“Siempre que me divierto espero la catástrofe”, Carlos Velázquez y su nuevo libro La efeba salvaje

No te pierdas la charla de Velázquez sobre rock y literatura junto a Rulo y Joselo, de Café Tacvba
El escritor Carlos Velázquez, autor de la La efeba
Foto: Cortesía Carlos Velázquez
Por Wenceslao Bruciaga |
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Por culpa del nuevo libro de Carlos Velázquez hice el ridículo en uno de esos cafés de 30 varos: una escena bien trágica, pero de la que simplemente no puedes contener ya no digamos la risa, la carcajada. El café se me fue chueco, empecé a toser, nomás no podía recobrar la respiración y el bato de al lado tuvo que auxiliarme. 

“¿Tan bueno está lo que lees?”, preguntó. Buenísimo, le dije. Aproveché para hurgar en su sexualidad y descubrir si era joto. “Pinche Wences caliente, hasta caminado hacia la luz no dejas de pensar en braguetas”, pensé. Parecía escena de un cuento de Velázquez. 

La efeba salvaje, el nuevo libro de cuentos de Velázquez editado por Sexto Piso, reúne seis cuentos cuyos protagonistas son incapaces de renunciar a sus obsesiones particulares incluso en la situaciones más deprimentes y suicidas. El humor desagarrado y cínico es el utensilio más fuerte para que la testarudez no se desvanezca, ¿qué es la personalidad sino un montón de obsesiones administradas?

A propósito de La efeba salvaje y una charla que Velázquez tendrá al lado de Rulo y Joselo, integrante de Café Tacvba, sobre rock y literatura en el Páramo, platicamos con el autor de La biblia vaquera sobre rock, efebos, acosadores, gordos y humor en tiempos de pieles delgadas.

Hay un cuento llamado “This is not a love song”, como la rola de PiL. ¿Cuál es el mejor álbum de PiL? 
Metal box, me parece una de las cumbres musicales de la segunda mitad siglo XX. Como tú, con los años he escuchado más a PiL que a los Sex Pistols. Me han acompañado en más momentos decisivos de mi existencia que Never Mind the Bollocks, Here's the Sex Pistols...  

“This is not a love song” es un cuento sobre un gordo cuyas grasosas dimensiones serían la delicia de programas sensacionalistas como Al extremo o Al rojo vivo. En estos tiempos que cualquier mofa se toma como ofensa y normalización de la violencia, ¿cómo consigues mantener el humor latente?
Hace unos años publiqué una columna donde propuse hacer una antología de gordos. Los pesos pesados de la literatura mexicana. Los aludidos se emputaron conmigo. Incluso algunos me retiraron la palabra y planearon venganzas. Pero creo que yo, como gordo, tengo todo el derecho a burlarme de los de mi clase. Si en mis cuentos me encanta burlarme de los jotos es porque muchos de mis amigos son putos. Y pues ni modo que les retire la palabra, me quedaría sin compas. Si hay una proliferación de gays en la literatura, aunque le cague a los gringos, es porque cada vez la sociedad está más conformada por jotos que por heterosexuales. 

No tienes problema en ponerle tinta a personajes machos, a chicas, gays y travestis; no te detienes a pensar en asuntos como la cosificación, los estereotipos y el vocabulario activista. ¿Cómo consigues eso?
Paula Corroto acaba de publicar un texto en El País sobre cómo uno de cada tres estadounidenses no quieren a personajes gays en los libros de literatura. Este tipo de cuestiones junto con lo políticamente correcto poco a poco va infectando a nuestro país. ¿Qué opino al respecto? Hurra. Viva. Qué dicha. Porque eso quiere decir que la literatura que se está escribiendo y que se va a escribir es y será sumamente pedorra. Pero los personajes más jugosos, más explotables, los travestis, las efebas, los efebos, serán retratados por una minoría. Y esa se está viendo que es y será la mejor literatura.

En el cuento "La efeba salvaje" describes a Gomez Yonque como un ruco que sufre de efebitis, un tema resbaloso después del escándalo de Kevin Spacey, que es acusado de abusar de un efebo de 14 años. ¿Cómo ves todo el desmadre de la efebofilia? ¿Será igual entre bugas o gays?
Cuando vi The Usual Suspects, lo primero que pensé fue: "qué loca se ve Kevin Spacey". Y en American Beauty me ocurrió lo mismo, esas escenas en las que sale sin playera eran tan impostadas. Lo querían hacer ver varonil y resultó peor, porque se metió en un escándalo de esos que sólo protagoniza Fabiruchis. La efebitis no es nueva. Basta entrar a cantinas gays para ver siempre a un ruco en compañía de un muchachito. El primero en retratar ese tema abiertamente es Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios. A Vallejo no sólo le gustan tiernitos, también asesinos. Pero era un tema medio soterrado. La efeba nace porque la efebilis empezó a proliferar en los últimos años. Incluso el medio editorial ha sufrido sus efectos. Y es igual, tanto en mujeres como en gays. Sólo hay que observar bien a nuestros próceres para darnos cuenta de cómo han cambiado al chichifo por el efebo. Pinche Smithers de Los Simpsons cómo ha hecho daño.

¿Gomez Yonque está inspirado en el legendario comentarista deportivo de Torreón que me estoy imaginando?
Sí, está inspirado en Juan Gómez Junco, el comentarista deportivo. Es un homenaje hecho con mucho cariño y respeto. Una de las figuras más emblemáticas de Torreón. Mucha gente lo ve como un villano, pero para mí es uno de los pocos que se ha atrevido a hablar sin tapujos del Santos Laguna. 

Podríamos decir que Torreón es tu hogar permanente y algo similar pasa en tu literatura, ¿qué tiene esta urbe que nunca tendrá otra ciudad de México y el mundo?
Torreón es una zona limítrofe. No pertenece a Coahuila, es parte de La Laguna, que es una área metropolitana. Por lo tanto es un lugar cuya identidad no corresponde al estado y ha tenido que construirse a sí misma. Es uno de los laboratorios sociales más fascinantes que el posmodernismo ha creado. 

Los cuentos de La efeba salvaje son de un humor salvaje. ¿Cómo consigues mantener el humor latente, incluso con sucesos demoledores y horrorosos como el que sucede en el cuento de "Stormtrooper"? 
Siempre he pensado que el humor en mis libros está influenciado por Humberto Moreira. Cuando él era gobernador, era el tipo más chisqueado del mundo. Bailaba el chuntaro style, tenía pegue con las viejitas, era amigo de Carmelita Salinas y, en general, era una figura divertida; pero por debajo de todo eso estaba cocinando una deuda que empinó a todo Coahuila, Torreón, incluido. Eso me generó un gran trauma. Ahora siempre que me divierto espero la catástrofe. La risa sólo engendra calamidad.

Mi cuento favorito es "Stormtropper", por la forma tan honesta con la que hablas y te burlas de los jotos, desde esa perspectiva popular, ¿estoy en lo correcto?
Hace unos días Eve Gil publicó una entrevista a propósito de La efeba salvaje donde menciona que un sector, no sé cuál, me tiene estigmatizado como machista. La gente no pone atención a nada. Si lo hicieran, se percatarían que he socavado el machismo en La marrana negra de la literatura rosa de manera flagrante. Detrás de cada macho norteño hay un puto. Me consta. Lo he visto. Y por otro lado, en todos mis libros de relatos hay textos protagonizados por mujeres. El problema es que ya no se le puede llamar a las cosas por su nombre. Ya no se le puede decir puto a un puto. Yo voy a escribir sobre mujeres, jotos, aliens y chupacabras mientras me ofrezcan historias. 

Desde que escribiste los cuentos de La efeba salvaje las personas han cambiado mucho, hoy reírte de cualquier cosa se toma como ofensa, ¿qué está pasando con el humor?
Comenzaron a agarrar velocidad en 2014, pero fue en 2016 y 2017 que quedaron listos pa'l horno. Y tienes razón, ahora todo debe ser tratado con pinzas. Esta discusión va para largo. Yo tengo muy claro todo, pero existe gente que no. El ejemplo es Crimen y castigo. No porque leas la novela vas a salir a matar a una viejita usurera. Y si alguien lee en un libro que a una mujer le llamas puta, no va a salir a matar mujeres. Hay que aprender a discernir entre la ficción y la realidad. 

¿Será cierto que el humor normaliza la violencia?
Tampoco creo que se normalice la violencia por leer la palabra puta en una novela. El problema para mí radica en el hogar. Ahí te tienen que enseñar que existen libertades estéticas y que no porque en un libro haya un asesinato tú estás obligado a cometer uno. La educación es lo que menos existe. Por todo esto hemos perdido la capacidad de ejercer el humor. A este paso ya no te vas a reír ni de alguien que se resbale con una cáscara de plátano. No lo vayas a ofender. El maldito humorismo blanco que proponía Televisa a través de Capulina finalmente, décadas después, está rindiendo sus frutos. A la violencia no la normaliza el humor. La normaliza que no se cumple el Estado de derecho. Si cada cabrón que golpea a una mujer fuera a la cárcel, verás que dejan de hacerlo. Lo que urge es que se cumpla la ley. 

¿Se puede hacer humor sin echar mano del escarnio?
El escarnio es cien por ciento válido en la literatura. 

Por cierto, resultó que el bato sí era gay.

Rock y literatura: Carlos Velázquez, Rulo y Joselo Páramo. Yucatán 34, Roma. Jueves 16 de noviembre 7pm. Entrada libre.

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