Durante cuatro temporadas, Tom Clancy's Jack Ryan convirtió el espionaje político en una experiencia profundamente humana, retratando a hombres exhaustos, operaciones clandestinas y personajes que comprendieron, tal vez demasiado tarde, que cumplir una misión a menudo cuesta una vida normal. Aunque el rostro principal siempre fue Jack Ryan (John Krasinski), junto a él había dos figuras que terminaron robándose el corazón de los fans: James Greer y Mike November.
Greer, interpretado por Wendell Pierce, representa la conciencia cansada de la CIA; un veterano que ha visto cómo el sistema quiebra a las personas. Por su parte, Mike November (Michael Kelly) es el operador más pragmático y peligroso del universo de Jack Ryan, un hombre que conoce a la perfección los engranajes más sucios del espionaje.
Si nunca has visto la serie, esto es lo único que necesitas saber antes de sumergirte en Ghost War: estos personajes no son superhéroes, son sobrevivientes. Wendell Pierce lleva décadas construyendo personajes de enorme peso emocional en series como The Wire, mientras que Michael Kelly se consolidó como uno de los rostros definitivos del thriller político moderno gracias a House of Cards. Conversamos con ambos actores sobre esta película, que pone el broche de oro a la franquicia y se estrena esta semana en Amazon Prime Video.
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Hay muchísimos thrillers de espionaje en la actualidad. ¿Qué hace diferente a Ghost War?
Michael Kelly: Esta película es como subirte a un cohete. Entras y no se detiene hasta que aparecen los créditos. Tiene espionaje internacional, grandes locaciones y muchísima acción, pero también escenas muy profundas entre los personajes.
Wendell Pierce: Y creo que eso es precisamente lo que la separa de otros thrillers. Estos personajes están muy desarrollados. Entiendes sus relaciones, lo que quieren y lo que necesitan unos de otros, y eso hace que toda la acción importe mucho más a nivel emocional.
Después de tantos años viviendo estas historias de espionaje, ¿qué descubrieron sobre estos hombres más allá de la acción?
Michael Kelly: Creo que mi escena favorita fue un momento emocional entre nosotros dos, donde hablo sobre la familia y sobre cómo nosotros tres somos, probablemente, la única familia que tendremos. Estos hombres y mujeres que hacen este trabajo en la vida real terminan convirtiéndose en familia. Tienen que hacerlo, porque muchas veces están demasiado lejos de las suyas o ya no tienen una; esta vida es demasiado dura. Estábamos ahí, bajo la lluvia, actuando esa escena juntos y fue hermoso. Mientras grabábamos, sabíamos que estaba pasando algo especial. Hay momentos donde simplemente lo sientes. En una película que nunca deja de avanzar, tener un instante tan humano fue de mis cosas favoritas.
Wendell Pierce: Después de tantos años, desarrollas una relación personal con estos personajes. Empiezan a sentirse como viejos amigos. Además, James Greer es una mezcla de muchas personas que conocí durante la investigación y preparación que realicé a lo largo de estos años. Así que regresar y volver a pensar en cómo ve el mundo o cómo procesa las cosas fue algo muy especial. Ahora, en formato de película, pudimos profundizar todavía más en sus emociones.
Mike November tiene algo muy distinto a otros personajes de espionaje. ¿Qué es lo que más disfrutas de él?
Michael Kelly: Amo interpretar a este tipo. Honestamente, quiero hacer esto todos los días. Lo curioso es que habían pasado tres años y no se sintió así para nada; sentí que simplemente regresé a sus zapatos. Mike es muy divertido porque tiene algo peligroso, algo sucio —probablemente un poco más sucio que yo—, pero también tiene corazón. Regresar con esta banda, reencontrarnos todos y además sumar a Sienna Miller fue increíble. Desde el primer momento se sintió como si nunca hubiéramos dejado de trabajar juntos.
Después de tantos años de carrera, ¿todavía hay escenas que te hacen sentir adrenalina real?
Wendell Pierce: Sí, totalmente. Hubo una secuencia en la que tuve que manejar por todo Londres y fue una locura. De verdad deseo que todo el mundo pueda vivir algo así alguna vez. Íbamos a una velocidad absurda y, además, era una de las primeras veces en mucho tiempo que permitían grabar algo así en la ciudad. Lo más surrealista era que yo iba en el asiento delantero fingiendo manejar, mientras el conductor real estaba atrás controlando todo. En ese momento piensas: "¿Cómo terminé aquí?". Fue una mezcla entre miedo absoluto y diversión total.

