Restaurantes y cafés

Los mejores restaurantes y cafés en la CDMX, reseñados anónimamente por nuestros expertos

Esta galleta de Cardín Pastelería busca tomar acción contra la epidemia de VIH
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Esta galleta de Cardín Pastelería busca tomar acción contra la epidemia de VIH

El 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, y en México, los esfuerzos por atender, visibilizar y desestigmatizar esta epidemia son varios. Y cómo no, si en nuestro pais tres de cada mil personas viven con el virus, y solo una tercera parte de ellos conocerán su diagnóstico; cada día, 41 personas lo adquieren.  Por eso, la Pastelería Cardín se armó una galleta especial que toma acción contra la epidemia de VIH, y todo lo recaudado de su venta será donado a la fundación #sácateladuda de Inspira, que tiene como finalidad el apoyo, la prevención, detección y atención del VIH, además de difundir datos relevantes sobre el virus para normalizar la enfermedad y evitar estigmas.  Así que si quieres apoyar, ve a Pastelería Cardín y échate tu galleta; también disponible en apps de delivery. Y ya que andamos en estas, hazte la prueba.  Álvaro Obregón 8, local A. Lun-sáb 8am-8pm. Metrobús Álvaro Obregón. $80. Te recomendamos: Postres de pumpkin spice en la CDMX Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de CARDíN (@cardinpasteleria)

Cheaf, una app para acabar con el desperdicio de alimentos
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Cheaf, una app para acabar con el desperdicio de alimentos

El desperdicio de alimentos es uno de los mayores problemas a nivel mundial; tanto que está en agenda en varias organizaciones internacionales como la FAO. Lo más importante: de evitar el desperdicio de alimentos, podría erradicarse el hambre. Hay acciones que todos podemos tomar para evitar el desperdicio, desde planear nuestras compras hasta reciclar nuestros sobrantes. Y también hay esfuerzos colectivos que tienen este mismo fin.  Uno de ellos es la app Cheaf, que está disponible tanto para Android como para iPhone. Se trata de una aplicación que pone a la venta los alimentos que los restaurantes ya no pueden vender, pero no porque estén defectuosos o viejos, sino porque son lo que sobró del día o son productos que ya no tienen vida de anaquel, ¡pero están en perfecto estado! En lugar de tirarlos, a través de Cheaf tú puedes comprarlos hasta 30% más barato, respecto a su precio en el restaurante. Imagínate: una canasta de panes de Delirio, Maison Kayser, María Fortunata o Pan Tástica, unos sushis de Kome o una pizza de Anastasia, pero 30% más baratos. Y además estarás ayudando a aprovechar alimentos que de otro modo se irían a la basura. Lo único que tienes que hacer es descargar tu app, que es gratuita, confirmar tu pedido, pasar por él al restaurante antes de la hora máxima de recolección y pagas. ¡Hasta puedes llevar tus recipientes!  Piénsalo así: según la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), en México se desperdicia 37% de la comida que se produce. Con esto alcanzaría para alimentar a 7.01 millones de mexicanos que padecen hambre.  Descarga la app gratuita y empieza a modificar tus hábitos de consumo para que todos caminemos juntos hacia un planeta más sustentable y que garantice el derecho humano de la seguridad alimentaria para todos. 

10 años de la cocina mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial: el paradigma de Michoacán
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10 años de la cocina mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial: el paradigma de Michoacán

El 16 de noviembre de 2010 la cocina tradicional mexicana fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Como en este mes se cumplen 10 años de la obtención de este nombramiento, encontramos las 5 mejores formas de celebrarlo. Además, nos pusimos a leer al respecto y encontramos que el nombre del expediente que se presentó ante la UNESCO es “La cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva - El paradigma de Michoacán”. Lo que sugiere una pregunta, ¿solo la cocina michoacana es contemplada en el nombramiento? Sol Rubín de la Borbolla, profesora e investigadora que formó parte del equipo que presentó el expediente ante la UNESCO, te explica en viva voz por qué el expediente menciona a la cocina michoacana y qué significa eso. “En 2004, México presentó ante la UNESCO una propuesta para que las cocinas tradicionales fueran reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial. El eje de ese expediente era el maíz y su importancia en la dieta mexicana. Pero nos dijeron de la UNESCO que no iban a someter ese expediente a votación, porque las cocinas tradicionales no estaban consideradas dentro del Patrimonio Cultural Inmaterial. “Nos dimos cuenta de que el trabajo que teníamos que hacer era desde ahí: lograr que las cocinas tradicionales fueran reconocidas como un bien patrimonial. Entonces, en 2008 y junto con el gobierno del Estado de Campeche y el INAH hicimos una reunión; invitamos a expertos, teóricos, sociólogos y antropólogos mexicanos y, por supuesto, a cocineras tradicionales. La discusión fue: ¿es o no la cocina tradicional de una comunidad un bien patrimonial cultural? “De esta reunión hicimos una declaración que se llamó La declaratoria de Campeche; nosotros mandamos este documento a la UNESCO. Ahí asentábamos que las cocinas tradicionales sí son un bien patrimonial, y pedíamos que se les reconociera como tal. Meses después los franceses hicieron una reunión semejante y también emitieron una declaración que enviaron al organismo internacional. Y a esa declaratoria se le sumó un esfuerzo muy importante de un equipo mexicano, el INAH y algunas personas de relaciones exteriores trabajaron mucho ante la UNESCO para lograr que la cocina tradicional fuera reconocida como patrimonio. “En 2010 ya habíamos formado el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un órgano consultor de la UNESCO que se encargó de armar el expediente. Desde el Conservatorio, y a través del INAH, México volvió a presentar la candidatura. De la UNESCO respondieron que, en términos generales, el expediente estaba bien, pero que la participación de la comunidad era fundamental. Nosotros habíamos armado ese expediente con la participación de pequeños productores, cocineras y cocineros tradicionales y restauranteros: todo el conjunto de personas que hacen viable la preservación de ese patrimonio. Pero en la UNESCO nos dijeron que era indispensable que un grupo específico avalara o fuera portador de la tradición. “En el Conservatorio ya llevábamos un buen rato trabajando con las cocineras tradicionales de Michoacán. Desde 2004 organizamos el primer encuentro con ellas y habíamos hecho varias actividades y programas. Ellas participaron también en la construcción del expediente. Entonces decidimos que ese grupo sería el ejemplo, y el expediente llevaría el nombre “el paradigma de Michoacán”. “La realidad es que este reconocimiento es un compromiso que el país y los portadores del patrimonio (es decir, nosotros, los dueños del bien patrimonial) hacemos para que esa manifestación cultural siga viva, y para hacer real ese compromiso se marcan una serie de acciones en lo que se llama el Plan de Salvaguardia. En ese plan, las cocineras michoacanas nos ayudaron mucho, y lo que hicimos con ellas sirvió de ejemplo para muchas de las acciones que se replicaron en otros estados. Así, practicantes, gestores, académicos, restauranteros y cocineras de todo el país están trabajando a favor del plan de salvaguardia, que tiene como ejes fundamentales tres acciones: la conservación, la salvaguardia y la promoción de la cocina tradicional. “En los últimos tres años se hicieron 27 encuentros de cocineras tradicionales en todo el país: el reconocimiento es a las cocineras y los cocineros tradicionales de todo el país, pero por las características de lo que nos pedía la UNESCO tuvimos que poner el ejemplo de una comunidad específica. Es por eso que el nombre del expediente es “La cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva - El paradigma de Michoacán”, pero el caso de Michoacán es solo un ejemplo. El reconocimiento es a todas las cocinas del país. Te recomendamos: Tacos al pastor de la CDMX y Restaurantes de comida mexicana más tradicionales de la CDMX.

¡Que viva la cocina mexicana!
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¡Que viva la cocina mexicana!

Para todos los que nos gusta comer y beber como se debe (¿y a quién no?), no nos debe de faltar espíritu festivo durante noviembre, porque en este mes fue cuando la cocina tradicional mexicana fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Y especialmente este año no podemos dejar pasar esta celebración, porque se cumplen 10 años de que nuestra cocina recibió tan esperado nombramiento. Pero para conmemorar como se debe, hay que entender qué significa que nuestra cocina sea un bien patrimonial. Se considera Patrimonio Cultural Intangible cualquier elemento que no podemos tocar, que se transmite oralmente y de generación en generación y que puede ser un saber, una celebración o una forma de expresión con la que cierto grupo se siente identificado. En este sentido, queda más que claro por qué la cocina mexicana es un bien patrimonial: los mexicanos la consideramos parte de nuestra identidad. Pero ese nombramiento que otorga la UNESCO no es puro reconocimiento; es también un compromiso que adquirimos de proteger al bien declarado. Entonces, ahora que la cocina tradicional mexicana es un bien patrimonial, nos toca a todos (al Estado y al pueblo) preservarla. Por eso, y para que los detentores del patrimonio (a.k.a. nosotros, la banda) entendamos mejor los pormenores de la cocina que tanto orgullo nos da, SECTUR, la CANIRAC y el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana se armaron una celebración: ¡Que viva la cocina mexicana!, la cual se transmitirá por el Facebook de SECTUR el próximo 16 de noviembre, en el mero día del aniversario de la declaratoria. ¡Que viva la cocina mexicana! es un ciclo de conferencias, entre ellas “Origen, diversidad y trascendencia de la gastronomía mexicana”, en la misma voz de la Doctora Carmen Beatriz López-Portillo Romano, Rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana. De ahí le seguirá el panel “Salvaguardia del patrimonio gastronómico cultural. Alcance, perspectiva e importancia para México y el mundo” con José Iturriaga, vocero del Conservatorio, y otros exponentes más. Y, para terminar, el panel “Cocina Tradicional. Orgullo, sabor e identidad”, con las cocineras tradicionales Juana Bravo, de Michoacán, y Celia Florián, de Oaxaca, entre otros panelistas. Terminarás justito a la hora de ir a echarte unos taquitos a la salud de la cocina tradicional mexicana. ¡Que viva la cocina mexicana! Lun 16 de noviembre del 2020, 9:50am-2:10pm. Gratis.

A qué me sabes CDMX
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A qué me sabes CDMX

Desde que empezó la pandemia, cerca de siete mil 500 restaurantes han tenido que cerrar definitivamente sus puertas. Y a estas cifras falta sumar el comercio informal: puestos, fondas o locales que operaban sin estar dados de alta ante la Secretaría de Hacienda. Definitivamente la industria restaurantera está atravesando por un golpe que marcará a una generación y, desafortunadamente, eso impacta a toda la cadena productiva; desde productores de alimentos que han dejado de vender hasta el personal de servicio de los centros de consumo que, en el mejor de los casos, han dejado de recibir propinas, si no es que perdieron su empleo. Ante este escenario se ha creado la iniciativa A qué me sabes CDMX, que tiene la intención de reactivar, pero también celebrar a la creativa industria restaurantera de la ciudad. Del lunes 23 al domingo 29 de noviembre, cerca de 50 restaurantes, bares y cafés participarán en este festival en donde ofrecerán menús de tres tiempos a precios súper especiales para que todos podamos asistir sin exprimir nuestras carteras y tranquilos de que todas las medidas de higiene y seguridad están siendo respetadas. Participarán restaurantes como Lorea, Meroma, Kiin Thai, Galanga, Pigeon, Morimoto, y un largo, pero larguísimo etcétera. También le entrarán los bares como Fifty Mils, Hotel Casa Awolly, Madre Café y más. Los menús estarán disponibles para la comida y la cena. Puedes reservar y enterarte del precio de cada uno de ellos en la página web del evento. Además de los menús, se armarán tres experiencias: una cena a ocho manos con Pablo Salas (Amaranta), Oswaldo Oliva (Lorea), Sofía Cortina (La Vitrine) y Alejandro Cabral (Alba Cocina Local); una cena de Día de acción de gracias con Pablo Carrera (Catamundi), Marío Espinosa (Madereros), Irak Roaro (Hotel Casa Awolly) y Mao Montiel (Dolcenero), y una degustación de vinos de la región francesa del Ródano con la gran Alexander Suástegui, que tendrá lugar en una bodega al aire libre en la Roma. Quédate al pendiente de las actividades en las redes sociales (@aquemesasabes) y apoya a la industria restaurantera que, ahora más que nunca, te necesita. A qué me sabes CDMX. Lun 23-dom 29 de noviembre.

Restaurantes en la CDMX recién reseñados

Antolina
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Antolina

Ha circulado un post que dice “lo que pones en tu plato es más político que lo que pones en Facebook”. Y esas palabras se materializan en Antolina, el lugar de cocina mezcalera en la Condesa. En Antolina, todas las verduras son de chinamperos de Xochimilco y los productos acuícolas y marinos provienen de proyectos de pesca sustentable —un esquema pesquero que captura considerando la permanencia de las especies y la salud del ecosistema—. Y sí importa que los productos de las chinampas y los modos de producción sustentables lleguen a las mesas de los restaurantes para establecer cadenas de consumo más saludables: desde el campo —o el mar— hasta tu mesa, los productos que consumes en Antolina no han dañado ecosistemas, pero han beneficiado a familias e individuos, y cada una de las personas que participaron para que tú puedas disfrutar de tu mezcalito y tu taquito, recibieron un dinero justo por su trabajo. Es decir, no fueron explotados. Pete Mezcales, director general de Antolina, cuenta que Antolina era una cocinera tradicional de Veracruz, y eligieron hacer un homenaje a la energía femenina y a las mujeres en la cocina a través de ella. A lo mejor al llegar a Antolina uno no espera lo que está por venir. El lugar es sencillo, pero aquí viene a colación la frase que nos decían las abuelas: no hay que juzgar a un libro por su portada. Si bien la apariencia de Antolina puede transmitir limpieza, sencillez y la calidez de barrio, al sentarte a la mesa verás que la apuesta culinaria llega más lejos que la de muchos otros restaurantes, más pretenciosos y maquillados.   Para empezar, la oferta de mezcales en Antolina es espectacular. Todos los han incluido en su menú pensando en el concepto del consumo responsable; es decir, se aseguran que el dinero que se paga por el producto llegue a las manos de los productores. También hay algunas opciones de pox, cervezas independientes mexicanas y una carta muy atinada de vinos mexicanos. La cocina se distingue por sus propuestas; ingredientes y técnicas tradicionales mexicanos, pero con su pimpeada para darle un toque urbano y actual. Nosotros probamos la degustación de tostadas: una de aguachile de camarón, otra de kampachi y —mi favorita— una de pata, que me llevó directito a mi infancia, al comedor de mi abuela. Después una ensalada con verduras de la milpa: verdolagas súper turgentes y llenas de sabor, brotes de betabel, pepitas de calabaza que hacían de esta ensalada una más crocante y juguetona y, para más complejidad, un poco de queso. Luego le entramos a unos molotes de plátano con mole que viene desde la Sierra Mixe, y un taquito de chapulines con hoja santa y quesillo chinampero. Todavía le seguimos: nos echamos un pulpo a las brasas, que estaba en su punto de cocción y con ese saborcito a adobo y a fuego que siempre abraza, y, para rematar, unas hiper sexys flautas ahogadas de carne de res que van servidas con un tuétano. Y sí, hubo espacio para el postre: un fondant de chocolate y un pan de plátano que saben al apapacho materno de la infancia. Qué dicha. En cuanto a las bebidas, si no le haces al mezcal, también hay una propuesta bastante concisa de coctelería. Además el personal de servicio es súper amable y, lo más importante, le saben. Te recomendarán lo mejor para ti y hasta te sacarán una sonrisa con su entusiasmo. Lo que debes de saber es que Antolina no es un lugar barato. Pero “caro” tampoco es la palabra: se paga lo justo. Como comensal, también toca ayudar a robustecer la cadena de comercio responsable que en Antolina han construido con tanto esfuerzo. Así que pásale, échate un mezcal, come delicioso y sé tan feliz como fuimos nosotros.

Pollo Bruto
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Pollo Bruto

Pollo Bruto surge como un oasis entre un desierto de propuestas culinarias homologadas y, francamente, ya aburridas. Antes de la pandemia, el espacio que ahora alberga a Pollo Bruto estaba destinado para ser un restaurante de manteles largos. Pero pasó lo que pasó y ahora este lugar, vestido a modo de puesto callejero en una esquina, ha roto los feeds de Instagram y ha llegado a los corazones de quienes lo visitamos. Cuando llegues, verás bancos de plástico y mesas conformadas por un huacal y una tabla de madera: lienzo del hiper festín que está por venir. En la carta hay pollos o quesos panela con distintos adobos (verde, rojo y amarillo), que puedes pedir enteros, por taco, en ensalada o en bowl. También hay (¡bendito Dios!) caldos picositos, reconfortantes, apapachadores y que te curarán de cualquier pecado. Mi consentido, el caldo con pollo, lleva garbanzo, arroz, aguacate, tiritas de tortilla frita y trocitos de pollo (tip: el plato es súper abundante, pídelo dividido para compartir). Elegir guarnición es más difícil que escoger tu starter en Pokémon: el arroz ranchero sabe al abrazo materno; el pico bruto es un alarde de técnica y de la capacidad de innovación de Nano, el chef ejecutivo; los frijoles charros con tortillas de harina harán a nuestros hermanos norteños que habitan en la Ciudad de la Esperanza sentirse como en casa… total, ve con hambre para que lo pruebes todo. La carta de bebidas es breve: agua mineral, refresco de cola, cerveza Carta Blanca, mezcal y, las estrellas de la casa, las naranjadas, que están hechas con naranja natural y que puedes pedir con o sin mezcal. Ahora, imagínense ustedes que el postre es tan, pero tan rifado, que no tienen más que ese: el sándwich de nieve. Se trata de un helado de pay de limón entre dos galletas, lo suficientemente crujientes y firmes como para que no hagas el ridículo mientras te comes un helado con las manos. Si vas en fin de semana, revisa los especiales: tienen colaboraciones frecuentes con otros restaurantes de la zona. Pollo Bruto es la nueva joya de la Roma, y aquí les dejamos (con mucho trabajo emocional) nuestros tres imprescindibles: Pico Bruto La versión pimpeada del pico de gallo que, además de los ingredientes que ya conoces, lleva tabule maíz. $45 Taco de pollo Escoge el adobo que sea, no hay falla. Es más: cómete uno de cada uno, con su limón y su salsita, estos tacos saben a amor del bueno. $49 Sándwich de nieve No te vamos a dejar ir sin postre: helado pay de limón entre dos galletas bien crujientes. Una verdadera delicia. $40    

Stone Rex
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Stone Rex

Imagínate: un brisket con 16 horas de cocción, un pastrami que fue marinado por seis días, unos pepinillos hechos en casa y tu chelita artesanal. Todo esto mientras disfrutas unos acústicos que se llevarán a cabo con todas las medidas de seguridad e higiene en tu ya conocido y querido Foro Indie Rocks! Así te espera Stone Rex, el nuevo restaurante dentro del Foro. El concepto es un BBQ tradicional; hasta tienen su propio BBQ smoke pit, al puro estilo texano y adaptado en un tanque viejo de gas. Ahí, el chef Paco Pizarro, quien ha sido apasionado del BBQ desde hace años, se ha encargado de crear un concepto totalmente gringo, con las estrellas que no pueden faltar: costillas —tan suaves que se les sale el hueso con solo jalarlo un poquito—, pulled pork y brisket, hechos con un rub de ajo, especias y, para darle ese toque mexa, un poco de Miguelito en polvo. Todo está hecho al carbón y en leña de encino, que aporta a las carnes un sabor ahumado, y cada platillo del menú pasa por cocciones de entre 14 y 16 horas. La propuesta culinaria se completa con el ambiente del lugar: platos desechables —pero ecológicos—, mesas largas de madera que parecen el patio trasero de una casa gringa y que invitan a hacer sobremesa el domingo por la tarde. En Stone Rex le apuestan a las chelas artesanales, principalmente Hércules y Cerveza Charro, aunque tienen muchas otras marcas independientes e industriales. Si lo tuyo son los cocteles, aquí cuentan con una propuesta fresca y cumplidora de tragos. Con el aprovechamiento del espacio y la oferta de comida y bebida, Stone Rex se antoja para ir a pasar la tarde o hasta para instalar la oficina por un día, ver un partido de fútbol o disfrutar de las noches de stand up. Además tu perrito está más que invitado.

Umai
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Umai

Hay experiencias culinarias que empiezan desde que uno llega al lugar. Tal es el caso de Umai, ubicado en Casa Basalta, una casa de estilo porfiriano. Umai está al fondo del lugar, y resguarda una propuesta de un diseño esmerado que estuvo a cargo del interiorista Alexander Díaz Anderson. La primera parte del restaurante tiene una barra de sushi, donde puedes ver a los cocineros filetear pescados que vinieron desde Japón, España, Nueva Zelanda o Baja California. Después está la terraza; sobria, sencilla y totalmente abierta para que, te sientes donde te sientes, puedas ver la siguiente parte: el jardín. Éste estuvo a cargo de Planta Diseño Botánico. La propuesta culinaria es de una cocina japonesa tradicional, pero en un ambiente informal. En Umai te dejarán la salsa ponzu y la soya en la mesa, y hasta te ofrecen tus chilitos toreados. Nosotros le dimos con todo: empezamos con la ensalada de algas que va aderezada con cítricos y ajonjolí, aparentemente muy sencilla pero, a la vez, puro alarde en la técnica: las algas, súper verdes, turgentes y cortadas con extremo cuidado, tenían muchísimo sabor. Seguimos con sashimis de totoaba y de salmón que vienen con un poquito de wasabi. El pescado, fresquísimo, llega todos los días a Umai, y esa frescura se siente en el plato. Le ayudan los cortes, que deben de ser súper precisos para que el sashimi tenga esa textura suave, que casi se deshace. También probamos el rib-eye udon —fideos udon, rib eye y nada más—, que llegó a la mesa con un plato de chile en polvo que le queda de maravilla. Y como el rib eye es una joya, nos echamos también unas gyozas, que vienen con salsa de ajonjolí. La carne, tan suave, se deshace al morderla. Teníamos que probar también los nigiris. En todos los casos, el pescado era fresquísimo y lleno de sí mismo; cada uno con su sabor particular. Te recomendamos probar los de atún, macarela y anguila. Por supuesto, el pescado es el protagonista, pero también hay que fijarse en el arroz: cocido a la perfección para lograr la textura glutinosa que sostiene a todo el bocado, y del tamaño perfecto —esto es prueba de fuego en el sushi: todo debe de ser del tamaño adecuado para comerse de un bocado—. Probar un nigiri en Umai es entender el concepto y el esfuerzo del restaurante; los productos son excelentes, fresquísimos, pero el mérito técnico también es sobresaliente. La coctelería es súper propositiva: cocteles tradicionales con ingredientes mexicanos o japoneses, pero siempre cuidando el balance y la frescura. Nosotros probamos la margarita Umai con maracuyá y sal de alga nori, y el imprescindible umeshu spritz, con prosecco y licor de ciruela, fresco, equilibrado, y con una acidez riquísima que invita a comer más. Ahora, aquí viene la súplica: deja espacio para el postre. Es una misión difícil, cuasi imposible, pero vale la pena probar el pastel de coco, esponjosito, caliente por dentro, ligero, feliz y libre de gluten. Umai es un lugar presumido de sus ingredientes, sus técnicas y su diseño. Pero al mismo tiempo es cálido y cómodo. Puntos extra porque le dan al comensal la libertad de aderezar su comida como quiera. Definitivamente el nuevo imprescindible de la Roma.

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Las mejores opciones para comer en la Ciudad de México

Dark kitchens en la CDMX
Restaurantes

Dark kitchens en la CDMX

¿Restaurantes virtuales y cocinas fantasma? Aunque parezcan términos sacados de un libro de ficción, hoy en día ya se concretaron como actividades de consumo cotidiano —especialmente después de los meses de confinamiento—. El concepto de ghost o dark kitchen refiere a aquel servicio de comida que no tiene lugar físico y únicamente opera bajo servicio a domicilio. Recomendado: Pizza a domicilio en la CDMX. De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la industria restaurantera es el segundo mayor empleador a nivel nacional, mismo sector que aporta 2% del PIB Nacional. Desafortunadamente la pandemia provocó pérdidas de 60 y hasta 180% de venta en restaurantes, cifras mencionadas en el estudio sobre Deterioro de la Industria Restaurantera ante el COVID-19 de la fintech mexicana Konfío. En el documento reiteran la necesidad de cambiar la forma de hacer negocios: “la inversión deberá darse no solo en insumos, sino en modelos novedosos de venta”, aludiendo hacia delivery y dark kitchens. Recomendado: Pide cerveza a domicilio en la CDMX: cervecerías independientes y chela artesanal. Hicimos un recorrido (desde casa) para probar las dark kitchens que están en la Ciudad de México: comida de Asia, opciones monchosas, para desayunar y hasta postres. Encontramos que estas cocinas están redefiniendo a una industria; estamos ante una tendencia que avanza a paso firme y que se consolidará con el paso del tiempo. Además estas propuestas son innovadoras, se preocupan por el medio ambiente y por ser responsables con la sociedad que las rodea. Y, por supuesto, están delciosas. Pruébalas, viaja comiendo y deja de sentirte encerrado. 

Top 10 de los mejores postres a domicilio en la CDMX
Restaurantes

Top 10 de los mejores postres a domicilio en la CDMX

Si eres fiel comprador de las mejores pastelerías y reposterías en la Ciudad de México, te alegrará saber que varias de estas delicias están disponibles para llegar a tu casa. Es el mismo caso para algunos postres maravillosos de entre los los 50 mejores restaurantes en la CDMX. Pídeles el menú disponible, pregunta por las zonas de entrega y hazte de una sabrosa ruptura de la dieta. También son buena opción para considerarlos al terminar con estas cenas a domicilio para el Día de las Madres en la CDMX. Recomendado: El mejor pan francés en la CDMX.

Los 50 mejores restaurantes en la CDMX
Restaurantes

Los 50 mejores restaurantes en la CDMX

Bienvenido a La lista COMER de Time Out México, un listado con los 50 mejores restaurantes en la CDMX. Encontrarás lugares imperdibles de la gastronomía que habita en los rincones de una de las metrópolis más grandes del mundo, porque no podemos negar que comer es una de las mejores cosas para disfrutar la ciudad. Estos son los 50 lugares más deleitables para probar frescos, innovadores y memorables. Todos son reseñados de manera anónima por expertos locales para vivir la experiencia de cualquier comensal. La oferta de restaurantes es variada, desde cocina de producto con recetarios inigualables hasta las mejores garnachas de la CDMX, de la mano de restaurantes y cafés con comida reconfortante. A pesar de que es una tarea compleja, dimos con los 50 mejores restaurantes de la CDMX. Pide tu mesa, ordena lo que tus sentidos indiquen ¡y a disfrutar! La Lista COMER no es un ranking, es una selección curada y en constante actualización sobre cualquier restaurante que pueda considerarse dentro de los mejores 50 lugares para comer en la CDMX. Recomendado: Las 25 mejores cosas que hacer en la CDMX.

Dónde pedir hamburguesas a domicilio en la CDMX
Restaurantes

Dónde pedir hamburguesas a domicilio en la CDMX

¿Ya te dominas esta guía de la hamburguesa en la CDMX? Entonces es momento de llevar estos increíbles sabores a casa. Dimos con los mejores lugares para pedir hamburguesas a domicilio con todo y doble queso, papas fritas y refresco. Hay opciones veganas y vegetarianas, así como las clásicas con carne y queso, u otras más experimentales que emplean más de cuatro ingredientes entre sus panes. Asegúrate de pedir cerveza a domicilio en la CDMX para mantener el margen de deliciosidad en tu comida. Recomendado: Fonditas veganas en la CDMX con servicio a domicilio.

Planes para comer en la Ciudad de México

Dónde desayunar, comer y cenar en Santa María la Ribera
Restaurantes

Dónde desayunar, comer y cenar en Santa María la Ribera

La Santa María la Ribera fue fundada en 1861. Nació con la intención de ser uno de los primeros fraccionamientos clasemedieros de la cuidad junto con la San Rafael, pero a mediados del siglo XX y como consecuencia del surgimiento de colonias para la gente adinerada, la Santa María la Ribera se convirtió en un barrio popular. De unos años para acá, este barrio se ha llenado de ofertas gastronómicas imprescindibles. Tantas, y tan buenas, que dan para pasar todo el día comiendo, desde el desayuno, hasta los mezcales de la tarde. Recomendado: Dónde comer por menos de $150 en Santa María la Ribera.

Guía para comer saludable
Restaurantes

Guía para comer saludable

En los hot spots gastronómicos de la Ciudad de México hay muchas opciones de comida nutritiva que te ayudarán a mantenerte en forma o a bajar esos kilos de más, incluso a domicilio. Hay de donde escoger, también encontrarás los restaurantes de comida mexicana por tipo y la comida internacional por continente.

Comer barato
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Comer barato

Esta es una de esas guías que –lo sabemos de antemano– no importa lo bien que la hagamos, siempre va a faltar ese lugarcito que tú, querido lector, descubriste y que merecería que la gente acudiera en peregrinación a degustar su económico menú... pero que aquí no aparece. Lo sentimos, es una ciudad con decenas de miles de lugares de comida, lo menos que podemos hacer es seleccionar algunos entre los cientos que son indiscutibles. ¡Queremos conocerlos, comparte los tuyos en redes sociales usando #ComerTOM! Échale un ojo a los hot spots gastronómicos, descubre dónde puedes comer saludable en la CDMX y los restaurantes imperdibles de cocina internacional. 

Guía para la cruda
Restaurantes

Guía para la cruda

El malestar llega cuando bajan los niveles de alcohol en tu sangre y el cuerpo pide descanso. Tienes dos opciones para curar la cruda: reponerte y ayudar a tu cuerpo a que se normalice, o conectarla para que no pare la fiesta. Para cualquiera de las dos opciones necesitas herramientas, ellas se encuentran en los mejores restaurantes de mariscos, en los bares de cocteles y en los secretos culinarios de la Ciudad de México. En fin, armamos para ti esta guía para que encuentres una rápida solución. Si nada de esto te aplaca, entonces acude a la guía de 24 horas en la CDMX.

Restaurantes por tipo de comida en la CDMX

Thai
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Thai

Sabores condimentados, muchas especias, aromas herbales y texturas fabulosas: la comida tailandesa tiene elementos de diferentes culturas que le ha dado estas y más características para hacerla un tipo de cocina único. Desde influencias con la cocina china y la hindú, hasta toques de Malasia e Indonesia, haz un viaje de sabores en los restaurantes de la CDMX con comida tailandesa. Así como están los mejores lugares para comer ramen en la CDMX encontrarás los de pad thai, y si eres fan del arroz encontrarás bastantes opciones. Si quieres dejar al último el postre, puedes seguir estas recomendaciones de cafés para tomar matcha en la CDMX. Recomendado: Dónde comer cheesecake japonés en la CDMX.

Vegana
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Vegana

Desde tacos hechos a base de soya, hasta pizzas con queso de almendra, conoce el recetario de estos lugares que apuestan por la cocina vegana. Checa los tips que Fat Gay Vegan nos contó sobre cómo ser vegano en la CDMX sin morir en el intento y acude a las mejores tiendas veganas en la ciudad.

Japonesa
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Japonesa

Desde restaurantes asiáticos y tiendas en la barrio coreano, hasta celebraciones (como el Año Nuevo Chino), la cultura asiática se ha establecido en la vida cotidiana del DF. Como de la comida nace el amor, te invitamos a probar lo mejor de la gastronomía japonesa en la ciudad.

Estadounidense
Restaurantes

Estadounidense

Si te gusta la comida internacional, también te recomendamos ver los mejores restaurantes de cocina de Francia, Italia y España en la Ciudad de México.

Mexicana
Restaurantes

Mexicana

¡Viva la reinvención! Para tradiciones con un twist, tienes que probar las propuestas que existen en el DF. Encontrarás los mejores restaurantes del país, así como las creaciones de chefs reconocidos. 

Italiana
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Italiana

La comida italiana es de las más deliciosas del mundo, aunque también de las más imitadas. Te invitamos a conocer los mejores lugares para probarla en la ciudad, desde las mejores pizzas hasta cremosos helados.

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Cafés en la Ciudad de México recién reseñados

Cumbé
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Cumbé

Adictos del café: ¡bienvenidos!, acá encontrarán su néctar. Cumbé es un lugar pequeñito pero reconfortante. Tiene apenas tres mesitas, una barra que destaca por su diseño limpio y, al fondo, Plantavera, un espacio pequeño donde puedes comprar plantas y macetas. El lugar se siente como la casa de la abuela: lleno de verde, apapachador y calientito. Lo mero bueno es el café (¡y qué café!). Ofrecen diferentes métodos de extracción: V60, kalita, prensa francesa, chemex, ¡lo que quieras! Y lo mejor: los baristas te recomiendan el grano que le va mejor al método de extracción que elegiste, no sin antes llevarte a la mesa dos o tres opciones y explicarte sus características aromáticas para que puedas decidir. Así de pro. También hay varias opciones de tés e infusiones. Para acompañar tu bebida tienen algunos panes como croissants, panqués de matcha o, nuestro favorito, bizcocho de piña: un rectángulo pequeño, suave como almohada y relleno de mermelada (tip: échatelo con el flat white…¡delicia!) Si eres un ñoñazo del café, este lugar no te quedará a deber. Al contrario, fomentará tu espíritu curioso. Se vale ir y aprovechar el conocimiento de los baristas, probablemente más ñoños del café que tú. Ellos te explicarán todo lo que quieras saber y te recomendarán la bebida que estás buscando. Además, lo harán con una sonrisa. Te recomendamos: Cafeterías en la CDMX que sirven solamente café mexicano

Bambam Bakery
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Bambam Bakery

Bambam Bakery es una pastelería tan bonita que parece joyería. Todas las galletas y los s’mores están dispuestos en exhibidores (porque de la vista nace el amor, dicen) y los pasteles, elegantes, están acomodados en vitrinas al centro. Pero los letreros de neón le dan al lugar una vibra más informal, acogedora e instagrameable. Al fondo se ve el equipo que usan para preparar los postres: una batidora, unos tapetes de silicón y algunos racks para charolas. Nada más. Pero con eso se arman maravillas: pasteles de Ferrero, un pastelote de s’mores y unos coquitos, pequeñitos y con ese dejo a infancia. La oferta de galletas es muy atinada: chocolate con granos de sal, chocolate blanco, chocochips y matcha. Concreta, pero no necesitamos nada más. Las galletas son suaves, llenas de sabor, grandotas y cumplidoramente ricas: seguramente has probado creaciones más modestas con mejor sabor. ¿Un valor agregago? ¡Las cajas! Son tan bonitas, que seguro encontrarás el modo de reciclarlas y ponerle orden a tu vida de una buena vez. En Bambam Bakery no hay mesas, pero seguro pasarás un rato tomándote fotos para tu Instagram y escogiendo tus postres. Te sentirás, literalmente, como niño en dulcería. Te recomendamos: Cafés para amantes del diseño en la CDMX

Concha y Nata
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Concha y Nata

Concha y Nata es un lugar pequeñito, sencillo, con un diseño interior cálido y cuidadoso. Lo mero bueno de este lugar son los panes: las conchas, roles de canela o frutos rojos, los productos de temporada como el pan de muerto y la muerconcha (un súper afortunado híbrido entre pan de muerto y concha de vainilla). Nosotros pedimos un café americano, que está hecho con café Pluma, de Hidalgo. También tienen una carta de tés con propuestas muy cuidadas: si pides un té, te traerán tu teterita llena de flores de manzanilla, lemongrass o cedrón. Además, siempre hay panes de temporada; a nosotros nos tocó la muerconcha y el rol de calabaza. Aunque su verdadera especialidad son las guajolotas, cumbre de la cultura alimentaria de los citadinos. ¡Y qué especialidad! Acá no es una torta rellena de tamal, es un tamal cubierto con masa de bolillo. Luego hornean todo junto; el resultado es una reinterpretación, “homenaje a la guajolota de las calles”, dice Víctor Funes, uno de los socios de este spot. Pero esta no es la única diferencia entre la guajolota que comemos en la esquina y la que encontramos aquí. La de Concha y Nata está hecha con ingredientes más variados, y que cambian cada cierto tiempo: hacen pruebas de algunos rellenos un día y cuando se acaban, se acaban. Nosotros probamos la de champiñones y la de chilorio, ¡y fue una joya! El chilorio era suave, bien sazonado, pero a la vez dejaba sentir el sabor del maíz, la manteca del tamal y las notas a masa madre del pan que, más que bolillo, parece una baguette nice. Cuando llegamos nos dijeron que la porción de la guajolota era generosa, pero, la verdad, nos la echamos sin problemas y hasta nos quedó huequito para más. Por supuesto, en la carta también tienen opciones más ligeras como omelettes, huevos al gusto y quesadillas. Por otro lado, sí es mejor que vayas un día que le des un descanso a tu dieta, porque hay que probar las conchas o conchas bebés —son del tamaño de un cuarto de concha—, los roles, las chilindrinas, los bigotes y (ovación de pie) las orejas. En cuanto al pan, quizá para las generaciones más jóvenes es difícil dimensionar la dicha de comer una buena nata; todos crecimos escuchando que “ya no es como la de antes” y que “todo tiempo pasado fue mejor”. Seguramente de niña probé auténtica nata, y la que tienen en Concha y Nata me lo recordó e hizo sentir que he desperdiciado el resto de años de vida que tengo. Es como una crema, pero más sápida, más densa (¡hola, grasa!) y con un dejo del trabajo artesanal. Los socios de Concha y Nata traen este insumo de Zumpango, de un rancho de vacas de libre pastoreo; es decir, vacas felices. Y sí, esa nata sabe a felicidad. Entonces, amigos citadinos, vayan a Concha y Nata a recordar su infancia, sentirse como en casa y a probar una apuesta culinaria bien citadina, pero que demuestra que sí es posible vivir de lo local.

Chokoreto café
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Chokoreto café

Chokoreto es un café pequeñito, apapachador y operado solo por mujeres: Hiromi Takahashi y Cinthya Alarcón se encargan de hornear, atender, administrar y llevar la comunicación del lugar. Es un café grab and go, aunque su calidez invita a quedarse horas. Por supuesto, te tienes que tomar un café, y lo mero bueno de aquí es el latte, aunque los puristas seguro preferirán un expresso hecho con café Café To, la marca de una pequeña empresa familiar que tiene sus cultivos en Chiapas. Lo imperdible son las galletas: de nuez, de choco chips o de confeti, todas son garantía. Lo mejor es que tienen esa personalidad casera que siempre se extraña, que apapacha y que, a los afortunados, nos remite a la infancia. También hay barritas de chocolate de cardamomo con café, malvaviscos cubiertos con chocolate, enjambres, los hiper populares brownies, tapioca y arroz con leche. Puros postres felices. En Chokoreto también puedes pedir postres por encargo: te hacen tus galletas, panqués, brownies, o lo que quieras (como tip, son tan, pero tan caseros, que hasta podrás engañar a tus convidados y decirles que los hiciste tú). Definitivamente Chokoreto es uno de los imperdibles de la Narvarte; es un concepto alejado de la frialdad del resto de los cafés grab and go. Aquí, puro abrazo dulce.

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Roma
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Roma

Alekzander Consideremos que hasta hace apenas unas semanas en este mismo lugar había una franquicia de esos lugares de tortas que se llaman Subway, y ahora ofrece sus mesitas sobre la banqueta este asombrosamente bien decorado local que armoniza con el estilo art-noveau del edificio que lo aloja: esa casona porfiriana que se conoce como El Parián. Muebles de anticuario y un segundo nivel con una bien surtida barra que por las noches sirve de lounge. Ese cambio radical de concepto habla muy bien del impulso que la Roma está tomando en los últimos meses. Queremos más restaurantes así y menos franquicias. El menú, en donde se indica claramente “cocina del mundo”, se divide en cuatro capítulos, que no tiempos: 1) Al horno de leña (con una oferta que abarca pizzas, paninis, empanadas y queso fundido, 2) De la cocina fría (en donde hay ensaladas, brusquettas, cebiches, tártara de atún, jocoque, 3) De la barra (con ingredientes para armar tu ensalada) y 4) De la cocina caliente (que sugiere tacos, hamburguesas, solomillo y pad thai). Después del nombre de cada platillo se indica, entre paréntesis y abreviado, su lugar de origen, así que tenemos platillos argentinos, mexicanos, tailandeses, italianos, peruanos, españoles, libaneses, franceses, etcétera. La idea es que se elige del menú sin importar el orden: una pizza puede ser una entrada, o la entrada es la hamburguesa y cerrar con la ensalada de la barra. Nosotros pedimos el cebiche peruano y la pizza de alcachofa con aceitunas. Del primero podemos decir que no es el mejor del mundo, y que para ser peruano parecía más mexicano, pero tampoco decepcionaba: a nuestro gusto le faltó esa acidez picosita que da la felicidad en quien lo come. Sin embargo es lo que era pues: un cebiche. La pizza tuvo mejor fortuna: con un adecuado tiempo de horneado de la masa, de forma que era crujiente por fuera y suave por dentro, bien sazonada, de gusto equilibrado, viene en porción individual y tiene forma oblonga, no redonda, lo que es siempre mejor a la hora de acomodar las cosas en la mesita. De postres había poca variedad, pero bien seleccionada. Lo mejor es el helado de queso de cabra con higos y hojitas de hierbabuena: tan rico que es como para tomarlo de pretexto, llegar a media tarde y solamente sentarse a ver pasar gente mientras se le paladea. Muto Suponemos que por ahí del año 2025, los restaurantes serán todos así y para entonces esto no será novedad: sobre tu mesa se proyecta el menú desde un cañón de video que pende verticalmente, y tú vas seleccionando platillos y bebidas señalándolos con el dedo. Estos se cargan a la cuenta y luego te los llevan a tu mesa. Para entonces será un robot el que te lo traiga. Por ahora sigue siendo un mesero humano, más preocupado por saber si supiste usar esa interfase que por otra cosa. Si este dispositivo estuviera en un restaurante de Polanco o Santa Fe, sería una curiosidad para los oficinistas. Pero en la Roma esto hubiera sido impensable hasta hace unos meses. El Muto es un símbolo más de que la Roma está mutando. La colonia, que hasta entonces se había caracterizado por propuestas gastronómicas “auténticas” (léase: esfuerzos culinarios casi domésticos), cada vez más atrae otro tipo de inversiones. Y de clientela. Los comensales de Muto son los mismos que puede uno ver en Polanco o Las Lomas, si bien un poco excitados por estar en otra zona a la que nunca acuden (quien esto escribe, escuchó ese mismo tema de conversación en dos mesas distintas). El restaurante está pensado para ellos: su decoración es al mismo tiempo exótica y lujosa; ese cutre-chic perfectamente calculado, con atisbos high tech (curiosamente, los aparatosos proyectores colgantes son lo menos high tech del mundo: son toscos y oficinescos). Aquí la inspiración decorativa y gastronómica es asiática: una especie de Tailandia cubista, tapizada en maderas, donde se ofrece sushi y udon. La música es lounge reglamentario. La comida, después de toda la parafernalia tecnológica, no resulta en grandes sorpresas: son combinaciones si acaso un poco más vanguardistas en su presentación, pero ya la has probado anteriormente. Los edamames para la entrada tienen un toque de canela que los vuelve más interesantes. Pedimos también los Ravioles muto, pero no nos emocionaron. Recomendamos, eso sí, el Pescado laqueado, jugoso por dentro, de corteza dulzona y suave. La bebida obligatoria es el sake. Pide el de la casa: es suavecito e invita a que se alargue la conversación, la sobremesa. La Perla de la Roma En las soleadas playas de la avenida, esta marisquería por un momento te hace dudar de que estás en realidad en la Ciudad de México y no a orillas del mar, mirando pasar a los pelícanos. Claro, vuelves a dar una probada a tu Vuelve a la vida y la duda queda disipada: eso que oyes afuera no es el Metrobús, son barcos que pasan… La Perla de la Roma es un clásico de la comida del mar en la ciudad… sin ninguna pretensión de gran restaurante. Lleno todas sus mesas de comensales casi a todas horas –es común esperar tres cuartos de hora a que te dejen entrar– su interior no es más que un jacalón de paredes amarillas y sillas de metal, sin ningún sentido decorativo. Eso sí, una vez dentro el servicio es super veloz y eficiente. En un dos por tres ya tienes tu cerveza fría en la mesa y un coctel enorme delante de ti. Los mariscos y pescados son en verdad frescos y siguen las recetas de las costas mexicanas: al ajillo, al vapor, al mojo de ajo, fritos, empanizados, rebosados, a la mantequilla… Pero lo que rifa aquí es el empapelado: servido en papel aluminio, es una especie de bomba afrodisíaca que mezcla camarones, pescado, pulpo, calamar, ostión, caracol y no sé cuánta cosa más, flotando en su propio caldo. Visto por fuera parece poco, pero en realidad es un platillo más grande de lo que aparenta, y si antes pediste empanaditas o un coctel grande, es muy posible que no puedas terminar éste, muy a tu pesar, pues es delicioso. Un lugar que lleva ahí décadas y por décadas seguirá no importa que la Roma deje de estar de moda: sus comensales son capaces de cruzar media ciudad para comer ahí. La Miscelánea Es difícil imaginarlo pero la Roma aún tiene sus pequeños tesoros escondidos. Uno de ellos es La Miscelánea, galería de arte que tiene un restaurante con una interesante oferta gourmet. Su menú de precio fijo ($70) cambia diariamente. Entre sus platillos regulares con más éxito está el gazpacho rojo, las croquetas de jamón serrano y atún, el hummus de garbanzo, la tortilla de patatas clásica, mar y tierra o del huerto. Lo sirven de lunes a viernes de 2pm a 4:30pm e incluye una copa de vino o una cerveza. Sirven también desayunos de 9:30 a 12 del día. Si sólo quieres algo para picar están las tapas y antojitos mediterráneos que sirven todo el día. Tip: Un imperdible es el hummus de elote o chícharo y el gazpacho de tomate verde. Para compartir lo ideal es el carrousel de tapas (champiñón, calabacín, queso y jamón serrano). La Piazza Ristorante/ Café della Piazza La Piazza es el común denominador para decir que vas a cualquiera de estos dos establecimientos, prácticamente homogéneos en espacio y menú. Como el idioma de su nombre lo indica, hay variedad de platillos italianos —y en italiano, para los conocedores de la gastronomía y las lenguas romances—, entre otras opciones. Entre éstas destacan los desayunos, que no distan mucho de las alternativas más socorridas en la vida de un mexicano (chilaquiles, molletes, huevos, etcétera). Entre las dos cartas (la del restaurante y la del café) podrás encontrar platillos que se ajusten a tu bolsillo o a apetito, así que desde que llegues pide ambas, para que tengas de dónde elegir. La versión chica de una Insalata della Piazza (jitomate, espinacas, jamón, champiñones, aderezo francés y mozarella) por ejemplo, sólo cuesta $40. El Salmone e peperonatta se sirve en un grueso filete, con espinacas, nuez y salsa de pimiento que da un toque especial; y la ensalada con queso de cabra es una excelente alternativa si pretendes comer algo saludable pero no dejas de ser “de buen diente”. El pan, tanto dulce como salado, es hecho en casa y tantas opciones —garibaldi y pan de elote, o multigrano y pan de aceitunas— te harán romper la dieta. Si tu prioridad es echar el chisme puedes acompañar tu charla con un café de la casa (con licor de cereza) o una Báltika, tradicional cerveza rusa que no hay precisamente en cualquier establecimiento. Los jueves hay saxofonista en vivo, así que si pensabas ir solo y no querías sentirte raro observando minuciosamente a los que por ahí pasan, ya tienes pretexto: escuchar un poco de jazz, pop y una que otra sorpresa. Las mejores mesas son las que dan a la Plaza Luis Cabrera (en la terraza), en donde un compositor, una vecina cougar y otros personajes asiduos a La Piazza prefieren sentarse. Sobra decir que hay pizza, pasta y vino. Volver La esquina que solía ser una fondita de barrio le ha cedido el local a un "diner mexicanizado, donde casi todo es artesanal y hecho al momento", según describe uno de sus socios, Jimmy Marcus. Y si algo delata el espíritu de ese concepto son sus amplios horarios, sobre todo en contraste con el promedio de otros restaurantes de la zona. Para desayunar, uno puede decidirse por un tazón con fruta, alguna variedad de waffles o hasta unos chilaquiles, acompañados por un 'lechero'. A la hora de comer, puede que las hamburguesas en versiones totalmente 'de la casa' concentren la atención (por ejemplo una de res con fondue de queso de cabra con chile morita, berros y cebolla caramelizada). Pero ahí no queda todo: hay entradas (¡mozarella con frutos rojos!), sopas, ensaladas, macarrones con queso cheddar, sándwiches y panninis (su delgado pan baguette, hecho con masa madre alemana, es una deliciosa sorpresa). Pa acabar pronto: lo de aquí son bocados que combinan sabores inesperados, para devorarse a la hora que se presente el hambre. Lo que no hay que hacer es irse sin probar sus papas gajo, servidas con un trío de salsas: curry, chipotle y wasabe. Ambientado con sencillas mesas, cada una con una maceta al centro que puedes comprar, Volver tiene cierto toque casero gracias a la distribución de su cocina y utensilios, uno que otro libro de recetas y diversos ingredientes contenidos en grandes frascos de plástico; además de un staff, más que amable y cálido. Vamos, que hay muchas razones para volver. Belmondo Intentaré hacer una reseña objetiva de este lugarcito recién abierto, pero advierto que hay un elemento que me lo impide: el día que fui a comer ahí, tan sólo a tres mesas de distancia estaba comiendo Thom Yorke… ajá, el mismísimo cantante de Radiohead, junto a su guitarrista, Colin Greenwood y algunos más. Así. Casual. Masticando su comida. Bebiendo de sus vasos. Y eso no es lo peor: me dicen que ya era la segunda vez que iban. Y como casi no soy fan, entonces sólo tuve un leve acceso de temblorina, y casi no se me atragantó la exquisita crema de alcachofa que estaba comiendo cuando los vi. Hay lugares que inexplicablemente tienen un éxito instantáneo. Este que ahora nos ocupa al momento en el que cuento esto, tenía solamente dos semanas de abierto. ¡Dos se-ma-nas! Y en ese tiempo ya, que me conste, había ido Annie Clark, la de Saint Vincent, a cenar, y ahora los de Radiohead. Y no, no estamos hablando de un restaurante fancy de Londres o Nueva York. Esta es la esquina de Mérida con Tabasco, el mismo sitio donde antes había una lavandería abandonada, enfrente de un restaurante que vende tortas poblanas. Lo normal es que un restaurancito abra y se paren primero las moscas y luego unos cuantos clientes. Y si es bueno, el boca en boca va llenándolo y llega un momento, luego de varias semanas e incluso meses, en que pueda volverse el lugar de moda. O no. Aquí algo raro pasó. En cuanto abrieron tuvo todas las mesas llenas y así se ha mantenido, y ahora tiene celebridades internacionales. Quizá la historia de sus dueños nos dé una pista: son los mismos que llevan El Félix, el simpático y agradable barecito que está a solo una cuadra de distancia. Y que sí, está de moda. Los dueños son de Monterrey y están muy pendientes de su negocio. Eso explica, de entrada, que del menú de sólo cuatro páginas, dos se ocupen únicamente de la carta de bebidas (una de vinos y la otra de mezcales, cervezas, whiskeys, cafés y refrescos). Quizá también explique la exitosa fórmula de RP que los anima y que, al mismo tiempo, no los hace ser ostentosos. Porque a pesar de sus llenos diarios, de las celebridades, y de que las mesas están ocupadas por personas que por más antisocial que seas, ya conoces, el lugar es excesivamente discreto: nada de letrero luminoso, nada de música a volumen por encima de las conversaciones, nada de una decoración que impresione. Ni siquiera hay mesas en la calle. En la noche la luz es tenue y lo iluminan velitas en cada mesa. Y aún así ya todo el mundo sabe de ese sitio. ¿Y el menú? Emparedados, ensaladas y sopa del día. Y ya. Nada de cocina de autor ni platillos complejos. Ese día, además de mi sopa, pedí un London broil, sandwich relleno de carne, en su punto, con alioli de aguacate y germinado de cebolla; ¿volvería para pedirlo? Sin duda. De postre, pay de limón (he probado mejores) y café expreso (aquí sí, un gran café) todo, a un precio bastante accesible. En verdad que lugares como este deberían abrirse en cada esquina de la ciudad.

Polanco
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Polanco

Varios de los lugares para comer en Polanco forman parte de nuestro top 10 de restaurantes en el DF. Te invitamos a probar sus platillos y disfrutar más de la colonia en sus antros y bares, teatros, tiendas e, incluso, actividades para niños.

Centro
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Casino Español Más que un restaurante, el Casino es una institución en lo que se refiere a cocina española en la ciudad. Es famoso por su ambiente fastuoso, por sus platos típicos, sencillos y abundantes -como la paella, la fabada y la tortilla de patatas- que invitan a la ingesta ilimitada de buen vino; pero eso ya todo mundo lo sabe… Si se le quiere dar un nuevo giro a este espacio, vale la pena visitarlo por las mañanas, cuando el sol apenas toca las calles del Centro Histórico. Desayunos con aire de lujo viejo: mesas súper puestas, meseros que siguen al pie de la letra el protocolo de un servicio exacerbado y un menú que ofrece tanto picantito mexicano como grasita a la española. La opción son los huevos rotos, estrellados sobre una cama de finas patatas fritas en su máximo punto crujiente, coronado todo con trocitos de jamón serrano. Para acompañar bastaría un jugo de naranja recién hecho, pero si lo conviertes en mimosa,  la experiencia será incomparable. Hostería de Santo Domingo Aquí he probado el mejor caldo de res de toda mi vida. Que algo tan doméstico como un consomé de res servido en un restaurante logre múltiples dimensiones en el paladar, y te revele lo que siempre pensaste que debía de ser ese potaje, pero nunca lo había alcanzado, habla en verdad mal de tus abuelitas, con perdón. Lo bueno es que tus abuelitas seguramente comieron aquí, cuando eran unas niñas y acompañaban a sus abuelos. Y también es muy posible que ya desde entonces trabajaran aquí los mismos meseros que ahora te atienden. Este establecimiento ofrece comida mexicana desde 1860. Para darnos una idea: en ese año era presidente Benito Juárez. Se trata del restaurante más antiguo de la ciudad de México, la muy tradicional y añeja Hostería de Santo Domingo, con su piano que tocó Agustín Lara (y que sigue tocando las de Agustín Lara), con sus murales de la vida antigua de la ciudad de México, su talavera, su papel picado colgando del techo, su vitral, sus autógrafos de celebridades de hace décadas, y sus chiles en nogada monumentales en tamaño y sabor, de los que recomendamos pedir únicamente media porción, porque la porción completa es inacabable. Chiles que, a diferencia de muchos otros lugares que sólo los sirven en septiembre, se pueden pedir en cualquier época del año, y han trascendido su fama hasta autodenominar a este viejo edificio colonial, ex convento de Santo Domingo, la Catedral del Chile en Nogada. La espera afuera por una mesa por más de una hora es también parte de la tradición, así como el servicio un tanto caótico, y también traer a comer aquí a tus amigos del extranjero, para decirles: esto es comida mexicana y no eso que ustedes comen que creen que es comida mexicana. Y para como van las cosas, a este lugar traerás a tus nietos y ellos a los suyos. La casa de las sirenas En un lunes festivo (uno de esos días contradictorios en los que siendo lunes todo está cerrado) me encontraba caminando, desesperada por encontrar un lugar abierto donde mi amigo (de visita desde Londres) y yo, nos pudiéramos tomar una cerveza, tranquilos, lejos de los tumultos. A punto de desistir, recordé este pequeño lugar justo detrás de Catedral. Un edificio del año 1750 que desde hace siglos –literalmente: cientos de años– es conocido por las figuras de sirenas que rematan su fachada, y que desde mediados de la década antepasada sirve como restaurante y bar para días festivos. El hallazgo fue grato: los interiores tienen ese gusto atemporal de los muebles viejos, de las maderas centenarias. En la terraza hay una muy bonita vista de la parte posterior de Catedral y del Templo Mayor. (Una advertencia para aquellos que tienen paranoia a los sismos: en la terraza, cada que pasan los meseros, el piso tiembla como si pasara un trailer muy pesado. Quizá para ellos, lo mejor sea pedir la orden en las mesitas que están sobre la acera peatonal.) El menú es mexicano, mexicanísimo. De entrada una cazuelita de tuétano o de jaiba. Luego, una sopa de ostiones… que hay que decirlo, está picosa. De plato fuerte recomendamos más los pescados que, finalmente, esta casa es de sirenas… Nuestra elección: el Robalo al Ajonjolí. Definitivamente es un lugar que visitar si se está por los rumbos: es muy tranquilo, se come rico, y resulta perfecto para zafarse por unas horas de ese caos milenario que es el Centro Histórico La Jersey De su sucursal matriz –ubicada en el corazón del mercado de San Juan– conserva la venta de productos a granel, las dos copas de vino tinto de la casa y el postre de cortesía por persona, así como los platos, vasos y cubiertos de plástico (este detalle le da a los platillos una presentación simple y poco agraciada). La decoración del local es rústica: mesas y sillas de madera, pero no desentona con el ambiente del edificio recién remodelado y repleto de pequeñas boutiques de diseño (está en el Hotel Downtown). Si quieres enfrascarte en una charla extensa, busca las mesas en los salones interiores; pero si deseas comer y mirar, busca sentarte en la terraza. La oferta de la carta es sencilla, principalmente hay tapas, baguettes y ensaladas. Sin embargo, de estos tres platillos surgen combinaciones fabulosas y sofisticadas, gracias a que utilizan quesos y embutidos nacionales e importados, todos frescos y deliciosos. Las porciones de las tapas son modestas, pero cada bocado vale la pena. No hay pierde, todas son recomendables; aunque las de queso manchego de cabra, sobreasada y jabugo lo son aún más. Las ensalada caprese es el complemento perfecto para evitar cualquier culpa, es fresca y viene con un aliño de aceite de oliva. Por último, pide el bocado de los dioses, tapa de queso mascarpone con miel y nuez. No lo dudes, te dejará un muy buen sabor de boca. Café de Tacuba La cocina mexicana está en boga quizá porque ahora forma parte del patrimonio inmaterial de la humanidad. Basta una lectura rápida de cualquier guía turística sobre el DF para saber que uno de los lugares que más recomiendan visitar para descubrir los sabores del país es el Café de Tacuba, que acaba de cumplir cien años de vida. La casona es del siglo XVII con techos altos sostenidos por vigas de madera, decorado con candelabros y mosaicos tipo talavera, cuadros de arcángeles y ambientación musical que corre a cargo de una estudiantina ambulante. El menú bilingüe proporciona diversión garantizada especialmente al llegar a los Machitos fritos que son traducidos por fried machitos. Lo realmente divertido es que la Guajolota no tiene traducción ni vergüenza. Después de servirme un agua de sandía, la mesera con uniforme blanco e inmenso moño en la cabeza, me sugiere probar un poco de todo y ese platillo se llama Cuatro cositas o Four little things, baby. Frijoles refritos, guacamole, arroz con menudencias, un tamal en salsa verde o chile relleno (a escoger), un taquito dorado y una probadita de la estrella del menú, una enchilada Tacuba. Tortilla rellena de pollo tierno bañada con salsa poblana cremosa y queso derretido que causa adicción instantánea. Ovación de pie se lleva el guacamole pensado para paladares que no comen picante. En los postres aparecen los dulces típicos además del pastel de limón glaseado color verde radioactivo que se encuentra en el refrigerador de la entrada, aunque el de tres leches con cubierta de cajeta le dice quítate que ahí te voy. Ahora sé que la cocina mexicana está bien representada y que cuando extrañe la sazón de mi abuelita, tengo un lugar a dónde llegar. Mumedi Todos hemos sido testigos de los cambios que ha tenido el Centro Histórico de la ciudad desde hace un par de años. Desde las modificaciones urbanas hasta la apertura de espacios como galerías, restaurantes, tiendas y cafeterías, el primer cuadro del centro disfruta de un segundo aire perfectamente disfrutable. En una de las calles principales de ese primer cuadro, en medio del caos, la gente y el ruido se encuentra el Museo Mexicano de Diseño, una tienda, galería y cafetería dedicada desde hace casi 10 años a promover el buen comer y las creaciones artísticas. MUMEDI fue ideado por el diseñador Alvaro Rego García de Alba como resultado de la necesidad de un museo de diseño en México, y ha tenido dos etapas importantes. Hace casi dos años hubo una remodelación completa donde se aprovechó todo el espacio de la propiedad, y así lograr un espacio casi independiente para cada área de lugar. Mumedi se ha convertido en un proyecto polifacético, ya que además de ser un museo, es una fundación que se dedica a alentar y apoyar el diseño gráfico e industrial en nuestro país y cuenta con una tienda donde el 80% de los productos son diseños mexicanos fomentando su consumo y producción. Así, la tienda se ha convertido en un laboratorio de experimentación constante, donde jóvenes diseñadores pueden comercializar sus productos, siempre pensando en apoyar a las pequeñas y medianas empresas de diseño. Entre fotografías, pinturas, una curiosa tienda y librería especializada donde puedes comprar diferentes accesorios hechos con diseños vanguardistas, revistas y una selección de carteles de sus exposiciones más recientes, es posible deleitar tu paladar con delicias culinarias que acompañan perfecto el escenario. La carta fue diseñada por el Chef Aaron Gómez Figueroa, cuenta con platillos internacionales como quiches, baguetts y croissants, algunos de ellos con un toque mexicano, lo que los hace totalmente irresistibles. Los sabores son ricos y especiales debido a que se prepara todo al momento, lo que povoca que los pedidos tarden un poco en llegar a la mesa, pero siempre vale la pena. El restaurante/cafetería de MUMEDI cuenta con una carta de platillos que se sirve en su totalidad a lo largo del horario de servicio con una gran variedad de tés, cafés, smothies y probablemente la mejor bebida del lugar: el te chai. El menú de comida es muy amplio, y la presentación y sabores lo valen. Visiten Mumedi y sean testigos de uno de los esfuerzos independientes con más propuesta en el Centro Histórico de la ciudad. Azul Histórico A cargo del chef Ricardo Muñoz Zurita, conocido también como el antropólogo de la cocina mexicana por su trabajo de investigación y rescate a las tradiciones culinarias, este proyecto gastronómico no podría estar en mejores manos. Se trata de una variante de la serie Azul, que inició con el ya clásico Azul y Oro, en Ciudad Universitaria. Alojado en una casona que perteneció a Francisco Sergio Iturbe, mecenas del arte mexicano del siglo XX, Azul Histórico ocupa su patio central, a la sombra de un techo de laureles. En sus paredes se encuentran dos piezas de grandes artistas mexicanos, “Las comadres”, del escultor Mardonio Magaña, y “El holocausto”, mural del pintor Manuel Rodríguez Lozano. El Azul no es un restaurante de mantel largo. Es más, no hay manteles. Las mesas de madera desnuda portan sólo grabados de los nombres de las calles aledañas a la zona. Sobre ellas se sirve cocina mexicana de autor. Entre los platillos más populares están los buñuelos rellenos de pato bañados en mole, los panuchos de cochinita pibil, el chichilo negro de chile chilhuacle servido con venado y el pastel de chocolate acompañado por helado de queso gorgonzola. Además del menú tradicional, cada mes se presenta un festival gastronómico distinto, dedicado a un ingrediente o cocina regional. Churrería el Moro La sabrosa tradición de ir a comer churros a El Moro es toda una experiencia.Este lugar ofrece una carta exquisita, aunque reducida: hay malteadas, leche, café, refrescos y churros. Debes poner mucha atención con los paquetes que eliges, pues hay uno en especial -el español- que es muy espeso y dulce, te recomendamos leer las letras chiquitas del menú antes de que ordenes. En esta época de lluvia, es un buen venue para disfrutar del tiempo y gozar de un armonioso ambiente a la mexicana las 24 horas del día. Tip: Las tortas y tacos que está junto al establecimiento son buenísimas y las puedes comer mientras tu pedido en El Moro está listo. Hostería La Bota Platica, bebe y come junto al Hombre Araña, un toro y la Mona Lisa La monotonía no entra a este “cultubar”. Frases de personajes como Octavio Paz, José Martí y John Cage, dan motivo para andar mirando para todos lados. Concurrido principalmente por estudiantes e intelectuales, transmite una vibra de originalidad con un ambiente confortable que te hará sentir como si estuvieras en casa de un amigo. En sus paredes los objetos parecen cobrar vida, presentando detalles como un muñeco del Hombre Araña conviviendo con cajas de cerrillos de los ochenta, mientras la Gioconda de Da Vinci observa fijamente a un esqueleto sentado como rey sobre un televisor. La música es variada, pasando de sones cubanos a los Gipsy Kings así como jazz y rock de todas las épocas. Ya instalado, llega el momento perfecto para pedirle al mesero la especialidad de la casa: “La Gran Chinampa”, torta de bistec y chistorra ahogada en salsa verde, acompañada con las bebidas recomendadas por Adrián (dueño, mesero, barman y un gran conversador): el Limón Dux y el Cáliz de Portugal, este último con ingredientes de los colores de la bandera del país que le da nombre. Desde 2005, este recinto considerado el lugar de los artistas del centro, es un espacio para conversar por horas, sin que uno se percate de cómo se consumen las pequeñas veladoras, testigos mudas de las mesas. La Bota genera empatía y un lenguaje aparte, haciendo de esta hostería de estilo español algo propio, permitiendo a sus visitantes dejar un mensaje, dibujo o foto en sus paredes, para así adueñarte de un pequeño espacio dentro de su baúl de recuerdos. Los Cocuyos No tiene sillas, uno come parado –debiéramos decir: arrimado– en la banqueta. El maestro taquero orquesta un micro circo de dos pistas: en la primera hierven, en aceite, el suadero, la tripa, la longaniza. En la otra se cocinan, al vapor, la cabeza y sus derivados: el cachete, la lengua, la trompa, el ojo. Este lugar es una leyenda secreta de los tacos callejeros. Sólo para cerciorarnos de su poderío, volvimos a probarlos para esta ocasión: son indiscutibles. El suadero es jugoso, suave, perfectamente sazonado. El cachete está en su punto. La longaniza es un poema. Las salsas pican pero no ofenden, realzan el sabor de la carne, no lo sepultan. Quizá el mejor suadero del DF. Tip: Entra a la cantina de junto, Los Portales de Tlaquepaque, bebe a placer y, como botana, pídete unos tacos de suadero con todo. Te los traen de aquí.

Condesa
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Condesa

Antiguamente, esta zona era una gran hacienda que pertenecía a María Magdalena Dávalos y Orozco, una mujer reconocida por su capacidad para administrar brillantemente sus negocios y tener una posición acomodada al tener el título de condesa. 

San Ángel
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San Ángel

Bellas calles empedradas y casas de estilo colonial hacen de San Ángel uno de los barrios más icónicos de la ciudad. Uno de los lugares más visitados es la Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo, la primera parada de los 15 lugares imprescindibles de San Ángel. Si tienes ganas de fiestear y pasar un rato inolviddable, visita los mejores antros y bares en San Ángel

Coyoacán
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Coyoacán

Una de las colonias más queridas en la ciudad es Coyoacán. Su oferta cultural alcanza varios de los más famosos museos y centros culturales en Coyoacán. Ya sea que la visites para comer un delicioso churro, dar una vuelta por el Jardín Hidalgo o sentarte frente a las fuentes de los coyotes, es seguro que pasarás un momento agradable. 

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