Chicas Tristes
Cortesía Festival de Cine de Morelia Chicas Tristes | Chicas Tristes
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Chicas tristes: una película sobre la violencia sexual y el poder de la amistad

La ópera prima de Fernanda Tovar sigue a dos nadadoras adolescentes cuya amistad cambia después de una agresión sexual ¿Qué sigue? ¿Cómo se siguen queriendo los sueños después de algo así?

Liz Basaldúa
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¿Qué sigue? ¿Cómo se siguen queriendo los sueños después de algo así? Vimos Chicas Tristes, una película sobre la violencia sexual y el poder de la amistad, en el Festival de Cine de Morelia 2026. Va nuestra revisión.

Una fiesta, un chico que te gusta, las ganas de descubrir qué se siente al enamorarse. La adolescencia está llena de primeras veces y de ilusiones que parecen enormes. ¿Qué pasa cuando una experiencia que imaginabas de una manera se convierte en algo que nunca elegiste y que no sabes cómo contar?

En Chicas tristes, Paula (Darana Álvarez) y La Maestra (Rocío Guzmán) son dos amigas y nadadoras que entrenan para una competencia internacional en Brasil. Sus días transcurren entre la alberca, las bromas, los chicos que les gustan y los planes compartidos, hasta que una agresión sexual durante una fiesta cambia la vida de Paula y pone a prueba su amistad.

Mientras ella intenta procesar lo ocurrido, la maestra busca entender qué pasó y cómo ayudarla. Pero querer a alguien no significa saber qué hacer cuando esa persona sufre.


La directora y guionista Fernanda Tovar lo resume así: «No es una película sobre la violencia, sino sobre cómo se transforma la amistad cuando enfrentas una situación límite». Su interés, cuenta, nació de explorar esas zonas grises que no corresponden a la imagen convencional de una agresión y que resultan difíciles de nombrar.

La violencia funciona como contexto, en el centro están las dos jóvenes y las decisiones para las que ninguna está preparada. ¿Qué hace una amiga cuando la otra está sufriendo? ¿Pregunta, insiste, guarda silencio, busca ayuda? La película no ofrece respuestas sencillas. La Maestra quiere proteger a Paula, pero también se enfrenta a la impotencia de no poder reparar lo ocurrido y al miedo de equivocarse al intentar ayudar.

Guzmán y Álvarez construyen una relación que se siente viva. Antes de la tragedia hay confianza, humor y esa intimidad de contarle a una amiga quién te gusta y pedirle que intervenga por ti. Después, los mismos gestos adquieren otro peso. La amistad sigue ahí, pero ya no basta con comportarse como antes.

Tovar ha contado que la complicidad entre las actrices surgió desde el casting y creció durante los meses de preparación, las improvisaciones y las clases de natación que tomaron juntas. Esa cercanía se percibe en pantalla: sus actuaciones no dependen únicamente del diálogo, sino de cómo se miran, se buscan o comienzan a guardar distancia.

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