El Santo, el enmascarado de plata

Arte, Arte popular
 (Foto: Cortesía MUJAM )
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Ejercer como zapatero, ser carpintero como tu abuelo o terminar como herrero era el destino más frecuente para los jóvenes de los años treinta que vivían en el barrio bravo de Tepito.

El destino de Rodolfo Guzmán Huerta pudo ser el mismo, pero él decidió subirse a luchar al ring a los 16 años. Desde ese entonces, México vio nacer a un personaje de ficción que pronto se convirtió en un héroe llamado "El Santo, el enmascarado de plata".

A lo largo de su carrera atesoró los carteles, programas y reseñas de cada una de sus presentaciones “Lucha libre en la Arena México, viernes 14 de septiembre del 75, El Santo vs El Perro Aguayo”, es una consigna escrita en un papel viejo que se exhibe en el Museo del Juguete Antiguo México.

El arquitecto y coleccionista Roberto Shimizu cuenta que adquirió los huacales en donde El Santo atesoraba sus recuerdos; entre ellos se encuentran dedicatorias de la eufórica afición que se muestran en la exposición El Santo, el enmascarado de plata conformada por 1,000 piezas.

Las contiendas de técnicos contra rudos provocaban caos alrededor del cuadrilátero a tal grado de que los fans se encomendaban a los santos: “Virgen de Guadalupe que no le vayan a dar un mal golpe a mi luchador favorito” es una expresión que uno de sus fans le escribió en un pedazo de cartón y que el luchador conservó con cariño.

Sus acrobacias quedaron inmortalizadas en muñecos de plástico que hoy habitan en rings de madera, sus atuendos originales se quedaron tal y como los dejó; sus botas sucias, la máscara arrugada, pero su capa sigue brillando. Los boletos y las carteleras dan testimonio de que era un atleta que presentó su show en lugares emblemáticos como la Arena Coliseo del Centro Histórico, la plaza de toros El Toreo y la Arena Adolfo López Mateos en Tlalnepantla. 

El Santo fue como un efectivo producto mercadológico. Mientras su carrera avanzaba conoció a José G. Cruz oriundo de Jalisco y al poco tiempo se volvieron en un dúo perfecto; uno era icono de la lucha libre, y el otro el mejor comiquero e inventor de la fotonovela. Juntos idearon una estrategia para llegar al 30 por ciento de la población mexicana que era analfabeta, el lanzamiento de cómics y cuentos con historias de El Santo conectaron con todo el público mexicano y esos materiales que son casi inexistentes están en las vitrinas del MUJAM.

Las películas más taquilleras en la época de los años sesenta también son parte de la colección: El Santo vs las momias de Guanajuato (1972), El Santo vs las mujeres vampiro (1962), Santo, el enmascarado de plata vs la invasión de los marcianos (1967) son filmes que podríamos interpretar como algo irreal, pero que años atrás fueron un fenómeno social a tal grado de que cuando El Santo pisaba el ring, la gente le gritaba “vuela, vuela Santo, vuela”.

La muestra no tiene fecha de término, es un homenaje extenso hacia alguien que se mantuvo siempre sencillo, una ovación a este hombre de identidad oculta y máscara plateada que siguió siendo uno más del barrio.

Por Aura Ramírez Cornejo

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