es echar el chisme puedes acompañar tu charla con un café de la casa (con licor de cereza) o una Báltika, tradicional cerveza rusa que no hay precisamente en cualquier establecimiento. Los jueves hay saxofonista en vivo, así que si pensabas ir solo y no querías sentirte raro observando minuciosamente a los que por ahí pasan, ya tienes pretexto: escuchar un poco de jazz, pop y una que otra sorpresa. Las mejores mesas son las que dan a la Plaza Luis Cabrera (en la terraza), en donde un compositor, una vecina cougar y otros personajes asiduos a La Piazza prefieren sentarse. Sobra decir que hay pizza, pasta y vino. Volver La esquina que solía ser una fondita de barrio le ha cedido el local a un "diner mexicanizado, donde casi todo es artesanal y hecho al momento", según describe uno de sus socios, Jimmy Marcus. Y si algo delata el espíritu de ese concepto son sus amplios horarios, sobre todo en contraste con el promedio de otros restaurantes de la zona. Para desayunar, uno puede decidirse por un tazón con fruta, alguna variedad de waffles o hasta unos chilaquiles, acompañados por un 'lechero'. A la hora de comer, puede que las hamburguesas en versiones totalmente 'de la casa' concentren la atención (por ejemplo una de res con fondue de queso de cabra con chile morita, berros y cebolla caramelizada). Pero ahí no queda todo: hay entradas (¡mozarella con frutos rojos!), sopas, ensaladas, macarrones con queso cheddar, sándwiches y panninis (su delgado pan baguette, hecho con masa madre alemana, es una deliciosa sorpresa). Pa acabar pronto: lo de aquí son bocados que combinan sabores inesperados, para devorarse a la hora que se presente el hambre. Lo que no hay que hacer es irse sin probar sus papas gajo, servidas con un trío de salsas: curry, chipotle y wasabe. Ambientado con sencillas mesas, cada una con una maceta al centro que puedes comprar, Volver tiene cierto toque casero gracias a la distribución de su cocina y utensilios, uno que otro libro de recetas y diversos ingredientes contenidos en grandes frascos de plástico; además de un staff, más que amable y cálido. Vamos, que hay muchas razones para volver. Belmondo Intentaré hacer una reseña objetiva de este lugarcito recién abierto, pero advierto que hay un elemento que me lo impide: el día que fui a comer ahí, tan sólo a tres mesas de distancia estaba comiendo Thom Yorke… ajá, el mismísimo cantante de Radiohead, junto a su guitarrista, Colin Greenwood y algunos más. Así. Casual. Masticando su comida. Bebiendo de sus vasos. Y eso no es lo peor: me dicen que ya era la segunda vez que iban. Y como casi no soy fan, entonces sólo tuve un leve acceso de temblorina, y casi no se me atragantó la exquisita crema de alcachofa que estaba comiendo cuando los vi. Hay lugares que inexplicablemente tienen un éxito instantáneo. Este que ahora nos ocupa al momento en el que cuento esto, tenía solamente dos semanas de abierto. ¡Dos se-ma-nas! Y en ese tiempo ya, que me conste, había ido Annie Clark, la de Saint Vincent, a cenar, y ahora los de Radiohead. Y no, no estamos hablando de un restaurante fancy de Londres o Nueva York. Esta es la esquina de Mérida con Tabasco, el mismo sitio donde antes había una lavandería abandonada, enfrente de un restaurante que vende tortas poblanas. Lo normal es que un restaurancito abra y se paren primero las moscas y luego unos cuantos clientes. Y si es bueno, el boca en boca va llenándolo y llega un momento, luego de varias semanas e incluso meses, en que pueda volverse el lugar de moda. O no. Aquí algo raro pasó. En cuanto abrieron tuvo todas las mesas llenas y así se ha mantenido, y ahora tiene celebridades internacionales. Quizá la historia de sus dueños nos dé una pista: son los mismos que llevan El Félix, el simpático y agradable barecito que está a solo una cuadra de distancia. Y que sí, está de moda. Los dueños son de Monterrey y están muy pendientes de su negocio. Eso explica, de entrada, que del menú de sólo cuatro páginas, dos se ocupen únicamente de la carta de bebidas (una de vinos y la otra de mezcales, cervezas, whiskeys, cafés y refrescos). Quizá también explique la exitosa fórmula de RP que los anima y que, al mismo tiempo, no los hace ser ostentosos. Porque a pesar de sus llenos diarios, de las celebridades, y de que las mesas están ocupadas por personas que por más antisocial que seas, ya conoces, el lugar es excesivamente discreto: nada de letrero luminoso, nada de música a volumen por encima de las conversaciones, nada de una decoración que impresione. Ni siquiera hay mesas en la calle. En la noche la luz es tenue y lo iluminan velitas en cada mesa. Y aún así ya todo el mundo sabe de ese sitio. ¿Y el menú? Emparedados, ensaladas y sopa del día. Y ya. Nada de cocina de autor ni platillos complejos. Ese día, además de mi sopa, pedí un London broil, sandwich relleno de carne, en su punto, con alioli de aguacate y germinado de cebolla; ¿volvería para pedirlo? Sin duda. De postre, pay de limón (he probado mejores) y café expreso (aquí sí, un gran café) todo, a un precio bastante accesible. En verdad que lugares como este deberían abrirse en cada esquina de la ciudad.

Polanco
Restaurantes

Polanco

Varios de los lugares para comer en Polanco forman parte de nuestro top 10 de restaurantes en el DF. Te invitamos a probar sus platillos y disfrutar más de la colonia en sus antros y bares, teatros, tiendas e, incluso, actividades para niños.

Centro
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Casino Español Más que un restaurante, el Casino es una institución en lo que se refiere a cocina española en la ciudad. Es famoso por su ambiente fastuoso, por sus platos típicos, sencillos y abundantes -como la paella, la fabada y la tortilla de patatas- que invitan a la ingesta ilimitada de buen vino; pero eso ya todo mundo lo sabe… Si se le quiere dar un nuevo giro a este espacio, vale la pena visitarlo por las mañanas, cuando el sol apenas toca las calles del Centro Histórico. Desayunos con aire de lujo viejo: mesas súper puestas, meseros que siguen al pie de la letra el protocolo de un servicio exacerbado y un menú que ofrece tanto picantito mexicano como grasita a la española. La opción son los huevos rotos, estrellados sobre una cama de finas patatas fritas en su máximo punto crujiente, coronado todo con trocitos de jamón serrano. Para acompañar bastaría un jugo de naranja recién hecho, pero si lo conviertes en mimosa,  la experiencia será incomparable. Hostería de Santo Domingo Aquí he probado el mejor caldo de res de toda mi vida. Que algo tan doméstico como un consomé de res servido en un restaurante logre múltiples dimensiones en el paladar, y te revele lo que siempre pensaste que debía de ser ese potaje, pero nunca lo había alcanzado, habla en verdad mal de tus abuelitas, con perdón. Lo bueno es que tus abuelitas seguramente comieron aquí, cuando eran unas niñas y acompañaban a sus abuelos. Y también es muy posible que ya desde entonces trabajaran aquí los mismos meseros que ahora te atienden. Este establecimiento ofrece comida mexicana desde 1860. Para darnos una idea: en ese año era presidente Benito Juárez. Se trata del restaurante más antiguo de la ciudad de México, la muy tradicional y añeja Hostería de Santo Domingo, con su piano que tocó Agustín Lara (y que sigue tocando las de Agustín Lara), con sus murales de la vida antigua de la ciudad de México, su talavera, su papel picado colgando del techo, su vitral, sus autógrafos de celebridades de hace décadas, y sus chiles en nogada monumentales en tamaño y sabor, de los que recomendamos pedir únicamente media porción, porque la porción completa es inacabable. Chiles que, a diferencia de muchos otros lugares que sólo los sirven en septiembre, se pueden pedir en cualquier época del año, y han trascendido su fama hasta autodenominar a este viejo edificio colonial, ex convento de Santo Domingo, la Catedral del Chile en Nogada. La espera afuera por una mesa por más de una hora es también parte de la tradición, así como el servicio un tanto caótico, y también traer a comer aquí a tus amigos del extranjero, para decirles: esto es comida mexicana y no eso que ustedes comen que creen que es comida mexicana. Y para como van las cosas, a este lugar traerás a tus nietos y ellos a los suyos. La casa de las sirenas En un lunes festivo (uno de esos días contradictorios en los que siendo lunes todo está cerrado) me encontraba caminando, desesperada por encontrar un lugar abierto donde mi amigo (de visita desde Londres) y yo, nos pudiéramos tomar una cerveza, tranquilos, lejos de los tumultos. A punto de desistir, recordé este pequeño lugar justo detrás de Catedral. Un edificio del año 1750 que desde hace siglos –literalmente: cientos de años– es conocido por las figuras de sirenas que rematan su fachada, y que desde mediados de la década antepasada sirve como restaurante y bar para días festivos. El hallazgo fue grato: los interiores tienen ese gusto atemporal de los muebles viejos, de las maderas centenarias. En la terraza hay una muy bonita vista de la parte posterior de Catedral y del Templo Mayor. (Una advertencia para aquellos que tienen paranoia a los sismos: en la terraza, cada que pasan los meseros, el piso tiembla como si pasara un trailer muy pesado. Quizá para ellos, lo mejor sea pedir la orden en las mesitas que están sobre la acera peatonal.) El menú es mexicano, mexicanísimo. De entrada una cazuelita de tuétano o de jaiba. Luego, una sopa de ostiones… que hay que decirlo, está picosa. De plato fuerte recomendamos más los pescados que, finalmente, esta casa es de sirenas… Nuestra elección: el Robalo al Ajonjolí. Definitivamente es un lugar que visitar si se está por los rumbos: es muy tranquilo, se come rico, y resulta perfecto para zafarse por unas horas de ese caos milenario que es el Centro Histórico La Jersey De su sucursal matriz –ubicada en el corazón del mercado de San Juan– conserva la venta de productos a granel, las dos copas de vino tinto de la casa y el postre de cortesía por persona, así como los platos, vasos y cubiertos de plástico (este detalle le da a los platillos una presentación simple y poco agraciada). La decoración del local es rústica: mesas y sillas de madera, pero no desentona con el ambiente del edificio recién remodelado y repleto de pequeñas boutiques de diseño (está en el Hotel Downtown). Si quieres enfrascarte en una charla extensa, busca las mesas en los salones interiores; pero si deseas comer y mirar, busca sentarte en la terraza. La oferta de la carta es sencilla, principalmente hay tapas, baguettes y ensaladas. Sin embargo, de estos tres platillos surgen combinaciones fabulosas y sofisticadas, gracias a que utilizan quesos y embutidos nacionales e importados, todos frescos y deliciosos. Las porciones de las tapas son modestas, pero cada bocado vale la pena. No hay pierde, todas son recomendables; aunque las de queso manchego de cabra, sobreasada y jabugo lo son aún más. Las ensalada caprese es el complemento perfecto para evitar cualquier culpa, es fresca y viene con un aliño de aceite de oliva. Por último, pide el bocado de los dioses, tapa de queso mascarpone con miel y nuez. No lo dudes, te dejará un muy buen sabor de boca. Café de Tacuba La cocina mexicana está en boga quizá porque ahora forma parte del patrimonio inmaterial de la humanidad. Basta una lectura rápida de cualquier guía turística sobre el DF para saber que uno de los lugares que más recomiendan visitar para descubrir los sabores del país es el Café de Tacuba, que acaba de cumplir cien años de vida. La casona es del siglo XVII con techos altos sostenidos por vigas de madera, decorado con candelabros y mosaicos tipo talavera, cuadros de arcángeles y ambientación musical que corre a cargo de una estudiantina ambulante. El menú bilingüe proporciona diversión garantizada especialmente al llegar a los Machitos fritos que son traducidos por fried machitos. Lo realmente divertido es que la Guajolota no tiene traducción ni vergüenza. Después de servirme un agua de sandía, la mesera con uniforme blanco e inmenso moño en la cabeza, me sugiere probar un poco de todo y ese platillo se llama Cuatro cositas o Four little things, baby. Frijoles refritos, guacamole, arroz con menudencias, un tamal en salsa verde o chile relleno (a escoger), un taquito dorado y una probadita de la estrella del menú, una enchilada Tacuba. Tortilla rellena de pollo tierno bañada con salsa poblana cremosa y queso derretido que causa adicción instantánea. Ovación de pie se lleva el guacamole pensado para paladares que no comen picante. En los postres aparecen los dulces típicos además del pastel de limón glaseado color verde radioactivo que se encuentra en el refrigerador de la entrada, aunque el de tres leches con cubierta de cajeta le dice quítate que ahí te voy. Ahora sé que la cocina mexicana está bien representada y que cuando extrañe la sazón de mi abuelita, tengo un lugar a dónde llegar. Mumedi Todos hemos sido testigos de los cambios que ha tenido el Centro Histórico de la ciudad desde hace un par de años. Desde las modificaciones urbanas hasta la apertura de espacios como galerías, restaurantes, tiendas y cafeterías, el primer cuadro del centro disfruta de un segundo aire perfectamente disfrutable. En una de las calles principales de ese primer cuadro, en medio del caos, la gente y el ruido se encuentra el Museo Mexicano de Diseño, una tienda, galería y cafetería dedicada desde hace casi 10 años a promover el buen comer y las creaciones artísticas. MUMEDI fue ideado por el diseñador Alvaro Rego García de Alba como resultado de la necesidad de un museo de diseño en México, y ha tenido dos etapas importantes. Hace casi dos años hubo una remodelación completa donde se aprovechó todo el espacio de la propiedad, y así lograr un espacio casi independiente para cada área de lugar. Mumedi se ha convertido en un proyecto polifacético, ya que además de ser un museo, es una fundación que se dedica a alentar y apoyar el diseño gráfico e industrial en nuestro país y cuenta con una tienda donde el 80% de los productos son diseños mexicanos fomentando su consumo y producción. Así, la tienda se ha convertido en un laboratorio de experimentación constante, donde jóvenes diseñadores pueden comercializar sus productos, siempre pensando en apoyar a las pequeñas y medianas empresas de diseño. Entre fotografías, pinturas, una curiosa tienda y librería especializada donde puedes comprar diferentes accesorios hechos con diseños vanguardistas, revistas y una selección de carteles de sus exposiciones más recientes, es posible deleitar tu paladar con delicias culinarias que acompañan perfecto el escenario. La carta fue diseñada por el Chef Aaron Gómez Figueroa, cuenta con platillos internacionales como quiches, baguetts y croissants, algunos de ellos con un toque mexicano, lo que los hace totalmente irresistibles. Los sabores son ricos y especiales debido a que se prepara todo al momento, lo que povoca que los pedidos tarden un poco en llegar a la mesa, pero siempre vale la pena. El restaurante/cafetería de MUMEDI cuenta con una carta de platillos que se sirve en su totalidad a lo largo del horario de servicio con una gran variedad de tés, cafés, smothies y probablemente la mejor bebida del lugar: el te chai. El menú de comida es muy amplio, y la presentación y sabores lo valen. Visiten Mumedi y sean testigos de uno de los esfuerzos independientes con más propuesta en el Centro Histórico de la ciudad. Azul Histórico A cargo del chef Ricardo Muñoz Zurita, conocido también como el antropólogo de la cocina mexicana por su trabajo de investigación y rescate a las tradiciones culinarias, este proyecto gastronómico no podría estar en mejores manos. Se trata de una variante de la serie Azul, que inició con el ya clásico Azul y Oro, en Ciudad Universitaria. Alojado en una casona que perteneció a Francisco Sergio Iturbe, mecenas del arte mexicano del siglo XX, Azul Histórico ocupa su patio central, a la sombra de un techo de laureles. En sus paredes se encuentran dos piezas de grandes artistas mexicanos, “Las comadres”, del escultor Mardonio Magaña, y “El holocausto”, mural del pintor Manuel Rodríguez Lozano. El Azul no es un restaurante de mantel largo. Es más, no hay manteles. Las mesas de madera desnuda portan sólo grabados de los nombres de las calles aledañas a la zona. Sobre ellas se sirve cocina mexicana de autor. Entre los platillos más populares están los buñuelos rellenos de pato bañados en mole, los panuchos de cochinita pibil, el chichilo negro de chile chilhuacle servido con venado y el pastel de chocolate acompañado por helado de queso gorgonzola. Además del menú tradicional, cada mes se presenta un festival gastronómico distinto, dedicado a un ingrediente o cocina regional. Churrería el Moro La sabrosa tradición de ir a comer churros a El Moro es toda una experiencia.Este lugar ofrece una carta exquisita, aunque reducida: hay malteadas, leche, café, refrescos y churros. Debes poner mucha atención con los paquetes que eliges, pues hay uno en especial -el español- que es muy espeso y dulce, te recomendamos leer las letras chiquitas del menú antes de que ordenes. En esta época de lluvia, es un buen venue para disfrutar del tiempo y gozar de un armonioso ambiente a la mexicana las 24 horas del día. Tip: Las tortas y tacos que está junto al establecimiento son buenísimas y las puedes comer mientras tu pedido en El Moro está listo. Hostería La Bota Platica, bebe y come junto al Hombre Araña, un toro y la Mona Lisa La monotonía no entra a este “cultubar”. Frases de personajes como Octavio Paz, José Martí y John Cage, dan motivo para andar mirando para todos lados. Concurrido principalmente por estudiantes e intelectuales, transmite una vibra de originalidad con un ambiente confortable que te hará sentir como si estuvieras en casa de un amigo. En sus paredes los objetos parecen cobrar vida, presentando detalles como un muñeco del Hombre Araña conviviendo con cajas de cerrillos de los ochenta, mientras la Gioconda de Da Vinci observa fijamente a un esqueleto sentado como rey sobre un televisor. La música es variada, pasando de sones cubanos a los Gipsy Kings así como jazz y rock de todas las épocas. Ya instalado, llega el momento perfecto para pedirle al mesero la especialidad de la casa: “La Gran Chinampa”, torta de bistec y chistorra ahogada en salsa verde, acompañada con las bebidas recomendadas por Adrián (dueño, mesero, barman y un gran conversador): el Limón Dux y el Cáliz de Portugal, este último con ingredientes de los colores de la bandera del país que le da nombre. Desde 2005, este recinto considerado el lugar de los artistas del centro, es un espacio para conversar por horas, sin que uno se percate de cómo se consumen las pequeñas veladoras, testigos mudas de las mesas. La Bota genera empatía y un lenguaje aparte, haciendo de esta hostería de estilo español algo propio, permitiendo a sus visitantes dejar un mensaje, dibujo o foto en sus paredes, para así adueñarte de un pequeño espacio dentro de su baúl de recuerdos. Los Cocuyos No tiene sillas, uno come parado –debiéramos decir: arrimado– en la banqueta. El maestro taquero orquesta un micro circo de dos pistas: en la primera hierven, en aceite, el suadero, la tripa, la longaniza. En la otra se cocinan, al vapor, la cabeza y sus derivados: el cachete, la lengua, la trompa, el ojo. Este lugar es una leyenda secreta de los tacos callejeros. Sólo para cerciorarnos de su poderío, volvimos a probarlos para esta ocasión: son indiscutibles. El suadero es jugoso, suave, perfectamente sazonado. El cachete está en su punto. La longaniza es un poema. Las salsas pican pero no ofenden, realzan el sabor de la carne, no lo sepultan. Quizá el mejor suadero del DF. Tip: Entra a la cantina de junto, Los Portales de Tlaquepaque, bebe a placer y, como botana, pídete unos tacos de suadero con todo. Te los traen de aquí.

Condesa
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Pérfida Es una palabra fuerte. Recuerdo que mis tías me llamaban “pérfida” (no sé ni siquiera si ellas qué significaba), porque no las visitaba tan seguido, aludiendo a esta indiferencia que de repente se tiene por la familia. Según la Real Academia Española, “pérfida” viene del latín perfídus y significa desleal, traidor, que falta a la fe que debe. Ahora que lo pienso, tal vez ellas no estaban tan equivocadas. Pérfida es el nombre un nuevo café bistro en la Condesa, un pequeño lugar que trata de igualar a los ya conocidos, combinando mobiliario vintage como la base de una máquina de coser con una mesa de mármol, astromelias rosas para decorar, una lámpara con chaquiras de los años cuarenta, espejos de época, un librero con algunas publicaciones, sillas de diferentes estilos y por supuesto el uso del color de moda: ese verde pistache que otros conocen como verde menta. Se llama Pérfida por una canción de Chava Flores, pintaron algunas estrofas en color rojo sobre la pared del establecimiento, recurso que actualmente encuentro algo pasado de moda. Lo más recomendable es ir a tomar un café acompañado de unas deliciosas tartaletas de nuez con mermelada de zarzamora. Otra maravilla es el chocolatito oaxaqueño frapé para el calor junto con un cheesecake, puedes probar los cupckaes caseros, que son diferentes cada día o una rebanada de panqué de plátano recién horneado con nuez y arándanos. Otro aspecto interesante es que Pérfida forma parte de una red de restaurantes registrados en una página de Internet conocida como sindelantal.mx, la cual ofrece el menú en línea y un servicio a domicilio que se puede pagar por medio de paypal o tarjeta de crédito y débito. Pérfida ofrece un ambiente muy familiar, es un espacio que fácilmente podría convertirse en ese lugar común para tomarse un expresso a medio día o echar una buena platicada en la tarde de cualquier día de la semana; a lo mejor para citar a mis tías y cambiar la connotación negativa de este cruel adjetivo o al menos yo dejar de serlo para ellas. Cupcakes by Tom El canadiense Tom Grant estaba tan frustrado al no encontrar cupcakes en su adoptiva ciudad de México que decidió hacerlos él mismo. Así nació en 2007 el primer lugar especializado en este postre que, para ese año, ya hasta había pasado de moda en Nueva York (después de ser catapultado a la fama por la serie Sex and The City), pero que aquí no existía. En poco tiempo estos pastelillos embetunados, mucho más ligeros y esponjositos que los muffins y mantecadas, se ganaron el corazón y el paladar de los chilangos. Ahora tienen sucursal en Polanco (Anatole France 87; 5280 3300) y un rinconcito en Palacio de Hierro Durango (Durango 230, Roma), además de un sinfín de locales copiones que no son, ni de lejos, tan buenos como éste. Ya sea un clásico vainilla-limón, blueberry-queso o red velvet, o una de las creaciones originales como el Tommy (chocolate, queso crema, chocolate líquido y caramelo), el de té chai o el de mango, difícilmente hay un postre que ponga de mejor humor. Fresco by Diego Sábado final de tarde. Post comida. Aún la ciudad está tranquila. Hasta la Condesa, incluso, es transitable y silenciosa en este paréntesis sabatino. De fondo llegan las notas ligeras de jazz del Fresco by Diego. De la vitrina principal resaltan los postres, mermeladas para llevar, galletas y panes, que el mesero recuerda constantemente que son de elaboración propia. Diego Pérez Turner, chef y dueño, tiene trayectoria en el mundo de la repostería, y ha logrado que los vecinos muchas veces dependan de su buen gusto para sus comidas diarias, siempre frescas, variadas, saludables: ensaladas, pastas, baguettes, pizzas, sopas y los especiales de cada día.No pedimos nada de eso: ya habíamos comido, nos inclinamos por el mouse de chocolate y maracuyá y la tarta de chocolate y naranja con helado de vainilla. Como acompañante, pedimos un té.Tiene un aire a bodega de barrio porteño (es decir, con ondas europeas): techos de doble altura, exhibidores aéreos y olores a comida casera. Se debe tomar en cuenta que el lugar no esta preparado para recibir multitudes, tiene unas cuantas mesas al exterior y en momentos podría resultar mas sencillo pedir para llevar o inclinarte por comprar algunos productos faltantes en tu despensa. Primarossa Primarossa es el sustituto del Mama Rosa, aquel famoso restaurante noventero ubicado en el corazón de la Condesa. Su menú ha evolucionado con el paso de los años, pero conserva el concepto de fusión de comida mexicana e italiana.  Entre los clásicos del desayuno están el Pedro Arméndariz, una sábana de res acompañada con chilaquiles, así como el omelette Jorge Negrete, relleno de huitlacoche, salsa poblana y queso crema. Para la comida, te recomendamos las setas a la parrilla como entrada y el huachinango limón como plato fuerte. Los clientes que durante años han vuelto a este lugar tienen entre sus favoritos la pechuga Rolling Stone, rellena de champiñones, elote, flor de calabaza y acompañada de spaguetti a la crema, así como las pizzas horneadas a la leña. Nuestra favorita es la Primarossa, con salsa casé, mejillón, calamar y camarón. El chef, Rafael Zamora, es un experimentado cocinero quien lleva 14 años trabajando en la cocina, pasó muchos años en diversos restaurantes en Estados Unidos, en donde adquirió las habilidades que garantizaran la rapidez en el servicio sin sacrificar la calidad de los platillos. La cava de vinos incluye etiquetas nacionales, españolas, italianas, chilenas, australianas y argentinas. Entre los nacionales destacan los de Casa Madero y Monte Xanic. El bartender recomienda el Condado de Oriza Ribera del Duero. Primarossa reúne todos los elementos que explican por qué es uno de los mejor establecidos en la zona. Es muy probable que siga viendo a muchos otros restaurantes abrir y cerrar a su alrededor, mientras ellos, sin grandes pretensiones en su decoración o concepto, seguirán consintiendo a su clientela habitual. Ateneo El Ateneo es un lugar que reafirma que el interiorismo en México se ha convertido en un arma de posicionamiento para los nuevos establecimientos ante un mercado gastronómico cada día más sólido. “Cocina de autor y cultura” es una de las banderas de este nuevo restaurante y el diseño del espacio refleja en buena medida esta aspiración. Materiales como tezontle, rocas volcánicas pulidas, latón y toques de naturaleza, confeccionan un área armónica y elegante que te ubica entre mesas y sillas en medio de una galería de arte, con obras de jóvenes creadores que exhiben en las paredes blancas semi-crudas.    El servicio es personalizado y serás recibido por Geoffrey Arqueros, el joven director de este proyecto. La carta en su primera página te explica la filosofía de la cocina, rescatar el trabajo por la cultura y las artes de la generación ateneísta de 1909. Hasta ese momento, todo me pareció pretencioso pero luego vino la selección de platillos realizada por el chef Santiago Kano, quien aborda la cocina con una visión global en la que mezcla sabores mundiales y técnicas de alta cocina, concretando la forma. Entre snacks, fríos, calientes y postres escogí unas croquetas de jaiba deliciosas pero con una salsa roja que le faltaba acidez y picor. Luego un ajo elefante rostizado con puré de alcaparras y anchoas, cuyo reto era el de reducir lo salado de la mezcla pero quedó a deber en ese tema. De ahí en adelante, mejoró. Una tártara de res con dijon, alcaparras y gel de yema de huevo, espectacular. Un filete de res con polenta suave y hongos de lluvia, perfectamente bien cocinado y de sabor profundo. Magret de pato con papas cambray, cerezas y coñac, una receta clásica francesa elaborada finamente. Y un divertido mousse de chocolate amargo con mousse de mantequilla de maní y corn flakes bañados de miel de maple, para cerrar.    Cervezas, mezcales, cocteles clásicos y los de la casa a cargo del mixólogo Brian Miller como el “ateneo sling”, completan la carta. Vinos sólidos y precios razonables, lo cual se agradece.    Ahora, si me preguntan si cumplen su claim de comida y cultura, diría que sí pero es sólo el inicio, esperemos que duren permanezcan fieles a su idea. Volveré Specia Son muchas las razones por las que este lugar ha sabido perdurar en la Condesa. Con 19 años, su éxito se debe principalmente a su tipo de cocina: una mezcla entre internacional y polaca, dirigida por el chef Jorge Soto León. Su decoración se distingue por su sencillez y elegancia: está repleto de ventanas y los espejos que cubren algunas paredes proporcionan gran profundidad. La atención es especialmente esmerada gracias a que los meseros están al pendiente en todo momento, lo cual explica por qué entre su clientela suele verse a gente de negocios o políticos. La sugerencia para abrir apetito es el vodka Zubrówka con notas de almendra, anís y vainilla que se sirve frío. Pocos detalles resultan tan placenteros como el de ver llegar la botella cubierta de una gruesa capa de hielo, arropada por una servilleta de tela mientras el vodka es vertido en una pequeña copa justo antes de derramar siquiera una sola gota. Antes de disponerse a ver el menú, por cortesía de la casa es servido un blin, pequeña empanada de papa y cebolla cubierta de pasta de arenque. Ante la abundante cantidad de platillos en la carta, la sugerencia de casa es el pato Tin, que se sirve doradito y acompañado por manzana y blueberry, además de puré de papa y col morada. Aunque es abundante, este plato fuerte va muy bien si se acompaña con la ensalada covi, de lechuga, jitomate, surimi y aderezo de cilantro. Otra de las estrellas del menú es la crema de brócoli. Su sabor indescriptible te hará preguntarte cuál es su ingrediente secreto. La sugerencia para acompañar los alimentos es el vino chileno Palo Alto, que se puede escoger en Cabernet, Shiraz o Carmènere. Para los que prefieren un vino más suave, la recomendación es el Luigi Bosca Malbec. Specia es garantía de una experiencia de primer nivel. No sería aventurado augurarle otro par de décadas manteniéndose como un clásico de la Condesa. Cupcake Love Los cupcakes —o madalenas con sobredosis de azúcar, para ser exactos— están in y los Beatles, al menos en México, nunca pasan de moda. Así que si sumas estos dos elementos en un “café concepto” ubicado en un punto de fácil acceso con una dosis adecuada de decoración y música puedes tener una combinación ganadora. Esto no quiere decir que el Cupcake Love siempre esté lleno, pero sí significa que a quienes les gusta realmente están locos por el pequeño local. Las mesas de afuera son las más cómodas, ya que a quién no le gusta ver gente pasar (aunque justo enfrentito pasa el Metrobús), aparte de que en el interior del local el calor es mayor. Te recomendamos sentarte aquí, en donde los sillones son ultra cómodos y no podrás evitar contemplarte de reojo en el espejo, si de plano está lloviendo o si son los días más duros del invierno. La decoración del lugar está basada en el cuarteto de Liverpool con un toque de “cuento de los de antes”, algo así como la casa de Hansel y Gretel si fueran beatlemaníacos, y los menús vienen en sobres de correo tradicional y están cuidadosamente manufacturados. Los cupcakes tienen nombres como “Here Comes the Sun” (con toque de cítricos) o “Blackbird” (el de chocolate). También hay cupcakes del día y diferentes postres de temporada que, aunque son algo caros, valen la pena para sorprender en navidad, 14 de febrero, día de las madres o cualquier otra festividad cursi. Si estás a punto de entrar en un coma diabético por leer esto, te aclaramos que hay otras opciones, tales como ensaladas y sándwiches inspirados en ciudades inglesas, así como jugos, tés, refrescos y bebidas frías y calientes. Sería obvio explicar qué tipo de música se oye aquí, pero vale la pena destacar que algunas noches hay música en vivo, mientras que si decides comprar tus postres para llevar, las cajitas están decoradas con versiones caricaturescas de los músicos. Para los adictos al lugar hay un programa de lealtad, con el que después de varias compras te dan OTRO cupcake gratis. El Patio El hotel más emblemático de la colonia más emblemática de la ciudad tiene este disperso restaurante. Disperso en todos los sentidos y no necesariamente para mal: el espacial, por el modo como se distribuye el servicio de restaurante en el edificio; el decorativo, por la selección exquisita pero inesperada de su mobiliario; y el gastronómico, por la propuesta bien pensada pero informal de sus platillos. Con ya varios años de ofrecer este concepto, la cocina liderada por el chef Keisuke Harada, plantea desde desayunos con chilaquiles, o buffet frío con frutos rojos y salmón con panes, a comidas construidas alrededor de una variedad de inspiración japonesa. Decíamos, pues, disperso. Ahora bien, no es esta dispersión de los sabores y los espacios un defecto; por el contrario, favorece una atmósfera desenfadada –deberíamos decir, muy condechi– cosmopolita, fresca, dog-friendly y sobre todo móvil: da la sensación de que se pueden subir y bajar las escaleras, ir de una mesa a otra, de un cuartito al patio central. La cocina despierta a la vez simpatías y escepticismos: algunos aman sus chilaquiles, otros los encuentran caros. Unos la encuentran gourmet, otros la valoran sólo como comida de hotel. Lo cierto es que este es un lugar donde lo que menos importa es la comida, sino la estrella de Hollywood que está sentada en la mesa de junto, el célebre escritor francés que discute en la mesa de la esquina, las modelos brasileñas perfectas que comen sus platos mínimos, o el vecino de la zona que se encuentra a sus amigos en otra mesa después de ir a pasear a sus perros. Un sólo defecto del que todos son unánimes: el servicio que ahí sí, también es disperso, pero no se vale.

San Ángel
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San Ángel

Eloise Conocí este restaurante un miércoles. Quedé a las 8.30 con una colega que tenía meses sin ver. La ocasión era perfecta para una buena cena con buena plática. Había escuchado mucho alrededor del matrimonio compuesto por la chef Nasheli Martínez y Abel Hernández, socios en la vida y en el concepto detrás del Eloise, quienes lanzaban a las mesas del DF una carta europeona pero cargada hacia la frontera francesa. Siempre es bueno estar en Google maps cuando eres relativamente nuevo en el barrio y, ellos, están. Calado en un ceremonioso arco de piedra y vidrio, un chic y acaramelado exterior se reafirma adentro con una decoración moderna pero inspirada en la casita de muñecas de la princesa de Mónaco. Morados, verdes, texturas de pieles, metal y muebles vintage conforman una atmósfera que cuando me tocó ir, estaba llena de adultos mayores. Mi colega y yo, le bajamos unos años al promedio; pero les diré que no somos unos chamacos. A cargo de la cocina está el chef mexicano Eduardo Morali, quien cuenta en su currículum con un trabajo en el afamado Café Boulud de NY y estudios en el Culinary de la misma ciudad, pero supervisado por el matrimonio. Los meseros visten de modo formal y el servicio es bueno. La carta de vinos es amplia y puedes ver buena una selección de vinos mexicanos y franceses. Mi colega y yo empezamos la cena dejando respirar una botella de Jardín Secreto, que es una excelente mezcla de uvas del Valle de Guadalupe, a un buen precio. Lo primero que pedimos, en honor a lo afrancesado del asunto fue una aromática y casera quiche du jour, preparada con jamón, hongos y cebolla. Su sabor fue reconfortante. Seguimos con una sopa de mejillones al Pernod con pepino e hinojo y una crema de jitomate rostizado cuya textura tersa y sabor envolvente, fue gloriosa. Sin embargo, ambas llegaron tibias. En el tercer tiempo compartimos un colorido risotto con escargots bourgignon que fue el mejor platillo de la noche, si el increíble magret de pato sobre una cama de puré de papas y lentejas, no hubiese estado rotundamente frío. Tuvimos que pedir al mesero que los regresaran a la cocina. Unos minutos después, volvió para explicarnos que el magret de pato cuando se cocinaba a punto se servía un poco tibio, pero el problema no era el pato, sino todo lo demás que estaba helado. De postre, unos dulces y cremosos blintzes, que es un postre tradicionalmente judío, preparado con harina de trigo, relleno de queso crema y nueces, y bañado con una deliciosa salsa de frutos rojos. Tal vez me tocó un mal día y tuve la mala fortuna de que dos platillos llegaran con una temperatura igual a la de la copa de vino blanco que tomaba la Señora emperifollada de junto. No es un mal lugar y estoy seguro que con proyectos comos ese, la avenida Revolución se puede poner más próspera, pero no lo descuiden. La Mar Cebichería Peruana, Loreto Dos pisos de mesas al interior y una pequeña terraza para fumadores. En las paredes azules y blancas cuelgan redes y pescados de plástico, además de bambúes y palmeras que crean un ambiente costero y relajado al que se suman canciones como “El carnavalito” y “La bamba”. Una vez en la mesa, en lugar de una canasta de pan, este restaurante te recibe con una tradicional botana peruana, conocida como cancha (granos de maíz primero fritos y después tostados, con sabor a palomitas) y una canasta con plátanos y papas fritas que puedes dipear en la selección de salsas. Una buena opción para picar mientras consultas el menú. En la carta de alimentos resaltan los cebiches que se ofrecen como entrada. Todos se marinan con leche de tigre, que a pesar de sonar medio raro, es sólo el líquido que resulta de la preparación del cebiche, al cual se le puede agregar ají, limón, vodka o vino blanco dependiendo del platillo. La sugerencia del chef es el cebiche clásico, preparado con el pescado blanco más fresco del día en leche de tigre clásica, elaborada con jugo de limón. Como guarnición se ofrece camote y granos de elote hervidos. Además de los cebiches, este restaurante también sirve clásicos de la cocina peruana como tiraditos (pescado crudo fileteado) con diferentes reducciones de leche de tigre, causas (platillo frito preparado con papa cocida y prensada) y brochetas, que aquí se conocen como anticuchos. En cuanto a platos fuertes, las sugerencias del chef se distinguen en el menú, entre estas, las más populares son el atún a la plancha y el platillo wok con salmón y camarones. Ambas opciones se condimentan ligeramente y se acompañan con puré de papa o vegetales cocidos y arroz blanco con granos de elote: una buena elección para no terminar desabrochándote el botón del pantalón después de comer. Kuh Fondue / raclette haus De esas veces que no sabes si mejor irte a cenar a otro lado. Era miércoles a las 9pm y el lugar estaba vacío, sólo había una mesa ocupada por un grupo de gente nice de la zona, que gritaba mucho. Esto era adentro de la placita y lo único abierto era este restaurante, entonces se sentía todavía más solo. La decoración es difícil de explicar: un poco de azulejos azules y blancos, sillas de estilo mexicanas y mesas de mármol. En pocas palabras: lo último que te imaginas que será un restaurante suizo. Al final tenía que hacer esta reseña entonces irme a otro lugar no era una opción, y qué bueno que me quedé. Aunque hubo otros momentos incómodos como el servicio medio lento –considerando que éramos la única otra mesa–, cuando llegó la comida todo lo anterior se nos olvidó. Éramos tres y pedimos al centro: una ensalada de corazones buenísima (lechuga, alcahofa, elotito y palmito con aderezo de cilantro) y un fondue suizo clásico que definitivamente es de los mejores que he comido. Disfrutamos tanto la comida que se nos olvidaron los gritones y ni cuenta nos dimos de la mesa de 12 que se sentó detrás de nosotros. Cerramos con un fondue de chocolate con leche, acompañado de frutas del bosque, pedacitos de pera, manzana y malvaviscos (también delicioso) y un té de Teavana (tienen un pequeña selección de tés de esta tienda tan de moda). El lugar tiene aire de ser nuevecito pero en realidad lleva seis meses, lo que le falta es que vaya más gente para que el ambiente sea más agradable y puedas disfrutar mejor la deliciosa comida. Puntarena Federico Rigoletti, chef propietario de Puntarena, abrió su restaurante en 2001. El cocinero y emprendedor se ha ganado una buena reputación en el ambiente restaurantero gracias a su participación en el Contramar y el Entremar, así como por haberse aliado con Roberto Craig y Arturo Argüelles para crear el concepto de cocina de barrio y llevarlo a las calles bajo el nombre de Grupo Primos. El Puntarena tiene una decoración que mezcla elementos rústicos y contemporáneos. El ambiente es familiar durante los fines de semana y de negocios de lunes a viernes. La carta de vinos ofrece una gran variedad de etiquetas de vino blanco y de tintos jóvenes, los cuales acompañan muy bien a los platillos de su menú, conformado principalmente por pescados y mariscos. Cuando llegas te ofrecen pequeños platillos al centro, con sabores complejos que sirven muy bien para abrir apetito: sashimi mixto especial, que lleva salmón, atún, hamachi, albacore, pulpo y camarón, preparado con un tiradito de huachinango en el centro o, si prefieres, con unos cubos de atún marinados en salsa de soya con cebollín y aceite de oliva. Todos los pescados se sirven crudos excepto el albacore y una parte del atún, los cuales vienen sellados. El albacore es un tipo de atún blanco que por lo general no es muy común en México y es delicioso. Para el plato fuerte, el chef tiene una serie de recomendaciones, entre ellas los tacos de camarón rosarito:  camarones empanizados servidos en una tortilla de harina, una hoja de lechuga y salsa de chile japonés. Entre las opciones de pescado que te recomendamos pedir a las brasas está el atún, robalo, dorado, langostinos y camarón gigante. Los Arbolitos A todo chilango le ha llegado esa cadena de correo –antes de la existencia del blog- con imágenes de un matadero de perros encontrado a un costado de esta taquería. Mucho escándalo, pero ni los artistas que se presumen en las paredes han sabido desmentir el rumor. Ni se necesita. Si vives en las montañas y no sabes ni distinguir el ron que te sirvieron en la civilización, éntrale sin miedo al suadero y al pastor. Tip: Si ya estás por ahí y no se te antoja el taco, el local de la esquina, “El Faro”, vende tortas gigantes a $50 pesos. Hunan Para probar sabores auténticamente orientales, no es necesario sumirse en el barrio chino de esta ciudad. El Hunan es un restaurante que ofrece en su menú una amplia variedad de platillos que muestran la gastronomía de la república popular, especialmente, valga la obviedad, la de la región de Hunan en China. Lo interesante es que los chefs no son excéntricos en la preparación, sino que se apegan a las formas tradicionales de elaborar sus platillos. Además, sirven generosas porciones que permiten el bien-compartir con el resto de la mesa. Para abrir el apetito: un martini de lychee, y después dumplings al vapor, tanto vegetarianos como mixtos. Aunque definitivamente el pato Pekín servido en una crepa con un poco de cebollín y salsa de ciruela… paraliza. Es un lugar que acoge deliciosamente a sus comensales para que éstos tengan una sobremesa de varias horas. Trattoria Della Casa Nuova Todo inicia con el aroma: ese dulce embrujo del trigo horneado, que se expande en los alrededores y que guía al sibarita hasta La Trattoria Della Casa Nuova, ese clásico del sur citadino. A diez años de haberse reinventado (antes era el también prestigiado Le Petit Cluny), sigue siendo un referente de la concurrida Avenida de la Paz, calle donde los restaurantes van y vienen. A diferencia de muchos establecimientos italianos, La Trattoria se ha dedicado a pulir la cocina tradicional con un feliz toque de ingredientes mexicanos. Entendamos el concepto: una trattoria es un lugar hospitalario atendido por la propia familia que es dueña, prepara los alimentos y atiende las mesas. Algo hay de eso aquí, pues todo el concepto es cuidadosamente desarrollado por el matrimonio de Adriana Casanova y Sergio Roterman, quienes ya llevan varias décadas de consentir a sus comensales. Conocido por la gente que sabe comer, no es coincidencia que su tienda de delicatesen y su panadería sean referentes entre chefs y sibaritas. La selección de vinos italianos, casi todos disponibles por copa, es bastante atinada y bien pensada para el menú. Para la hora del desayuno, los huevos benedictinos de la Trattoria son famosos por su perfecta ejecución, acompañados por dos piezas de pan recién horneado. El menú cambia por temporadas, pero tiene combinaciones italo mexicanas que han sido memorables, como sus ravioles en nogada que son, justamente, ravioles rellenos de picadillo y cubiertos de nogada. Exquisitos. Turix El Turix es ya famoso por su renombre, por su comida yucateca y por su cochinita pibil, que es muy buena. El hecho de que sea un changarro parece ser un mal necesario. El día en que fuimos había un baby shower en el local, de cualquier forma nos atedieron, si bien dándonos la mesa más incómoda y pequeña: nuestros codos pegaban con la puerta principal.Las instalaciones son pequeñas (con espacio para ocho mesas en donde se tocan las sillas entre mesas) y poco vistosas ante un atractivo mural con inspiración Azteca en una de sus paredes. El lugar no cuenta con calefacción y hasta en los días más fríos el ambiente te hace sudar. Aunque para muchas personas eso es lo de menos.De la experiencia lo mejor fue la sopa de lima servida en una cazuela de barro. Fuera de eso comimos cochinita pibil, cochinita pibil y más cochinita pibil. Su menú es muy reducido contando solo con algunas carnes, ensaladas y su casi su único platillo, la cochinita.Los meseros son atentos y amables, y los precios son baratos. Y advertimos: es un changarro. Las periqueras que tienen no están calzadas y las sillas chocan unas contra otras, lo cual hace parecer el lugar más pequeño y lo hace algo incómodo para los comensales.El Turix se encuentra privilegiado por la locación que tiene en la plaza de San Jacinto dentro de una de las antiguas casas de la zona, pero no lo supieron aprovechar.

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Café Avellaneda ¿Qué mejor símbolo para el Centro de Coyoacán que una ardilla? El Café Avellaneda se adueña de este ícono y lo refleja en sus paredes azul turquesa, al estilo clásico antiguo de la región. Inspirado en el personaje Laura Avellaneda del libro La tregua, de Mario Benedetti, este pequeño y escondido lugar, definitivamente es un must al visitar la zona. Cinco bancos junto a la barra, dos mesas dobles y una banca a la entrada, ofrecen un espacio cómodo y tranquilo para tomar un café hecho a tu medida en compañía de los baristas y uno que otro cliente frecuente. A diferencia de otros locales, el Café Avellaneda no ofrece un menú; sino una especie de ficha técnica donde podrás consultar la historia del local –directo desde la Feria de la Piñata en Acolman, Estado de México–, las propiedades de un producto de excelencia y los distintos métodos de extracción y producción del café que vas a consumir. Elige, con ayuda del barista, entre el grano traído de Oaxaca, Chiapas o Veracruz y solicita en la “Barra de Métodos” que preparen tu café ya sea con el ripper, aeropress, la prensa francesa, un clásico expreso o la famosaiInfusión en frío, cuya preparación tarda al menos un día completo. Pero eso no es todo, para tener el mejor café hay que tener a los mejores recolectores. El producto que puedes consumir en Café Avellaneda se obtiene por medio de proyectos de sustentabilidad y apoyo económico a los campesinos que lo cosechan.  Café Avellaneda es delicioso, responsable y a tu medida. Café Ruta de la Seda Sobre el agua muy caliente flota una extraña flor: pareciera una suerte de alcachofa. Es un capullo artificial. El conglomerado de té de jazmín que, al estar en el agua caliente, abre poco a poco sus hojas y libera sus aceites esenciales, aroma y sabor. Es el arte del llamado blooming tea –o té floreciente– heredero de la tradición oriental. Como si se derramaran gotas de tinta en el recipiente, se colorea el líquido de la jarra con verde claro. A diferencia de otros tés, en este caso no necesitas retirar el capullo después de un tiempo. De hecho lo mejor es que esperes unos seis minutos a que se desprendan todos sus perfumes. El sabor es suave; el aroma es penetrante… y ese perfume sutil por momentos lo percibes desde afuera en el discreto Barrio de la Conchita, en Coyoacán. La Ruta de la Seda es como esa novela de Alessandro Baricco (Seda), un viaje erótico, hecho de sugerencias y fascinación de los sentidos. Enfriemos la temperatura: exploremos sus limonadas y el hielo que cruje al interior del vaso. Las bebidas refrescantes se hacen con jengibre o con agua de rosas y de fresas: es el mismo efecto seductor y femenino. La misma tenue transgresión de los aromas. Ahora entran en acción los dientes, la lengua. Cierra los ojos. Introduce en tu boca ese pastel ligero de té verde llamado Pastel de Kyoto, o el Gâteau á la lavande, hecho con flores de espliego. Muerde. Deja que sus sabores se disuelvan. Espera: la sensación llega por oleadas. Podríamos hablar de su obsesión por los productos orgánicos, o de su decoración por momentos rústica, por instantes sofisticada, o de su tienda de productos, pero sería demasiado mundano. Quedémonos con el perfume, con la sutileza, lo demás lo dejamos para otra ocasión. Los Danzantes Ellos se definen a sí mismos como creadores de la comida mexicana contemporánea: un autonombramiento que conlleva una gran responsabilidad y que, por lo tanto los sitúa en un muy alto nivel de exigencia gastronómica. Pero veamos: su local, en el corazón de Coyoacán, fue quizá de los primeros en ofrecer mezcales como primera opción de bebida. De hecho Los Danzantes tienen su propia productora en Santiago Matatlán, Oaxaca, y sacan una producción diferente de este destilado cada año. También han impulsado a los productores nacionales de vino. Fueron también de los primeros en utilizar el huitlacoche en combinaciones cosmopolitas hasta ese momento inéditas. O el perfeccionar los moles y disponerlos sobre pez bruja o sobre pato. Recomendamos que pruebes la entrada de hoja santa con queso de cabra y los ya históricos ravioles rellenos de huitlacoche: una mezcla que quizá ahora puede resultar común, pero que en su momento se trató de una audacia que marida a la perfección el sabor suave de la pasta con los tonos terrosos del hongo negro. Si tu apetito es más temperamental, pide el filete de res con aceite de guajillo, queso asadero y chile pasado acompañado con pasta de frijol, que debe ir  junto con una copa de vino rojo. Pide al mesero te oriente cuál es la botella más acorde a tu presupuesto. Si puedes elegir entre comer dentro o fuera del lugar, te recomendamos el exterior, con vista a la fuente de los coyotes. No cuentan con valet parking ni estacionamiento propio, aunque tienen un convenio con uno a cuatro cuadras en donde podrás guardar tu vehículo. Al final, sin embargo, es una experiencia que parece haberse congelado en los noventa a beneficio de los turistas que visitan Coyoacán y ya sería hora de una renovación de su fórmula para beneficio de la gastronomía mexicana. La Casa del Pan Papalotl Los productos orgánicos son caros. Más caros que los no-orgánicos, sin duda. Por eso, este lugar recibe una mención honorífica: ofrece un menú con platillos bien servidos y elaborados con ingredientes 100% orgánicos a precios de no-orgánicos. Hay que llegar antes de 11 si no quieres esperar media hora antes de poder entrarle a los hot-cakes de amaranto con miel de maguey. De nada. Hay que irse por los paquetes, que por menos de $100 pesos te ofrecen desayunos completos, con jugo y café.

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