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Entrevista con Ricardo Silva

Charlamos sobre cine, junkies y Laura Bozzo

Foto:Cortesía Ricardo Silva

Mi primera impresión luego de ver Navajazo es de incertidumbre. No logro digerir a primera instancia lo que vi. Me pregunto qué tanto de ello es ficción y qué tanto es verdad. Me obsesiono, necesito saber.

A los pocos días pacto una entrevista con Ricardo Silva, el director de esta cinta tan envolvente y enigmática. Debido a diferencias de agenda, será vía telefónica, lo que le agrega una atmósfera de misterio que me parece fantástica y adecuada tanto por el personaje, como por el carácter de nuestra charla.

¿Navajazo es una cinta construida a partir de la realidad o una realidad construida a través de un filme?

Marco el teléfono usando la clave lada de Tijuana. Al otro lado se encuentra mi interlocutor. ¡Hola!, lo saludo. ¿Listo para hacer la entrevista? Claro, responde. Déjame cambiar el teléfono porque este ya no tiene pila. ¿Bueno...? La llamada se cortó. Marco luego de unos minutos. El enlace (por fin) es exitoso.

Intercambiamos un breve saludo. Tengo miedo de mostrar un entusiasmo desbordante.

"Navajazo no surgió como una película. La hice como tesis para la universidad en la que estudié. Soy disléxico, por lo que me llevo mejor con la imagen que con las palabras escritas", apunta.

Tiene sentido. El formato de la cinta apunta más hacia la exploración de una hipótesis que a la fórmula de un guión que define la acción.

La narración está dividida en capítulos que nos sumergen al área más repelente de la sociedad. Allí (en algunas zonas de Tijuana) habitan los olvidados, los marginados, el subproletariado.

"Contacté a las personas que aparecen en la película gracias a mi hermano. Balazos, peleas y drogas eran nuestro pan de cada día. Él formó parte de ese mundo y me ayudó a encontrar a personas así de curiosas".

Los protagonistas son personas rechazadas por la sociedad: dealers, drogadictos, cantautores satánicos, asesinos, actores porno y más.

Aunque en realidad ninguno de ellos se parece entre sí, comparten el mismo rechazo hacia las normas aceptadas por la mayoría. ¿Trabajar en una oficina con horario de 9 a 5? No, por favor. ¿Usar traje, corbata y zapato boleado? Eso no es para ellos. Lo suyo son la heroína, la música y el sexo.

"Al grabar una cinta de forma tan 'punk' te abres a circunstancias muy fuertes. Cuando grabamos el casting porno en el hotel, descubrimos que uno de los actores llevaba la maleta llena de piedra. Los policías nos catearon y fuimos a dar a la cárcel".

Tanto el entusiasmo como la ingenuidad de Ricardo Silva son evidentes en su voz. Es claro que está muy orgulloso de su trabajo y aunque se nota que es un tipo brillante, no se muestra "maleado", ni pretencioso.

Contactó a las personas que aparecen en pantalla y les dijo que filmarían una cinta. Todos se volvieron actores y así comenzó el juego entre realidad y ficción.

"Filmamos a uno de los personajes mientras se inyectaba heroína. Cuando terminó, caminó hacia nosotros y se desvaneció. No supimos qué hacer. Detuvimos la filmación para reanimarlo. Cuando despertó nos preguntó: '¿por qué dejaron de grabar?, pensé que eso estaría bueno para la película".

La cercanía de la cámara (y el director) con las situaciones y personajes que retrata es palpable. En algunos momentos el espectador se siente intruso de un universo que le es totalmente ajeno. Casi como un acto voyerista.

"Quise que la cámara tuviera vida propia, es decir, que fuera un personaje más del universo de Navajazo. Por eso aparece como un ojo que mira, pero también participa en la acción".

Silva menciona que trabajó en televisión creando reportajes falsos paralelos a historias de asesinatos reales. Todo para ofrecer una hipótesis al respecto.

"A lo mejor sí era poco ético lo que hacíamos, pero estábamos conscientes de ello. A raíz de eso me hablaron para trabajar con Laura Bozzo. ¿Te imaginas? De pronto me decían que necesitaban a chavitas embarazadas e iba al barrio a buscarlas. Fue una locura."

Luego de nuestra charla quedo aún más confundido. ¿Ricardo Silva es tan ingenioso que me engañó con la magia de su lente? ¿Es verdad todo lo que me contó en nuestra charla? Nunca lo sabré. Así como tampoco sabremos si esta entrevista en realidad sucedió o si sólo es un navajazo más.

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