Michelle Garza Cervera reinventa La mano que mece la cuna
Foto: Cortesía
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Michelle Garza Cervera reinventa La mano que mece la cuna en su debut en Hollywood

La directora de Huesera presenta una nueva versión del clásico noventero, explorando trauma generacional y horror doméstico.

Stivi de Tivi
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En 1992, La mano que mece la cuna, dirigida por Curtis Hanson, se volvió uno de los thrillers psicológicos más perturbadores de su época. Hoy, más de treinta años después, Michelle Garza Cervera —una de las voces más sólidas del nuevo cine de horror mexicano— revisita este clásico noventero para darle una perspectiva femenina y latinoamericana. Tras el impacto de Huesera, la directora debuta en Hollywood con su reinterpretación del filme, que llega el 24 de octubre a Disney+.

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¿Cómo empieza este nuevo reto para tu carrera?

Mira, la verdad es que fue gracias a Huesera. La película llegó a 20th Century Studios; la vieron y a uno de los ejecutivos le encantó. Se acercaron y me invitaron a proyectarla en las oficinas de Disney, que es donde ahora está 20th Century. Desde entonces comencé una conversación con ellos, quienes me contaron que llevaban mucho tiempo buscando ideas para recrear La mano que mece la cuna. Esa idea se quedó colgando en mi cabeza. Un día les presenté un concepto que les gustó mucho y desde entonces empecé a trabajar con ellos. Todo fue muy orgánico, avanzó de manera muy natural. Llegó un punto en el que ya estaba todo listo para que se hiciera la película. Dije: “Okay, quiero ver qué es esto de hacer una película de estudio en Hollywood”. Ha sido un proyecto muy afortunado; me he sentido muy bendecida y rodeada de colegas y un equipo maravilloso. He aprendido muchísimo.

¿Cómo cambió tu manera de comunicar miedo en otro idioma y en otro sistema?

El proceso específico de construir personajes, historia y lenguaje de cámara es el mismo. Empiezas a entender al personaje, su atmósfera, las herramientas que tienes. Ya que me clavé en el diseño particular de la película, me sentí muy en casa. Traté de entender la ciudad de Los Ángeles; me rodeé de personas para investigar. Uno de mis hermanos vivió aquí mucho tiempo y, por supuesto, tenía un guionista increíble que conoce muy bien la ciudad. También fue mucho de confiar. Yo narré una película en la Ciudad de México, que es donde crecí, y siempre es distinto crear una película en una ciudad nueva. Pero esa distancia a veces te da perspectivas interesantes. Culturalmente sí fue toda una aventura para mí, pero la técnica de hacer cine, de dirigir cine, me hizo sentir en casa. Tuve un equipo que se alineó muy bien con mi forma de trabajo.

Ya que mencionamos Huesera, la maternidad está presente en ese filme, pero también en esta película. ¿Qué te llama la atención de tocar este tema?

La verdad es que La mano que mece la cuna tiene muchos elementos de maternidad alrededor de la niñera. Hay un juego generacional entre mujeres en una misma casa, pero creo que el corazón de esta película es distinto. No se enfoca en la identidad alrededor del embarazo, como fue con Huesera. Aquí hablamos más del trauma generacional, de esos momentos de la infancia que queremos evadir, pero que definen tu presente. Yo tenía muchas ganas de retar esta idea del thriller donde no siempre está clara la línea entre el bien y el mal. Quería construir dos personajes entre los que fuera difícil tomar una posición, donde la víctima pudiera convertirse en perpetradora. Había un juego muy interesante entre personajes, que también es gran parte del corazón de la película. Amo el horror doméstico; me encanta cuando una casa donde todo “debería” estar bien esconde cosas terribles. He ido construyendo una visión propia sobre eso.

Oye, el casting es fabuloso: tenemos a la legendaria Ramona Flowers, Mary Elizabeth Winstead, y a Maika Monroe, que es la chica del terror en este momento. ¿Tú tuviste decisión para elegirlas y cómo fue trabajar con mujeres tan importantes?

La verdad fue fantástico. Yo seguía pinchándome porque no podía creer que estaba dirigiendo a este par de actrices increíbles. Al principio sí estaba intimidada: llevo tantos años admirándolas, viéndolas en pantalla… y luego conocerlas en persona. Pero cuando empezamos a trabajar, son tan específicas, tan enfocadas; ambas tienen maneras distintas de trabajar. Algo que me encanta de dirigir actores es acoplarme, aprender y entender sus métodos. Las dos tienen una comprensión muy interesante de sus personajes. Tuve mucha opinión al respecto y muchas conversaciones con el estudio. Estoy muy feliz de que al final logramos encontrarlas. También había un tema importante con la química entre ellas y el parecido. Fueron muchas conversaciones, pero llegamos a este cast maravilloso.

Yo recuerdo haberla visto mil veces en Canal 5, La mano que mece la cuna. ¿Qué recuerdas de la película original?

Nosotras la estudiamos cuando estábamos escribiendo Huesera. Hubo un momento en que la vimos y la comentamos con varias personas del equipo. La tenía muy presente como uno de esos thrillers icónicos de los años noventa. Algo increíble de la original es esta idea de alguien que quiere tomar tu lugar en tu propia casa. Eso me parece extremadamente macabro: ese juego de poder donde alguien que parece no tener control empieza a quitártelo. Para mí fue un gran reto, pero construimos una historia completamente distinta, con otros personajes, otros temas. Mantuvimos esa “caja de arena” de la película original: grandes conceptos, como una niñera que llega a una casa con intenciones ocultas.

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