El taiko es una tradición japonesa con siglos de historia. Nació en rituales, en festivales e incluso en contextos de guerra, donde el sonido marcaba el ritmo, la comunidad y la presencia. Además de música es cuerpo, coordinación y energía colectiva. Cada golpe implica técnica, resistencia y una conexión muy profunda entre quien toca, el instrumento y el espacio. El taiko es una experiencia física y emocional.
Nahoko Kobayashi lleva años construyendo un puente entre Japón y México desde ese lenguaje. Nació en este país, pero se formó en Japón y ahora regresa para reinterpretar el taiko sin perder su esencia. Su trabajo es entender una tradición lo suficiente para compartirla con nuevos públicos. Ha llevado el taiko a escenarios culturales, pero también a espacios donde la gente llega sin contexto y, aun así, logra conectar.
Esa energía llegará a la CCXP México 2026 de la mano de Crunchyroll. En un escenario donde el anime y la cultura pop dominan la conversación, habrá un elemento distinto: antes de las historias animadas, estará el pulso original. Time Out México conversó con Nahoko sobre la presentación que acompañará a la plataforma de anime en la edición que se realizará este fin de semana.
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Vas a abrir un escenario donde mucha gente viene por el anime y la cultura pop. ¿Qué le pasa al taiko cuando el público no conoce su raíz, pero está dispuesto a sentirlo?
Afortunadamente, el público es muy abierto. El mexicano, en particular, recibe con los brazos abiertos diferentes culturas. Creo que van a conectar muy bien con el taiko desde la tradición, porque están dispuestos a descubrir que Japón no es solo lo moderno. Además, el taiko también evoluciona; lo que van a ver no es algo antiguo o rígido, sino un taiko contemporáneo.
Vienes de dos mundos. ¿Qué tuviste que soltar de México para estar en Japón y qué tuviste que soltar de Japón al regresar?
Fue muy fuerte. Cuando me fui a Japón lo dejé todo: familia, amigos, mi vida entera. Literalmente metí mis cosas en una maleta y me fui. Allá tuve que soltar prejuicios y aprender a entender una cultura completamente distinta. Había cosas que no comprendía; fue un proceso muy complejo. Y cuando regresé a México, volví a vivir otro choque cultural. En Japón todo es disciplina, estructura, formalidad. Aquí todo es mucho más directo, más inmediato. Son culturas muy distintas, pero, al mismo tiempo, se complementan.
El taiko exige una energía muy física y, a lo largo de la historia, ha sido muy masculino. ¿Cómo se vive desde tu lugar como mujer?
Hoy en día incluso somos más mujeres que hombres en el taiko. Aunque nunca vamos a tener la misma fuerza física que un hombre, hemos encontrado otras maneras. El hombre usa más el brazo; nosotras usamos todo el cuerpo. Desde el torso generamos la energía y aprovechamos cada parte de nosotras para alcanzar la misma potencia y sonido. Nunca lo viví como una limitante, en gran parte gracias a las mujeres que abrieron camino antes. Algo curioso es que, para el público, sobre todo fuera de Japón, ver a mujeres tocando taiko resulta aún más impactante.
Siempre vemos precisión, fuerza y control, pero los errores existen. ¿Hay alguno que te haya marcado especialmente?
Claro, muchos. En Japón existe un concepto llamado hansei-kai, que es una reunión después de cada presentación para analizar los errores. No se habla de lo que hiciste bien, sino de todo lo que hiciste mal para no repetirlo. Eso me marcó mucho. Incluso hoy no me gusta verme en video porque siempre pienso: "¿Por qué no lo hice mejor?".
Sí he tenido errores fuertes, como perder el tiempo en escena, pero en el taiko te enseñan algo muy importante: "Tú no te equivocaste. Los demás se equivocaron". Es una forma de decir que no te quedes en el error. Corrígelo en el momento y sigue adelante. El público, muchas veces, ni lo nota.
Desde afuera vemos fuerza y perfección. ¿Qué parte del proceso te gustaría que el público pudiera ver?
La disciplina, pero también la emoción. El taiko no es solo sonido; es algo visual, energético. Siempre me decían: el sonido no solo se escucha, se tiene que ver. Escuchar taiko es una cosa, pero verlo es completamente distinto. Puedes ver cómo viaja el sonido, cómo el cuerpo lo genera. Me gustaría que la gente pudiera ver el sonido, no solo escucharlo.
Has estado en escenarios enormes y en espacios íntimos. ¿Recuerdas un momento donde el taiko dejó de ser un performance y se volvió algo personal?
Sí. Hubo un momento en el que llegué a ensayar muy alterada emocionalmente, y mi maestra me detuvo. Me dijo: "Si vas a tocar, tienes que venir en blanco. Porque tú eres el canal de lo que vive dentro del tambor". Eso lo cambió todo. Entendí que no solo es técnica, es un estado mental, es la disciplina en la vida diaria. Desde cómo entras a un espacio o cómo dejas tus zapatos, hasta cómo ordenas tu entorno. Incluso practiqué meditación en un templo durante una semana, desde las 4 de la mañana hasta las 9 de la noche.
¿Qué puede esperar la gente de esta presentación en la CCXP?
Van a ver energía, emoción y, sobre todo, conexión. No somos solo el taiko y el público. Es una experiencia donde todos estamos conectados: nosotros, el escenario, Crunchyroll y la gente. No es algo que solo se ve, es algo que se comparte. La invitación llegó a través de Eduardo Limón, quien me contactó primero. Después conocí al equipo de Crunchyroll y conectamos muy bien; me recordó mucho a la forma de trabajar en Japón: gente apasionada, comprometida y que hace las cosas con el corazón.

