Rodrigo Prieto Amores Perros
Foto: Cortesía IMDB
Foto: Cortesía IMDB

Rodrigo Prieto: Amores perros fue como volver a la escuela de cine

A 25 años de Amores perros, Rodrigo Prieto recuerda los olores, las texturas y los riesgos que marcaron su salto al cine mundial.

Stivi de Tivi
Publicidad

Rodrigo Prieto es uno de los cinefotógrafos más reconocidos del mundo, pero su historia no puede contarse sin Amores perros. La película de Alejandro González Iñárritu marcó un antes y un después en el cine mexicano: abrió las puertas del nuevo milenio con una fuerza brutal, fue aclamada en Cannes, nominada al Óscar como Mejor Película Extranjera y se convirtió en un referente de nuestra cinematografía. Para Prieto, significó el inicio de una trayectoria internacional que lo llevaría a colaborar con directores como Ang Lee, Oliver Stone, Martin Scorsese y Greta Gerwig.

A propósito del reestreno en salas, el cinefotógrafo platicó con nosotros sobre los recuerdos del rodaje, los riesgos asumidos y la vigencia de una película que cambió su vida.

Deberías ver: Madelaine Petsch enfrenta sus miedos en Los extraños: capítulo 2

Cuando recuerdas el set de Amores perros, ¿qué es lo primero que viene a tu mente? ¿Imágenes, sonidos, olores?

Buena pregunta. Lo primero que me viene es el resultado en pantalla, pero si regreso a la filmación, quizá el recuerdo más intenso sería el de los perros, el olor de los perros.

Y también el tocarlos y sentir la sangre artificial en su piel. Cuando estábamos en la casa del personaje del Chivo y todos los perros estaban ahí, el olor era fuerte, a perro, pues. También recuerdo que existía una complicidad. Todos, incluyendo los perros, estábamos ahí trabajando con un mismo objetivo: lograr esas escenas.

Si hoy pensamos en tu carrera, vienen a la mente Scorsese, Gerwig, Lee o incluso Taylor Swift. Pero, ¿qué rasgo de ese Rodrigo Prieto de 1998 sigue intacto y cuál ya no reconoces en ti?

Lo que sigue ahí son las ganas de probar algo distinto. Cada película tiene sus cosas, pero Amores perros fue visualmente un parteaguas. La experimentación que hicimos para lograr esa imagen fue enorme: filmé muchas pruebas. Yo siempre hacía pruebas, pero esta vez fueron más complejas; probé todo tipo de procesos de revelado, lentes, ópticas e impresión. Fue como volver a la escuela de cine. Eso lo sigo haciendo ahora con cada proyecto: a partir de Amores perros, voy a la escuela de cine en la preproducción de cada película.

Le escribí a Christopher Doyle, a quien en aquel entonces no conocía, y le mandé un fax —él estaba en Filipinas— para preguntarle cómo había hecho ciertas cosas en Happy Together de Wong Kar-wai, porque nos interesaban mucho esas texturas. Me inspiraba el arrojo de Doyle: él no buscaba hacer algo bello, sino algo potente. Esa también era nuestra intención. Reconozco a ese Rodrigo que sigue en esa búsqueda. ¿Qué ha cambiado? Simplemente la edad. Físicamente, no sé si hoy aguantaría una película cámara al hombro tantas semanas.

El accidente que une las tres historias es una escena memorable del cine mexicano. Al volverla a ver, sorprende que no sea un espectáculo, sino una cicatriz narrativa. ¿Lo pensaron así?

Sí, definitivamente. Es el eje de las tres historias, el punto que las une.

Teníamos muy claro que era importante ver ese momento desde la perspectiva de cada personaje. Más allá de buscar los ángulos más dramáticos, pensábamos: ¿cómo lo habría experimentado el Chivo? Eso nos indicaba dónde colocar la cámara. ¿Cómo lo vivieron los chavos? Pusimos una cámara dentro del coche para ver el momento del impacto. ¿Y Valeria con su perro? Filmamos el coche desde atrás, avanzando hasta el choque sorpresivo.

Recuerdo que Alejandro me dijo: “Tú has filmado muchos comerciales de coches, tienes más experiencia en eso que yo”. Se apoyó mucho en lo que yo había aprendido en publicidad para lograr esa sensación de velocidad.

Ahora pienso que tomamos riesgos que no asumiría hoy. Fue peligroso filmar la escena del accidente y también la persecución. En algún momento estuve amarrado al cofre de un coche con la cámara en la mano. En ese momento pensaba: “No pasa nada”, pero sí pasa.

¿En algún momento del rodaje pensaste: “Esto es distinto” o “esto va más allá de lo planeado”? ¿Imaginaste que se convertiría en el clásico que es hoy?

No, para nada. Pensé que sería una buena película, le pusimos mucho entusiasmo, pero imaginé que sería para un público pequeño, quizá de festivales. Tal vez podría ganar algunos premios, pero nunca imaginé que tendría la atención que tuvo a nivel mundial.

Fue una sorpresa total: desde Cannes, donde ganó un premio, hasta cuando me mudé a Estados Unidos y los directores me preguntaban: “Oye, ¿qué onda con esa película?”. Para mí todo eso fue sorpresivo.

No te pierdas esta instalación inmersiva de Alejandro G. Iñarritu: 

Recomendado
    Noticias más recientes
      Publicidad