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Cortesía | La Obsesión

La Obsesión: El laberinto del duelo, la creación colectiva y el impulso de vivir

Duelo, solidaridad y resiliencia se entrelazan en La Obsesión, cortometraje co-dirigido por Ángel Caballero y Lucía Cancino. Una humana mirada a la pérdida.
  • Cine, Drama
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Time Out dice

Atravesar la pérdida de un hijo es adentrarse en una de las vivencias más devastadoras e inefables de la condición humana. En el cine independiente mexicano, el cortometraje La Obsesión propone un retrato sensible, contemplativo y naturalista sobre las fracturas emocionales en una pareja, cuestionando cómo cada persona transita la ausencia a ritmos desfasados.

Un proyecto nacido del impulso y la solidaridad en el set


El origen de la obra está profundamente ligado a un acto de generosidad e impulso creativo. En entrevista, Ángel Caballero relata que todo comenzó por su deseo de apoyar a Lucía Cancino, una mujer de la tercera edad apasionada por el cine que no encontraba respaldos institucionales ni presupuestales para filmar sus guiones. Caballero decidió acompañarla activamente con la consigna de evitar que sus historias se quedaran únicamente en el papel, ofreciéndose en un inicio para realizar la fotografía y la producción sin cobrar sus honorarios.

Sin embargo, la dinámica en el set transformó el proyecto de forma inesperada. Ante la falta de experiencia técnica de Lucía para dirigir actores durante el rodaje, todo el equipo sumó esfuerzos para sacar la historia adelante. Caballero asumió la co-dirección técnica y actoral junto a los intérpretes Imelda Castro y Denis Vendel, quienes a través de procesos de improvisación y valiosas propuestas orgánicas reestructuraron la idea inicial hasta convertirla en un guion firmado a cuatro manos.

Desaceleración contemplativa frente al ritmo de mercado


Distante de las fórmulas comerciales de consumo acelerado impulsadas por las redes sociales, la propuesta visual apuesta conscientemente por un lenguaje contemplativo. Rodado de manera independiente utilizando únicamente luz natural y lentes de gran angular para acentuar el aislamiento físico y emocional de los personajes dentro de su propio hogar, el corto invita a habitar el silencio de una casa que se vuelve fría y ajena.

Durante la charla, Caballero reflexiona sobre el proceso de adaptar las referencias iniciales a Alicia en el País de las Maravillas para alejarse del melodrama acusativo tradicional. La madre se refugia en la lectura y llama "conejo" a su hijo fallecido como una vía desesperada para sobrellevar la culpa, mientras el padre adopta una coraza de fortaleza laboral y distanciamiento emocional, postergando un dolor que estallará una vez que ella logre sobrevivir al intento de suicidio y decida marcharse para reconstruir su vida.

La sublimación del dolor y la pantalla grande


Para Caballero, el proyecto guarda además resonancias personales profundamente conectadas con su propia experiencia de orfandad y pérdida (habiendo quedado huérfano de madre a los dos años). Lejos de ser un estado paralizante, concibe la ausencia como un ente vivo que puede guiar hacia la autoconstrucción, permitiendo que la protagonista elija finalmente la vida y la reinvención personal en un entorno cotidiano.

El realizador destaca que el cortometraje ha detonado reflexiones muy profundas, especialmente entre adultos mayores y parejas que conectan de inmediato con la fragilidad de sus protagonistas. Con la firme intención de proyectar la obra en salas de cine, asilos y espacios comunitarios, la producción busca abrir un diálogo honesto sobre la salud emocional, los vínculos afectivos y la empatía en los procesos de duelo.

Dónde y cuándo ver

El cortometraje tendrá una función especial con entrada gratuita el próximo domingo 10 de agosto en el Cine Lido, espacio ubicado en Avenida Tamaulipas 202, en la colonia Hipódromo Condesa de la Ciudad de México.

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