Entrevista Sean Kaufman For All Mankind
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"Me sentí en casa": Sean Kaufman sobre For All Mankind

Conversamos con el actor sobre su llegada a la serie de ciencia ficción For All Mankind y el reto de heredar un legado televisivo

Stivi de Tivi
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For All Mankind empezó con una pregunta simple: ¿qué habría pasado si Estados Unidos no hubiera sido el primer país en conquistar la Luna? Cuatro temporadas después, la respuesta ya no está en nuestro satélite natural… está en Marte. La serie creció, el universo se expandió y ahora lo que está en juego no es llegar, sino quedarse.

Para quien nunca la ha visto, es una historia de ciencia ficción cargada de política, dinámicas familiares y decisiones que se heredan. Para los fans, es el momento exacto en el que todo lo construido empieza a pasarle factura a la siguiente generación.

Ahí es donde aparece Alex Baldwin. Lo interesante es que no es el típico protagonista de una epopeya espacial: él no eligió este mundo, nació en él. Es hijo y nieto de figuras clave en la historia, lo cual lo coloca en una posición incómoda. Carga con un apellido que pesa, una expectativa que nunca pidió y un entorno donde todo fue conquistado mucho antes de su llegada. Alex no busca ser el primero; simplemente intenta entender quién es en medio de todo ese caos.

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Y es justo ahí donde entra Sean Kaufman. Tras darse a conocer en proyectos juveniles como The Summer I Turned Pretty, se suma a una serie que le exige contención, peso emocional y una compleja historia detrás de cada decisión. Platicamos con Sean sobre su integración a la serie y sobre cómo encontrar tu propio lugar cuando parece que todo ya está escrito.

Estás interpretando a un personaje que carga con un legado muy importante dentro de la historia. ¿Cuándo fue la primera vez que entendiste que Alex no era solo "el nuevo", sino la continuación de una familia que la audiencia ha seguido durante años?

Probablemente desde la primera vez que vi la serie. Me di cuenta de lo importante que es mostrar el impacto que Ed y Kelly tienen, no solo entre ellos, sino en el mundo entero. Ed es un legado en sí mismo, y Kelly es un personaje increíble que sigue sus pasos. Es mucha presión, pero también hay algo muy bello en esta temporada: Alex tiene que enfrentarse a ese legado, al trauma generacional y a la presión heredada. Es una exploración fascinante del relevo generacional y del cruce entre distintas épocas.

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For All Mankind tiene su propia mitología, una base de fans muy fiel y un tono muy específico. Cuando entras a un universo ya construido, ¿cómo te adaptas a ese ritmo? ¿Cómo fue para ti ser el "chico nuevo" en un mundo tan establecido?

Intentas encajar lo mejor posible, pero también es importante aportar tu propia voz. Confié mucho en nuestros creadores, Ben y Matt. Desde el inicio me dijeron: “diviértete y lánzate”. Tuve que confiar en eso y pensé: "me eligieron por una razón". Sí, hay un tono, un ritmo y una velocidad que debes respetar, pero también debes confiar en que ellos quieren lo que tú puedes aportar. Al final, se trató de soltarme; es una serie seria, pero puedo ser divertido, puedo hacer una broma y seguir siendo yo mismo. Eso fue muy liberador.

Muchos te descubrimos en historias más ligeras. ¿Hubo un momento en el que dijiste: “quiero dejar eso atrás y buscar algo más pesado o inmersivo”?

Es una gran pregunta. Y la verdad, fue muy fácil. El equipo de diseño de producción es increíble. Recuerdo mi primer día en los estudios de Sony pensando: “¿cómo voy a imaginar que estoy en Marte si ni siquiera sé cómo es?”. Pero entras al set y es impresionante. De verdad crean Marte: las rocas, la tierra, los hábitats… todo. De pronto estás ahí y dices: “ya llegué”. Me sentí en casa, me sentí en Marte. Todo el mérito es del equipo, me hacen la vida como actor muchísimo más fácil.

La serie está construida sobre un gran “¿qué pasaría si…?”. Así que te pregunto: en tu vida personal, ¿cuál es ese “what if”? ¿Hay alguna decisión o camino sobre el que te preguntes cómo habría sido?

Creo que todos los actores tenemos uno. El mío siempre ha sido el béisbol. Antes de querer actuar, quería ser beisbolista y a veces pienso en eso… pero, sinceramente, creo que habría fracasado y hoy estaría en la ruina (ríe). Así que espero haber tomado el camino correcto.

Las historias espaciales suelen ser espectaculares, pero aquí se habla mucho de ambición, sacrificio y obsesión. ¿Te sorprendió el peso emocional que maneja la serie, incluso en lo que no se dice explícitamente?

Sí, totalmente. Mi parte favorita son las dinámicas humanas. Claro que es un gran espectáculo espacial, con la expansión del universo y los viajes a otros planetas. Es enorme, pero siempre regresa a algo muy simple: dos personas hablando. A una relación. A lo humano. Eso es lo que más me gusta, que está muy aterrizada en la realidad. Puedes preocuparte por el CGI o por aprender a manejar un rover, pero al final del día tienes una escena hablando con tu madre… y es solo eso: una conversación entre madre e hijo. Ahí es donde entiendes que, en el fondo, de eso trata todo.

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