En su esperada adaptación de Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, Guillermo del Toro retoma el mito fundacional del monstruo y su creador con una estructura tan clásica como ambiciosa: la película se divide en dos relatos espejo: la historia de Victor Frankenstein y la historia del monstruo. Desde aquí Del Toro construye un diálogo entre la obsesión humana por desafiar a Dios y la necesidad profunda de ser amado.
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¿De qué trata el Frankenstein de Guillermo del Toro?
La película inicia fiel al relato original de Shelley: un capitán que busca llegar al Polo Norte rescata de las aguas heladas a un moribundo Victor Frankenstein. Ya en el barco, Victor comienza a narrar su historia, aquí comienza la dualidad: la caída del científico y el despertar del ser que ha creado.
Del Toro construye una doble espiral de tragedia: Victor desciende progresivamente hacia la pérdida de su humanidad, consumido por la ambición y la culpa; mientras que el monstruo —nacido de la inocencia y la curiosidad— asciende hacia una forma de conciencia moral y dolorosa autocomprensión (muy propio de la filmografía de Del Toro). El punto de encuentro entre ambos, en medio del hielo polar, adquiere así un tono de redención compartida, donde el creador y su criatura terminan reflejándose mutuamente.
Aunque la película supera las dos horas y media, el ritmo nunca decae. Del Toro nos ofrece dinamismo, evitando la sensación de saber qué va a pasar.
El estilo de Del Toro impregnado por toda la cinta
Fiel a su estilo, Del Toro dota al monstruo de una humanidad desbordante. Más que un villano o una metáfora del pecado científico, es una criatura perdida, consciente de su soledad y de que nunca podrá pertenecer a ese mundo que habita. Esa mirada empática conecta con los temas habituales de Del Toro, donde los monstruos revelan la fragilidad de la humanidad.
Su vestuario, un deleite visual digno de ver en pantalla grande
El diseño de vestuario es otro de los grandes pilares. Ambientada en el siglo XIX, la estética traduce emociones: el rojo de la madre de Victor se convierte en un símbolo de ausencia y culpa; el pañuelo rojo del protagonista funciona como una herida visible, un recordatorio del amor que intenta reanimar. Elizabeth, interpretada por Mia Goth, contrasta con tonalidades suaves y accesorios de plumas cubiertos por velos, una imagen del deseo de libertad. En su encuentro más íntimo con el monstruo, aparece vestida con una bata transparente, símbolo de vulnerabilidad y comunión entre seres igualmente incompletos.
Con Frankenstein, Guillermo del Toro entrega una obra de madurez creativa: un relato gótico/romántico y profundamente humano que fiel a sus corrientes literarias, no teme al exceso ni al sentimiento. Una película sobre la creación, la pérdida y el anhelo imposible de regresar al calor del amor, cuando todo lo que queda alrededor es hielo.
Estrenos en Cines 23 de octubre. Estreno en Netflix Vie 7.
Por Yarid Mendoza
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