Hay miradas que se vuelven hábitos. Ojos que repiten lo aprendido sin cuestionarlo. El ojo desarmado llega para tensar ese gesto automático y revelar cómo, desde lo cotidiano, se instala un sistema que condiciona lo que vemos, cómo lo vemos y a quién responsabilizamos cuando hablamos de violencia. La exposición no busca complacer: busca incomodar y exponer las grietas del patriarcado como una estructura que sigue operando en la cultura contemporánea.
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¿Qué encontrarás en El Ojo Desarmado?
A través de obras de nueve artistas provenientes de distintos contextos, la muestra plantea un recorrido que evidencia la normalización de la violencia de género, la cultura de la violación y los mandatos que sostienen la masculinidad hegemónica.
El montaje propone una lectura clara: desmontar la mirada patriarcal no es solo un ejercicio crítico, sino un proceso emocional, educativo y cultural. Las obras se entrelazan para mostrar cómo ese sistema opera desde el lenguaje, la familia, la religión, la imagen y los códigos sociales que parecieran inofensivos, pero que actúan como engranajes de un mecanismo mayor.
Posibilidades del futuro
En su tramo final, El ojo desarmado abre un resquicio hacia otras posibilidades. Las piezas de artistas como Marta Pujades y Arantxa Boyero plantean formas de reconstrucción: nuevas masculinidades, espacios de introspección y gestos que buscan restablecer una relación más sana con el cuerpo, el deseo y la identidad. La exposición sugiere que, si la mirada se puede manipular, también se puede reeducar.
Con un discurso sólido y una curaduría que apuesta por el cuestionamiento frontal, El ojo desarmado se presenta como una parada obligada para quienes buscan entender —y desactivar— las raíces de la violencia machista en la vida contemporánea.
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