Nacido en el año 2000 para abrir espacio al cine documental independiente que no siempre encontraba lugar en los circuitos comerciales, el encuentro “Contra el Silencio Todas las Voces” llega a su XIV edición con 26 años de historia. El festival ha evolucionado con el tiempo, transformando sus categorías para dar cabida a nuevas identidades y preocupaciones. Hoy, el debate central es qué significa hacer documental en la era de la inteligencia artificial.
Del 4 al 12 de septiembre, el festival reunirá 164 documentales de 25 países en sedes como la Cineteca Nacional de las Artes, Cineteca Chapultepec, el CCC y Estudios Churubusco, además de espacios alternativos en 11 estados. La Muestra Mexicana continuará hasta el 28 de septiembre y las proyecciones llegarán a nivel nacional a través de Canal Once, Canal 22, MX Nuestro Cine, Televisión Mexiquense, Capital 21 y TV UNAM.
Time Out México conversó con Ana Rodríguez, coordinadora operativa del encuentro, sobre la evolución del género y el futuro de un cine que nació para darle voz a quienes no siempre la tienen.
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Contra el Silencio lleva 26 años mirando la realidad a través del documental. ¿En qué momento sentiste que la realidad empezó a cambiar más rápido que las películas que intentan contarla?
Ana Rodríguez: Podría decirte que cada vez hay más documentales, pero su formato está cambiando. Antes veíamos más largometrajes y ahora dominan los cortometrajes. En esta edición tenemos 102 cortos frente a 61 largos; eso refleja que nuestra relación con el cine y la forma de consumirlo se está transformando.
Después de ver tantas películas sobre la realidad, ¿hubo algo que te sorprendiera encontrar de forma tan recurrente?
Ana Rodríguez: Revisamos 1,177 documentales inscritos en la convocatoria, de los cuales preseleccionamos alrededor de 500. Lo que más me sorprendió es el salto tecnológico: hace dos años solo tuvimos un trabajo que utilizaba inteligencia artificial de forma muy puntual para generar imágenes. Ahora nos encontramos con documentales hechos completamente con IA. Esto plantea nuevas preguntas: ¿Hasta qué punto el documental es un retrato fiel de los hechos? ¿Hacia dónde vamos con estas herramientas? Son debates que antes ni siquiera imaginábamos.
Al revisar 1,177 trabajos, ¿qué elemento es definitivo para incluir un documental en la selección final?
Ana Rodríguez: Aunque valoramos la calidad técnica y la fotografía, nos enfocamos en la historia y en lo que no se está visibilizando. La esencia de “Contra el Silencio Todas las Voces” es dar espacio a quienes no tienen esa oportunidad. Nos guían los procesos y las narrativas, apoyándonos en nuestras ocho categorías para mantener una línea discursiva coherente.
Las categorías se han adaptado a los tiempos: de "Indígenas" a "Identidades Indígenas y Afrodescendientes", y de "Mujeres" a "Género, Cuerpos e Identidades". ¿Qué revelan los documentales sobre el lenguaje que necesitamos para nombrar nuestra realidad?
Ana Rodríguez: Los documentales reflejan un cambio profundo de lenguaje y percepción. Antes veíamos trabajos con una mirada más eurocentrista. Hoy, en el caso de las identidades indígenas y afrodescendientes, las comunidades están hablando desde sus propios territorios. Ya no se trata de que alguien externo llegue a grabarlos; son ellos quienes dicen: "Nosotros tenemos las historias y queremos ser los protagonistas". Es un cambio de visión fundamental.

