Paul Thomas Anderson es una de las grandes figuras del cine contemporáneo. Desde Boogie Nights y Magnolia, hasta There Will Be Blood y Licorice Pizza, ha construido un universo donde conviven personajes rotos, humor ácido y una mirada poética sobre lo humano. Con múltiples nominaciones al Oscar, su nombre es sinónimo de riesgo, ambición y artesanía cinematográfica.
Ahora regresa con Una batalla tras otra, su proyecto más ambicioso hasta la fecha: una epopeya de acción rodada en 35 mm con Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio del Toro, Regina Hall, Teyana Taylor y la revelación Chase Infiniti. La cinta ya es considerada una de las mejores del año y promete arrasar en la temporada de premios.
Conversamos con Anderson sobre Una batalla tras otra, que combina adrenalina, sátira política y ternura inesperada.
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En Una batalla tras otra hay un constante pulso de adrenalina, no solo en las secuencias de acción, sino también en los silencios. ¿Cómo creas ese ritmo para que el espectador nunca sienta que puede respirar?
Amo eso de las cintas, me encantan las películas que nos arrastran a su energía. Llevo queriendo hacer algo parecido a esto por mucho tiempo porque son el tipo de cintas que amo, y generalmente giran en torno a una trama que crea una situación en varias circunstancias que llevan a la audiencia a la tensión, ¿sabes? Hay momentos en la película en que dices: ¿cómo los héroes van a poder salir de esta? ¿Cómo van a sobrevivir? Esa es una buena y divertida estructura para la audiencia.
Lo creado permite que entre la velocidad en la historia, es lo que permite su crecimiento: el padre debe ir a recuperar a su hija, perfecto. Ahora tratemos de tener diversión con esa idea. ¿Qué tal que el padre no puede recordar el lugar donde se van a ver, no puede recordar la contraseña? Todos estos bloqueos están frente a él.
¿Hay cosas en tus películas pasadas que no podías hacer, pero que en esta película lograste?
Me siento más seguro al no tener un plan tan estructurado. Cuando hice mi primera película tenía poquito dinero, poco tiempo y no sabía nada de producción, sólo pretendí hacer el trabajo mientras lo hacía. Yo soy alguien que ve muchas películas, pero que no ha estado en tantos sets de cine. Entonces haces un plan de rodaje y te clavas estrictamente en eso. Es por razones prácticas más que nada, porque si no tienes el talento aun para poder cambiar las cosas, todo se te puede caer.
Lo que yo gané con el tiempo y la experiencia fue poder reaccionar a nuevas ideas. Poder girar la historia o a los actores en direcciones distintas sin destruir la película y que siga siendo interesante. Eso es algo nuevo que aprendí y que jamás hubiera podido hacer en mis primeras cintas.
Hablando de tu filmografía: tus personajes suelen reflejar tus obsesiones del momento. En Una batalla tras otra, ¿cuál era la nueva obsesión que estabas dispuesto a explorar?
Esa es una gran pregunta. Trabajar con Teyana Taylor y filmar todas esas secuencias con ella me dejó obsesionado. Estaba obsesionado con verla correr, con su cara y con su energía. Ella da algo increíble, es tan dinámica. No le tiene miedo a nada.
Su historia en el filme tiene tantos giros y vueltas. Es un personaje interesante porque la apoyas hasta que llega un momento en que ya no puedes apoyarla. Se aleja de las personas cercanas a ella. No quiero contar demasiado, pero es un personaje muy difícil de amar, aunque inevitablemente sientes compasión por ella.
Esa obsesión me llevó a la dicha de trabajar con Chase Infiniti, que interpreta a su hija en la película. Para mí fue emocionante poder trabajar con una actriz nueva y fresca. Me he pasado tanto tiempo hablando de Leo, Benicio y Sean que deseaba no hablar de ellos, sino compartir la dicha de trabajar con estas dos, madre e hija.
¿Por qué las escogiste a ellas? ¿Cómo fue trabajar con Teyana y Chase?
Bueno, Teyana no se pone nerviosa por nadie. Eso te digo: ella tiene mucha confianza. Ella no es la que me preocupa. De hecho, estábamos bromeando, Leo y yo, que al inicio fuimos un poco condescendientes con Chase por su nerviosismo el primer día. La tratábamos como a una bebé, pero ella nos miró con cara de: “¿Qué están haciendo? No me insulten, ustedes son los que están nerviosos”. Y tenía razón.
Ella llegó con una gigantesca confianza. Es importante saber que hay diferencia entre tener confianza y ser presumida o arrogante, y ella no es nada de eso. Claro que estaba nerviosa, pero se dio cuenta de que había trabajo por hacer. Espero que no se haya sentido nerviosa por las grandes estrellas, sino con ese nerviosismo que todos sentimos cuando vamos por primera vez al trabajo: cuando quieres brillar y explorar, ser bueno en lo que haces, pasarla bien y descubrir algo nuevo. Sentirte satisfecho en el trabajo diario.
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