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Reseña
Luego de 14 años produciendo chela, La Patrona abrió su propio taproom en una esquina muy coqueta de la Cuauhtémoc. Coqueta tipo: venir un domingo en la tardecita, tomarte una cheve y ver pasar la tarde.
La marca nació de la mano de Rodrigo Escudero Suberbie, quien fundó La Patrona impulsado, en parte, por la historia de su familia: su papá y su abuelo estuvieron, en diferentes momentos, al frente de Cervecería Moctezuma. Pero como parte fundamental de ser hijo es ser un poquito punk, Rodrigo decidió dedicarse a la cheve independiente.
Si eres un buen beer geek, seguramente ya probaste algunas de las etiquetas clásicas de la marca: Sta. Otilia, Sta. Julieta, Sta. Tomasa y otras más. La novedad del taproom es que ahora puedes probar estas cervezas y algunas opciones de temporada directamente de barril, para que lleguen fresquitas a tu mesa.
Además —puristas, siéntense—, también hacen cocteles con cerveza artesanal. Todo bien con las micheladas, pero aquí van un pasito más allá: tienen desde el clásico Bull hasta algunas creaciones de la casa.
Pero vámonos por partes, porque en La Patrona no todo es chela. La propuesta comienza desde el diseño. El piso y la barra retoman los colores de la malta en sus distintos niveles de tostado, mientras que el baño es verde, como el lúpulo que le da su característico amargor a tu IPA de cada fin de semana. Desde ahí comienza a sentirse distinto a otros, porque hay que decirlo, no en todos ponen tanta atención al diseño interior.
Después están los alimentos: pizzas, ensaladas, focaccias, gildas y otros platos que se sienten ideales para el plan botanero que inspira la cerveza, pero que tienen un poco más de intención que las alitas o las papas gajo que solemos encontrar en otros bares.
Probamos la pizza Pamplona, que lleva chorizo pamplona, burrata, mozzarella, pecorino y grana padano y, para darle el toque, un poquito de miel de agave. Si eres purista de la pizza, date una licencia y prueba esta. A la vista parece una napolitana por el cornicione —la orilla, pues— aireado, aunque su base es un poquito más gruesa que la de una napolitana convencional. Si la acompañas con salsa macha o alguno de los encurtidos hechos en casa, tendrás el bocado perfecto para darle otro besito a tu cerveza.
La ensalada de betabel rostizado se llevó las ovaciones de la mesa. Sencilla pero muy rica, combina queso de cabra, hojas de menta, arúgula, espinaca, piñones, pesto y vinagreta de limón amarillo. También probamos las croquetas, que tienen un toque divertido porque, además de estar rellenas de jamón serrano, llevan un poco de pollo. Para cerrar, una tarta vasca ultra cremosa.
Quizá la elección más difícil está en las bebidas: hay muchas opciones y todas se antojan. Si es tu primera vez, te recomendamos empezar con una pinta de Huguiña, una Session IPA, y Sta. Otilia, o una Stout de avena.
Después, síguele con los cocteles. Nuestros favoritos fueron el Bull, una reinterpretación del clásico cantinero que lleva jugo de limón, jarabe de jengibre, ron y un top de Sta. Carmela, una Light Blonde Ale; y el poético Vienes de Oaxaca, una reinterpretación del café vienés preparado con mezcal, cold brew hecho en casa, una reducción de Tomasa (una Milk Stout con café), licor de café y una nubecita de crema batida con canela.
Lo que sabe rico de La Patrona es la coherencia: todo apela al proceso artesanal. Hay ingredientes y preparaciones hechos en casa, desde la masa de las pizzas y las focaccias hasta la soda de jengibre y los jarabes de los cocteles. Y, por supuesto, la cheve.
También sabe rico ver crecer a la industria artesanal. Cada vez más marcas hacen de su taproom su hogar, un espacio para mostrar su personalidad más allá de una botella o una lata. Y La Patrona hace justamente eso: después de 14 años produciendo cerveza, encontró una nueva manera de abrir sus puertas y construir comunidad alrededor de una pinta.
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