“Venganza” es una apuesta por hacer cine de acción con escala en México. Dirigida por Rodrigo Valdés y producida por Amazon MGM Studios, la película sigue a un exmilitar de fuerzas especiales que, tras el asesinato de un ser querido, emprende una cruzada personal que lo arrastra a una espiral de violencia. Más allá de las secuencias físicas y la ambición técnica, el eje está en un protagonista desgastado, movido por el dolor y por decisiones que no son heroicas, sino humanas.
El proyecto también marca un punto importante en la carrera de Omar Chaparro, quien se ha consolidado en la comedia y el cine comercial. Aquí se despoja del humor para apostar por la contención, el silencio y la vulnerabilidad.
Time Out México conversó con Omar sobre el estreno en cines de “Venganza”, película que no solo busca competir con los grandes espectáculos americanos, sino demostrar que el cine de acción nacional puede sostener adrenalina, identidad y emoción sin copiar fórmulas ajenas.
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Alguna vez me hablaste de una película de acción que querías hacer y que no lograba concretarse, pero por fin se estrena “Venganza”, ¿qué era lo que no estabas dispuesto a soltar para que esta película finalmente sucediera?
Yo creo que siempre estuve dispuesto. Cuando entendimos la magnitud de esta película, todos movimos lo que teníamos que mover para que se hiciera realidad. Nos dimos cuenta de la visión de los productores, de Pablo Cruz, que está aquí; de la visión del director, Valdés, que es un geek del cine de acción, un verdadero genio. En mi caso, hablé con mi oficina y dije: “Esta película se tiene que hacer, sí o sí”. Es una película preciosa, diferente, que pone en alto el cine mexicano y el cine de acción. No había mucho que pensar.
Hablando del cine de acción, muchas veces los actores buscan mostrar fuerza. Pero aquí veo a un protagonista desgastado, vulnerable. ¿Qué querían transmitir con esta humanidad del héroe de acción?
Queríamos un héroe con el que el público pudiera conectar rápidamente. No un estereotipo, no un ser perfecto. La venganza, al final, nace de un error; es egoísta. Queríamos un personaje complejo, no simplemente un héroe invencible.
Es más complejo de actuar: ¿el odio o la lealtad?
Yo diría que la lealtad. El odio es un sentimiento del que, como intérprete, puedes agarrarte con mayor facilidad para mostrarlo. La lealtad es más gris; hay que construirla desde otro lugar, más interno.
¿Cómo fue para ti dejar de lado el impulso de intervenir constantemente y permitir que las cosas sucedieran desde la contención?
Ha sido un gran ejercicio, Enrique. Mi personalidad es hiperactiva; vengo mucho de la comedia, de llenar espacios, de reaccionar rápido. Aquí tuve la fortuna de trabajar con un equipo maravilloso y con un director que todos los días me pedía contención. Aprendí a domar ese impulso, a decir más sin palabras, a dejar que todo ocurriera por dentro. Fue un aprendizaje muy bello.
Si quitamos la palabra “venganza”, ¿de qué trata realmente esta película?
De lealtad, hermandad, amor y amistad.

