Josh O’Connor y Paul Mescal no llegan a La historia del sonido como promesas, sino como los pilares más sólidos de su generación. O’Connor, ganador del Emmy por The Crown y rostro de joyas como God’s Own Country y Challengers, ha mejorado una carrera sobre personajes sensibles e impredecibles. Por su parte, Mescal —fenómeno global desde Normal People y nominado al Oscar por Aftersun— acaba de conquistar el cine épico con Gladiator II sin soltar el drama íntimo que lo define.
En esta cinta dirigida por Oliver Hermanus (Living), ambos interpretan a dos músicos que, tras conocerse en la Primera Guerra Mundial, emprenden un viaje rural para grabar canciones populares y rescatar voces condenadas al olvido. Lo que inicia como un registro documental se torna en una elegía romántica sobre la memoria y el deseo que habita en los silencios.
Time Out México conversó con ellos sobre el arte de actuar desde lo no dicho y la conexión real detrás de cámaras.
¿Qué es lo más estimulante de interpretar personajes en una historia tan atmosférica?
Paul Mescal: Lo más fascinante ocurre cuando el diálogo no alcanza a nombrar lo que el personaje siente. Cuando las palabras contradicen la emoción, ahí sucede lo esencial. Josh O’Connor: Hay escenas, como los silencios preparando el desayuno en el campamento, donde no se dice nada pero pasa todo. El cine permite leer la narrativa en una mirada o un gesto; eso comunica más que cualquier línea de guion.
Su relación ha evolucionado en una de las duplas más potentes del cine actual. ¿Qué aprendieron de este intercambio?
Paul Mescal: He seguido a Josh desde hace tiempo y es, genuinamente, uno de los mejores actores vivos. No solo por sus proyectos, sino por sus decisiones en cada toma. Es convincente de una manera absoluta; soy afortunado de ser su contemporáneo y aprendo solo con observarlo.
Josh O’Connor: Nuestra amistad nació del respeto mutuo y hoy va mucho más allá de lo profesional. Cuando vi a Paul en Normal People, su naturalidad me impactó. En esta película encontramos un lenguaje común y trabajamos de formas que ninguno había explorado. Salí del proyecto inspirado por su visión.
La película explora la masculinidad desde la vulnerabilidad. ¿Cómo se aproximan a esto?
Josh O’Connor: Para mí es solo una capa más, no el centro. He dejado de pensar conscientemente en la “masculinidad” al actuar. Si el personaje me atrapa, me concentro en la persona. No camino por el mundo cuestionando mi identidad de género; es algo que fluye natural y desde ahí construyo.
En una época donde todo se graba pero poco se escucha, ¿qué significa preservar las voces del mundo?
Paul Mescal: La película revaloriza lo que hoy damos por sentado. Oliver, nuestro director, lo explica bien: hoy conservamos audios de quienes amamos como algo cotidiano. Para estos personajes, grabar una canción era un acto extraordinario; era la primera vez que una voz quedaba inmortalizada.
Josh O’Connor: En ese contexto, escuchar una grabación era casi una experiencia espiritual, como invocar a un fantasma. Era un acto sagrado que hoy, entre tanto ruido digital, hemos olvidado lo conmovedor que puede llegar a ser.

