El cineasta noruego Halfdan Ullmann Tøndel, nieto de Ingmar Bergman y Liv Ullmann, e hijo de la escritora Linn Ullmann, se ha consolidado como una de las voces más prometedoras del cine europeo. Con apenas 34 años, debutó en el largometraje con Armand, una cinta que arranca con un conflicto escolar aparentemente sencillo —un niño acusado de un incidente con un compañero— para transformarse en un intenso drama psicológico que explora la confianza, la culpa y los secretos de los adultos.
Armand ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes 2024, el Premio Discovery en los European Film Awards y representó a Noruega en la carrera por el Oscar a Mejor Película Internacional. En esta entrevista, Halfdan Ullmann Tøndel habla sobre su ópera prima, sus decisiones creativas y cómo enfrenta el peso de su legado familiar.
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La película no tarda en plantear el conflicto, va directamente al grano. ¿Por qué decidiste esto?
Yo realmente me sentía atraído por la idea de un inicio que ilustrara un poco el filme y el camino que tomaría. Por eso abrí con una fuerte e intensa escena en el carro. Para mí, eso ilustra lo que estamos a punto de ver, es como un pequeño adelanto de toda la película en esa escena. Estoy un poco cansado de películas que empiezan lentas, entonces buscaba decirte en tu cara: “de esto va a tratar”. Esa escena de ella en el carro y su manera de caminar deseaba demostrar un poco de poder en ella. Es un contraste porque siento que hago ambas cosas: tenemos un arranque abrupto y directo, pero lo conecto con algo que explica lo que está a punto de pasar o lo que ya ocurrió. Me encanta ese contraste entre un inicio fuerte y una tensión que cocina lentamente el suspenso.
La escuela es otro personaje más en el filme. ¿Construiste la película con el lugar en mente o se acopló a la historia?
Casi inmediatamente después de escribir el guion tenía muy clara la idea de la locación. Como era mi primer filme, no quería enfrentarme a complicaciones logísticas, así que me parecía inteligente filmar todo en el mismo lugar. Cuando decidí hacerlo en esa escuela, muchas ideas llegaron a mi mente sobre cómo crear un sentimiento de laberinto con las distintas atmósferas de los salones: el baño rojo, el salón azul, esos elementos. Muy pocas veces vemos a los personajes fuera del lugar, tampoco mostramos lo que hay detrás de las ventanas. Yo tenía muy claro cómo debía sentirse la escuela. Recuerdo cuando me quedé a dormir en la mía, a los 12 años, y me impactó el contraste: en el día era luz, ruido, niños corriendo; en la noche era un edificio silencioso, como si tuviera alma propia. Ese era el sentimiento que deseaba capturar. Además, fue muy complicado encontrar la locación: creo que vimos 250 escuelas antes de decidirnos por esta.
Nunca vemos la cara de Armand ni de los otros niños. De hecho, casi no aparecen niños en una historia sobre ellos. ¿Por qué tomaste esa decisión?
Estoy muy contento con esa decisión porque quería que gran parte de la película ocurriera en la imaginación de la audiencia. Muchas cosas son mencionadas por los personajes desde sus prejuicios, su manera de pensar y actuar. No mostrar a los niños permite que el espectador imagine cómo son a partir de lo que ven en los padres. Era otra forma de reflejar los temas, como un espejo entre hijos y padres. Eso sucede en la vida real: trabajé tres años en una escuela primaria y me di cuenta de que, cuando un niño hacía algo “incorrecto”, al mirar a los padres entendías mucho. Muchas veces se comportaban raro o llegaban tarde. Quería mostrar eso, y la mejor manera para mí era no mostrar a los hijos.
¿Cómo es crear algo artístico con el peso de una familia tan reconocida?
Trato de no pensar mucho en eso. Nunca hablo mucho de ellos. Los quiero bastante, tuve una relación hermosa con mi abuelo y sigo siendo muy cercano a mi abuela, pero no hablamos de nuestros trabajos. No hemos hablado de este filme, por ejemplo. Yo debía tomar distancia de su visión como artistas. Toda mi vida he mantenido mi familia separada de mi carrera. Hasta los 30 años vi todo el trabajo fílmico de mi abuelo, y cuando estudié cine no le dije a nadie sobre mi familia. Artísticamente no uso su apellido. Quería encontrar mi propia voz primero. Ahora que siento que la encontré, ha cambiado mi relación con ese legado. Me gusta cuando la gente descubre mi origen después de ver mi película, y no al revés.
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