La isla olvidada de DreamWorks
Cortesía | Esmeralda Soto La isla olvidada
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Esmeralda Soto habla sobre su doblaje en La isla olvidada de DreamWorks

Los directores de El Gato con Botas 2 regresan con una cinta original, y la actriz mexicana nos revela los retos de este proyecto

Stivi de Tivi
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Joel Crawford y Januel Mercado llevan casi dos décadas trabajando juntos en DreamWorks. Se conocieron haciendo Kung Fu Panda 2, pasaron por Los Croods y después dirigieron la nominada al Oscar, Gato con botas: El último deseo. Luego de tantos años trabajando dentro de franquicias, decidieron hacer algo desde cero. De ahí nació La isla olvidada, una historia sobre dos mejores amigas, Jo y Raissa, que justo cuando están a punto de tomar caminos distintos, atraviesan un portal y terminan en una isla llena de criaturas de la mitología filipina; allí, para volver a casa, podrían tener que sacrificar todos los recuerdos que tienen juntas.

En medio de toda esa aventura está Jo: una niña intensa, divertida, impulsiva y que no parece tener ninguna intención de disculparse por ser como es. Para darle voz en México, encontraron a alguien que, curiosamente, también ha construido su carrera sin pedir permiso para encasillarse en una sola cosa: la actriz, comediante, cantante y creadora, Esmeralda Soto (La Flor más bella).

Platicamos con la actriz sobre lo que significa crecer sin dejar de ser tú misma, encontrar tu voz y construir una carrera a tu manera.

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En La isla olvidada, Jo está a punto de perder a la persona que mejor la conoce, Raissa. ¿Alguna vez has sentido que perder a alguien también significaba perder una versión de ti que sólo existía cuando estabas con esa persona?

Esmeralda Soto: Sí. Cuando grabé esta película recordé mucho el camino de mi mejor amiga y el mío. Nosotras teníamos pensado hacer un podcast juntas cuando apenas empezaban los podcasts; estoy hablando de hace seis años. También pensábamos vivir juntas y hacer muchas cosas, pero de repente la vida cambió cañón. Sí entendí mucho a Jo y a Raissa. Entendí ese momento en el que cambian los planes y empiezas a preguntarte: "¿Qué pasa cuando ya no vamos por el mismo camino?, ¿qué pasa cuando ya no podemos seguir juntas?". Todavía no podemos seguir juntas y es complicado, pero con esta película aprendí cómo el amor se transforma.

La isla olvidada de DreamWorks
CortesíaEsmeralda Soto La isla olvidada

En cámara puedes esconderte detrás de una mirada, un gesto o el cuerpo; en el doblaje no. ¿Qué descubriste de tu manera de actuar cuando te quitaron todo eso y sólo te quedó la voz?

Esmeralda Soto: Creo que me ayudó mucho como actriz a entender que se trata de estar ahí y que la voz sí es un instrumento que nos ayuda a actuar. Además, yo ya había estudiado doblaje. Mi primer taller lo tomé con Humberto Vélez y después estuve en distintas escuelas, así que, afortunadamente, ya tenía muy presente esa formación.

Jo puede ser “demasiado” para un mundo que muchas veces les pide a las niñas que no sean demasiado grandes, intensas, raras o ruidosas. ¿Qué te gustaría que una niña, que alguna vez se sintió “demasiado”, descubriera de sí misma cuando vea a Jo?

Esmeralda Soto: Me identifico muchísimo con Jo. Me pegó mucho verla esta vez en el cine, porque hay personas que todavía piensan: “Ella no te conviene, está loquita”. Creo que lo que más me gusta de esta película es ver cómo ellas son nuestras heroínas. Cómo estas mujeres, aunque pareciera que no hay espacio para nosotras, encuentran su lugar. Siempre vamos a encontrar a una Raissa. Es mentira eso de que nadie nos va a querer. Siempre hay espacio para el amor, también para personas grandotas como nosotras. Es romper paradigmas, buscar espacios, porque si fuera un hombre, es un "líder"; pero como somos mujeres, somos "mandonas". Creo que la película rompe mucho con esa concepción de que no podemos gritar o que no podemos ocupar espacio.

La isla olvidada de DreamWorks
CortesíaEsmeralda Soto La isla olvidada

En tu carrera has tomado decisiones que podrían parecer una locura: has cambiado de géneros, de medios y te has expuesto de distintas maneras. ¿Cuál ha sido la decisión que más miedo te dio tomar porque parecía la más irresponsable y que, con el tiempo, descubriste que era justamente la que necesitabas?

Esmeralda Soto: Yo creo que son dos: hacer stand-up y hacer música. Son cosas que parecen estar muy alejadas de la actuación. Me pasó cuando hice stand-up las primeras veces y no me fue bien. Sólo pensaba: "¿Qué hago aquí? Yo soy actriz. ¿Por qué estoy exponiéndome frente a cuatro borrachos?". Cuando hice música también pensaba: "¡Dewey, sal de ahí, esta no es tu familia!". Al menos sé que tengo el corazón de un artista; quién sabe si lo sea, espero que sí. Creo que se trata de aventarse al mundo y tomar riesgos en la vida. Yo estoy donde estoy porque he tomado todos estos riesgos que, al final, aportan. Afortunadamente, todo lo que hago no está nada alejado de la actuación.

Jo también está buscando su libertad. Tú has hablado de libertad y eres una mujer que parece defender mucho esa posibilidad de elegir tu propio camino. ¿Qué significa para ti ser libre?

Esmeralda Soto: Para mí, la libertad es realmente poder estar en paz con las decisiones que tomé. Tal vez para mí la libertad es tomarme el tiempo necesario. A Jo le dicen: "¡Deberías estar haciendo esto, deberías estar haciendo aquello!". Para mí, la libertad es tener el privilegio de poder tomarme el tiempo adecuado para hacer arte. Que nadie me presione a crear. Es un privilegio enorme, y Jo no lo tiene. Ella tiene que trabajar en Yum Yum Pollo, pero creo que lo que le pasa en Nakali es bastante refrescante, es como un gran momento de decir: "¡Ah, no, sí quiero ser artista!". Hace poquito un comediante, Coco Celis, dijo algo que me encantó: “Es de artistas trabajar en cosas que no son de arte”. Así siento a Jo, y así me siento a mí también con las redes y con otras cosas. Parece que son caminos distintos, pero absolutamente todo aporta.

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