Yermo de Everardo González
Foto: Cortesía de la producción

Everardo González nos lleva de viaje por el desierto con Yermo

El director mexicano presenta este documental en el que retrata sus viajes por 10 desiertos del mundo junto al artista Alfredo de Stefano

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Editado por
Gil Camargo
Escrito por
Stivi de Tivi
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El galardonado y respetado director documentalista, Everardo González, cumplió 20 años de carrera en la cual ha entregado piezas fundamentales para la cinematografía mexicana como Los ladrones viejos, El Paso y La libertad del Diablo (por la que ganó su cuarto premio Ariel a Mejor Documental).

Esta semana se estrena Yermo, su nuevo trabajo, el cual nos lleva por distintos desiertos del mundo para conocer a las personas que los habitan y hablar del ser humano rodeado de la inmensidad territorial. Aquí lo que nos contó

En Yermo te sentimos libre, ¿cómo nació el proyecto?
Un proyecto de esta naturaleza no se me hubiera ocurrido a mí nunca. Soy afortunado de que el artista plástico, Alfredo de Stefano, me invitó a viajar por 10 desiertos del mundo y que me haya permitido viajarlos con ligereza. Porque era él el que tomaba las decisiones más importantes de a dónde íbamos a ir, por cuánto tiempo y quien buscaba el financiamiento para hacerlo; entonces fue una gran oportunidad porque yo había sido convocado solo para acompañarlo en su proceso creativo y hacer un detrás de cámara de su trabajo. Como vez, no tenía ninguna presión, entonces vino la libertad absoluta. Si no es porque Alfredo me invitó, difícilmente hubiera salido a respirar tanto aire.

¿Qué encontraste aquí para decidir dejarlo todo?
No, no dejaba todo, hacía viajes de 15 o 20 días, solo hubo uno largo de un mes. Este es un proyecto que empezó en 2015, o sea que en medio de esto hice El Paso y La libertad del Diablo porque era un proyecto muy independiente, entonces todo dependía de la capacidad de gestión de Alfredo, si vendía una fotografía a un coleccionista, a una cadena de hoteleros o a un empresario. Si negociaba con una línea aérea, agencia de turismo de aventura, para que luego me avisara que nos íbamos un mes a Namibia. Dependemos de su capacidad para conseguir el dinero. No fue una película que nació persiguiendo fondos cinematográficos, ni siquiera fondos de la cultura por lo que todo fue voluntad y empeño de Alfredo de Stefano.

De ser un trabajo detrás de cámara distinto, ¿cómo se convierte en el documental que se acaba de estrenar?
Se cocinó durante muchos años. Al principio llegué a pensar que lo suyo eran los paisajes y lo mío las personas y esto creó una contradicción de mi persona haciendo un detrás de cámaras y empecé a pelear por una película que fuera distinta y se convirtió en Yermo. Por lo que Alfredo se convirtió en el productor mayoritario de la película cuando ya se sumaron voluntades para financiar, ahora con fondos cinematográficos y con el entendido de la industria.

Me llama la atención que hicieras Yermo mientras trabajabas en tus otras películas, las cuales tenían una fuerte carga densa por su violencia. ¿Fue fácil pasar de un género a otro?
Esa es una de las grandes bondades que regala hacer documentales. Uno tiene la posibilidad de vivir muchas vidas en el mismo año. Recuerdo que cuando estaba haciendo Los Ladrones Viejos también estaba haciendo un proyecto para unos arquitectos y yo recuerdo que mis días eran entre hablar con criminales y policías y hablar de arquitectura con otro cabrón completamente distinto. Esa bondad de transitar de una a otra realidad la regaló mi medio. Esa es la razón por la que voy a seguir haciendo documentales, porque me gusta esa posibilidad de vivir y ver muchas realidades, te abre mucho la perspectiva de lo que es la vida y eso es lo que me gusta porque hacer películas es una consecuencia de vivir.

¿Cómo te enfrentaste a la barrera del lenguaje en los países donde no hablaban español?
No la rompimos y esas es parte de las virtudes de la película. Nunca se logró romper esa barrera porque lo que los intérpretes me decían que hablaba el otro era una especulación y a veces metáfora. No fue hasta que hicimos un trabajo de investigación que nos dimos cuenta de lo que se hablaba y de lo que se hablaba era de nosotros como unos intrusos con una cámara. Y como te digo, eso al final fue la virtud porque de haber entendido lo que hablaba la gente yo hubiera derivado el proyecto a otro lado. Mejor o peor no lo sé, pero habría sido una película completamente distinta y el hecho de no entender nada durante el tiempo de rodaje se volvió también un pretexto para hablar de eso y de lo poco que entendemos a veces los cineastas de la realidad que filmamos, de lo intrusos y de lo voyeurs que somos.

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