Mamoru Hosoda es, sin duda, uno de los grandes autores del anime contemporáneo. Comenzó su carrera en los años noventa en Toei Animation y, con el tiempo, se convirtió en una voz única dentro de la animación mundial gracias a películas como Wolf Children, The Boy and the Beast y Belle; historias donde la fantasía siempre sirve para hablar de algo profundamente humano: la familia, la pérdida y el crecimiento.
Con Mirai, obtuvo una nominación al Oscar a Mejor Película Animada —algo muy poco común para un director japonés fuera de Studio Ghibli— y con Belle alcanzó su mayor éxito internacional, estrenando en Cannes y consolidándose como uno de los cineastas más respetados de la actualidad. Además, fundó Studio Chizu para tener libertad creativa total sobre sus proyectos.
Ahora regresa con Scarlet, probablemente su película más oscura hasta la fecha. La historia sigue a una princesa guerrera consumida por la venganza, quien atraviesa un extraño mundo intermedio que refleja su rabia, su dolor y las cicatrices de la violencia. El propio Hosoda ha señalado que no quería mostrar la violencia como un espectáculo, sino evidenciar las marcas que deja en el cuerpo y en el corazón. Por ello, esta es una obra más dura y emocionalmente intensa que sus trabajos anteriores. Es una historia que comienza con sed de venganza, pero que en el fondo plantea una interrogante mucho más profunda: ¿qué pasa cuando la rabia deja de sostenerte y tienes que decidir cómo vivir después de la pérdida?
Time Out México conversó con el respetado cineasta sobre su nueva cinta, que acaba de llegar a las salas de todo el país.
¿Te preocupa repetirte como cineasta? ¿Es Scarlet una rebelión contra tu propio legado?
La ansiedad de repetirme siempre está presente. Todos los creadores desarrollamos un estilo y ciertas formas de contar historias que se vuelven naturales, y eso no es necesariamente algo negativo. El problema aparece cuando uno se vuelve complaciente con ese estilo; entonces el trabajo se vuelve seguro y deja de sorprender. En ese sentido, Scarlet también es un desafío a mi propio pasado. Muchos de los temas que atraviesan mis películas siguen aquí: la relación entre padres e hijos, la pérdida, los mundos paralelos y el crecimiento de un protagonista joven. Sin embargo, esta vez los abordo de una forma mucho más dura, oscura y cercana a la violencia. No quería destruir lo que he construido con mis películas anteriores, sino comprobar si todavía existía un lugar más allá al que pudiera llegar como narrador.
Este es probablemente tu filme más violento. ¿Estabas poniendo a prueba al público… o a ti mismo?
Creo que a ambos. Quería ofrecerle al público una experiencia distinta, pero también era un desafío personal. Nunca me interesó mostrar la violencia como espectáculo; sin embargo, si quieres hablar de venganza y de los ciclos de conflicto entre las personas, no puedes evitar el dolor real que implican. Si la violencia se presenta de una manera demasiado abstracta o estéticamente "bella", terminas alejándote de la verdad. Por eso, en Scarlet me interesaba mostrar las huellas que la violencia deja en el cuerpo y en el corazón humano. Más que poner a prueba al público, sentí que quien estaba siendo puesto a prueba era yo mismo: quería saber si realmente tenía la responsabilidad y la determinación para retratar algo tan doloroso sin convertirlo en simple entretenimiento.
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Fundaste Studio Chizu para proteger tu libertad creativa. ¿Qué precio tuvo esa libertad al hacer una película tan oscura como Scarlet?
Para mí, la libertad no significa hacer lo que uno quiera, sino asumir la responsabilidad de las decisiones que toma. Fundé Studio Chizu precisamente para poder hacer películas bajo nuestros propios términos, sin seguir un camino seguro o predeterminado por otros. Esa libertad nos permitió explorar territorios más oscuros y violentos con Scarlet, pero también tiene un costo: cuando trabajas así, nunca sabes cómo reaccionará el público. La película puede alejarse de la imagen que la gente espera de ti. Después de que Mirai fuera nominada al Oscar, esa expectativa se volvió todavía más fuerte. El riesgo es empezar a seguir, inconscientemente, lo que otros esperan que hagas. Por eso, más que volverme más valiente, el reconocimiento me hizo pensar con mayor cuidado qué tipo de historia tenía sentido contar en el mundo actual. Tal vez el verdadero precio de la libertad es renunciar a la comodidad de la certeza.
Scarlet comienza como una historia de venganza. ¿Crees que la rabia puede ser un motor creativo?
La rabia puede ser un punto de partida muy poderoso. Cuando ves una injusticia, cuando algo que debería protegerse es destruido con facilidad, es natural sentir enojo. Esa emoción puede convertirse en una fuerza que impulsa una obra. Pero también creo que crear únicamente desde la rabia limita tu perspectiva. La rabia es energía, pero por sí sola no puede expresar la complejidad de los seres humanos. Por eso, Scarlet comienza con la rabia y el deseo de venganza, pero la historia explora a su vez el peligro de permitir que esa emoción domine toda una vida. En la película, la protagonista necesita romperse por completo antes de poder cambiar. A veces, el cambio no comienza cuando añadimos algo nuevo, sino cuando aquello que nos sostenía —nuestra rabia, nuestras certezas— finalmente se derrumba y nos obliga a preguntarnos: ¿cómo quiero vivir realmente?

