Los Roses
Foto: Cortesía Disney
Foto: Cortesía Disney

Olivia Colman y Benedict Cumberbatch protagonizan Los Roses, el remake de La guerra de los Roses

Jay Roach y Tony McNamara revelan cómo actualizaron la icónica comedia negra para conectar con la audiencia actual.

Stivi de Tivi
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Esta semana llega a cines Los Roses, el esperado remake de la clásica La guerra de los Roses (1989), la comedia negra de culto dirigida por Danny DeVito que mostró cómo un matrimonio aparentemente perfecto podía convertirse en un campo de batalla. Ahora, bajo la dirección de Jay Roach (Austin Powers, Trumbo) y con guion de Tony McNamara (The Favourite, The Great), la historia revive con un humor ácido y una mirada contemporánea que conecta con la sensibilidad actual.

Time Out México conversó con Roach y McNamara sobre cómo reinventaron este clásico para una nueva generación.

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Tony, ¿cuándo fue la primera vez que descubriste que a la audiencia le gustaba tu humor retorcido?

Tony McNamara: Creo que fue con mi primera obra de teatro. Yo solía escribir para teatro y la primera que hice era una comedia oscura. La audiencia se entregó a ella a los dos minutos; ahí fue donde pensé: tal vez a la gente le gusta esto. Me dije: creo que este es el camino y todo estará bien.

La película La guerra de los Roses es ahora un clásico de culto. ¿Qué fue lo primero que pensaron: “esto debo cambiar” o “esto será lo primero en lo que trabajaré”?

Tony McNamara: No quería hacer un remake directo de esa película porque James L. Brooks es un genio y no había manera de entrar en su terreno. Además, tiene mucha comedia física y yo no sé trabajar con eso al escribir. Entonces me enfoqué en hacer una historia centrada en un divorcio y en cómo destruir a la otra persona. Quería escribir una película sobre una pareja que desesperadamente intenta seguir casada y, en el camino, toma malas decisiones que los alejan cada vez más. Esa fue la primera idea que quise desarrollar.

Jay Roach: Me encanta esa película. Danny DeVito es un maestro de la comedia oscura y yo quería hacer algo con ella, pero no encontraba la forma… hasta que Tony escribió el guion y me lo ofreció. Él la reimaginó de una manera tan hermosa. Creo que la diferencia entre esa película y la nuestra es que Olivia y Benedict interpretan personajes que realmente te importan: sabes que se aman, aunque se digan y hagan cosas terribles. Bajo todo ese caos todavía hay un interés mutuo. Fue atrevido cambiar la historia como lo hizo Tony, pero también fue la decisión correcta.

¿Cómo fue trabajar con Olivia Colman y Benedict Cumberbatch, quienes además de protagonizar el filme son productores ejecutivos?

Jay Roach: Ellos son muy distintos. Benedict se parece un poco a Theo por su confianza, su pose y su control. Es una persona muy graciosa, a veces sin darse cuenta, incluso en proyectos como Patrick Melrose o Sherlock Holmes. Piensa como director, es un narrador de historias y ha trabajado con cineastas increíbles. Olivia, en cambio, lo hace parecer todo muy sencillo, como su personaje. Pero mientras más la conoces, descubres el enorme trabajo que hay detrás: está completamente entregada. Sus personalidades contrastan y justo por eso funcionan tan bien juntos.

Tony McNamara: Cuando entré al proyecto, ya sabía que ellos producirían y serían los protagonistas. Escribí los personajes pensando en ellos. Con Olivia ya había trabajado antes y conocía bien su ritmo; con Ben, al ver su trabajo, pensé: esto va a encajar. Y así fue, se fue perfeccionando mientras escribía.

Jay, lo que me encanta de tu trabajo es que siempre gira en torno a la comedia, pero mezclas drama político, thriller y crítica social. ¿Cómo logras balancear esos tonos sin perder el ritmo cómico?

Jay Roach: Aprecio mucho ese comentario. Tuve como mentor a Sidney Pollack, que hacía desde dramas como Jeremiah Johnson, The Slender Thread o Out of Africa, hasta comedias como Tootsie. Siempre admiré su capacidad para hacer que cada película tuviera un sello propio y, al mismo tiempo, perteneciera a la historia. Yo intento hacer lo mismo: cualquier tipo de relato que me atraiga, ahí quiero estar.

Hablemos de la escena de la cena, que es puro caos: muchos actores, diálogos chocando, mucho subtexto. ¿Cómo fue escribirla y dirigirla?

Jay Roach: También es mi momento favorito. Cuando leí el guion, todo estaba ahí. Ya he hecho escenas de cena antes y me encantan porque hay dinámicas en juego que hacen que todo explote. Es como si los personajes estuvieran esposados a la mesa, sin poder escapar. Eso genera incomodidad, rareza y hasta dolor, pero también un suspenso que se convierte en comedia poderosa. Además, si le agregamos que todos son estadounidenses menos Olivia y Benedict, ese choque cultural mientras ellos tratan de disimular su pelea lo hace humillante y nada romántico. Es fantástico.

Tony McNamara: Fue muy divertido escribirla. Mientras lo hacía pensaba: esto es una locura, pero lo voy a poner en la película. Siempre me han gustado las escenas de cena en el cine; tomé inspiración de muchas que he visto. Me divertí tanto escribiéndola que se la di a una amiga para leerla y me dijo: “Tienes que incluirla”.

Tony, generalmente expones la máscara que la gente usa en el amor, en público o en el poder. ¿Cuál crees que es la mayor máscara que usan los protagonistas aquí?

Tony McNamara: Creo que es la idea de que quieren ser especiales, de que el mundo necesita verlos de cierta manera. Deben parecer súper exitosos y demostrar que lo logran todo. Ese, justamente, es uno de los grandes problemas en su matrimonio.

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