Ridley Scott ha construido mundos donde los seres humanos siempre parecen enfrentarse a algo mucho más grande que ellos: una criatura en el espacio en Alien, una sociedad dominada por la tecnología en Blade Runner, un imperio en Gladiador, una guerra en La caída del halcón negro o la mera supervivencia en Misión rescate. ¿Qué hacemos cuando el mundo que conocemos deja de funcionar?
En La guerra de los últimos, esa pregunta toma una forma íntima. Basada en la novela de Peter Heller, la película nos lleva a un planeta devastado por una pandemia. Ahí vive Hig (Jacob Elordi), un hombre aislado en un pequeño aeropuerto junto a su perro Jasper y a Bangley (Josh Brolin), un superviviente fuertemente armado. Hig vuela sobre el territorio buscando provisiones, hasta que una misteriosa señal de radio le hace pensar que, quizá, todavía existe algo más allá de su refugio.
A sus casi 90 años, Scott vuelve a la ciencia ficción. Sin embargo, esta vez no necesita aliens, robots ni grandes batallas; le basta un mundo que se quedó sin gente para hablar de supervivencia, soledad y naturaleza. Margaret Qualley, Guy Pearce, Benedict Wong y Allison Janney completan el reparto de la cinta.
Te puede interesar: Kyle Chandler y Aaron Pierre revelan los secretos de Lanterns
Time Out México conversó en exclusiva con el cineasta sobre este estreno, su carrera, el impacto de la tecnología y el riesgo de hacer cine.
En Blade Runner presentas un futuro sumergido en la tecnología, mientras que en La guerra de los últimos nos muestras uno donde casi toda ha desaparecido. A lo largo de estas décadas, ¿qué se ha vuelto más aterrador para ti: un mundo con demasiada tecnología o uno sin ella?
Ridley Scott: Evitando todos los clichés del fin del mundo, el guion y el libro abordan exactamente eso. Se inclinan más hacia la supervivencia y la protección de la naturaleza. Ahora mismo somos como una pulga en el lomo de un perro enorme, y ese perro está llegando al punto en el que nos va a sacudir para quitarnos de encima. Está sucediendo ahora mismo y deberíamos prestar mucha más atención, pero lo estamos ignorando.
En la película hay un momento en el que Hig apaga el motor y deja que el avión planee...
RS: Si subes lo suficientemente alto, puedes planear durante kilómetros en un Cessna. Depende del peso del avión y de las alas, pero si sabes lo que estás haciendo, apagas el motor y simplemente planeas. A Hig le encantaba el silencio. El perro es lo suficientemente inteligente como para ponerse ansioso; por eso Hig le dice: “No te preocupes, primero te dejaré salir”, porque el animal piensa que van a estrellarse directo contra la montaña.
Me pareció una metáfora. ¿Alguna vez tu carrera te ha obligado a hacer lo mismo: dejar de forzar la dirección y ver hacia dónde te lleva el mundo?
RS: Unas 42,000 veces, sí. Siempre estás enfrentándote al apocalipsis: ¿va a funcionar o no la película? El apocalipsis en mi carrera es precisamente ese. Por supuesto que me preocupa. Mientras más experiencia tienes, en teoría, eliminas los desafíos; pero no es así. Cada proyecto es completamente diferente.
Casi 50 años después, te siguen atrayendo los personajes atrapados por fuerzas enormes: la guerra, el imperio, las corporaciones, la supervivencia. ¿Qué hay en esta obsesión que te sigue fascinando?
RS: Creo que es completamente aleatorio, todo tiene que ver con la escritura. Quiero hacer un western. Después voy a hacer La isla del tesoro. ¿Conoces el libro? Ha vendido cien millones de copias en 50 idiomas desde 1840. Ahora mismo estoy en eso, la hemos readaptado; estoy haciendo una versión un poco más adulta.
Hig descubre que sobrevivir no es suficiente: necesita algo por lo que valga la pena hacerlo. Después de todo lo que has visto e imaginado en tu carrera, ¿qué hace que este mundo valga la pena salvarse?
RS: El mundo, por supuesto, vale la pena salvarlo. Pero nos estamos volviendo más tontos cada día, cada segundo. La creación del teléfono celular es un milagro, pero para mí es el Gran Hermano. Ese aparato es muy peligroso porque es una distracción de la realidad, de lo que verdaderamente está sucediendo.
¿Ha cambiado tu propia idea de lo que nos hace humanos a lo largo de estos 50 años de trayectoria?
RS: Por un lado, todo se está volviendo demasiado fácil y, al mismo tiempo, nos está distrayendo de lo importante. La educación es vital. No puedes dejar que una Inteligencia Artificial haga tu tarea. ¿Me estás tomando el pelo? Ve a trepar un árbol y después haz tu tarea, ¿de acuerdo?

