Foto: Cortesía Museo Diego Rivera Anahuacalli
Foto: Cortesía Museo Diego Rivera Anahuacalli

Entrevista con Prune Nourri

La artista francesa presenta su instalación Las hijas de terracota. Charlamos con ella sobre esta pieza que cuestiona la selección de género en China y el mundo

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Prune Nourri se caracteriza por trabajar desde una visión antropológica. A partir de una investigación sobre la preferencia por los hijos varones en China, la artista francesa creó esta pieza formada por más de 100 esculturas de niñas que recuerdan el ejército milenario de los guerreros de terracota.

Has trabajado con diferentes culturas sobre el tema de la selección de género, como en las obras Holy Daughters y Holy River, que hiciste en la India.

Las hijas de terracota, en China, es precisamente la continuación de estos dos proyectos. Son presentados como un tríptico sobre la preferencia notable por los niños en Asia, a partir de preguntas que trabajé con investigadores sociales.

Veo mis proyectos como un árbol. Las raíces son la investigación y el follaje es la base de la que me nutro para hacer la parte artística al conocer mejor mi tema, ya sea la selección de género o la selección humana a través de la ciencia.

Las raíces son las entrevistas con especialistas: científicos, antropólogos, sociólogos e, incluso, periodistas. El tronco es el resultado de esta búsqueda, siempre tengo una idea de proyectos monumentales y efímeros. Las ramas de este árbol son las obras inspiradas en el proyecto que presento en exposiciones y me permiten ayudar a financiar los proyectos.

Para tu proyecto trabajaste con ocho niñas de un orfanato en China, ¿cómo fue tu encuentro con ellas?
Basé la instalación en niñas que existen, porque quería que este proyecto sirviera para alguien. Escogí a las que vienen del campo, porque es ahí donde la preferencia por los hombres es más fuerte. Conté con el apoyo de la organización The Children of Madaifu, que se encargó de seleccionarlas.

¿Cómo fue el proceso de creación?
En mi estudio trabajé con artesanos copistas, quienes se dedican a reproducir miles de soldados exactamente iguales. La idea era hacer las piezas únicas e ir contra los clichés que hay sobre China. Llegué a este país en septiembre de 2012, después de hacer mi investigación. Fue entonces cuando me encontré con las niñas y esculpí las ocho piezas originales a la manera de los soldados de terracota.

Hicimos los moldes separados en tres partes (la cabeza, el busto y las piernas) y, como un juego, combinamos estas piezas para crear las más de 100 esculturas.

El problema de género se vive en todo el mundo.
Cada país tiene este problema, aunque en diferentes dimensiones. Por ejemplo, en China utilizan las ecografías en las mujeres para escoger el sexo de los hijos, entonces se puede abortar a una niña.

La cultura y las generaciones cambian. Quizás después aparezcan nuevas leyes y soluciones para tener verdaderos cambios.

Esta pieza ha recorrido varias ciudades, ¿verdad?
Esta obra parte de la selección de género en China, aunque se trata de una cuestión universal. Por eso es importante que la pieza haga este recorrido. Se expuso primero en Shangai (septiembre-octubre 2013), luego en París, en Zurich y, finalmente, en la Ciudad de México, antes de su regreso al país asiático.

¿Por qué escogiste el Museo Diego Rivera Anahuacalli como punto de destino?
Todo sobre lo que hablo en mi trabajo lo encontré aquí. Es evidente que la historia arqueológica de México es muy rica, al igual que la de China. Además, la colección del museo está integrada por piezas prehispánicas que fascinaron a Diego Rivera. Es curioso que corresponden, más o menos, al período de los soldados de terracota, creados hace más de 2 mil años. Son dos culturas extremadamente ricas y con lazos históricos.

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