Victoria Cabrera Escobar MICGénero 2025
Foto: Cortesía
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MICGénero 2025, su directora, Victoria Cabrera Escobar, nos cuenta qué esperar

Platicamos con la directora de MICGénero 2025 sobre su edición 14, su programación y el impacto de llevar cine a todo México

Ángel Arroyo
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Más que un festival, MICGénero se ha consolidado como un espacio de reflexión colectiva a través del cine. En su edición 2025, la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género celebra 14 años de existencia con una programación que incluye 12 categorías temáticas, retrospectivas, funciones especiales y actividades que invitan a cuestionar las estructuras sociales. Para conocer más sobre los retos, objetivos y sorpresas de esta edición, conversamos en entrevista con Victoria Cabrera Escobar, su directiva operativa, quien nos reveló cómo este encuentro cinematográfico sigue transformando miradas y generando diálogos en 13 estados de México.

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¿Cómo surgió la idea del festival MICGénero y cuál fue el impulso inicial para crearlo en 2011?

En ese momento ya existían festivales que dedicaban alguna sección a la diversidad sexual, a la comunidad LGBT o a los derechos humanos, pero no había uno exclusivo que integrara todos estos temas. La idea fue justamente focalizarlo y darle toda la atención a los estudios de género, los feminismos y los derechos humanos.

¿De qué manera ha evolucionado el festival a lo largo de los años y cómo lo ha transformado el contexto sociopolítico actual?

Cuando iniciamos apenas se comenzaba a hablar públicamente de estos temas, fuera de los espacios académicos. Había estigmas y tabúes. Con el tiempo, la sociedad civil se ha interesado más, se ha hecho visible la desigualdad, y los feminismos han tomado fuerza. Además, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU influyeron en políticas públicas y obligaron a incorporar la perspectiva de género en distintos programas. Eso nos ha permitido avanzar. Sin embargo, hoy vemos que los derechos también se pueden perder, y por eso siguen siendo necesarios estos espacios de diálogo.

¿Cuál es el criterio central que guía la curaduría de la selección oficial?

Buscamos películas que dialoguen con el contexto actual, de máximo dos años atrás. Combinamos calidad cinematográfica con un fuerte contenido social o antropológico. Tenemos 12 categorías temáticas —como derechos sexuales y reproductivos, ecofeminismo, infancias, migración— que cruzan miradas desde los estudios de género y los derechos humanos. No se trata de un género cinematográfico en particular, sino de temas que atraviesan la vida de todas las personas.

En 2025 pusieron especial énfasis en la migración y el ecofeminismo. ¿Por qué destacar estos ejes en este momento histórico?

Son procesos humanos que siempre han estado presentes en el festival. Pero al verlos desde la perspectiva de género, se revela cómo impactan de manera distinta según la identidad: no es lo mismo migrar siendo mujer, hombre heterosexual o persona LGBT+. Dado el contexto global actual, es urgente abrir más espacios de reflexión sobre estas desigualdades.

Este año el festival llega a 13 estados, 24 municipios y hasta Argentina. ¿Cuál ha sido el mayor reto logístico para llevarlo a cabo?

Victoria: Hacer un festival siempre es una locura. Cada edición implica empezar casi de cero, tocar puertas en instituciones, centros culturales o gobiernos locales. Pero lo hacemos porque queremos descentralizar la cultura: no quedarnos solo en la Ciudad de México, sino llevar este trabajo de programación y cine a más lugares. El reto principal es coordinar tantas sedes y agendas, pero con el equipo lo logramos.

¿Qué películas de esta edición destacarías como imperdibles?

Todas valen la pena, pero hay algunas muy especiales. Por ejemplo, A Fidai Film, que rescata material de archivo sobre Palestina. Nos recuerda que lo que hoy vemos no es nuevo, sino parte de un proceso histórico de décadas. También Género salsa, una película colombiana con la que inauguraremos el festival. Muestra cómo en el baile los roles de género están muy marcados, pero pueden transformarse. Además, tendremos una clase pública de salsa no hegemónica para llevar esa reflexión a la práctica.

No es lo mismo presentar películas en la Ciudad de México que en otras ciudades del país. ¿Cómo equilibran el respeto a los contextos locales con los valores del festival?

Siempre evaluamos los públicos de cada sede, qué podría resonar mejor con ellos. Pero también buscamos incluir películas que incomoden, que cuestionen, porque esa es parte de la esencia del festival. Nos interesa que la programación sea transgresiva y que provoque nuevas conversaciones.

Después de vivir la experiencia de MICGénero, ¿qué te gustaría que el público se lleve consigo?

Más que respuestas, preguntas. Creo que lo más valioso es que el festival despierte curiosidad, que genere nuevas inquietudes y diálogos con otras personas. Eso abre caminos de reflexión y convierte cada función o conversatorio en un espacio colectivo, catártico y enriquecedor.

Revisa aquí el programa de Mano completo

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