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Envy

Este antro rompió con la tradición gay de ir sólo a la Zona Rosa. Sus creadores entendieron bien que a la comunidad gay le gusta el glamour

Foto: Alejandra Carbajal

Cuando arrancó el primer Envy, de Fernando Carbajal, Santa Fe era extremadamente buga. Sólo había restaurantes y bares para heteros y ningún espacio que se asumiera enteramente gay.

Fernando demostró con este proyecto que los antros gay pueden levantarse en zonas exclusivas, cuidar los detalles de su fiesta y ofrecer altos niveles de calidad. La etapa inicial del Envy, en los lujosos extremos de Santa Fe, fue el comienzo de una tendencia que rompía con ciertos hábitos de las noches de arcoíris en el DF, por ejemplo, no salir de la Zona Rosa.

El concepto, distinto a lo que existía en la vida nocturna gay, no pretendía ser agitado ni masivo. Además, sus creadores fueron enfáticos en los códigos de vestimenta, aspecto que convenció a los gays fashion victims. Poco a poco, el Envy descendió a Paseos de las Palmas hasta aterrizar en una avenida fancy de Polanco.

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Con este movimiento de locación pareciera que el Envy pretende seguir los pasos del Living, en cuanto a eso de andar errante. Se cambió de los andares de Lomas de Chapultepec a una de las avenidas más transitadas de Polanco y tal parece que es una buena noticia, porque el ambiente sigue siendo el mismo: no hay nada más somnífero que un club donde ya conoces hasta el minuto donde el DJ pone Single Ladies.

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