Andrew Stanton formó parte del pequeño grupo creativo que imaginó a Woody, Buzz y el universo de Toy Story cuando Pixar era apenas una apuesta tecnológica. Desde entonces, ha escrito o participado en algunas de las películas más importantes de la animación moderna, como la saga de Toy Story, Buscando a Nemo y WALL-E, entre otras. Es uno de los arquitectos originales de Pixar y ha visto crecer a estos personajes durante más de tres décadas.
Lo que comenzó en 1995 como la primera película realizada completamente por computadora, terminó convirtiéndose en una de las sagas más queridas de la historia del cine. Entre las cuatro entregas principales, Toy Story ha recaudado más de 3,300 millones de dólares en la taquilla mundial, ha ganado múltiples premios Oscar y ha acompañado a varias generaciones de espectadores.
Esta semana se estrena Toy Story 5, dirigida por Stanton, la cual plantea una pregunta muy actual: ¿qué lugar tienen los juguetes en un mundo dominado por pantallas? La historia reúne nuevamente a Woody, Buzz, Jessie y al resto de la pandilla cuando Bonnie desarrolla una obsesión por una nueva tableta llamada Lilypad. Por primera vez, los juguetes compiten contra la tecnología misma. Time Out México conversó con Andrew sobre crecer en un momento donde la tecnología nos domina, la importancia de la imaginación y la conexión humana.
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En la primera Toy Story, Woody se siente intimidado y reemplazable cuando llega Buzz. Llevas mucho tiempo en esta industria y constantemente aparecen nuevas tecnologías, nuevas voces y formas de contar historias. ¿Cómo ha cambiado para ti ese miedo a ser reemplazado? ¿Es algo que desaparece o simplemente aprendes a vivir con ello?
Andrew Stanton: Creo que siempre existe ese miedo. Siempre tienes la preocupación de hacer un mal trabajo y que alguien o algo termine reemplazándote. Pero más allá de ese sentimiento natural, no es algo en lo que piense demasiado. He tenido mucha suerte. He disfrutado una carrera muy larga y he podido hacer cosas increíbles. Si mañana me reemplazaran, estaría profundamente agradecido por todo lo que tuve la oportunidad de hacer. Así que no, no vivo con miedo.
Hay un momento que siempre llevo conmigo: la escena “When She Loved Me” de la segunda película. Esa canción nos permitió entender el dolor de Jessie y por qué conectamos tanto con ella. Ahora, en esta nueva entrega, regresamos a emociones parecidas. ¿Cómo fue volver a explorar esos sentimientos tan delicados para el personaje?
Andrew Stanton: Para mí fue algo que tenía muchas ganas de hacer. Yo formé parte del grupo que creó a Jessie, que construyó toda su historia de fondo y ese momento en la ventana. Era una escena triste, pero también muy verdadera. Llega un momento en la vida en que los hijos crecen. Es parecido a ser padre y preguntarte si recordarán todo el tiempo que compartieron contigo. Esa era una verdad dolorosa, y por eso sentíamos tanta empatía por Jessie. Siempre quise darle más consuelo al personaje, permitirle sanar un poco, pero nunca encontramos el momento adecuado para hacerlo en las películas anteriores. Cuando me propusieron dirigir Toy Story 5, fue literalmente lo primero que pensé. Quería volver a pasar tiempo con Jessie. Woody ya ha tenido mucho protagonismo. Se merece un descanso. Se merece simplemente disfrutar de la vida por un rato.
Mencionas que estuviste ahí cuando nació Jessie, pero también cuando nacieron Woody y Buzz. Se convirtieron en uno de los dúos más icónicos de la historia del cine. Al volver a ellos después de tantos años, ¿siguen siendo los mismos personajes de los noventa o sentiste que habían cambiado?
No son los mismos, y eso es precisamente lo que me encanta. Es la única razón por la que sigo disfrutando trabajar en las películas de Toy Story. Nosotros hacemos lo contrario a lo que suele ocurrir con muchas franquicias: dejamos que los personajes cambien. Dejamos que los niños crezcan. Dejamos que sus vidas evolucionen. Dejamos que los personajes maduren porque eso es exactamente lo que nos ocurre a nosotros. Incluso si te sentaras en una silla sin moverte durante años, cambiarías. El cambio es inevitable; forma parte de la vida. Una de las grandes alegrías de volver a Buzz y Woody es descubrir esas pequeñas diferencias, esas experiencias que los han transformado. Nos pasa igual cuando volvemos a encontrarnos con amigos de toda la vida.
Esta no es la primera vez que hablas de la relación entre los seres humanos y la tecnología. Ya lo hacías en WALL-E. En aquel entonces parecía una visión del futuro, pero hoy es nuestra realidad.
Andrew Stanton: Lo sé. Hice muchas predicciones en WALL-E. Me gusta acertar algunas veces, pero sinceramente no me gustó acertar en esa. Fui una de las primeras personas en tener un iPhone porque Steve Jobs era nuestro jefe. Estábamos en esa primera lista de amigos cercanos que recibieron uno. Recuerdo que durante el último año y medio de producción de WALL-E usaba el teléfono constantemente y pensé: “No puedo dejar de mirarlo. Estoy ignorando todo lo demás”. Se sentía como una adicción. Así que simplemente escribí sobre algo que estaba experimentando personalmente y lo llevé al peor escenario posible. Lo extraño es que ahora ese comportamiento se ha vuelto completamente normal.
La primera Toy Story le hablaba a una generación distinta. Ahora estamos frente a niños que crecieron rodeados de tabletas y pantallas. ¿Cómo abordas una infancia tan diferente a la tuya sin perder la conexión emocional con ellos?
Andrew Stanton: Aunque ellos tengan tecnología desde muy pequeños y nosotros no la tuviéramos, siguen siendo seres humanos. Son como nosotros. Todos hemos sido niños. Creo que tenemos mucho más en común de lo que pensamos, incluso si vivimos en épocas distintas. El deseo de imaginar, de jugar y de crear historias sigue estando dentro de todos los niños. Lo que pasa es que muchas veces no saben que pueden dejar la pantalla a un lado más de lo que creen. Se han hecho experimentos en escuelas y hogares donde se limitan o incluso se prohíben los dispositivos, y nadie termina quejándose; porque existe cierta paz y capacidad de concentración que surge simplemente de estar aburrido, convivir con otro niño y jugar. Creo que todos estamos intentando encontrar un equilibrio. Eso es precisamente lo que queríamos explorar en esta película. No queríamos decir que la tecnología es mala; queríamos hablar de equilibrio. Cada hogar es distinto, cada padre es distinto y cada niño es distinto. No existe una respuesta simple.
¿Recuerdas el primer momento en que te diste cuenta de que Toy Story se estaba convirtiendo en algo mucho más grande de lo que imaginaban?
Andrew Stanton: Sí. Fue la primera vez que mostramos la película terminada frente a una audiencia real, en Los Ángeles. Fue impactante. La reacción del público fue enorme. Incluso cuando se encendieron las luces, la gente seguía aplaudiendo, hablando y celebrando la película. Ahí fue cuando pensamos: “Está ocurriendo algo especial”. Fue una locura. También era una época diferente. Cuando algo era realmente popular, la gente hablaba de ello durante un año entero. Hoy, si algo se vuelve un fenómeno, la conversación dura una semana.

