Hay una imagen del migrante, repetida tantas veces, en el cine que ya parece inevitable: alguien que abandona su lugar de origen, atraviesa la adversidad y carga con una tristeza que explica toda su existencia. Campeón Gabacho, la película dirigida por Jonás Cuarón, quiere hacerle espacio a otra posibilidad y es la de quien también se ríe, se equivoca, se pelea, se enamora, busca su identidad o se abre paso como puede. Alguien que no está dispuesto a pedir perdón por existir.
Juan Daniel García Treviño, quien interpreta a Liborio, lo resume sin rodeos “No somos tristes todo el tiempo, también nos reímos, también jugamos, también nos peleamos, también discutimos”. Cuando explica qué clase de migrante quiso llevar a la pantalla, remata con una frase que difícilmente podría confundirse con la solemnidad de un drama convencional.
“Como un migrante, pero con huevos”.
No se trata de quitarle gravedad a la migración ni de disfrazar sus dificultades con una sonrisa. La apuesta está en dejar de reducir a quienes migran a una sola emoción. Liborio, el protagonista de esta historia, puede enfrentarse a la precariedad y al desarraigo, pero también tiene carácter, humor, imaginación y una identidad que no está dispuesto a entregar por completo a la mirada de los demás.
Liborio no cabe en el estereotipo
Para García Treviño, la oportunidad de interpretar a Liborio llegó con un guion que lo sorprendió desde la primera lectura. Le interesó especialmente el recurso de romper la cuarta pared, esa forma de permitir que el personaje se dirija directamente al espectador y altere la distancia habitual entre la pantalla y quien la mira. “Para mí Campeón Gabacho ha sido uno de los descubrimientos más grandes de toda mi carrera”, cuenta el actor en conferencia de prensa durante el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
El trabajo también lo obligó a construir al personaje desde sus cimientos. No bastaba con aprender los diálogos o encontrar una manera de caminar frente a la cámara pues debía comprender su lenguaje, sus referencias y su manera de comunicarse. García Treviño reconoce que su procedencia de Monterrey y el conocimiento de un habla regional propia le ayudaron a aproximarse a esa construcción.
El proceso incluyó entrenamiento de boxeo, preparación física y un trabajo minucioso con los textos junto a Cuarón. El actor relata que algunos diálogos eran tan complejos que todavía intentaba descifrar su sentido cuando recibió la confirmación de que interpretaría el papel. La construcción se hizo sobre la marcha, a partir de conversaciones, preparación y descubrimientos.
Antes de llegar a ese punto, García Treviño había buscado una oportunidad para que Jonás Cuarón lo conociera y escuchara su historia. Quería que el director pudiera encontrar una conexión entre su experiencia y el personaje. El encuentro abrió la puerta a una preparación que terminó por convertirse, en palabras del actor, en una experiencia decisiva para su carrera.
La incomodidad también forma parte de Liborio. García Treviño lo describe como un wey roto: alguien que se traba, se equivoca y no tiene todas las respuestas. En vez de esconder esas fisuras, la interpretación las conserva.
Una novela, un abuelo y el peso de un nombre
La raíz de Liborio está en la novela de Aura Xilonen, quien encontró una parte fundamental de la historia en su propia familia. Su abuelo se llamaba Liborio, pero durante años utilizó otros nombres, entre ellos Don Catarino y Don Renato Curapacha. Ella cuenta que no supo que su abuelo se llamaba realmente Liborio hasta los cuatro años.
La anécdota encierra una pregunta que después se trasladó a la ficción: ¿qué puede llevar a una persona a sentir tanta vergüenza de sí misma como para ocultar su propio nombre? Aura escribió la novela a los 19 años. A partir de aquella experiencia familiar, el nombre dejó de ser solamente una forma de identificar a alguien y se convirtió en una puerta hacia la identidad, la vergüenza y las etiquetas que la sociedad impone.
La película recupera esa inquietud. En el tráiler, una frase condensa la tensión del personaje: “Me llaman de muchas formas”. Liborio no solo tiene que encontrar su lugar en un entorno que lo mira desde fuera; también debe lidiar con las palabras que otros utilizan para definirlo.
Aura considera que una de las virtudes de la adaptación es que logra mirar al migrante más allá de esa condición. En su intervención, lo expresa desde una idea esencial: antes de ser migrantes, somos seres humanos. La película, dice, busca que el público pueda reír, emocionarse y experimentar lo que la historia provoque, sin reducirla a una lección sobre un tema social.
Jonás Cuarón: entrar en la imaginación de Liborio
Para Jonás Cuarón, el punto de partida fue la novela de Aura. Después de trabajar en Desierto, leyó el libro y encontró en la visión del personaje y, sobre todo, en su sentido del humor, una manera distinta de acercarse a la migración.
La conexión con Aura derivó en el desarrollo del guion. El director quería que el público se adentrara en el imaginario de Liborio, en su manera de procesar el mundo y en esa dimensión interior que suele quedar fuera cuando una historia se concentra únicamente en las circunstancias externas de la migración.
El humor fue una de las primeras claves. En sus apuntes sobre el proceso, el director explica que le entusiasmó desde el principio y que fue evolucionando durante el trabajo creativo. Liborio conservó su sentido del humor, pero adquirió una actitud cada vez más frontal: más entrón, con la cabeza en alto y un espíritu guerrillero.
Una película hecha en colaboración de Alfonso Cuarón
Aunque el nombre de Alfonso Cuarón está asociado al proyecto, el productor aclara que su participación fue más bien periférica. “Yo he sido más que nada un turista”, dice al explicar que el desarrollo de la película estuvo principalmente en manos de Jonás Cuarón, director, Nicolás Celis, productor y Gabriela Rodríguez.
Alfonso cuenta que visitó el rodaje en un par de ocasiones y que su intervención creativa se produjo sobre todo al revisar el corte de la película, conversar y discutir con el director. Después de ese intercambio, las decisiones finales corresponden a quien dirige. Su relación con el proyecto también está vinculada con su sociedad profesional con Gabriela Rodríguez.
Nicolás Celis también destaca el carácter humano de la historia y su potencial para conectar con públicos de México y otros lugares. Su testimonio apunta a una de las preguntas que acompañan a la película: cómo hacer que una experiencia ligada a un contexto específico encuentre resonancia en espectadores que no necesariamente han vivido esa misma realidad.
La película fue elegida para inaugurar el Festival Internacional de Cine de Morelia. Desde el festival, sus organizadores destacaron tanto su energía como la posibilidad de mostrar otra cara del cine mexicano.
Al final, quizá la provocación de Campeón Gabacho no esté en afirmar que el migrante puede ser fuerte, divertido o irreverente, como si esas cualidades fueran una excepción. Está en recordar que nunca debieron parecerlo. Que detrás de una condición social hay una persona entera, con contradicciones, deseos, imaginación y una manera propia de defender su lugar en el mundo.
Un migrante con huevos, sí. Pero antes que nada, un personaje que no cabe en la etiqueta que otros le pusieron.
Campeón Gabacho. Dir Jonás Cuarón.Protagonista: Juan Daniel García Treviño. Estreno 29 de octubre.

