Spencer
Photograph: STX

Spencer, la película basada en la vida de Diana, princesa de Gales

Kristen Stewart arde en la elegante fábula gótica de Pablo Larraín basada en la Princesa Diana

Gil Camargo
Escrito por
Sophie Monks Kaufman
Traducido por
Gil Camargo
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Hacer una película de autor basada en un ícono tan profunda y emocionalmente consagrado en la imaginación del público como la princesa Diana requiere ingenio. Afortunadamente, el director chileno, Pablo Larraín, tiene esa cualidad con creces. Utiliza los hechos conocidos sobre la Princesa del Pueblo de cabello emplumado y voz entrecortada, y algunos imaginarios, para hacer girar una visión de la vida singular, barroca y con matices psicológicos dentro de una jaula dorada, habilitada por una actuación virtuosa de Kristen Stewart.

"Son sólo tres días", murmura mientras conduce para pasar la víspera de Navidad, el día de Navidad y el día de San Esteban en Sandringham con los suegros. Se infiere rápidamente que la aventura de Charles con Camilla está en marcha, al igual que la bulimia de Diana y su condición de perseguida con obsesión por los paparazzi. Estos problemas psicológicos la marcan como un lastre en un entorno donde lo importante es no armar nunca un escándalo. Al igual que hizo en el retrato de 2016 de una Primera Dama igualmente icónica, Jackie, Larraín no escatima en gastos para hacer que la propiedad real tenga un esplendor ornamentado que raya en el gótico. Un retrato de Enrique VIII en el comedor sirve como recordatorio de quién, y qué, se considera digno de adoración en este mundo. 

Stewart es extraordinaria al conjurar una forma enrarecida de energía neurótica. Es una mujer moderna y complaciente con la gente, madre y esposa despreciada, y para colmo, ha comenzado a alucinar con Ana Bolena. Un miembro del personal del palacio (un flaco Timothy Spall) está encargado de monitorear fríamente cada uno de sus movimientos, interfiriendo para ejercer el control con una regularidad opresiva. Se cosen las cortinas, se etiquetan los vestidos por evento y se informan las caminatas nocturnas. La calidez viene de Sally Hawkins como vestuarista y confidente, y los jovenes William y Harry (Jack Nielen y Freddie Spry), ambos maravillosos al mostrar tanto la disciplina de los pequeños príncipes como la dulzura de los niños pequeños que están preocupados por su mamá. 

La caracterización de los otros miembros de la realeza es deliciosa, cada uno representado en viñetas contundentes y con líneas de oro bruñido. Como anuncia la tarjeta de presentación de apertura de la película: "Esta es una fábula basada en una verdadera tragedia". Larraín no se mueve por motivos de biopic convencionales, sino por el deseo de evocar los elementos extraños de la historia de Diana. Mostrar cómo el sueño de ser una princesa rica y hermosa convertido en una pesadilla puede parecer difícil de vender, pero Spencer lo logra de una manera exagerada, claustrofóbica y verdaderamente decadente.

El guión de Steven Knight incluye los factores que han llevado al frágil estado mental de Diana con una claridad que atraviesa la embriagadora elegancia del diseño de vestuario y escenografía. Sin embargo, es Stewart quien lleva a cabo una danza derviche que pasa de la manía a la quietud, de la compostura estudiada al abandono emocional, todo mientras mantiene el control de esa voz. Su Diana es un montón de complicaciones y, aunque durante la mayor parte del tiempo de ejecución, parece víctima de las circunstancias, una escena crucial en el camino con sus hijos está llena de la libertad que anhela estallar. En este momento, Larraín recupera la vitalidad de la mujer de la tragedia asociada a su nombre, y es una hermosa liberación emocional.

Spencer Dir. Pablo Larraín. Reino Unido, 2021. Con Kristen Stewart, Jack Farthing, Timothy Spall, Sally Hawkins, Sean Harris, Richard Sammel, Amy Manson y Ryan Wichert.

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