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Restaurantes baratos y de calidad

Donde se come bien y se paga muy poco

Tacos Gus

Chilakillers Loungeria

Es fácil adivinar de qué va este lugar. Carlitos, el chef, viene de una familia de cocineros y de trabajar en el medio gastronómico por varios años. Cada fin de semana diseña un especial diferente: desde una típica cochinita pibil (muy recomendada) hasta algo más sofisticado como salsa de chipotle con queso de cabra y cebolla caramelizada. Te sugerimos pedir el plato de chilaquiles con huevo estrellado y una ración de frijoles charros. La carta incluye omelettes, tortas, frutas, waffles, molletes y  postres. Desde las 12 del día ofrecen chelas, micheladas y cubanas. Las porciones son grandes y para aquellos que no comen tanto, lo mejor es pedir media ración. Su atractivo mayor, además del sabor de su oferta gastronómica, es su ubicación debajo del Edifico Ermita. Pero su encanto también radica en el contraste que se genera entre la vista de la Avenida Revolución, el mural de su entrada y el altar donde sobresalen Frida, Pedro Infante, Jim Morrison, Tin Tan, The Beatles, Marilyn Monroe y la Virgen de Guadalupe.

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Tacubaya

Las Soupremes

Desde el instante que caminas por la calle de Chilpancingo frente a este local se despiertan los sentidos y el olor a la sopa caliente te invita a pasar. Se trata de un restaurante de comida natural, balanceada y nutritiva donde la especialidad son las sopas y la barra de ensaladas. Es un lugar sencillo pero con encanto que cumple con las tres “B”, de bueno, bonito y barato. En un ambiente casual y tranquilo evoca a las cocinas en las que se comía en la década de los cincuenta. El menú se constituye por una variedad de sopas, cremas, potajes, emparedados y ensaladas que pueden ser diseñadas a su antojo. Para tomar tienen aguas de distintos sabores que cambian cada día. Para mantener la idea del factor sorpresa, cada semana exploran seis recetas diferentes conformadas por dos sopas, dos cremas y dos potajes, así es que difícilmente sabrás qué te puede tocar, pero puedes estar seguro de que tendrán un muy buen sabor. Todas las sopas están hechas con ingredientes frescos de temporada. No utilizan conservadores ni saborizantes artificiales para su preparación y son bajas en sal y grasa. Pide un combo con una sopa grande o chica, un sándwich o un baguette. El agua de sabor tiene refill, por lo que podrás tomar la que quieras. También tienencervezas y variedades de vino, pregunta por las opciones del mes. El servicio es rápido y eficaz. Es un lugar en el que se va a comer algo rico, natural y bueno para la salud.

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Condesa

Tacos Gus

Desde 1968 y hasta la fecha, los tacos de guisado en la Condesa han tenido nombre y apellido: Tacos El Güero. Este tradicional negocio familiar -que sigue operando en la esquina de ámsterdam y Michoacán- sufrió hace varios meses la reubicación de uno de sus hijos a la calle de Ometusco.Cuando se le pregunta sobre el conflicto familiar, el fundador y dueño de Tacos Gus, Gustavo Millán Rosas, prefiere no hablar sobre el tema y resume: "todo se debió a una diferencia de ideas";. Sin duda, Gus hace notar estas diferencias en la adopción de tres tendencias: incorporó ingredientes orgánicos a su menú -la mitad de los guisados son vegetarianos-, sumó a sus filas cuatro tipos de cervezas artesanales e incorporó la venta de productos destilados del agave distintos al tequila.Aunque el espacio es reducido y cuenta con solo cinco mesas, éste no detiene a sus comensales de comer sus tacos parados si es necesario. Una vez dentro puedes observar las 15 ollas de barro con los guisados que cocina su mamá todos los días. Los tacos son servidos de la manera tradicional: con la opción de añadir al taco dos ingredientes a escoger entre arroz rojo, frijol, queso y guacamole.Guisados de nopales, acelgas, calabazas, hígado encebollado, chile poblano, coliflor, chicharrón prensado y en salsa verde, champiñones, huitlacoche, chorizo, huevo revuelto...¡a buen precio!, con dos tortillas y los mencionados ingredientes extra. Tacos de guisado que amenazan con darle nuevo nombre a la tradición en la Condesa, pero conservando el apellido.

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Condesa
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El Parnita

Recomendado

El hipsterómetro, ese contador geiger imaginario que de por sí en la colonia Roma marca índices peligrosamente altos, en este restaurante se revienta: absolutamente cada mesa tiene a algún tipo con barba, lentes de armazón y sombrero. O bien a alguna chica con trapos dispuestos de modo no aleatorio. Y si no están en las mesas, están esperando pacientemente una, porque el lugar se llena. Son personajes que, hay que reconocer, armonizan muy bien con la decoración cuidadosamente kitsch del restorán. Nada está dejado al azar. Se nota ese cuidado –tan hipster, por otra parte– de hacer parecer que no pretendían ser tan descuidados. Pero el hipsterismo elevado no es lo realmente inquietante de este lugar, sino esto otro: cualquiera de los platillos de su menú desenfadado y bien diseñado (antojitos de comida mexicana tradicional, tortillas recién hechas, todo buenísimo), se acompaña bien con cualquiera de sus 3 salsas: la roja, la verde y (ponemos mayúsculas) La Salsa. De la roja y la verde no hay nada que decir salvo que son cumplidoras, picantes, traviesas. ¡Pero la otra! Visualice (¿o salive?) el lector: es chile habanero verde tatemado en comal, un poco de cebolla, aceite de oliva y especias. Se sirve en pequeño molcajete. Pica con esa agresividad dulce del habanero, una suerte de violencia sadomasoquista que transtorna. No mentimos: hay un antes y después en tu vida en el momento en que la degustas en un taco. Dispuesta en el “Carmelita” (taco de camarón empanizado, hoja de lechuga y salsa costeña) se alcanza una forma de la santidad. Vaciada sobre el “Viajero Parnita” (lomo y pierna de cerdo con cebolla morada) ocurren fenómenos de teletransportación mental. Posiblemente sea la mejor salsa de la historia humana. Impresionante. El Parnita tiene poco menos de dos años y se formó por medio de una colección de recetas e invenciones propias que la familia de los propietarios, Doña Bertha, Marco y Ernesto, fue recolectando por toda la República Mexicana. También recomendamos las tortas, los tlacoyitos y el rellenito. Si vas en viernes o sábado están poniendo una parrilla en la parte de afuera, en donde acomodan camarones o filete de atún a las brasas; el punto es que felizmente cambian siempre los platillos de la parrilla. Y como estamos en la Roma, es costumbre esos lugareños de lentes de armazón y cabelleras en desorden, acompañar las comidas con alguna cerveza mexicana y cerrar con algunos mezcales en lo que se mira caer la tarde.

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Roma

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