La Banda parte de una idea muy sencilla: ¿qué harías si la única forma de salvar el trabajo de toda una comunidad fuera romper la ley? Ambientada en un pueblo del norte de México, cuya vida gira alrededor de una fábrica, la serie convierte a personas comunes en protagonistas de un plan desesperado, mezclando humor con una profunda reflexión sobre la lealtad y los límites de la moral.
Los personajes principales son interpretados por Miguel Rodarte, Paulina Gaitán y Tessa Ía. En Time Out México platicamos con ellos sobre este nuevo proyecto, el México que retrata y cómo ha cambiado la industria en los últimos años.
Durante mucho tiempo, el cine mexicano ha retratado al norte como un territorio marcado por la violencia y el crimen. La Banda, en cambio, nos lleva a un norte cotidiano: un lugar de trabajo, familia y comunidad. ¿Qué significa para ustedes cambiar esa mirada? Además, siento que esta historia no tendría el mismo impacto si ocurriera en la Ciudad de México.
Miguel Rodarte: Es una historia que sucede en un México rural, un México profundo donde una comunidad entera gira alrededor de una empresa. El dueño decide dejarle las acciones de la compañía a todos los trabajadores y le confía esa intención al subgerente, que es mi personaje. Justo cuando esa decisión va a hacerse oficial, el dueño muere y aparece su hijo para reclamar la empresa. Entonces, este grupo de personas empieza a preguntarse cómo puede cumplir la última voluntad del dueño.
Creo que es una historia que podría suceder en cualquier parte del mundo, pero no tendría las particularidades de Valle Soleado. Los personajes tienen una identidad muy propia del noreste mexicano, y eso le da una personalidad muy especial. También me gusta que la serie deje a un lado el tema del narcotráfico. Aquí vemos a personas con muy buenas intenciones que, poco a poco, empiezan a tomar decisiones equivocadas intentando hacer lo correcto.
Miguel, desde El Tigre de Santa Julia hasta Búnker o Sierra Madre, has construido una carrera interpretando personajes que rompen con la idea del héroe tradicional. Rafael también es un hombre común que cruza, poco a poco, sus propios límites morales. ¿Qué encuentras en este tipo de personajes?
Miguel Rodarte: Eso es, precisamente, lo que más me atrae. Son personajes llenos de contradicciones, y creo que así somos los seres humanos. Todos tenemos principios, sueños y metas que perseguimos. Lo interesante de Rafael es que, intentando hacer justicia y cumplir la voluntad del dueño para proteger el bienestar de las familias que dependen de la empresa, termina tomando decisiones impulsivas y desesperadas, pero siempre con un propósito noble. Eso les da una enorme riqueza a los personajes: no son completamente buenos ni completamente malos; viven debatiéndose entre sus principios y las causas que consideran justas. Además, desde Los Héroes del Norte no me enfrentaba a una comedia con un reto tan grande. Siento que La Banda propone una forma distinta, fresca y muy mexicana de hacer comedia.
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A ustedes les tocó crecer mientras la industria mexicana cambiaba: llegaron las plataformas, aumentaron las coproducciones y las series adquirieron una importancia que antes no tenían. ¿Qué reglas no escritas sobre ser actriz o actor sienten que desaparecieron?
Tessa Ía: Antes parecía que, si querías ser actriz, solo podías dedicarte a eso. Hoy puedes ser actriz, hacer música, pintar o desarrollar cualquier otra faceta artística. Antes existía mucho más esa idea de que debías permanecer en un solo cajón.
Paulina Gaitán: También había muchas menos oportunidades. Con la llegada de las plataformas, se abrieron muchísimas puertas y aparecieron más posibilidades para trabajar. Yo empecé muy joven y el "no" era parte del día a día: no hay suficientes oportunidades, no hay suficientes personajes femeninos. Con el tiempo, eso cambió. Hoy existen personajes femeninos mucho más complejos, hay más protagonistas y siento que la balanza, poco a poco, se ha ido equilibrando. Eso me emociona muchísimo, porque me toca vivir en una industria que sigue creciendo.
Miguel Rodarte: Cuando yo empecé, prácticamente no existía una carrera para un actor de cine. Recuerdo que, después de El Tigre de Santa Julia, la gran pregunta era: "¿Y ahora qué sigue?". En ese momento se decía, medio en broma y medio en serio, que cuando una película mexicana lograba estrenarse había que verla de rodillas, porque era casi un milagro. Hoy el público ha evolucionado muchísimo; ya entiende nuestros dramas, pero también nuestro humor. Antes importábamos casi por completo ese tipo de comedia desde Estados Unidos, pero ahora podemos hacer propuestas como La Banda, profundamente mexicanas, con una alta calidad y capaces de conectar con espectadores de otros países.
Si alguien quisiera entender quiénes son ustedes como artistas, ¿qué proyecto —quizá no el más famoso— les recomendarían ver?
Paulina Gaitán: Somos lo que hay y Sin Nombre fueron un parteaguas en mi carrera. Llegaron en una etapa muy complicada, entre la adolescencia y la madurez, y me ayudaron a confiar en mí, a disfrutar más mi trabajo y a dejar de juzgar tanto los proyectos en los que participaba.
Miguel Rodarte: Hay dos personajes que me marcaron muchísimo. Uno fue en Bala Mordida, donde interpreté a un policía de Naucalpan; era un personaje completamente distinto a mí y representó un reto enorme. El otro fue en Tiempo Compartido, un papel que me llevó a lugares emocionales que normalmente no acostumbro explorar, y que terminó dándome un Ariel.
Tessa Ía: Más que un proyecto como actriz, pensaría en mi música. Entre una película y otra pasan muchos meses, y la música me ha permitido seguir desarrollándome creativamente, no desesperarme y mantenerme activa. Es una faceta que mucha gente no conoce, pero que ha sido un apoyo y un sustento muy importante para mí.

