Supergirl no nació ayer… lleva décadas tratando de encontrar su lugar. Desde los cómics de los 50, donde era la prima de Superman que vivía un poco a su sombra, hasta la película de los 80 con Helen Slater, la etapa luminosa y optimista en televisión con Melissa Benoist, o la versión más cruda y contenida que vimos con Sasha Calle. Cada una ha sido un intento distinto de responder a la misma pregunta: ¿quién es Kara Zor-El?
Esta Supergirl no es una heroína lista para salvar el día. Llega con pérdida, con rabia, con un pasado que no se puede borrar. La historia (inspirada en el cómic Woman of Tomorrow) la pone en un viaje épico, donde acompaña a una joven en busca de justicia. Se trata menos sobre salvar al mundo y más sobre sobrevivir a ti misma. Detrás de esta película tenemos a Craig Gillespie, un director que ya ha demostrado que le interesan los personajes incómodos, que no buscan caer bien (I, Tonya, Cruella), y a Milly Alcock, a quien todos descubrimos en House of the Dragon.
Juntos están construyendo una Supergirl más humana e impredecible. Time Out México conversó con la actriz y el realizador sobre lo que pasa cuando decides enfrentar lo que te da miedo.
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Kara necesita un sol amarillo para alcanzar toda su fuerza. ¿Cuál es su “sol”? ¿Qué necesitan ustedes, emocional o creativamente, para poder hacer su mejor trabajo?
Craig Gillespie: Para mí es muy claro: mi esposa. Aunque no esté en el set todos los días, es mi punto de referencia constante, mi norte. Es quien me aterriza cuando todo se vuelve caótico, quien me recuerda por qué hago lo que hago. En medio de una producción, que puede ser intensa y absorbente, necesitas algo que no cambie, algo que te sostenga. Para mí, eso es ella.
Milly Alcock: Mi respuesta es mucho más simple… el sol, literalmente. Estar afuera, en contacto con la naturaleza, me devuelve a mí misma. Hay algo en salir, respirar aire real, sentir la luz, que te reconecta. Aunque estés trabajando en foros como Leavesden, que en teoría son espacios cerrados, siempre buscas esa sensación de luz natural, de apertura. Para mí, eso es lo que me centra.
Supergirl ha existido durante décadas. Ha tenido películas y series, pero no es el personaje más dominante dentro del imaginario de DC. ¿Eso es una limitación… o en realidad es una oportunidad?
Craig Gillespie: Yo lo veo completamente como una oportunidad. Como creador, pocas cosas son tan estimulantes como trabajar en un espacio donde las expectativas no están completamente definidas. Te permite subvertir, jugar, tomar riesgos. Además, el material de Tom King ya proponía una versión del personaje que se sentía distinta, más compleja e incluso más incómoda. Y tener la libertad de llevar esa visión más lejos, sin tener que encajarla en una idea preconcebida, fue de lo más emocionante del proceso.
Milly, leí que no estabas buscando entrar a una franquicia. Entonces, ¿por qué decir que sí a algo como esto?
Milly Alcock: Porque me dio miedo. Y creo que ese es un buen indicador. Las cosas que te asustan, que te incomodan, suelen ser las que más te hacen crecer. Hubo un momento en el que pensé: “¿Quién soy yo para rechazar algo así?”. Era una oportunidad enorme, sí, pero también un reto personal muy fuerte. Al final, sentí que si decía que no, iba a ser por miedo, y no quería tomar esa decisión desde ahí.
Superman suele ser dirigido como un símbolo, pero Supergirl parece resistirse a eso. ¿Cómo la abordas tú como director?
Craig Gillespie: Lo que me atrapó del personaje es que ella no quiere esa responsabilidad. No está buscando ser un símbolo, no está intentando representar algo para los demás. Y eso, de inmediato, la separa de Superman. Ahí nace un conflicto muy interesante, porque se vuelve algo profundamente humano: ¿qué responsabilidades decides asumir en tu vida y cuáles no? ¿Qué haces por ti y qué haces por los demás? Ese espacio de duda, de resistencia, es donde el personaje cobra vida.
Por último, si Superman representa lo que aspiramos a ser, entonces, ¿qué representa Supergirl?
Milly Alcock: Quiénes somos realmente.

