Antros y bares

Todo sobre la vida nocturna en la Ciudad de México. Los mejores antros, bares y cantinas para divertirse y tomar cervezas, tequila, mezcal y vino

Los 15 mejores antros y bares en la Juárez
Bares y cantinas

Los 15 mejores antros y bares en la Juárez

Por la tarde, una visita al top 10 de restaurantes en la Juárez, por la noche, un plan de fiesta para vivir lo mejor de la vida nocturna en la CDMX. Ya sea que la excusa sea buscar antros para celebrar tu cumpleaños en la CDMX o pasarte al ligue en los mejores antros fresas de la CDMX, la Juárez tiene más de un lugar que debes anotar. Deja que la salida del fin de semana en la Ciudad de México se guíe por la música a todo volumen, los tragos y hasta de los mejores mixólogos de la CDMX. Incluso puedes aprovechar la velada en estos alrededores para pasarte a los bares gay en la Zona Rosa. Recomendado: Los 20 mejores bares de la CDMX.

Primus celebra 13 años con cerveza, comida y regalos
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Primus celebra 13 años con cerveza, comida y regalos

En 2006 nació una proyecto cuyo objetivo era promover la cultura de la cerveza en México y los estilos cerveceros, así como la importancia y el crecimiento de esta industria en el país. Hablamos de Primus, que está de fiesta este mes para celebrar el 13 aniversario con toda la actitud. Jaime y Rodolfo Andreu se inspiraron en el nombre con la leyenda de Gambrinus, "el rey de la cerveza", también conocido como Jan Primus. El resto fue historia: hacer de Primus un proyecto de creatividad e inspiración. Organismos internacionales han avalado el trabajo de las cervezas Primus, como el oro en Cerveza México 2015 por el estilo stout, así como bronce de los Australian International Beer Awards 2012. Como tradición de Primus, este año se lanza una nueva cerveza, ahora sobre la línea de Jabalí: Salvajita de Jabalí. Una lager relajada, ligera y suave que sale como tributo a la industria cervecera mexicana. Hora de festejar (y de comprar ya tus boletos), pues se cumple un año más de hacer lo que los mexicanos amamos: ¡cerveza! Porque uno nunca se cansa de los mejores lugares con cerveza artesanal en la CDMX. Cuauhtémoc 605, Narvarte. Sábado 31 de agosto, 7pm. $280. Compra tus boletos aquí.

Noches de micrófono abierto en Woko Taberna
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Noches de micrófono abierto en Woko Taberna

Woko Taberna es uno de los lugares con más tradición en la CDMX y se ve que están dispuestos a conservarla. Por su escenario han pasado grandes iconos del stand up comedy nacional, como Ese Wey, Franco Escamilla, Raúl Menesses, Daniel Sosa y muchos más. Ahora, cada semana en esta taberna, la comedia en vivo se acompaña de cerveza. Los martes por la noche, 20 personas, tanto pros como amateurs, pueden improvisar o probar su material por cinco minutos frente al público. El chiste es pasar un buen rato riéndose de las ocurrencias de los de enfrente. Para participar solamente hay que llegar a partir de las 8pm y anotarse en la lista. 10 lugares son para los asistentes que se animen a pasar en el momento o que vayan con ganas de hacerle a la comedia y otros 10 son para invitados, seguido van comediantes reconocidos y emergentes a probar qué tanto hacen reír sus nuevas ideas.  Para los que quieren regresar a casa temprano para trabajar al día siguiente, también tienen un early open mic. La dinámica es la misma, llegar temprano (7pm) para anotarse en la lista de participantes. Solo que en este caso el número de personas que pasan a lucirse al escenario no está limitado y el ambiente es más relajado.  Ambas partes de la noche tienen hosts que hacen que todo fluya y las risas, con comediantes como Fran Hevia, Ricardo Perez y Coco Celis. Cada uno le pone su toque único a la velada.

Los 20 mejores bares de la CDMX
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Los 20 mejores bares de la CDMX

La vida nocturna en la CDMX da giros de 360 grados. A algunos de los mejores mixólogos del mundo los encuentras en la Ciudad de México, detrás de la barra de bares seleccionados entre los 50 mejores (salve a los reyes, Fifty Mils y Licorería Limantour). La época de la prohibición en Estados Unidos también ha influido en la vida nocturna de la ciudad; los antros y bares secretos de la CDMX llegan hipnotizados por la época dorada de los veinte y acompañados de coctelería premium que cautiva hasta al paladar más exigente. La propuesta de diseño es otro ingenioso elemento que evoluciona en estos lugares: desde largas barras hasta sillones de terciopelo e iluminación en todas sus modalidades. A la lista de nuestros bares favoritos de este año se sumaron dos recientes aperturas. Waikiki Tiki Room, un bar al estilo hawaiano en el corazón de la Roma, se posiciona en nuestra lista gracias al mejor interiorismo de fiesta en Hawai con mixología versátil. Por otro lado, Handshake Speakeasy, en Polanco, forma parte de la familia de speakeasies bajo la curaduría coctelera de César “Burrín” Ponce, nombrado uno los mejores seis bartenders de México 2015. Descubre cada uno de los 20 mejores bares en la CDMX que utilizan mixología seductora, reconocidas propuestas de interiorismo y hasta menú de comida a cargo de reconocidos chefs. Cualquier duda se aclara al otro lado de la barra. ¿Ya fuiste a alguno de los bares de la lista y te encantó? Compártelo con el hashtag #TimeOutDrinkList.

Ginestesia, una galería del colectivo creativo de Bombay Sapphire
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Ginestesia, una galería del colectivo creativo de Bombay Sapphire

Sabemos que en los bares para tomar gin en la CDMX hay diversión asegurada, tragos imperdibles y ambiente disfrutable. Pero para ir más allá de los estándares tradicionales, el colectivo creativo de Bombay Sapphire creó Ginestesia. Ginestesia es una galería que cobra vida gracias a una serie de intervenciones artísticas que remueven los sentidos y generan inspiración para atreverse a vivir experiencias únicas. El Foro León, en la San Miguel Chapultepec, se transforma en los colores más representativos de este especiado gin: azules y turquesas en neón para enaltecer la noche. Foto: Regina Barberena El viaje sinestésico con Bombay Sapphire se vive a través de ocho experiencias elaboradas por artistas mexicanos. Están Flaminguettes, expertas en creatividad y dirección de arte para crear instalaciones visuales de otro mundo; y Libélula por Sofía es joyería inspirada en elementos de la naturaleza (y en este caso, en el zafiro). Foto: Regina Barberena La artista urbana Sofía Castellanos trae un mural deconstruido con los colores característicos de Bombay Sapphire; la instalación del ilustrador y diseñador Jorge Serrano, life is my art, juega entre digitalización y pintura. Basati Alquimia Contemporánea (perfumería de autor) colaboró con el diseñador Raúl de la Cerda con un perfume de las notas botánicas del gin en un envase que simula un zafiro en bruto. Foto: Regina Barberena Hay un espacio designado para agarrar la brocha y pintar una pared bajo el flow de la música, insta

Antros y bares en la CDMX recién reseñados

Gallo Altanero
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Gallo Altanero

El sótano de Huset, en la Roma, alberga un proyecto llegado directamente de Guadalajara: el bar Gallo Altanero, nacido del amor y respeto del australiano Nick Reid por el tequila, sus tradiciones y el significado que tiene dentro de la cultura mexicana. El Gallo primero irrumpió en la CDMX como un pop-up con el relajado estilo de cantina de rancho: mesas de madera con veladoras esotéricas adornándolas, pintas en las paredes similares a rótulos de carnicería, azulejos decorando la barra y un gallo disecado que observa a los asistentes, cuidando que no dejen ni una gota de tequila. Fue tal su éxito que hicieron permanente su estancia. En este espacio se mezcla la parranda con las ganas de apoyar a marcas artesanales que han sido opacadas por grandes industrias. Hay más de 15 opciones de tequila independiente y otros destilados mexicanos; desde el más suave al paladar, con aromas que recuerdan a cáscara de cítricos, hasta aquello que son ideales para amantes de tragos fuertes, que dejan un retrogusto largo de pimienta y anís. Durante mi visita probé las gamas de tequila tromba y tequila cascahuín, conociendo las características que la tierra de Los Altos y El Arenal, respectivamente, les otorga. Deja que el bartender en turno te guíe por una rica experiencia tequilera y pregunta también por los cocteles que pueden prepararte. Alejandra Sánchez

Time Out dice
3 de 5 estrellas
Archivo Maguey
Bares y cantinas

Archivo Maguey

Una propuesta estricta de México para México. Nacido y crecido en Oaxaca, con mes y medio de apertura, llega a San Ángel el bar donde tomar mezcal es cosa seria: Archivo Maguey. Y es que normalmente estamos acostumbrados a relacionar el mezcal con naranja y sal de gusano, pero aquí no es así, o al menos, va más allá de este dictamen. Al llegar te encuentras con una barra decorada con botellas de mezcales y un cuadro extraño en la parte de enfrente que parece papel arrugado. Una puerta negra te conduce a un lugar oscuro y garabateado con simbologías ancestrales y un letrero que dice “cumbias” detrás de la tornamesa. Las mesas con sus respectivas luces tenues son ideales para ir con una date a bailar, mezcalear y romancear. El propósito es crear un espacio donde la gente aprenda a tomar mezcal de manera tradicional, a disfrutar sus aromas con besitos. La carta la desarrolló Hierba Blanca, una barra de Oaxaca que fusiona herbolaria mexicana con mixología. El tino es mezclarle: la jefita es un coctel inspirado en la margarita, fresco y hecho con sirope de fresa y espadín, o puedes apostarle a un mezcal tobalá sin gran impacto alcoholoso y con notas ahumadas. No tienes que empezar de golpe con este sagrado destilado, puedes calentar motores con las cervezas nacionales. Si vas con hambre prepárate para la tremenda tlayuda que, en verdad, es grande; probamos la de tasajo que venía crujiente, con carne bien cocida y cebollas encurtidas. Brenda Olvera

Time Out dice
3 de 5 estrellas
OM discotheque
Vida nocturna

OM discotheque

La entrada da una sensación desértica, no está a simple vista y caminas dudoso por un estacionamiento para dar con el elevador que te subirá al piso destinado. Aunque se perciba como edificio fantasma, el estruendo de música te hace reaccionar: llegaste a OM discotheque, un nuevo y misterioso integrante a la escena antrera de Masaryk, para acomodarse entre los antros y bares de Polanco. Decoración que remonta a la India, al Tíbet y a las corrientes espirituosas que se veneran bajo este curso; claro, en un concepto de fiesta. Hay tapices cargados y con mucha textura, colores dorados y rojizos por toda el área. Te recibe una estatua del Dios Ganesha (spot concurrido para fotos), seguido de la pequeña pero aventurera barra. Está plasmada la frase Enjoy the night (disfruta la noche), filosofía de OM para “regresar a los básicos, al origen”, aseguran. Los encargados de guiarte a estos orígenes son Ganesh y Mosh, mixólogos que traen al centro tragos exóticos para elevarte sin necesidad de estar en posición de flor de loto. Con un par de abc’s a base de amaretto, baileys y coñac ya diste con el resto de dioses hindúes. El acomodo de mesas y sillas simulan unas gradas con vista completa a la pista. Aquí se asoma la cabeza de un imponente elefante (de mentiras) y al frente está la tornamesa; escuché que la tirada musical se dirige al nu disco (un dance ochentero) y deep house, pero el reventón llega con la electrónica ya pasada la media noche. Hay djs invi

Time Out dice
3 de 5 estrellas
Kane
Vida nocturna

Kane

La rotación de antros en la roma es inevitable, pero la esencia de esta colonia como una noctámbula experta en fiesta aún perdura. Este es el caso de Kane, recién incorporado y que anteriormente era Otto Bar (refugio del techno house abierto en 2018), cuya propuesta ebulle en tragos, arte y sonido. Conserva el misticismo de la entrada en un largo pasillo, cadena que atraviesas bajo reservación y notoriamente cargada a partir de las 12am. Entre los vestigios de su antecesor se conservan los espejos para dar amplitud al espacio, una barra al fondo y el escenario donde djs (tanto de casa como los invitados) tienen un panorama completo de su público. Kane se guía por la escena pop y electrónica, arranca con lo más escuchado del momento, remixes que surcan entre reguetón y pop latino; la experimentación con sonidos sintéticos aumenta conforme avanza la madrugada. Una propiedad tribal y urbana envuelve al recinto, pues está pensado y diseñado para simular una galería de arte donde cada muro fue intervenido por artistas mexicanos en diferentes técnicas. Letreros neón, diseños con grafiti, una pared trabajada con cincel y un pasillo cubierto por libros viejos son algunos elementos que rompen con las normas de un antro bajo lienzos industriales y sin chiste. El mixólogo conocido como Almohada de las Fuentes ha hecho cocteles para Clinton Roma, Terraza Roma y Little House, y en Kane creó pequeñas fórmulas coloridas y energéticas con una interesante mezcolanza.

Time Out dice
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Lo mejor de la vida nocturna de la Ciudad de México

Antros para celebrar tu cumpleaños en la CDMX
Vida nocturna

Antros para celebrar tu cumpleaños en la CDMX

¿No sabes qué sacar de planes para celebrar tu cumpleaños? Después de la comida obligatoria con tus familiares o amigos, tienes que salir a enfiestar. Busca los mejores lugares de la ciudad para celebrar tu día especial, desde los mejores antros y bares en Coyoacán hasta en la Roma. Los mejores antros fresas también proveen noches de música y bailongo. Pasadas las horas, busca en los mejores lugares para comer de madrugada y deja que la adrenalina nocturna se asiente. Recomendado: Top 10. Antros en la CDMX.

Bares secretos y speakeasis en la CDMX
Bares y cantinas

Bares secretos y speakeasis en la CDMX

La Ciudad de México oculta muchos secretos. Entre bares que recuerdan a los años veinte y tabernas alternativas, descubre los mejores antros y bares secretos en Polanco, la Roma y el sur.

Top 10. Antros en la CDMX
Vida nocturna

Top 10. Antros en la CDMX

Entre los mejores antros fresas, antros de música electrónica y antros únicos en la Ciudad de México, seleccionamos este top 10. Si eres noctámbulo, descubre todo lo que puedes hacer con 24 horas en la CDMX y olvídate del insomnio.

Billares y boliches
Bares y cantinas

Billares y boliches

¡Ya cámbiale! Vivir de noche no es sólo ir a bares secretos o a los mejores antros de la CDMX. Desvelarse con billar, boliche y botanas puede ser una de las mejores experiencias con esta selección que preparamos para ti.

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Los mejores lugares en la CDMX por licor

Mezcalerías
Bares y cantinas

Mezcalerías

Como una indirecta muy directa, acá presentimos que en los restaurantes de comida mexicana por tipo hay un destilado que puede acompañar a prácticamente todos los platillos: mezcal. Ya sea que prefieras tomarlo derecho o servido en extravagantes tragos en los bares de cocteles en la CDMX, encontramos los bares en la Ciudad de México que tienen este mágico destilado.  Recomendado: Los 20 mejores bares de la CDMX.

Vino
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Vino

Sabemos que el vino es un mundo diferente al de los cocteles, el mezcal o la cerveza. No te preocupes, no tienes que ser un enólogo para disfrutar de las propuestas de estos bares de la CDMX. Mientras más pruebes, más podrás disfrutarlo. ¡A tu salud!

Gin
Bares y cantinas

Gin

Los mejores gin tonics del DF se encuentran en estos lugares.

Pulquerías
Bares y cantinas

Pulquerías

Cuando despertó, Mayahuel aún estaba ahí. Luego de miles de años, el pulque sigue deleitando paladares, tal como lo hizo entre los dioses en su origen mítico. Pero ahora en bares, restaurantes y cantinas, lejos de los tinacales y sin jícaras. Sus hilos de baba son sorbidos con la misma fascinación entre ancianos que entre adolescentes; lo mismo en barrios populares que en zonas trendy. Sin embargo, hay un universo de distancia entre las barras azulejadas de las pulquerías clásicas del Centro Histórico y las mesas de diseño de la Roma y la Condesa. Te presentamos lugares defeños para beber un buen pulmón, los tragos exóticos que debes probar y hasta una entrevista con un verdadero experto pulquero.

Cervecerías
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Cervecerías

Los defeños amamos la cerveza. Tanto las marcas clásicas, chelas artesanales o de importación, la bebida de malta es la que domina. Te recomendamos las mejores cervecerías de la ciudad para que brindes en tu cumpleaños, partido de futbol o cualquier celebración especial.

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Antros y bares en la Ciudad de México por zona

Centro
Antros

Centro

Club Atlántico Está situado a dos calles del Zócalo y en este lugar puedes encontrar desde un concierto hasta una función de cine. Al llegar te tendrás que enfrentar a sus escaleras, son únicamente tres pisos pero al estar en uno de esos viejos edificios del Centro Histórico de techos muy altos, parecen como seis. El espacio funciona como cualquier típico bar –barra tipo isla con servicio por sus cuatro costados–, pero también como cineclub –con ciclos mensuales todos los domingos 4pm, entrada libre y promoción en el precio de cerveza– recinto para exposiciones –ilustración, street art, fotografía o cartel–, escenario para conciertos y presentaciones de libros, discos, documentales, cortos, videos, y talleres –de dj, vj, músico o bartender–. Además, puedes organizar aquí tu propia fiesta prácticamente sin costo (no incluye alcohol, claro está). Bósforo ¿El siglo XVII en un pequeño lugar del Centro Histórico? Aunque en pleno siglo XXI las cosas han cambiado, El Bósforo resalta entre las calles de esta zona como un lugar atípico. Pequeño en cuanto a espacio y con una decoración mínima (clávate en la lámpara que cuelga del techo y remite a los años treinta), este lugar especializado en mezcales de distintas parte de la República (con más acento en Oaxaca), es perfecto para entrarle a la fiebre por esta bebida y probar un Espadín, mezcal consentido por los noctámbulos que asisten al lugar. Inició siendo un lugar clandestino y poco a poco se ha popularizado, sin embargo, mantiene esa aura espontánea y relajada aunque, hay que admitirlo, un poco pretenciosa. Si la cosa es platicar, aquí podrás ejercer ese arte, ya que la música se mantiene a un nivel respetable y te permite escuchar a tu acompañante mientras comparten unas quesadillas especialidad de la casa preparadas con quesillo, hierba santa y servidas con una abundancia digna de calmar a tu troglodita interno. El detalle en su decoración pareciera ser improvisado, dando un aire sencillo al recinto. Las velas –que dan la poca luz con la que cuenta el lugar– tienen como base una tasa blanca, la barra está hecha de cantera y las sillas son de herrería común y corriente. Al contrario, la afluencia es más extravagante y variada, dando la bienvenida desde al artista incomprendido hasta el empresario exitoso. Para relajarte, puedes optar por sentarte en el amplio tapanco, cuya alfombra sirve como asiento para sentarte en el suelo. Puede que el cine en ruinas que se encuentra en frente guarde el secreto del encanto del Bósforo, tal vez sea su música clandestina que pocos reconocen, su clima de misterio o su recomendable botana de chile de árbol, cacahuates y ajos asados. Lo cierto es que, si buscas develar sus enigmas, deberás venir con una garganta preparada para disfrutar de un mezcal y con el oído despierto para tratar de adivinar qué canciones suenan a lo largo de la noche. El Marrakech Salón De alguna manera, este local cabaret-galería-gay-kitsch-retro-medio-izquierdoso fue el que convirtió a la calle de República de Cuba del Centro Histórico en un destino alternativo a la Zona Rosa. Y lo de alternativo va en serio. Es inevitable que no se escuche a Katy Perry, o que la oferta-demanda rosa que predomina en estos días de empacho de apertura hacia todo tipo de diversidad sexual exija que el dj ponga “La maldita primavera”. Pero, en algún momento, suenan también Radiohead o los Pixies. “Tienen que”, dice Víctor Jaramillo, uno de los propietarios del Marrakech Salón, un antro gay que en cuatro años ha logrado lo que muy pocos clubes gays de la Ciudad de México: hacerse de una personalidad propia, a partir de los estereotipos e incluso uno que otro insulto Hecho en México hacia todo aquello que parezca gay. Aquí la constante es el humor y una colorida capacidad de burlarse de uno mismo, algo no muy común en la comunidad LGBTTTI capitalina, que suele ofenderse por casi todo.  Desde la ubicación se percibe como un club diferente. Se encuentra en una de las calles menos restauradas del Centro Histórico de la Ciudad de México, la de República de Cuba. Conforme las luces exteriores del Marrakech se apoderan de la media noche, la decadencia de los edificios descarapelados que flanquean al Marrakech se vuelve glamurosa y de una estética envolvente. No hay cover, ni cadenas, ni cadeneros que te embrollen la entrada. Sólo un personal de seguridad que se asegura que todo aquel que cruce la puerta no lleve ningún objeto que ponga en peligro a los parroquianos. Te pasan un detector de metales, revisan tu morral o bolso, y listo. Una vez que entras, el techo se eleva un par de metros y lo más probable es que si llegas a partir de las 10 de la noche, te resulte complicado llegar a la barra de lo atiborrado que se pone. Una vez que lo has conseguido, las cervezas cuestan 30 pesos y bebidas como el vodka, ron o tequila valen 50. Hay cocteles de la casa como el Chichifo, que es licor de chocolate hecho en Tabasco, y el más exitoso y refrescante, el Mayate, licor de menta con agua mineral. Además de servir tragos, la barra se ha convertido en algo así como una segunda pista de baile, para aquellos con hambre de aplausos, chiflidos y hasta abucheos -así es el espectáculo- se suban para hacer gala de esos pasos de baile que eran lo único que seguía guardado en el clóset. Y los verdaderos insaciables de 15 minutos de fama -o lo que duren tres o cuatro canciones- se quitan los pantalones y bajan un poco (o mucho) la trusa para enseñar las nalgas a unos cuantos pasos de la hielera, sin ser strippers profesionales. Esto es más bien advertencia si son exigentes, pues al no ser profesionales, los traseros tampoco son macizos o lisitos, aunque seguro has visto cosas peores. Llegar temprano tiene sus ventajas: hay promoción de cervezas de 2x1 hasta las 9pm, y puedes alcanzar una de las muy pocas mesas que se encuentran al final del club, o apañarte alguno de los sillones que se ubican en una suerte de tapanco rosa con una vista panorámica a todo el Marrakech, si eres de esos que no aguantan mucho tiempo de pie. En las paredes cuelgan amplias fotografías que son un valioso registro de la transición de la cultura homosexual en México, como esa imagen a blanco y negro que muestra a unos muchachos gays, detenidos en una redada que atrapaba a todo aquel que pareciera puto, años antes de la primera mitad del siglo XX. También hay una casi gigantesca imagen de un gay en medio de una hilera de militares que, según cuenta Jaramillo, ganó algún premio en un certamen de fotoperiodismo. Y en uno de sus muros ponen películas calenturientas del encantador y picante México de los 70, como El Sexólogo, con Andrés García -aún sin bombita- y Angélica Chaín. Entre las once y media y la media noche, los asistentes abren paso al desfile de strippers e imitadores de legendarias dirty-divas mexicanas, como la socorrida por las vestidas La Tesorito, o Daniela Romo. La sensación es Terry, travesti originaria de Acapulco, a quien le sale muy bien eso de imitar a cantantes consideradas de “izquierda”, como Eugenia León o Lila Downs; el público se enciende, pero si son de los que el mix de show y discurso político pasional les da flojera, puede que este punto sea un ligero tache del Marrakech. Al menos a Terry no le da por vestirse como Susana Zabaleta. Al Marrakech se dan cita hombres y mujeres de todo tipo y eso del código postal aquí es un estorbo. Lo mismo te puedes ligar un fresa con tenis caros que un tipo que se unta rímel en medio de la multitud. Es común encontrarse con ocurrencias kitsch como grupos de amigos que se organizan para ir todos vestidos de colegialas. Los bugas son bienvenidos y se la pasan entre carcajadas y asombros. Los jueves ponen música alternativa, de la buena. Antes de salir, hay una frase pintada que te despiden con un “Gracias por su prefrencia… sexual”. La Faena Es un museo taurino pero no tiene nada que ver con la matanza de toros. “Faena” del latín “facienda” que significa “cosas que hay que hacer” nos deja en claro que una cosa que hay que hacer es visitar esta cantina-museo taurino que junto con El Bar Mancera -a sólo una puerta de distancia- son consideradas dos de las cantinas más antiguas y tradicionales del Centro Histórico de la Ciudad de México. Eso sí, mientras el Bar Mancera conserva el espíritu de hombre elegante de los años veinte con monóculo y whisky en mano, La Faena, sin afán ni pretensión de modernizarse, da paso al descascaramiento de los pósters taurinos, las vitrinas de trajes de luces que decoran el lugar y; permite que convivan tranquilamente teléfonos de madera empolvada de inicios del siglo XX con sillas y mesas de plástico, la caja registradora que triplica la edad de los asistentes más jóvenes, óleos de temas taurinos y un altar a la virgen de Guadalupe que está enmarcada por una serie de foquitos que se pudo haber escapado de algún árbol navideño para alumbrar la vitrina guadalupana.  Ambos lugares comparten ubicación en lo que fue el Palacio del Marqués de Selva Nevada y que a finales del siglo XIX se adaptó todo el interior para dejar en el pasado a los marqueses y transformarse en el Hotel Mancera. La Faena se fundó en 1954 y fue el lugar de reunión de los integrantes de la asociación mexicana de novilleros, razón por la que ahora ostenta el título de cantina-museo taurino. La carta de comida y bebidas es de lo más variado de la zona y bien se puede ir sólo a degustar la comida que Eudoxia Hernández, con más de treinta años a cargo de la preparación de los alimentos, cocina en el momento y con las recetas originales. La sopa Azteca y el molcajete de carnes son clásicos. En el apartado de bebidas, a pesar de que ofrecen una amplia selección de Brandys españoles, vinos, mezcales y vodkas, la de la casa es la cerveza oscura de barril servida en su tradicional bola de cristal y acompañada de la botana, también de la casa que un día puede ser caldo de camarón, otro sopes o chicharrones y si tienes suerte, unas deliciosas quesadillas de papa. La rocola que está en medio del salón tiene desde éxitos de la época de oro como Agustín Lara hasta las cumbias típicas de la Sonora Dinamita o Los Ángeles Azules, pasando por Roberto Jordán y Johnny Laboriel. En una sola noche puedes ver tanto a mujeres entaconadas, hombres con sombrero y accesorios de charrería, como al DJ en turno o el grupo tropical encargado de ambientar con cumbias en vivo. Carlos Monsiváis conocía bien La Faena y algunas veces se han dado cita Diego Luna o el boxeador Rubén El Púas Olivares. La variedad es lo que predomina en el restaurante-museo taurino La Faena. La caja registradora es el método de cobranza, así que evítate preguntar por terminales para tarjetas de crédito, aquí es a la antigüita.

Satélite
Vida nocturna

Satélite

Opciones de vida nocturna en la zona La Capitana “El mezcal no te emborracha, te pone mágico”, se lee en la pared de este sitio, como para que te justifiques mientras, con su buena variedad de aguardiente de Guerrero y Oaxaca, te preguntas seriamente si cruzaste un portal dimensional. La Capitana es como un pedacito de la Roma en pleno Satélite (cerca del lugar donde todo pasa: el centro comercial). Con una atmósfera similar a la de La Botica o La Clandestina, por fin nació un lugar para alojar a la gente del norte de la ciudad que tiene sed de destilado de agave y que, antes de su inauguración, tenía que someterse a los castigos viales de Periférico si quería encontrar dónde disfrutarlo. Hay buena música –suenan Gorillaz, Pulp, Lana del Rey– que, lamentablemente, no puede disfrutarse del todo porque del exterior llega, en volumen alto, el infame punchis punchis de los locales vecinos que parecen subirle al sonido para que no se te olvide que andas sateluqueando. Al final no es nada muy grave. Los volcanes de chapulines, maridados con un espadín y acompañados por naranjas y cervezas, harán que te reconcilies con la zona que ha padecido, ancestralmente y quizá con buenos argumentos, de mala fama en cuanto a la oferta de vida nocturna. En uno de los muros puedes encontrar las fotografías de los maestros mezcaleros con los que trabaja este bar; un buen detalle que le pone rostro al espirituoso que estás tomando e invita a respetarlo como merece. Imperdibles también son los curad

Roma
Antros

Roma

Sabor Amor Lo primero que se puede pensar sobre Sabor Amor es en un parque de diversiones temático: tanto por dentro como por fuera mantiene una decoración detallada y exhaustiva, diríamos barroca, pero esto va más allá. Dentro de esta casa porfiriana de la colonia Roma, cada cuarto es una antítesis del siguiente, y su combinación provoca el asombro: hay un salón que asemeja el lobby de una vieja mansión de nuevos ricos, hay una sala que parece cuarto de casa de muñecas… todo es inesperado. No parece extraño que el lugar parezca un set teatral puesto que la dueña es la actriz Silvia Navarro. Este “laboratorio” de alimentos liderado por la chef Lucía Bosco se autodenomina como “comida mexicana poco tradicional”, y efectivamente hace honor a su género con entradas como los tacos de pato al pastor (apodados “los tentadores”), el fondant de berenjena con queso de cabra o el molcajete de camarones al carbón. El chilpachole de jaiba, mejor conocido como “la huérfana”, es un caldo con pulpa de ese crustáceo, bastante recomendable, lo acompañan picositas albóndigas de camarón. El linguini con mejillones y almejas: 100% sugerido, así como  los Tamalitos Sabor Amor que constan de chicharrón de pato con salsa verde, y las almejas chocolatas con queso nada desentonan con la concordancia del lugar.Cada uno de los platillos es alta cocina: las porciones son pequeñas y los precios altos, aunque sumada la experiencia de la comida con el servicio y la locación se justifica el costo. Como postre se recomiendan los pasteles de tres leches o de queso que armonizan con alguno de los digestivos. Manejan una variedad de más de 50 vinos de diversas regiones y una oferta de cocteles como el Pepinazo, hecho con mezcal, miel de agave, pepino y chile, o una variedad de tequilas y “shooters” de diferentes colores y sabores. Acude directamente al bar situado en el segundo piso del local: el ambiente es tranquilo y por lo general van grupos de tres a cuatro personas. Sabor Amor se inspiró en las fiestas y cocina de Doña Lorenza y el General Picard (antiguos habitantes de la casa), una tradición que, se supone, inició en los 40, pero apenas hará dos años que la retomaron. El bar y el restaurante combinan lo antiguo, lo teatral y lo cinematográfico para crear espacios altamente decorados y con esencia propia. En general es una experiencia algo cara, pero imperdible. Salón Covadonga Durante décadas fue una apacible cantina cuyos clientes se dedicaron a envejecer al tiempo que bebían y jugaban dominó. Pero algo pasó a principios de los dosmiles. Una cada vez más nutrida banda de escritores, cineastas, artistas plásticos, diseñadores, arquitectos, periodistas, bellas modelos extranjeras y personajes afines, fueron arrinconando a los parroquianos originales, y por esa costumbre informal de beber antes del fin de semana, se instauraron los “jueves de Covadonga”. Por unos años, los jueves a la medianoche se volvió prácticamente imposible moverse entre el tumulto de covadongueños que brincaba de una mesa a otra, saludando a los colegas del gremio. Un ambiente en extremo animado y sociable, por demás inusual si consideramos que la decoración tiene el mal gusto de un consultorio médico, las luces que iluminan el sitio son tubos de neón tipo oficina y que no se escucha música alguna, sino únicamente el ronroneo de las conversaciones y el plim plim de los cubiertos. Entre esa multitud se mueve un pelotón de meseros increíblemente diestros y de memoria prodigiosa. En algún momento, a la usanza de muchas cantinas, la fiesta se interrumpe cuando alguno de los clientes grita a todo pulmón el nombre de otro comensal. Pongamos por caso: “¡Juan Pérez!” A lo que los cientos de presentes, a coro, responden: “¡Uleeeero! ¡Uleeeero!” (bueno, la palabra no empieza precisamente con U), y luego vuelven tan campantes a sus conversaciones. Pero de un par de años a la fecha eso ya no es tan concurrido: los nuevos bares de la Roma han minado la clientela del lugar, o mejor dicho, la han depurado. Siguen los señores entrados en canas jugando dominó al calor de sus tragos. Siguen algunos de los intelectuales de la zona yendo a ejercitarse en la destilación etílica. Siguen las modelos extranjeras despistadas ocupando una mesa por media hora para irse a otro lugar más enfiestado. Pero sigue siendo el Covadonga (o la Covadonga, si nos atenemos a que es el nombre de una Virgen), con sus calamares a la gallega, sus tortillas españolas, su carne tártara y sus tortas de milanesa que uno pide sin ver en el menú (entre otras cosas porque no están en el menú). Quizá vuelva a ponerse de moda. Quizá no. No dejará de ser un clásico. Dato curioso: en realidad se llama Cantina el Escudo, pero nadie la conoce así. Licorería Limantour Lo mejor del Limantour está en sus tragos. En las páginas de su menú encontrarás alrededor de diez cocteles por cada tipo de licor, además de una variedad de bebidas convertidas en jelly shots. ¿Te gusta el gin? Prueba un French 75 con ginebra, Veuvre Clicquot, jarabe artesanal y limón. ¿Vodka? Tómate un Berry Collins con vodka, Cherry Marnier y fritas del bosque maceradas. Aquí hay variedad para todos los gustos. Cervecería de Barrio, Roma La cervecería de Barrio era ya un clásico de la Condesa: un concepto que surgió hace siete años, pero faltaba que abrieran la sucursal frente a la Cibeles. Ahí se consagraron. Este restaurante está inspirado en las marisquerías populares, en las que el espacio al aire libre se combina con los sabores costeños y la cerveza. Actualmente la mayor parte de los visitantes va a disfrutar de una cerveza y alguna botana, en otros casos van de precopeo y otros más van a “curarse” la resaca por una noche de fiesta. Cuenta con mesas espaciadas y varias pantallas para que la gente vea el fut, el americano, a veces el beis o el básquet, y por otro lado cuenta con la fuente de Cibeles como paisaje arquitectónico. Y, como dijimos, se consagraron: normalmente está llena, por lo que si se pretende ir, se debe considerar que la espera es de una media hora para conseguir mesa aun con su recien inaugurado segundo piso. El restaurante-bar presenta una variedad de tragos y alimentos que se complementan perfectamente con alguna de las salsitas picantes que se pueden encontrar en el bote al centro de cada mesa. Se recomiendan los cocteles (camarón, ceviche o pulpo), las brochetas de camarón, la torta de marlín, el medio kilo de calamar pelado, los ostiones medianos y la crepa de mariscos. Además de los alimentos, tienen prácticamente cualquier trago refrescante que se requiera como michelada, clamato, margarita, caipirinha, martini o una cerveza fría. Todo en combinación con el ambiente playero que trata de inspirar el lugar. Es para ir con los amigos, y no precisamente para ligar o socializar, sino para disfrutar relajadamente del sabor de los mariscos y de la cerveza. Los alimentos son frescos y de calidad, pero los precios de las bebidas son altos para la oferta general en la ciudad. 69 Road Se encuentra suspendido desde el 21 de julio. Anteriormente esto fue un famoso restaurante bar con ecos de gloria de los años 70, El Charleston, que parecía ser como el refugio perfecto de personajes como José José. No obstante, si reflexionamos un poco y nos detenemos en el hecho de que la inauguración (que se llevó a cabo el primer fin de semana de julio) fue apadrinada por gente como Carmen Salinas, Rogelio Guerra o Lupita Sandoval, puede ser que se ese espíritu de farándula a lo José José no se haya ido del todo. De momento no se sabe muy bien si el asunto aquí es minimalista, improvisado o de plano un homenaje de estrobo púrpura a un salón de fiestas, puesto que se trata de un amplio salón con el mobiliario metálico ubicado únicamente en las orillas, hay unas pantallas de plasma elevadas por arriba de unos postes como para darle el toque tecnológico 2012 pero en realidad se trata de un espacio sencillo, lo mismo que los parroquianos, mayoritariamente masculinos, clientela que lo único que quiere es divertirse bailando cosas como el indispensable pop de Belinda o Adele, hasta ritmos tropicales y banda, que pretextos no falten para pegar el cachete. A partir de las once de la noche despejan la pista porque arrancan dos clases de espectáculos: un performance drag de esos que no se les va vivo a los que están sentados cerca de la pista, y un número stripper que no dejan mucho a la imaginación, y babeando a unos cuantos. Lo bueno es que no es necesario que la fantasía se quede atorada en la garganta (literalmente): si el stripper les despertó el hambre, se puede ir al sótano en el que solo pueden entrar hombres donde instalaron una serie de cuartos que ofrece un espectáculo de musculosos hombres desnudos en regaderas, otra pequeña pista de baile y algo así como un lounge que sin ser un cuarto oscuro extremo, si se pueden echar unas buenas caricias, las suficientes para saber si el ligue es de manos grandes. Todo por arriba de este sótano, es completamente mixto. Entrar cuesta 100 pesos con derecho a dos bebidas de la casa, bonita costumbre esa de la cortesía que ya se está perdiendo en el DF. Beber es barato, 25 pesos las cerveza, 50 pesos los rones o vodkas y las botellas oscilan entre los 400 y 700 pesos. Quizás su atractivo más acertado es que cierran la entrada hasta altas horas de la madrugada, por ahí de las 5am. Por lo que si le apuestan con ingenio, podrían convertirse en una buena opción de after hours que no sea ni sauna ni un gingantesco cuarto oscuro. Eso sí que le hace falta a la actual escena gay.

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Las mejores opciones para salir de noche en la colonia Comida mexicana Más de la colonia Restaurantes y cafés en la Del Valle Más de la colonia Cafés en la Del Valle Te recomendamos cuatro lugares para platicar, quitarte el frío o disfrutar de un café Más opciones Restaurantes en la Del Valle Descubre las delicias que guarda esta colonia con estos restaurantes Blue Beef Ltd. Me aventuré a visitar este lugar en lunes. El nombre sugiere carne de alguna res de sangre azul, príncipe de su reino.  Apenas entro, descubro un estante con cervezas dignísimas para la sed. Al preguntar sobre la carne, una amable señora me dice que se ofrece los viernes y sábados. El menú de este acogedor restaurante-tienda, de un diseño que bien podría ser copy-paste de algún comedor de la Roma, incluye baguettes, ensaladas, empanadas, tapas y croquetas de serrano, atún o queso maasdam, además de postres de la casa y muffins con huevo para el almuerzo. La sed se apaga sola cuando me comentan la escasa variedad de cerveza fría. Opto por una Tijuana Güera, no lo suficientemente fría, luego de que me muestran la única Samuel Adams disponible. Pese a este desaire, el servicio es rápido y atento. No tardo en recibir una empanada de espinaca con queso, acompañada de chimichurri y salsa picante.  Justamente es esa, la salsa de la casa (don emilio), la que sobresale. Una delicia de chile pasilla y aceite de oliva, picante y perfecta para una empanada dorada al punto y con un relleno generoso. La baguette, en

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Jaleo Justo frente al Parque Lincoln en una de las zonas con más opciones culinarias dentro de Polanco, se ofrece un recuerdo de los auténticos bares de pintxos y tapas de España. Con una decoración simple de paredes negras y detalles rojos, el pequeño restaurante propiedad de Pedro Martín, mejor conocido como ex chef del Tezka, recibe a sus comensales con un amigable y atento servicio; y un ambiente relajado musicalizado en su mayoría con éxitos de bandas ibéricas como Estopa. Al llegar se ofrecen como aperitivos un plato de aceitunas y vermouth de la casa para abrir el apetito mientras se pueden ordenar cañas claras u oscuras, tinto de verano, sangría o algún vino por copeo de la cava que se encuentra de manera subterránea al fondo del lugar. La carta incluye una amplia variedad de montaditos, pintxos y tapas españolas desde las usuales croquetas de jamón de Huelva, tortilla española, patatas bravas y chistorra de Navarra, hasta platos más elaborados como rabo de toro, txipirones en su tinta con arroz blanco, entre otros platillos. Además, siempre hay platillos del día, que pueden encontrarse escritos en un pizarrón. Cabe mencionar que todos los embutidos cuentan con el sello de calidad de Joselito, considerado entre los conocedores como la mejor marca de jamón y embutidos ibéricos. Entre los postres son muy recomendables la crema catalana y el Pa amb Xocolate: una sorpresiva combinación de chocolate cubierto con sal de grano y bañado en aceite de oliva acompañado por pan crujiente para untar. La Surtidora Todo buen mexicano sabe que es en los mercados donde se come bien y en las cantinas donde se bebe mejor. Obvio, ir a estos sitios es cero glamoroso, así que para los que buscan una opción menos rascuacha sin que pierda el folclor, existe ese pequeño pueblecito artificial llamado Polanquito. Y ahí está La Surtidora: la combinación perfecta entre comfort food mexicana y lugar agradable para echar tragos mientras juegas una partida de dominó. En palabras de Gerardo, uno de los socios, es un lugar democrático. Y sí: ves desde el oficinista más Godínez hasta la niña más fresa. Papel de estraza, música cumbianchera, dulces mexicanos, botellas de Jarritos, películas del Santo y molcajetes son algunos de los elementos que nos recuerdan lo ecléctico de la cultura popular nacional. La comida es 100% mexicana; sin adjetivos, tan trillados ya, como “fusionado”, “reinterpretado” o “contemporáneo”. Aquí hay tacos, quesadillas (la de chicharrón prensado con queso es indispensable), tostadas, gorditas, tlayudas, mole, guisados (las verdolagas en salsa verde, como en las cantinas del centro), mariscos y hasta pozole (obviamente, sólo los jueves). El chef Eliseo no se anda con rodeos: va directo al grano. La selección de mezcales es excelente, desde el aclamado Pierde Almas hasta el mezcal de la casa (que por cierto, está al 2x1 los miércoles), ninguno decepciona y todos vienen acompañados de la clásica naranja y las adictivas habas enchiladas. Y para los conocedores, aquí se sirve tepache y pulque. También tienen unas frozen margaritas con fruta natural que bien pueden reemplazar tu típica cuba o paloma. Para la cruda pocas cosas son mejores que una tostada de atún y un clamato preparado. Todo fluye en un ambiente tan relajado, que las prisas y pendientes del día se olvidan por un buen rato. Gala by Momma Totalmente surrealista… o al menos inspirado en Dalí y su musa ¿Qué pensaría Salvador Dalí de que su obra inspirara un bar al ritmo de canciones de Rihanna y Luis Miguel? Ciertamente suena surrealista, pero no en el buen sentido. Aquí, los dueños del Momma han creado este concepto de acabados en mármol, madera y plexiglás, con reproducciones de las obras del pintor catalán que decoran este bar que lleva el nombre de su esposa y musa: Gala. (El nombre oficial, de hecho es Gala, by Momma.) La carta de bebidas incluye alrededor de 60 shots y 30 martinis. El estelar es el shot Gala, de receta secreta, pero pudo haberse llamado de cualquier otra forma. Una escalera de caracol conduce al restaurante, separado del bar tan sólo por un cristal. La carta incluye una variedad de platillos de corte internacional, con un lugar especial para la comida japonesa. El satay de camarón y el venado en escalopas, son muy antojables. De postre un Latin lover: una gota de chocolate amargo con hojaldre de chocolate y salsa de frutos rojos. Lo usual entre la concurrencia, no es muy surrealista, es encontrarte grupos de socialités celebrando algún cumpleaños, y adultos de más 25, formales, relajados y cero angustia. Upstairs Hidden Bar Su nombre hace honor al lugar. Cualquiera pensaría que, por encontrarse en Polanco, habría algún anuncio en la calle sobre su existencia. Pero no es así. Al llegar al número 120 de Masaryk te toparás con la puerta de Hanzo, un restaurante japonés con toques franceses... y uno que otro cráneo escondido en esquinas estratégicas. Todo esto parte del concepto y misticismo que envuelven a esta nueva opción nocturna. Para iniciar la noche, una cena en el Hanzo es la mejor opción. El peculiar nombre viene de Hatori Hanzo, legendario espadachín de Kill Bill, pero también el protagonista de una saga de películas de artes marciales llamadas Samurai Showdown, según nos explicó el gerente Raymundo Jiménez. Hanzo era un samurai muy sanguinario (de ahí el por qué de las sutiles calaveras en la decoración). El menú no es 100% japonés, pero cada platillo en la carta del chef Atilio Padra tiene un detalle representativo de la cocina nipona. Por ejemplo: el Black Cod (platillo que recomendamos ampliamente) es adornado con salsa Miso cítrica y los camarones roca son tempurizados. Después de cenar, es hora de subir al tercer piso de la casa para descubrir el Upstairs Hidden Bar. Incluso estando adentro del restaurante no hay muchos indicios de su existencia. Además, hay que ser muy arriesgados para ubicar un bar en el último piso y que sea lo suficientemente bueno como para hacer que las damas suban tantas escaleras en tacones y vestidos cortos. Pero la verdad es que el Upstairs cumple bien con las expectativas. Es suficientemente amplio para hacer más fácil que vayas de tu lugar a la barra y de regreso sin tener que empujar a nadie, y suficientemente pequeño para darle cierto toque de intimidad a tu noche. ¿Fumas? No te preocupes. El lugar cuenta con una terraza bastante espaciosa para ahorrarte la molestia de bajar tres pisos sólo para disfrutar de tu tabaco. Si tienes algo que celebrar con un grupo de amigos, puedes reservar este espacio para tu evento. Parte de la buena experiencia que ofrece este lugar tiene que ver con la barra. Además de contar con la selección de cajón, puedes tener a tu disposición una amplia variedad de tipos de sake, si quieres probar algo nuevo. Si eres más tradicional, los martinis son la especialidad de la casa. No puedes irte sin probar el martini de lichi. La hora perfecta para llegar es a las 12:30am. “Generalmente abrimos pista a la media noche y a esa hora ya está algo lleno”, según dice el DJ local, quien se jacta de ser uno de esos DJs que mezcla con video. Si eres tempranero, te recibirá un set de éxitos ochenteros, pero la mayor parte del tiempo el Upstairs se engalana con hits poperos en español e inglés. Si prefieres terminar la noche de manera tranquila con un whiskey en las rocas, puedes dirigirte al Piano Bar que se encuentra en el sótano; incluso te pueden dejar cantar un par de canciones. Definitivamente la combinación Hanzo+Upstairs+Piano Bar puede hacer de este lugar una excelente opción para pasar un sábado a partir de la hora de la comida y hasta altas horas de la noche. Aunque no está peleado con el hecho de llegar directamente al bar, es una mejor experiencia visitar por ratos cada una de las áreas que el lugar ofrece.

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Séptimo El centro de Coyoacán es por mucho uno de los barrios históricos más hermosos de esta ciudad. Todo aquí remite a tiempos donde reinaba la tranquilidad y el frenesí de la metrópoli no nos había permeado (tanto). Sin embargo, su vida nocturna parece también haberse estancado en épocas caracterizadas por el ‘Rock en tu Idioma’, los desarmadores y moraditos, convirtiéndose en refugio de trovadores y forevers por igual. Se necesitaba de la experiencia de un grupo de exitosos empresarios en el ámbito de la fiesta (La Sakería, Chapelle, entre otros) para renovar el espíritu nocturno de una de las zonas históricas más emblemáticas del DF. Es aquí donde entra Séptimo, de precios realmente ad hoc con la zona (una pizza para dos te costará id="mce_marker"20 y un cocktail alrededor de $60) pero con productos y ambiente dignos del siglo XXI. No es temático, pero cumple con creces su cometido: un restaurante-bar sin pretensiones, con buena comida y excelentes tragos, que le ahorrará a los sureños el viaje de 45 minutos a las zonas con bares de moda. La música, así como la decoración, conjugan el estilo de este barrio con lo mejor de la Condesa y la Roma. El chef Ramón, especialista de la gastronomía italiana, alegra a sus comensales con pastas perfectamente cocinadas y hechas en casa, pizzas al horno de leña y ravioles al más puro estilo de la nonna. Por otro lado está la coctelería, diseñada cuidadosamente por un grupo de mixólogos profesionales, quienes además de crear maravillas como el trago de la casa, el Séptimo (whisky, gengibre, naranja, limón y ginger ale), también se preocuparon por surtir la cava con una buena selección de etiquetas de vino de todo el mundo. El “rescate nocturno” de Coyoacán no pudo empezar de mejor forma, el Séptimo pinta para convertirse en clásico. El Hijo del Cuervo Seamos sinceros, a ti lo que realmente te interesa saber es ¿porqué El Hijo del Cuervo es todo un clásico de Coyoacán? Y créenos, va mucho más allá de sus yardas de cerveza o de la selección musical que ofrece, la cual abarca desde el rock en español más comercial hasta una que otra rola metalera. “El Hijo” se encarga de poner el nombre del México coloquial en alto y su cocina no se queda atrás, ¿no nos crees? Pídete unos tacos de cochinita o unos sopes. El nombre del lugar viene del poema de Edgar Allan Poe, “El Cuervo”. Fue así como Alejandro Aura y Pablo Boullosa, los fundadores, comenzaron este proyecto cultural a un lado de la iglesia de La Conchita, donde ofrecían tragos, teatro y libros. Fue tanto el auge que decidieron establecerse en el corazón de Coyoacán, el jardín Centenario, bajo el nombre de “El Hijo del Cuervo” con reminiscencia al original y… pero mejor pregunta por Lalo Flores, quien seguramente te contará la historia mejor que nosotros. Ha prevalecido a través de 25 años bajo el resguardo de una casona construida por el arquitecto Felipe Leal, famoso también por proyectos como el bar "La Cúpula" en el Centro y la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Si creíste que los fresas, bohemios, rockeros, artistas, extranjeros y metaleros no se llevaban, debes de asistir a este clásico para observar cómo a lo largo de la noche esta mezcolanza se va infiltrando una con la otra, aquí la pose es lo de menos. A pesar de que es grande, siempre está a reventar (es un clásico ¿recuerdas?), asegúrate de llegar temprano y llevar contigo mucha paciencia. El lugar presume una terraza que queda frente al Centro de Coyoacán, así que, si de pronto te llega un ligero olor a copal, ¡bienvenido, estás en Coyo! Si quieres experimentar “El Hijo” de manera diferente, asiste un sábado a las doce de la mañana, pide unos calimochos y déjate envolver por el club de lectura. La Bipo No es sólo un nombre, este restaurante-bar realmente tiene doble personalidad: algunos lo conocen como La Bipo, otros simplemente como La B; muchos la recuerdan por su ambiente de cantina del piso inferior mientras que muchos otros la recordarán bien por el ambiente más antrero del piso de arriba. Sea como sea, este recinto propiedad del actor Diego Luna, es el consentido de muchos sureños. El concepto es de cantina antigua del Centro, pero definitivamente no es igual a las demás. La decoración kitsch y a la vez fresa que es fácil de identificar por las mesas de Cervecería Modelo, frases escritas en la pared, salsas en botellas de refresco Lulú e imágenes de personajes muy mexicanos como El Santo o la Virgen de Guadalupe. Pero por decir “cantina” no pienses sólo en tequilas y confesiones de borrachos, su carta de alimentos es muy variada y podrás venir a echarte un taquito y varias opciones más de un menú variado y original. Te recomendamos que pruebes las quesadillas de jamaica, la tecolota o las papas Mi Jefita. El agua de pepino es la bebida de la casa, y para que amarre bien puedes pedirla con piquete de vodka o mezcal. Y hablando de mezcales, aquí te lo mezclan con todo: mezcal con cerveza (dupla que se ofrece en paquete), el picosito Mauricio Garcés a base de mezcal con Lulú de piña escarchado con chile piquín o vete por un brandy combinado con Lulú al que finamente nombraron París Del Naco. Los precios de las bebidas están son accesibles, lo que vuelve a este lugar una buena opción para el fin de semana. Si te aburres abajo, puedes subir a la terraza donde tienen música más animada y además sirve como área de fumar. La Celestina La Celestina es el lugar para arrejuntarse con los amados, ya sea con amigos o con amoríos. La onda coyoacanense hace que en este recinto los hechizos de la noche caigan sobre los comensales para avivar la diversión y atizar los romances al mejor estilo bohemio y casual. Su interior es como el de una tradicional cava española, con bancos, barras y pisos de madera oscura. Sobre las paredes cuelgan imágenes relacionadas con la producción de vinos y, sobre la barra principal, la macabra imagen de la alcahueta, hechizándote con su bruja mirada. El primer acto comienza con las bebidas. Hay vinos, cervezas y licores entre los que sobresalen los cocteles preparados por copa o litro, como el trago de la casa, La Celestina, un estimulante brebaje de pulpa de frambuesa con vino blanco que no puedes dejar de probar. El segundo acto ofrece una selección de montaditos y productos para picar, tacos y ensaladas con una esencia auténticamente ibérica. Los conjuros musicales son obra del DJ, quien todos los fines de semana encanta a los asistentes con los mejores temas indie y lounge, una combinación perfecta para aquellos que quieran platicar o enfiestar en un ambiente sumamente relajado y propenso para ligar.

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