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Leonora a quien honor merece

Quisimos saber más sobre Carrington. Platicamos con Pablo Weisz, su hijo, y con Alejandro Velasco, dueño del acervo inédito que ahora se exhibe

Cortesía CNA

En la última etapa de su vida, Leonora Carrington dedicó muchas horas a la escultura en bronce. De su imaginación aparecieron seres mágicos que pasaban de un boceto a un modelo en plastilina y luego a esculturas de entre 20 centímetros y tres metros de altura, que cobraron vida en el taller de la Fundición Artística Velasco, dirigida por Alejandro Velasco. Estas piezas se agruparon en la exposición que presenta temporalmente el Centro Nacional de las Artes.

¿Cómo fue el primer contacto con Leonora para realizar las esculturas?
Alejandro Velasco (A): Cuando mi padre me dejó la fundidora, yo comencé el contacto con los artistas. Fue a través de Isaac Masri (promotor artístico) que Leonora llegó a trabajar con nosotros hace más de 27 años.
Pablo Weisz (P): Fue Masri quien contrató a Alejandro para realizar las esculturas.

Del boceto a la pieza final, ¿había modificaciones?
P. Muchas. Las piezas de mi mamá eran siempre una cosa viviente.

¿Cómo era trabajar con ella?
A.
Una vez que le perdí el miedo, ¡era tan divertido! Me contaba sus historias y me explicaba sus personajes.
P. Si no fuera por Alejandro, estas piezas no existirían. Ella tenía el espíritu para hacer, sin embargo, se necesitaba alguien con la sensibilidad para crearlas. Él entendió el arte de Leonora.

Se necesitaba no sólo sensibilidad, sino dominar las técnicas de fundición.
P. Sí, porque no es nada más modificar un molde, sino que también es la pátina (barniz que por la humedad se forma en los objetos de bronce). Alejandro es un genio para eso.
A. Mi papá me enseñó. Cuando trabajábamos en los bronces de (Juan) Soriano, a él le gustaba que yo hiciera las primeras patinas. Ahí te das cuenta de que los artistas se divierten cuando descubren cómo van apareciendo los colores.

La creación de los bronces suena como un proceso ameno.
P. Las escenas de creación eran una especie de palacio encantado. Había fuego, perros caminando entre las piezas, Alex y su papá (que fumaba mucho con mi mamá). Al final, tú ves la pieza y nunca meditas sobre cómo se obtuvo ese verde turquesa.

¿Cómo se obtiene el tono deseado?
A. No puedes prever cómo saldrá el color porque no hay una medida exacta, no lo haces como en un laboratorio. Tú revuelves, echas cobre, fierro, plata y agua. Pero al aplicar la temperatura a una pieza, siempre te da un tono único. Por ejemplo, en esta exposición, tenemos diez tonalidades de verdes diferentes; los matices de gris y café también son distintos.

¿Cuánto tiempo se tardaban en hacer una escultura?
A. Leonora era muy tramposa. Todo el tiempo nos traía corriendo. Me decía: "Alejandro, ya tengo tres personajes más". No podíamos seguirle el ritmo.

¿Lo que más le entusiasmaba era la escultura?
P. Para mí que esto fue un soplo de vida. Si ella vivió hasta los 94 años fue para esto.
A. Esos últimos dos años, le entró mucho ánimo y era una hormiguita.

¿Era perfeccionista?
A. Vigilaba con mucho cuidado su obra. El detalle a corregir casi siempre eran las manos, la boca y los pies. Si la boca era una línea, tenía que ser eso, una línea. Los dedos de las manos los pedía más alargados.

Muchas de las piezas parecen "ligeras" pese a que el material es pesado. ¿Cómo lograr esa sensación?
P. Fue trabajo de Alejandro. Se lo agradezco porque fue un proceso sumamente delicado para que las piezas quedaran justo como ella quería. Era muy fácil hacer algo mal. Había que tenerle paciencia y respeto a mi madre.

¿Hay piezas que nunca se han mostrado al público?
A. Todas éstas son inéditas. Todavía hay mucho material, este es un bloque apenas de todo lo que tenemos. Queremos que la gente conozca estas esculturas, que analice los colores.
P. Quisiera que esta expo viaje a otros países, este trabajo es de dimensión universal.

Leonora Carrington y sus personajes fantásticos
Galería Juan Soriano de la Biblioteca de las Artes. Centro Nacional de las Artes. Hasta 19 de mayo.

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