Aurora Reyes. Una vida en el arte 1908-1985

Arte, Pintura
El Primer Paisaje
Foto: Cortesía Museo de la Ciudad de México El Primer Paisaje. Aurora Reyes (1953)

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La apropiación masculina de los espacios en el arte han eliminado o negado la presencia femenina desde siempre. El muralismo mexicano del siglo XX estuvo lleno de nombres de hombres, cuya fama no sólo trascendió de nuestras fronteras, sino que llegó hasta nuestros días para ser nuestra causa de orgullo nacional. ¿Y dónde estaban las mujeres muralistas?, eta es una pregunta que en no pocas ocasiones se ha hecho y que finalmente el Museo de la Ciudad de México comienza a responder con la retrospectiva Aurora Reyes. Una Vida en el arte 1908-1985.

Contar la historia de Aurora Reyes desde su familia sería reivindicarla sólo como hija o nieta —nieta del militar Bernardo Reyes, sobrina del escritor Alfonso Reyes—, y no como la mujer, artista y poetisa mexicana que fue. Amiga entrañable de Frida Kahlo y alumna de la Academia de San Carlos, abandonó la institución para desarrollar su arte de forma autodidacta. Reyes se adentró en la pintura de caballete y en el retrato antes de ganar en 1936 el concurso para pintar Atentado a las mujeres rurales en el Centro Escolar Revolución (muy cerca de la estación del Metro Balderas), trabajo con el cual se convirtió en la primera mujer muralista mexicana.

Su infancia en la Ciudad de México la conectaron con las causas populares y revolucionarias, por lo que su compromiso con la justicia social no sólo se vivía en su día a día, sino que lo transmitió a través de su obra y de su activismo político, al ser miembro del Partido Comunista Mexicano y la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.

Además, Reyes laboró como maestra de dibujo y pintura para la Secretaria de Educación Pública, gracias a lo cual también tuvo una fuerte actividad política y artística dentro del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana (STERM, que más tarde devendría en el SNTE); no sólo creó importantes murales en su sede, sino que fue una impulsora del acceso a guarderías para los hijos de docentes. Su fuerte compromiso con las causas sociales, y particularmente su activismo con el otorgamiento de derechos a las mujeres (sobre todo de tipo políticos), así como su poesía, la hicieron acreedora del sobrenombre de "La magnolia iracunda".  

A través de esta retrospectiva, no sólo se descongela la historia de esta mujer, sino que es un primer paso para reivindicar sus aportaciones en todos los ámbitos en que se involucró, y particularmente, para darle su lugar en la historia del arte mexicano. Más de 100 piezas —pinturas, acuarelas, grabados, dibujos, ilustraciones, documentos y reproducciones de murales— comprenden esta muestra, dedicada a una de las impulsoras de la pintura nacionalista, una mujer con una congruencia ideológica que mantuvo hasta la tumba.

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Por Samantha García

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