A principios de los años noventa, Bruno comienza a descubrir sus sentimientos por su mejor amigo mientras su familia enfrenta el diagnóstico de VIH de su padre. Décadas después, el cineasta reconstruye aquel periodo mediante recuerdos familiares, archivos domésticos y ficción para explorar los silencios, los prejuicios y las emociones que marcaron su infancia.
Seis meses en el edificio rosa con azul compite en la sección de Largometraje Mexicano del 24.º Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), que se celebra del 16 al 25 de octubre de 2026.
Bruno Santamaría volvió a un recuerdo que permaneció oculto durante años. Lo que comenzó como una investigación sobre su propia familia terminó convirtiéndose en un ejercicio de imaginación colectiva, donde las experiencias de los actores también alimentaron la construcción de los personajes. Time Out México conversó con el director sobre las expectativas sociales que pueden convertir el amor familiar en una forma de encierro.
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¿Cuándo decidiste convertir tu infancia en una película?
Bruno Santamaría: Durante la pandemia, el miedo y el aislamiento me recordaron un momento personal: cuando a mi padre le diagnosticaron VIH a principios de los noventa. Entrevisté a mi familia y encontré muchísimas versiones de lo ocurrido. Al escribir aparecieron huecos en mi memoria que tuve que llenar con imaginación. Así entendí que estaba haciendo ficción. Después, el proceso se convirtió en un ejercicio colectivo: compartimos recuerdos, alegrías y dolores de crecer en familia.
¿Cómo construiste una familia entre actores que interpretaban a personas de tu vida?
Bruno Santamaría: Hicimos un casting con más de 600 niñas y niños en distintas escuelas, incluida la primaria donde estudié. Con el elenco trabajamos durante meses mediante días de campo, películas, desayunos y juegos de improvisación. Lo fundamental era construir vínculos y memorias reales entre ellos, pero, sobre todo, generar confianza.
¿Por qué seguir hablando del VIH y de los prejuicios que lo rodean?
Bruno Santamaría: Aunque la situación médica es completamente distinta gracias a la ciencia, el estigma social sigue siendo doloroso y devastador. La película también cuestiona los prejuicios sobre lo que significa ser padre, madre o formar una familia. Puede existir una jaula construida con amor, ternura y dulzura, pero sigue siendo una jaula que limita a las personas. Ojalá la película funcione como un espejo para que cada uno se pregunte qué prejuicios lo atraviesan sin darse cuenta.
¿Qué representa para Bruno descubrir Romeo y Julieta?
Bruno Santamaría: Bruno encuentra la posibilidad de sentir algo que no sabía que existía. No es solamente el encuentro con Romeo y Julieta o con Mercucio, sino también con el cine como espacio de imaginación, construcción y sueños. Esa secuencia abre una posibilidad en su vida, y eso es algo que el público puede reconocer desde distintos lugares del mundo.

