Antros y bares

Todo sobre la vida nocturna en la Ciudad de México. Los mejores antros, bares y cantinas para divertirse y tomar cervezas, tequila, mezcal y vino

Cocteles con sotol
Bares y cantinas

Cocteles con sotol

El sotol es un destilado elaborado con la piña del sereque (o planta del sotol) que se da en los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila. Esta planta pasa por un proceso de jima, cocimiento, molido y fermentado. A partir de las 72 horas de fermentación se obtiene el sotol blanco, de cuatro a seis meses en barrica de roble es sotol reposado, y después de 14 meses se obtiene un preciado sotol añejado.  En muchos bares de cocteles y cantinas modernas de la CDMX, el sotol ya aparece como uno de los ingredientes indispensables para la creación de tragos, que apoyan e inspiran a los clientes al consumo de productos nacionales. Echale un ojo a estos cocteles imperdibles elaborados a base de sotol. 

Get Lost Mexico City 2018
Vida nocturna

Get Lost Mexico City 2018

Damian Lazarus, dj y productor digital, es el creador de uno de los sellos de música electrónica que ha perdurado en el tiempo: Crosstown Rebels. Se han empeñado en buscar una experiencia diferente, sonidos de almas creativas que tienen algo que decir con sus mezclas que estremecen los sentidos de los espíritus rebeldes. Este proyecto revela mucho más que eso, se ha extendido por todo el mundo. Después de un evento espectacular en 2016 con Damian Lazarus, DJ Tennis, Gorgon City, Guada FK, Lee Burridge, Metrika (México), Serge Devant, y una presentación inigualable de Satori, por alguna razón decidieron brincarse 2017 para llegar hasta Día de Muertos 2018. De nueva cuenta serán 12 horas de música electrónica en una fecha particular. Comienza el 1 de noviembre a las 6pm, Día de Todos los Santos, y concluye a las 6am de Día de Muertos. En el line up reaparecen Damian Lazarus y Serge Devant, grandes productores a los que se les unirán otros cuatro talentosos y talentosas musicos: &ME (Alemania), Felix Da Housecat (Estados Unidos), Magit Cacoon (Israel) y Robbie Akbal (México).  En esta fiesta los géneros musicales son dispensables ya que todos los artistas tienen un rango musical bastante flexible, aunque podríamos considerar el house y el techno como las bases. Destaca entre ellos Magit Cacoon, productora y vocalista de Tel Aviv cuya música es impredecible y envolvente desde sonidos difícilmente clasificados en techno; también Felix Da Housecat, cuya carrera nos remonta a 2001

Lugares para aprender a bailar salsa
Bares y cantinas

Lugares para aprender a bailar salsa

No te quedes sentado cuando empiece la salsa, levántate como campéon y sorprende a todos con tus mejores movimientos. En estos lugares puedes aprender a bailar salsa gracias a sus clases o a sus noches temáticas. Descubre las cervecerías y si no se te quita el calor, disfruta de los bares con terraza. También te pueden interesar los lugares para bailar vogue. 

Las mejores terrazas
Bares y cantinas

Las mejores terrazas

El calor trae muchas ventajas, así como pretextos para disfrutar aún más de lo mejor de la vida nocturna de la Ciudad de México. Descubre los cocteles imperdibles de nuestra cosmopolita ciudad y los bares de coctelería que te ofrecen la mejor oferta de mixología del mundo. También podrás encontrar en estas terrazas las mejores propuestas de música electrónica y fiestas de la CDMX. 

Billares y boliches
Bares y cantinas

Billares y boliches

¡Ya cámbiale! Vivir de noche no es sólo ir a bares secretos o a los mejores antros de la CDMX. Desvelarse con billar, boliche y botanas puede ser una de las mejores experiencias con esta selección que preparamos para ti.

Antros y bares en la CDMX recién reseñados

Peralta
Bares y cantinas

Peralta

Es el lugar perfecto para aterrizar cuando tienes ganas de salir pero en un plan de desvelada más tranquila; hay una decoración con un estilo rústico y hípster perfecto para la Condesa, que se presta también para ir vestido como se te de la gana. Pídete unas cervezas, o un tequila, mezcal o gin. Si te quiers poner rudo están los shots flameados, y acá entre nos, te recomiendo el famoso shot peralta por su peculiar sabor a fresa o si tu gusto es un poco más tropical, pide el head&shoulders con licor de naranja, ron y crema de coco, se sube rápido a la cabeza. Como buen bar tranqui que se respeta tiene opciones para aplacar el hambre y bajar las copas. Hay alitas, papas gajo, pizzas, burritos, o bien, ataca en grupo una parrillada de arrachera con seis quesadillas, cuatro chalupitas rellenas de chorizo, frijoles charros y guacamole de la casa. Recuerda también darte una vuelta los jueves que son de peraltazo, hay casa llena por el 50% de descuento en los tragos. Los viernes hay promo de gin al 2x1; está el papper berry que llamará tu atención por su color verde, un sabor a menta y blue berries. Te gustará la terraza, desde ahí escuchas perfectamente la música y de paso lees el letrero que dice “Fuck Off”, un claro indicador de que puedes hacer lo que se te de la gana y pasarla bien sin importar lo que pase esa noche. Si te agarrra la sed tempranera, contempla que el bar abre desde las 2pm.

Time Out dice
3 de 5 estrellas
Stage Garden
Vida nocturna

Stage Garden

Descubre los generos musicales que eres capaz de entonar con tu melodiosa voz. Para eso está Stage Garden, un cantabar que te ayuda a armarte de valor frente muchos desconocidos, divertirte con un grupo de amigos y olvidar tus penas o el mal de amores. Desde la entrada escucharás a todos coreando y animando al cantante del minuto; la música va desde pop, reguetón, banda y por qué no, unas buenas rancheras. Hay destellos azules y morados sobre el escenario que te harán sentir todo un artista en homenaje bajo las notas musicales que pusieron en el techo. Si no te la sabes, sigue la letra de la canción en la pantalla, tendrás una larga y memorbale experiencia. El karaoke es de lo más cotizado los fines de semana, pero si lo tuyo no es cantar ni con unas cuantas copas encima, no quiere decir que te tienes que perder de lo bueno. También hay bandas de rock en vivo y unas cumbias y salsas para sacarle brillo a la pista, pero eso no es todo, Stage Garden cuenta con un segundo piso dedicado a bailar reguetón y pop. Acércate a la cabina del dj para pedirle que ponga tu canción favorita o sal a la cabina de humo a platicar y echarte un cigarro. El lugar es pequeño y relajado para todos. Encontrarás desde los grupitos universitarios hasta el clásico godín que busca desestresarse después de trabajar, es perfecto para ir en montón y pedir diferentes paquetes de litros de cerveza a partir de las 3pm, hasta las 12am. Si vas con hambre hay snacks como hamburguesas de arrachera con papas

Time Out dice
3 de 5 estrellas
Boom Stand-Up Bar
Vida nocturna

Boom Stand-Up Bar

La base para una buena comedia de stand up es el cinismo, alrededor de él se tejen las majaderías, la burla y la irreverencia. No cualquiera tiene la rapidez mental, los huevos y el carisma para pararse frente a un público a decir sandeces (aunque sean ensayadas) de manera que suenen inteligentes y coherentes; pero más difícil todavía, conseguir que la audiencia se identifique y se ría de ellas. El stand up comedy (comedia de pie) también conocida como comedia en vivo o monologo cómico, es una manera de expresar una opinión disfrazada de personal, pero debajo lleva una idea colectiva y unas ganas de darle con todo al tema que se cruce enfrente. Hay muchos lugares en la ciudad que prestan sus escenarios para ello, pero ninguno especializado como Boom Stand-Up Bar. Cae la noche y la fila se comienza a formar sobre Cuauhtémoc, de acuerdo a testigos visuales, esta ha llegado a darle la vuelta a la cuadra. La mayoría de la clientela es mayor de 30 años, pero verás fresas, hipsters, rockeros y chavitos desubicados por igual. No importan las etiquetas o la clasificación social, sino las ganas de conocer a los cuatro o cinco comediantes de la cartelera de esa noche. Nadie duda en pagar los $400 de cover (varía según la noche) y en tomar una mesa para pedir botella, alitas y formar un solo público. Cuidado agarres una mesa hasta enfrente y tengas cara simpática porque te tocará ser un objeto del deseo del stand up; no te preocupes, el espacio tiene dos niveles y capacidad para más de

Time Out dice
4 de 5 estrellas
Casa Conejo
Bares y cantinas

Casa Conejo

A media cuadra del Metro Mexicaltzingo te espera un distribuidor artesanal de pulque auténtico tlaxcalteca, de Santiago Cuaula. Este pequeño local es operado por Antonio Lima, el mejor guía para disfrutar de los curados que ofrecen, conocer su procedencia y para atinar recomendaciones gastronómicas de lo que hacen en casa. Es una gran ventaja que abran desde las 10am porque te permiten considerarlos para un plan anticruda, un desayuno, comida familiar o una tarde de bebidas frías con quien sea. Todos los días se establece el menú. Hay desde pechugas de pollo rellenas de queso y tocino en salsa de chile cascabel, o un mole de olla con chochoyones —bolitas de masa, hasta unos esquites hervidos en pulque con costillas de cerdo al tamarindo. Para chuparse los dedos si además lo combinas con un sangre de conejo, un curado de tuna roja. Otra delicia es el curado de piña colada, o el de avena o el de mamey; los sabores especiados de su comida auténtica cocina mexicana con la acidez del pulque y su efecto espiritual, te harán concluir también que Casa Conejo es un descubrimiento que todos deben tener. Este mes, por cierto, les llega pulque de Santa Bárbara Otumba, Estado de México.

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Lo mejor de la vida nocturna de la Ciudad de México

Top 10. Antros
Vida nocturna

Top 10. Antros

Entre los mejores antros fresas, antros de música electrónica y antros únicos en la Ciudad de México, seleccionamos este top 10. Si eres noctámbulo, descubre todo lo que puedes hacer con 24 horas en la CDMX y olvídate del insomnio.

Billares y boliches
Bares y cantinas

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Bares de cocteles
Bares y cantinas

Bares de cocteles

Si aún no sabes qué pedir, debes probar los cocteles imperdibles de la Ciudad de México y conocer a los mejores mixólogos, responsables de los tragos perfectamente balanceados. Después de un buen coctel, los mejores clubes de la CDMX te esperan en el Top 10 de antros.

Cerveza artesanal
Bares y cantinas

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Los mejores lugares en la CDMX por licor

Mezcalerías
Bares y cantinas

Mezcalerías

Rodajas de naranja con sal de gusano, chapulines, chelas y queso oaxaca: estos lugares tienen todo para disfrutar del destilado de agave.

Bares de vino
Bares y cantinas

Bares de vino

Antes de visitar estos lugares, toma un curso de vino y conviértete en un catador para lucirte con tus amigos o con tu ligue. Al poner en práctica tus conocimientos, recuerda desmetir los mitos del vino. Sírvete una copa de tu vino o espumoso favorito y brinda con la frase "vino, vidi, vici".

Bares para tomar gin
Bares y cantinas

Bares para tomar gin

Los mejores gin tonics del DF se encuentran en estos lugares.

Pulquerías
Bares y cantinas

Pulquerías

Cuando despertó, Mayahuel aún estaba ahí. Luego de miles de años, el pulque sigue deleitando paladares, tal como lo hizo entre los dioses en su origen mítico. Pero ahora en bares, restaurantes y cantinas, lejos de los tinacales y sin jícaras. Sus hilos de baba son sorbidos con la misma fascinación entre ancianos que entre adolescentes; lo mismo en barrios populares que en zonas trendy. Sin embargo, hay un universo de distancia entre las barras azulejadas de las pulquerías clásicas del Centro Histórico y las mesas de diseño de la Roma y la Condesa. Te presentamos lugares defeños para beber un buen pulmón, los tragos exóticos que debes probar y hasta una entrevista con un verdadero experto pulquero.

Cervecerías
Bares y cantinas

Cervecerías

Los defeños amamos la cerveza. Tanto las marcas clásicas, chelas artesanales o de importación, la bebida de malta es la que domina. Te recomendamos las mejores cervecerías de la ciudad para que brindes en tu cumpleaños, partido de futbol o cualquier celebración especial.

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Antros y bares en la Ciudad de México por zona

Centro
Antros

Centro

Club Atlántico Está situado a dos calles del Zócalo y en este lugar puedes encontrar desde un concierto hasta una función de cine. Al llegar te tendrás que enfrentar a sus escaleras, son únicamente tres pisos pero al estar en uno de esos viejos edificios del Centro Histórico de techos muy altos, parecen como seis. El espacio funciona como cualquier típico bar –barra tipo isla con servicio por sus cuatro costados–, pero también como cineclub –con ciclos mensuales todos los domingos 4pm, entrada libre y promoción en el precio de cerveza– recinto para exposiciones –ilustración, street art, fotografía o cartel–, escenario para conciertos y presentaciones de libros, discos, documentales, cortos, videos, y talleres –de dj, vj, músico o bartender–. Además, puedes organizar aquí tu propia fiesta prácticamente sin costo (no incluye alcohol, claro está). Bósforo ¿El siglo XVII en un pequeño lugar del Centro Histórico? Aunque en pleno siglo XXI las cosas han cambiado, El Bósforo resalta entre las calles de esta zona como un lugar atípico. Pequeño en cuanto a espacio y con una decoración mínima (clávate en la lámpara que cuelga del techo y remite a los años treinta), este lugar especializado en mezcales de distintas parte de la República (con más acento en Oaxaca), es perfecto para entrarle a la fiebre por esta bebida y probar un Espadín, mezcal consentido por los noctámbulos que asisten al lugar. Inició siendo un lugar clandestino y poco a poco se ha popularizado, sin embargo, mantiene esa aura espontánea y relajada aunque, hay que admitirlo, un poco pretenciosa. Si la cosa es platicar, aquí podrás ejercer ese arte, ya que la música se mantiene a un nivel respetable y te permite escuchar a tu acompañante mientras comparten unas quesadillas especialidad de la casa preparadas con quesillo, hierba santa y servidas con una abundancia digna de calmar a tu troglodita interno. El detalle en su decoración pareciera ser improvisado, dando un aire sencillo al recinto. Las velas –que dan la poca luz con la que cuenta el lugar– tienen como base una tasa blanca, la barra está hecha de cantera y las sillas son de herrería común y corriente. Al contrario, la afluencia es más extravagante y variada, dando la bienvenida desde al artista incomprendido hasta el empresario exitoso. Para relajarte, puedes optar por sentarte en el amplio tapanco, cuya alfombra sirve como asiento para sentarte en el suelo. Puede que el cine en ruinas que se encuentra en frente guarde el secreto del encanto del Bósforo, tal vez sea su música clandestina que pocos reconocen, su clima de misterio o su recomendable botana de chile de árbol, cacahuates y ajos asados. Lo cierto es que, si buscas develar sus enigmas, deberás venir con una garganta preparada para disfrutar de un mezcal y con el oído despierto para tratar de adivinar qué canciones suenan a lo largo de la noche. El Marrakech Salón De alguna manera, este local cabaret-galería-gay-kitsch-retro-medio-izquierdoso fue el que convirtió a la calle de República de Cuba del Centro Histórico en un destino alternativo a la Zona Rosa. Y lo de alternativo va en serio. Es inevitable que no se escuche a Katy Perry, o que la oferta-demanda rosa que predomina en estos días de empacho de apertura hacia todo tipo de diversidad sexual exija que el dj ponga “La maldita primavera”. Pero, en algún momento, suenan también Radiohead o los Pixies. “Tienen que”, dice Víctor Jaramillo, uno de los propietarios del Marrakech Salón, un antro gay que en cuatro años ha logrado lo que muy pocos clubes gays de la Ciudad de México: hacerse de una personalidad propia, a partir de los estereotipos e incluso uno que otro insulto Hecho en México hacia todo aquello que parezca gay. Aquí la constante es el humor y una colorida capacidad de burlarse de uno mismo, algo no muy común en la comunidad LGBTTTI capitalina, que suele ofenderse por casi todo.  Desde la ubicación se percibe como un club diferente. Se encuentra en una de las calles menos restauradas del Centro Histórico de la Ciudad de México, la de República de Cuba. Conforme las luces exteriores del Marrakech se apoderan de la media noche, la decadencia de los edificios descarapelados que flanquean al Marrakech se vuelve glamurosa y de una estética envolvente. No hay cover, ni cadenas, ni cadeneros que te embrollen la entrada. Sólo un personal de seguridad que se asegura que todo aquel que cruce la puerta no lleve ningún objeto que ponga en peligro a los parroquianos. Te pasan un detector de metales, revisan tu morral o bolso, y listo. Una vez que entras, el techo se eleva un par de metros y lo más probable es que si llegas a partir de las 10 de la noche, te resulte complicado llegar a la barra de lo atiborrado que se pone. Una vez que lo has conseguido, las cervezas cuestan 30 pesos y bebidas como el vodka, ron o tequila valen 50. Hay cocteles de la casa como el Chichifo, que es licor de chocolate hecho en Tabasco, y el más exitoso y refrescante, el Mayate, licor de menta con agua mineral. Además de servir tragos, la barra se ha convertido en algo así como una segunda pista de baile, para aquellos con hambre de aplausos, chiflidos y hasta abucheos -así es el espectáculo- se suban para hacer gala de esos pasos de baile que eran lo único que seguía guardado en el clóset. Y los verdaderos insaciables de 15 minutos de fama -o lo que duren tres o cuatro canciones- se quitan los pantalones y bajan un poco (o mucho) la trusa para enseñar las nalgas a unos cuantos pasos de la hielera, sin ser strippers profesionales. Esto es más bien advertencia si son exigentes, pues al no ser profesionales, los traseros tampoco son macizos o lisitos, aunque seguro has visto cosas peores. Llegar temprano tiene sus ventajas: hay promoción de cervezas de 2x1 hasta las 9pm, y puedes alcanzar una de las muy pocas mesas que se encuentran al final del club, o apañarte alguno de los sillones que se ubican en una suerte de tapanco rosa con una vista panorámica a todo el Marrakech, si eres de esos que no aguantan mucho tiempo de pie. En las paredes cuelgan amplias fotografías que son un valioso registro de la transición de la cultura homosexual en México, como esa imagen a blanco y negro que muestra a unos muchachos gays, detenidos en una redada que atrapaba a todo aquel que pareciera puto, años antes de la primera mitad del siglo XX. También hay una casi gigantesca imagen de un gay en medio de una hilera de militares que, según cuenta Jaramillo, ganó algún premio en un certamen de fotoperiodismo. Y en uno de sus muros ponen películas calenturientas del encantador y picante México de los 70, como El Sexólogo, con Andrés García -aún sin bombita- y Angélica Chaín. Entre las once y media y la media noche, los asistentes abren paso al desfile de strippers e imitadores de legendarias dirty-divas mexicanas, como la socorrida por las vestidas La Tesorito, o Daniela Romo. La sensación es Terry, travesti originaria de Acapulco, a quien le sale muy bien eso de imitar a cantantes consideradas de “izquierda”, como Eugenia León o Lila Downs; el público se enciende, pero si son de los que el mix de show y discurso político pasional les da flojera, puede que este punto sea un ligero tache del Marrakech. Al menos a Terry no le da por vestirse como Susana Zabaleta. Al Marrakech se dan cita hombres y mujeres de todo tipo y eso del código postal aquí es un estorbo. Lo mismo te puedes ligar un fresa con tenis caros que un tipo que se unta rímel en medio de la multitud. Es común encontrarse con ocurrencias kitsch como grupos de amigos que se organizan para ir todos vestidos de colegialas. Los bugas son bienvenidos y se la pasan entre carcajadas y asombros. Los jueves ponen música alternativa, de la buena. Antes de salir, hay una frase pintada que te despiden con un “Gracias por su prefrencia… sexual”. La Faena Es un museo taurino pero no tiene nada que ver con la matanza de toros. “Faena” del latín “facienda” que significa “cosas que hay que hacer” nos deja en claro que una cosa que hay que hacer es visitar esta cantina-museo taurino que junto con El Bar Mancera -a sólo una puerta de distancia- son consideradas dos de las cantinas más antiguas y tradicionales del Centro Histórico de la Ciudad de México. Eso sí, mientras el Bar Mancera conserva el espíritu de hombre elegante de los años veinte con monóculo y whisky en mano, La Faena, sin afán ni pretensión de modernizarse, da paso al descascaramiento de los pósters taurinos, las vitrinas de trajes de luces que decoran el lugar y; permite que convivan tranquilamente teléfonos de madera empolvada de inicios del siglo XX con sillas y mesas de plástico, la caja registradora que triplica la edad de los asistentes más jóvenes, óleos de temas taurinos y un altar a la virgen de Guadalupe que está enmarcada por una serie de foquitos que se pudo haber escapado de algún árbol navideño para alumbrar la vitrina guadalupana.  Ambos lugares comparten ubicación en lo que fue el Palacio del Marqués de Selva Nevada y que a finales del siglo XIX se adaptó todo el interior para dejar en el pasado a los marqueses y transformarse en el Hotel Mancera. La Faena se fundó en 1954 y fue el lugar de reunión de los integrantes de la asociación mexicana de novilleros, razón por la que ahora ostenta el título de cantina-museo taurino. La carta de comida y bebidas es de lo más variado de la zona y bien se puede ir sólo a degustar la comida que Eudoxia Hernández, con más de treinta años a cargo de la preparación de los alimentos, cocina en el momento y con las recetas originales. La sopa Azteca y el molcajete de carnes son clásicos. En el apartado de bebidas, a pesar de que ofrecen una amplia selección de Brandys españoles, vinos, mezcales y vodkas, la de la casa es la cerveza oscura de barril servida en su tradicional bola de cristal y acompañada de la botana, también de la casa que un día puede ser caldo de camarón, otro sopes o chicharrones y si tienes suerte, unas deliciosas quesadillas de papa. La rocola que está en medio del salón tiene desde éxitos de la época de oro como Agustín Lara hasta las cumbias típicas de la Sonora Dinamita o Los Ángeles Azules, pasando por Roberto Jordán y Johnny Laboriel. En una sola noche puedes ver tanto a mujeres entaconadas, hombres con sombrero y accesorios de charrería, como al DJ en turno o el grupo tropical encargado de ambientar con cumbias en vivo. Carlos Monsiváis conocía bien La Faena y algunas veces se han dado cita Diego Luna o el boxeador Rubén El Púas Olivares. La variedad es lo que predomina en el restaurante-museo taurino La Faena. La caja registradora es el método de cobranza, así que evítate preguntar por terminales para tarjetas de crédito, aquí es a la antigüita.

Satélite
Vida nocturna

Satélite

Opciones de vida nocturna en la zona La Capitana “El mezcal no te emborracha, te pone mágico”, se lee en la pared de este sitio, como para que te justifiques mientras, con su buena variedad de aguardiente de Guerrero y Oaxaca, te preguntas seriamente si cruzaste un portal dimensional. La Capitana es como un pedacito de la Roma en pleno Satélite (cerca del lugar donde todo pasa: el centro comercial). Con una atmósfera similar a la de La Botica o La Clandestina, por fin nació un lugar para alojar a la gente del norte de la ciudad que tiene sed de destilado de agave y que, antes de su inauguración, tenía que someterse a los castigos viales de Periférico si quería encontrar dónde disfrutarlo. Hay buena música –suenan Gorillaz, Pulp, Lana del Rey– que, lamentablemente, no puede disfrutarse del todo porque del exterior llega, en volumen alto, el infame punchis punchis de los locales vecinos que parecen subirle al sonido para que no se te olvide que andas sateluqueando. Al final no es nada muy grave. Los volcanes de chapulines, maridados con un espadín y acompañados por naranjas y cervezas, harán que te reconcilies con la zona que ha padecido, ancestralmente y quizá con buenos argumentos, de mala fama en cuanto a la oferta de vida nocturna. En uno de los muros puedes encontrar las fotografías de los maestros mezcaleros con los que trabaja este bar; un buen detalle que le pone rostro al espirituoso que estás tomando e invita a respetarlo como merece. Imperdibles también son los curad

Roma
Antros

Roma

Sabor Amor Lo primero que se puede pensar sobre Sabor Amor es en un parque de diversiones temático: tanto por dentro como por fuera mantiene una decoración detallada y exhaustiva, diríamos barroca, pero esto va más allá. Dentro de esta casa porfiriana de la colonia Roma, cada cuarto es una antítesis del siguiente, y su combinación provoca el asombro: hay un salón que asemeja el lobby de una vieja mansión de nuevos ricos, hay una sala que parece cuarto de casa de muñecas… todo es inesperado. No parece extraño que el lugar parezca un set teatral puesto que la dueña es la actriz Silvia Navarro. Este “laboratorio” de alimentos liderado por la chef Lucía Bosco se autodenomina como “comida mexicana poco tradicional”, y efectivamente hace honor a su género con entradas como los tacos de pato al pastor (apodados “los tentadores”), el fondant de berenjena con queso de cabra o el molcajete de camarones al carbón. El chilpachole de jaiba, mejor conocido como “la huérfana”, es un caldo con pulpa de ese crustáceo, bastante recomendable, lo acompañan picositas albóndigas de camarón. El linguini con mejillones y almejas: 100% sugerido, así como  los Tamalitos Sabor Amor que constan de chicharrón de pato con salsa verde, y las almejas chocolatas con queso nada desentonan con la concordancia del lugar.Cada uno de los platillos es alta cocina: las porciones son pequeñas y los precios altos, aunque sumada la experiencia de la comida con el servicio y la locación se justifica el costo. Como postre se recomiendan los pasteles de tres leches o de queso que armonizan con alguno de los digestivos. Manejan una variedad de más de 50 vinos de diversas regiones y una oferta de cocteles como el Pepinazo, hecho con mezcal, miel de agave, pepino y chile, o una variedad de tequilas y “shooters” de diferentes colores y sabores. Acude directamente al bar situado en el segundo piso del local: el ambiente es tranquilo y por lo general van grupos de tres a cuatro personas. Sabor Amor se inspiró en las fiestas y cocina de Doña Lorenza y el General Picard (antiguos habitantes de la casa), una tradición que, se supone, inició en los 40, pero apenas hará dos años que la retomaron. El bar y el restaurante combinan lo antiguo, lo teatral y lo cinematográfico para crear espacios altamente decorados y con esencia propia. En general es una experiencia algo cara, pero imperdible. Salón Covadonga Durante décadas fue una apacible cantina cuyos clientes se dedicaron a envejecer al tiempo que bebían y jugaban dominó. Pero algo pasó a principios de los dosmiles. Una cada vez más nutrida banda de escritores, cineastas, artistas plásticos, diseñadores, arquitectos, periodistas, bellas modelos extranjeras y personajes afines, fueron arrinconando a los parroquianos originales, y por esa costumbre informal de beber antes del fin de semana, se instauraron los “jueves de Covadonga”. Por unos años, los jueves a la medianoche se volvió prácticamente imposible moverse entre el tumulto de covadongueños que brincaba de una mesa a otra, saludando a los colegas del gremio. Un ambiente en extremo animado y sociable, por demás inusual si consideramos que la decoración tiene el mal gusto de un consultorio médico, las luces que iluminan el sitio son tubos de neón tipo oficina y que no se escucha música alguna, sino únicamente el ronroneo de las conversaciones y el plim plim de los cubiertos. Entre esa multitud se mueve un pelotón de meseros increíblemente diestros y de memoria prodigiosa. En algún momento, a la usanza de muchas cantinas, la fiesta se interrumpe cuando alguno de los clientes grita a todo pulmón el nombre de otro comensal. Pongamos por caso: “¡Juan Pérez!” A lo que los cientos de presentes, a coro, responden: “¡Uleeeero! ¡Uleeeero!” (bueno, la palabra no empieza precisamente con U), y luego vuelven tan campantes a sus conversaciones. Pero de un par de años a la fecha eso ya no es tan concurrido: los nuevos bares de la Roma han minado la clientela del lugar, o mejor dicho, la han depurado. Siguen los señores entrados en canas jugando dominó al calor de sus tragos. Siguen algunos de los intelectuales de la zona yendo a ejercitarse en la destilación etílica. Siguen las modelos extranjeras despistadas ocupando una mesa por media hora para irse a otro lugar más enfiestado. Pero sigue siendo el Covadonga (o la Covadonga, si nos atenemos a que es el nombre de una Virgen), con sus calamares a la gallega, sus tortillas españolas, su carne tártara y sus tortas de milanesa que uno pide sin ver en el menú (entre otras cosas porque no están en el menú). Quizá vuelva a ponerse de moda. Quizá no. No dejará de ser un clásico. Dato curioso: en realidad se llama Cantina el Escudo, pero nadie la conoce así. Licorería Limantour Lo mejor del Limantour está en sus tragos. En las páginas de su menú encontrarás alrededor de diez cocteles por cada tipo de licor, además de una variedad de bebidas convertidas en jelly shots. ¿Te gusta el gin? Prueba un French 75 con ginebra, Veuvre Clicquot, jarabe artesanal y limón. ¿Vodka? Tómate un Berry Collins con vodka, Cherry Marnier y fritas del bosque maceradas. Aquí hay variedad para todos los gustos. Cervecería de Barrio, Roma La cervecería de Barrio era ya un clásico de la Condesa: un concepto que surgió hace siete años, pero faltaba que abrieran la sucursal frente a la Cibeles. Ahí se consagraron. Este restaurante está inspirado en las marisquerías populares, en las que el espacio al aire libre se combina con los sabores costeños y la cerveza. Actualmente la mayor parte de los visitantes va a disfrutar de una cerveza y alguna botana, en otros casos van de precopeo y otros más van a “curarse” la resaca por una noche de fiesta. Cuenta con mesas espaciadas y varias pantallas para que la gente vea el fut, el americano, a veces el beis o el básquet, y por otro lado cuenta con la fuente de Cibeles como paisaje arquitectónico. Y, como dijimos, se consagraron: normalmente está llena, por lo que si se pretende ir, se debe considerar que la espera es de una media hora para conseguir mesa aun con su recien inaugurado segundo piso. El restaurante-bar presenta una variedad de tragos y alimentos que se complementan perfectamente con alguna de las salsitas picantes que se pueden encontrar en el bote al centro de cada mesa. Se recomiendan los cocteles (camarón, ceviche o pulpo), las brochetas de camarón, la torta de marlín, el medio kilo de calamar pelado, los ostiones medianos y la crepa de mariscos. Además de los alimentos, tienen prácticamente cualquier trago refrescante que se requiera como michelada, clamato, margarita, caipirinha, martini o una cerveza fría. Todo en combinación con el ambiente playero que trata de inspirar el lugar. Es para ir con los amigos, y no precisamente para ligar o socializar, sino para disfrutar relajadamente del sabor de los mariscos y de la cerveza. Los alimentos son frescos y de calidad, pero los precios de las bebidas son altos para la oferta general en la ciudad. 69 Road Se encuentra suspendido desde el 21 de julio. Anteriormente esto fue un famoso restaurante bar con ecos de gloria de los años 70, El Charleston, que parecía ser como el refugio perfecto de personajes como José José. No obstante, si reflexionamos un poco y nos detenemos en el hecho de que la inauguración (que se llevó a cabo el primer fin de semana de julio) fue apadrinada por gente como Carmen Salinas, Rogelio Guerra o Lupita Sandoval, puede ser que se ese espíritu de farándula a lo José José no se haya ido del todo. De momento no se sabe muy bien si el asunto aquí es minimalista, improvisado o de plano un homenaje de estrobo púrpura a un salón de fiestas, puesto que se trata de un amplio salón con el mobiliario metálico ubicado únicamente en las orillas, hay unas pantallas de plasma elevadas por arriba de unos postes como para darle el toque tecnológico 2012 pero en realidad se trata de un espacio sencillo, lo mismo que los parroquianos, mayoritariamente masculinos, clientela que lo único que quiere es divertirse bailando cosas como el indispensable pop de Belinda o Adele, hasta ritmos tropicales y banda, que pretextos no falten para pegar el cachete. A partir de las once de la noche despejan la pista porque arrancan dos clases de espectáculos: un performance drag de esos que no se les va vivo a los que están sentados cerca de la pista, y un número stripper que no dejan mucho a la imaginación, y babeando a unos cuantos. Lo bueno es que no es necesario que la fantasía se quede atorada en la garganta (literalmente): si el stripper les despertó el hambre, se puede ir al sótano en el que solo pueden entrar hombres donde instalaron una serie de cuartos que ofrece un espectáculo de musculosos hombres desnudos en regaderas, otra pequeña pista de baile y algo así como un lounge que sin ser un cuarto oscuro extremo, si se pueden echar unas buenas caricias, las suficientes para saber si el ligue es de manos grandes. Todo por arriba de este sótano, es completamente mixto. Entrar cuesta 100 pesos con derecho a dos bebidas de la casa, bonita costumbre esa de la cortesía que ya se está perdiendo en el DF. Beber es barato, 25 pesos las cerveza, 50 pesos los rones o vodkas y las botellas oscilan entre los 400 y 700 pesos. Quizás su atractivo más acertado es que cierran la entrada hasta altas horas de la madrugada, por ahí de las 5am. Por lo que si le apuestan con ingenio, podrían convertirse en una buena opción de after hours que no sea ni sauna ni un gingantesco cuarto oscuro. Eso sí que le hace falta a la actual escena gay.

Del Valle
Bares y cantinas

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Las mejores opciones para salir de noche en la colonia Comida mexicana Más de la colonia Restaurantes y cafés en la Del Valle Más de la colonia Cafés en la Del Valle Te recomendamos cuatro lugares para platicar, quitarte el frío o disfrutar de un café Más opciones Restaurantes en la Del Valle Descubre las delicias que guarda esta colonia con estos restaurantes Blue Beef Ltd. Me aventuré a visitar este lugar en lunes. El nombre sugiere carne de alguna res de sangre azul, príncipe de su reino.  Apenas entro, descubro un estante con cervezas dignísimas para la sed. Al preguntar sobre la carne, una amable señora me dice que se ofrece los viernes y sábados. El menú de este acogedor restaurante-tienda, de un diseño que bien podría ser copy-paste de algún comedor de la Roma, incluye baguettes, ensaladas, empanadas, tapas y croquetas de serrano, atún o queso maasdam, además de postres de la casa y muffins con huevo para el almuerzo. La sed se apaga sola cuando me comentan la escasa variedad de cerveza fría. Opto por una Tijuana Güera, no lo suficientemente fría, luego de que me muestran la única Samuel Adams disponible. Pese a este desaire, el servicio es rápido y atento. No tardo en recibir una empanada de espinaca con queso, acompañada de chimichurri y salsa picante.  Justamente es esa, la salsa de la casa (don emilio), la que sobresale. Una delicia de chile pasilla y aceite de oliva, picante y perfecta para una empanada dorada al punto y con un relleno generoso. La baguette, en

Polanco
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Polanco

Jaleo Justo frente al Parque Lincoln en una de las zonas con más opciones culinarias dentro de Polanco, se ofrece un recuerdo de los auténticos bares de pintxos y tapas de España. Con una decoración simple de paredes negras y detalles rojos, el pequeño restaurante propiedad de Pedro Martín, mejor conocido como ex chef del Tezka, recibe a sus comensales con un amigable y atento servicio; y un ambiente relajado musicalizado en su mayoría con éxitos de bandas ibéricas como Estopa. Al llegar se ofrecen como aperitivos un plato de aceitunas y vermouth de la casa para abrir el apetito mientras se pueden ordenar cañas claras u oscuras, tinto de verano, sangría o algún vino por copeo de la cava que se encuentra de manera subterránea al fondo del lugar. La carta incluye una amplia variedad de montaditos, pintxos y tapas españolas desde las usuales croquetas de jamón de Huelva, tortilla española, patatas bravas y chistorra de Navarra, hasta platos más elaborados como rabo de toro, txipirones en su tinta con arroz blanco, entre otros platillos. Además, siempre hay platillos del día, que pueden encontrarse escritos en un pizarrón. Cabe mencionar que todos los embutidos cuentan con el sello de calidad de Joselito, considerado entre los conocedores como la mejor marca de jamón y embutidos ibéricos. Entre los postres son muy recomendables la crema catalana y el Pa amb Xocolate: una sorpresiva combinación de chocolate cubierto con sal de grano y bañado en aceite de oliva acompañado por pan crujiente para untar. La Surtidora Todo buen mexicano sabe que es en los mercados donde se come bien y en las cantinas donde se bebe mejor. Obvio, ir a estos sitios es cero glamoroso, así que para los que buscan una opción menos rascuacha sin que pierda el folclor, existe ese pequeño pueblecito artificial llamado Polanquito. Y ahí está La Surtidora: la combinación perfecta entre comfort food mexicana y lugar agradable para echar tragos mientras juegas una partida de dominó. En palabras de Gerardo, uno de los socios, es un lugar democrático. Y sí: ves desde el oficinista más Godínez hasta la niña más fresa. Papel de estraza, música cumbianchera, dulces mexicanos, botellas de Jarritos, películas del Santo y molcajetes son algunos de los elementos que nos recuerdan lo ecléctico de la cultura popular nacional. La comida es 100% mexicana; sin adjetivos, tan trillados ya, como “fusionado”, “reinterpretado” o “contemporáneo”. Aquí hay tacos, quesadillas (la de chicharrón prensado con queso es indispensable), tostadas, gorditas, tlayudas, mole, guisados (las verdolagas en salsa verde, como en las cantinas del centro), mariscos y hasta pozole (obviamente, sólo los jueves). El chef Eliseo no se anda con rodeos: va directo al grano. La selección de mezcales es excelente, desde el aclamado Pierde Almas hasta el mezcal de la casa (que por cierto, está al 2x1 los miércoles), ninguno decepciona y todos vienen acompañados de la clásica naranja y las adictivas habas enchiladas. Y para los conocedores, aquí se sirve tepache y pulque. También tienen unas frozen margaritas con fruta natural que bien pueden reemplazar tu típica cuba o paloma. Para la cruda pocas cosas son mejores que una tostada de atún y un clamato preparado. Todo fluye en un ambiente tan relajado, que las prisas y pendientes del día se olvidan por un buen rato. Gala by Momma Totalmente surrealista… o al menos inspirado en Dalí y su musa ¿Qué pensaría Salvador Dalí de que su obra inspirara un bar al ritmo de canciones de Rihanna y Luis Miguel? Ciertamente suena surrealista, pero no en el buen sentido. Aquí, los dueños del Momma han creado este concepto de acabados en mármol, madera y plexiglás, con reproducciones de las obras del pintor catalán que decoran este bar que lleva el nombre de su esposa y musa: Gala. (El nombre oficial, de hecho es Gala, by Momma.) La carta de bebidas incluye alrededor de 60 shots y 30 martinis. El estelar es el shot Gala, de receta secreta, pero pudo haberse llamado de cualquier otra forma. Una escalera de caracol conduce al restaurante, separado del bar tan sólo por un cristal. La carta incluye una variedad de platillos de corte internacional, con un lugar especial para la comida japonesa. El satay de camarón y el venado en escalopas, son muy antojables. De postre un Latin lover: una gota de chocolate amargo con hojaldre de chocolate y salsa de frutos rojos. Lo usual entre la concurrencia, no es muy surrealista, es encontrarte grupos de socialités celebrando algún cumpleaños, y adultos de más 25, formales, relajados y cero angustia. Upstairs Hidden Bar Su nombre hace honor al lugar. Cualquiera pensaría que, por encontrarse en Polanco, habría algún anuncio en la calle sobre su existencia. Pero no es así. Al llegar al número 120 de Masaryk te toparás con la puerta de Hanzo, un restaurante japonés con toques franceses... y uno que otro cráneo escondido en esquinas estratégicas. Todo esto parte del concepto y misticismo que envuelven a esta nueva opción nocturna. Para iniciar la noche, una cena en el Hanzo es la mejor opción. El peculiar nombre viene de Hatori Hanzo, legendario espadachín de Kill Bill, pero también el protagonista de una saga de películas de artes marciales llamadas Samurai Showdown, según nos explicó el gerente Raymundo Jiménez. Hanzo era un samurai muy sanguinario (de ahí el por qué de las sutiles calaveras en la decoración). El menú no es 100% japonés, pero cada platillo en la carta del chef Atilio Padra tiene un detalle representativo de la cocina nipona. Por ejemplo: el Black Cod (platillo que recomendamos ampliamente) es adornado con salsa Miso cítrica y los camarones roca son tempurizados. Después de cenar, es hora de subir al tercer piso de la casa para descubrir el Upstairs Hidden Bar. Incluso estando adentro del restaurante no hay muchos indicios de su existencia. Además, hay que ser muy arriesgados para ubicar un bar en el último piso y que sea lo suficientemente bueno como para hacer que las damas suban tantas escaleras en tacones y vestidos cortos. Pero la verdad es que el Upstairs cumple bien con las expectativas. Es suficientemente amplio para hacer más fácil que vayas de tu lugar a la barra y de regreso sin tener que empujar a nadie, y suficientemente pequeño para darle cierto toque de intimidad a tu noche. ¿Fumas? No te preocupes. El lugar cuenta con una terraza bastante espaciosa para ahorrarte la molestia de bajar tres pisos sólo para disfrutar de tu tabaco. Si tienes algo que celebrar con un grupo de amigos, puedes reservar este espacio para tu evento. Parte de la buena experiencia que ofrece este lugar tiene que ver con la barra. Además de contar con la selección de cajón, puedes tener a tu disposición una amplia variedad de tipos de sake, si quieres probar algo nuevo. Si eres más tradicional, los martinis son la especialidad de la casa. No puedes irte sin probar el martini de lichi. La hora perfecta para llegar es a las 12:30am. “Generalmente abrimos pista a la media noche y a esa hora ya está algo lleno”, según dice el DJ local, quien se jacta de ser uno de esos DJs que mezcla con video. Si eres tempranero, te recibirá un set de éxitos ochenteros, pero la mayor parte del tiempo el Upstairs se engalana con hits poperos en español e inglés. Si prefieres terminar la noche de manera tranquila con un whiskey en las rocas, puedes dirigirte al Piano Bar que se encuentra en el sótano; incluso te pueden dejar cantar un par de canciones. Definitivamente la combinación Hanzo+Upstairs+Piano Bar puede hacer de este lugar una excelente opción para pasar un sábado a partir de la hora de la comida y hasta altas horas de la noche. Aunque no está peleado con el hecho de llegar directamente al bar, es una mejor experiencia visitar por ratos cada una de las áreas que el lugar ofrece.

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Séptimo El centro de Coyoacán es por mucho uno de los barrios históricos más hermosos de esta ciudad. Todo aquí remite a tiempos donde reinaba la tranquilidad y el frenesí de la metrópoli no nos había permeado (tanto). Sin embargo, su vida nocturna parece también haberse estancado en épocas caracterizadas por el ‘Rock en tu Idioma’, los desarmadores y moraditos, convirtiéndose en refugio de trovadores y forevers por igual. Se necesitaba de la experiencia de un grupo de exitosos empresarios en el ámbito de la fiesta (La Sakería, Chapelle, entre otros) para renovar el espíritu nocturno de una de las zonas históricas más emblemáticas del DF. Es aquí donde entra Séptimo, de precios realmente ad hoc con la zona (una pizza para dos te costará id="mce_marker"20 y un cocktail alrededor de $60) pero con productos y ambiente dignos del siglo XXI. No es temático, pero cumple con creces su cometido: un restaurante-bar sin pretensiones, con buena comida y excelentes tragos, que le ahorrará a los sureños el viaje de 45 minutos a las zonas con bares de moda. La música, así como la decoración, conjugan el estilo de este barrio con lo mejor de la Condesa y la Roma. El chef Ramón, especialista de la gastronomía italiana, alegra a sus comensales con pastas perfectamente cocinadas y hechas en casa, pizzas al horno de leña y ravioles al más puro estilo de la nonna. Por otro lado está la coctelería, diseñada cuidadosamente por un grupo de mixólogos profesionales, quienes además de crear maravillas como el trago de la casa, el Séptimo (whisky, gengibre, naranja, limón y ginger ale), también se preocuparon por surtir la cava con una buena selección de etiquetas de vino de todo el mundo. El “rescate nocturno” de Coyoacán no pudo empezar de mejor forma, el Séptimo pinta para convertirse en clásico. El Hijo del Cuervo Seamos sinceros, a ti lo que realmente te interesa saber es ¿porqué El Hijo del Cuervo es todo un clásico de Coyoacán? Y créenos, va mucho más allá de sus yardas de cerveza o de la selección musical que ofrece, la cual abarca desde el rock en español más comercial hasta una que otra rola metalera. “El Hijo” se encarga de poner el nombre del México coloquial en alto y su cocina no se queda atrás, ¿no nos crees? Pídete unos tacos de cochinita o unos sopes. El nombre del lugar viene del poema de Edgar Allan Poe, “El Cuervo”. Fue así como Alejandro Aura y Pablo Boullosa, los fundadores, comenzaron este proyecto cultural a un lado de la iglesia de La Conchita, donde ofrecían tragos, teatro y libros. Fue tanto el auge que decidieron establecerse en el corazón de Coyoacán, el jardín Centenario, bajo el nombre de “El Hijo del Cuervo” con reminiscencia al original y… pero mejor pregunta por Lalo Flores, quien seguramente te contará la historia mejor que nosotros. Ha prevalecido a través de 25 años bajo el resguardo de una casona construida por el arquitecto Felipe Leal, famoso también por proyectos como el bar "La Cúpula" en el Centro y la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Si creíste que los fresas, bohemios, rockeros, artistas, extranjeros y metaleros no se llevaban, debes de asistir a este clásico para observar cómo a lo largo de la noche esta mezcolanza se va infiltrando una con la otra, aquí la pose es lo de menos. A pesar de que es grande, siempre está a reventar (es un clásico ¿recuerdas?), asegúrate de llegar temprano y llevar contigo mucha paciencia. El lugar presume una terraza que queda frente al Centro de Coyoacán, así que, si de pronto te llega un ligero olor a copal, ¡bienvenido, estás en Coyo! Si quieres experimentar “El Hijo” de manera diferente, asiste un sábado a las doce de la mañana, pide unos calimochos y déjate envolver por el club de lectura. La Bipo No es sólo un nombre, este restaurante-bar realmente tiene doble personalidad: algunos lo conocen como La Bipo, otros simplemente como La B; muchos la recuerdan por su ambiente de cantina del piso inferior mientras que muchos otros la recordarán bien por el ambiente más antrero del piso de arriba. Sea como sea, este recinto propiedad del actor Diego Luna, es el consentido de muchos sureños. El concepto es de cantina antigua del Centro, pero definitivamente no es igual a las demás. La decoración kitsch y a la vez fresa que es fácil de identificar por las mesas de Cervecería Modelo, frases escritas en la pared, salsas en botellas de refresco Lulú e imágenes de personajes muy mexicanos como El Santo o la Virgen de Guadalupe. Pero por decir “cantina” no pienses sólo en tequilas y confesiones de borrachos, su carta de alimentos es muy variada y podrás venir a echarte un taquito y varias opciones más de un menú variado y original. Te recomendamos que pruebes las quesadillas de jamaica, la tecolota o las papas Mi Jefita. El agua de pepino es la bebida de la casa, y para que amarre bien puedes pedirla con piquete de vodka o mezcal. Y hablando de mezcales, aquí te lo mezclan con todo: mezcal con cerveza (dupla que se ofrece en paquete), el picosito Mauricio Garcés a base de mezcal con Lulú de piña escarchado con chile piquín o vete por un brandy combinado con Lulú al que finamente nombraron París Del Naco. Los precios de las bebidas están son accesibles, lo que vuelve a este lugar una buena opción para el fin de semana. Si te aburres abajo, puedes subir a la terraza donde tienen música más animada y además sirve como área de fumar. La Celestina La Celestina es el lugar para arrejuntarse con los amados, ya sea con amigos o con amoríos. La onda coyoacanense hace que en este recinto los hechizos de la noche caigan sobre los comensales para avivar la diversión y atizar los romances al mejor estilo bohemio y casual. Su interior es como el de una tradicional cava española, con bancos, barras y pisos de madera oscura. Sobre las paredes cuelgan imágenes relacionadas con la producción de vinos y, sobre la barra principal, la macabra imagen de la alcahueta, hechizándote con su bruja mirada. El primer acto comienza con las bebidas. Hay vinos, cervezas y licores entre los que sobresalen los cocteles preparados por copa o litro, como el trago de la casa, La Celestina, un estimulante brebaje de pulpa de frambuesa con vino blanco que no puedes dejar de probar. El segundo acto ofrece una selección de montaditos y productos para picar, tacos y ensaladas con una esencia auténticamente ibérica. Los conjuros musicales son obra del DJ, quien todos los fines de semana encanta a los asistentes con los mejores temas indie y lounge, una combinación perfecta para aquellos que quieran platicar o enfiestar en un ambiente sumamente relajado y propenso para ligar.

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