La película Los domingos fue el fenómeno español del año pasado. Además de su excelente resultado en taquilla, arrasó en los premios Goya, incluyendo Mejor película, Mejor dirección y Mejor actriz, generando algo que no es tan común: una conversación real después de salir del cine.
La cinta sigue a Ainara, una joven que toma una decisión que rompe por completo a su familia: entrar a un convento de clausura. Un drama religioso y una reflexión profunda sobre cómo reaccionamos cuando alguien que amamos elige un camino que no entendemos. Dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, quien ya había demostrado en Cinco lobitos su capacidad para retratar a la familia sin romantizarla, la película vuelve a ese terreno donde el amor también duele y se equivoca.
Los protagonistas son dos de las figuras más sólidas del cine español actual: Patricia López Arnaiz y Miguel Garcés, quienes construyen dos formas opuestas de enfrentar esa ruptura. Time Out México conversó con ambos sobre los silencios, la fe, los límites y las decisiones.
La historia habla todo el tiempo de control y libertad. Con eso en mente, ¿cómo dirige Alauda Ruiz de Azúa? ¿Desde el control o les da espacio para perderse dentro de la escena?
Patricia López Arnaiz: Alauda es una directora que tiene muy claro lo que quiere contar. Llega con un guion muy trabajado, muy documentado, con mucho fundamento. Pero, al mismo tiempo, deja una parte abierta a la investigación. Para mí es un sistema que funciona muy bien; hay una base muy sólida, pero dentro de eso puedes explorar muchísimo. No hay tanto espacio para improvisar el texto, porque está muy cuidado, pero sí hay mucho trabajo en la búsqueda, probar distintas formas, matices e intenciones. Ella dirige mucho en ese sentido, pero siempre desde un lugar muy claro, con el control del conjunto muy presente.
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El año pasado empezó a haber mucho ruido alrededor de la película: críticas, taquilla, conversación... y después los Goya. Felicidades, Patricia. ¿En qué momento sintieron que esto ya no era “una película más”, sino algo que estaba conectando de verdad con la gente?
Miguel Garcés: Yo creo que en el estreno en San Sebastián. Fue la primera vez que percibimos que la película podía tocar mucho al espectador. Después, en las primeras semanas, con las presentaciones y los coloquios, vimos que generaba conversación, debate y que se quedaba en la gente varios días después de verla. Ahí empezamos a notar que había algo más.
Hay momentos donde sus personajes parecen estar escuchando, pero en realidad ya decidieron. ¿Cómo se actúa eso?
Patricia López Arnaiz: Bueno, eso pasa también en la vida, ¿no? Alauda hablaba mucho de la familia, de cómo los vínculos son muy fuertes, pero también muy vulnerables. Una pequeña ruptura puede afectar a toda la estructura. Entonces, muchas veces lo que no se dice también tiene que ver con el precio que pagamos por mantener esa estructura familiar. A medida que avanza la película, todo se va cargando más, pero el intento constante es sostener ese equilibrio. Y eso implica una comunicación más elaborada, más estratégica. Tú puedes tener muy claro lo que quieres, pero no lo dices de forma directa. Buscas cómo decirlo, cómo cuidar al otro... aunque por dentro tengas una postura muy firme.
Y justo hablando de eso: los silencios. La película tiene silencios muy largos que no pierden tensión. ¿Cómo se sostienen como actores?
Miguel Garcés: Es un desafío. Mantener el silencio es de lo más arriesgado que puede hacer un actor, pero también es una gran oportunidad, porque puedes contar mucho del personaje sin palabras. A veces el ritmo de un rodaje no permite esos espacios, y aquí sí los hay. Para mí es un reto, pero también de lo más interesante.
Patricia López Arnaiz: Y tiene que ver con que son momentos de escucha, de percepción. Por ejemplo, en la escena de la iglesia, cuando la vemos a ella desde el otro lado, ahí no estamos “haciendo” algo activo, estamos percibiendo. Pero para que eso funcione, hay mucho trabajo previo: construir los vínculos, la memoria familiar, entender qué une a los personajes. Si eso está trabajado, cuando estás en silencio, te pasan cosas. Y el espectador puede leerlas.
¿Cómo fue trabajar con Blanca Soroa? Su actuación es muy contenida, pero dice muchísimo.
Miguel Garcés: Yo creo que fue ella la que nos guiaba a nosotros. Cuando trabajas con alguien sin formación técnica, no estás frente a alguien que va a “actuar” en el sentido clásico, sino que te ofrece verdad. Y como actor, lo mejor es subirte a eso. Si intentas imponer tu técnica, el que se queda fuera eres tú.
Patricia López Arnaiz: Además, es muy inteligente. Tiene una intuición muy clara. Estaba como si llevara toda la vida haciéndolo.
Para cerrar: ¿alguna vez sintieron que su personaje estaba cruzando una línea moral... y aun así decidieron defenderlo?
Miguel Garcés: Sí. Yo lo he defendido a muerte. Cueste lo que cueste. Y ha sido un placer hacerlo.
Patricia López Arnaiz: Para mí fue como tirarme por un tobogán, cada vez más rápido, sin poder frenar. Y ya solo queda llegar hasta el final.

