La Gran Libertad, una película sobre amor homosexual y represión
Foto: Cortesía IMDB

La Gran Libertad

El amor se da en todas partes, y esta película nos lo demuestra. Y nos narra un episodio muy duro de discriminación durante la Alemania de la posguerra.

Stivi de Tivi
Escrito por
Stivi de Tivi
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El artículo 175 del código penal alemán establecía que los hombres que realizaran actos obscenos con otros hombres serian castigados con la cárcel quedándose ahí hasta cinco años dependiendo del “delito sexual” que este cometió. Dicho artículo fue endurecido durante el régimen nazi entre 1935 y 1969 provocando que algunos homosexuales fueran encerrados en campos de concentración para después ser encerrados en prisiones junto a los peores asesinos o violadores. Entorno a esta terrible represión se desarrolla la película Austriaca La gran libertad (2021), que el año pasado ganó el premio del jurado en la selección “Una cierta mirada” del Festival Internacional de Cine de CANNES y ahora llega a la cartelera mexicana.

En la historia seguimos a Hans (un poderoso Franz Rogowski), quien por ser abiertamente homosexual es encarcelado en tres distintas ocasiones (1945, 1957 y 1969). En forma no lineal vamos viendo sus experiencias dentro de este lugar donde por cualquier cosa es castigado de formas inhumanas. Ahí conoce a Viktor (Georg Friedrich), otro reo que al principio lo desprecia, pero conforme van pasando los años entablan una fuerte amistad que se convierte en la única luz para ambos entre tanta oscuridad.

El realizador Sebastian Meise, quien anteriormente ha entregado piezas enfocadas en la comunidad LGBT+, nos entrega uno de sus mejores trabajos ya que pone a jugar al espectador con los constantes saltos en el tiempo para narrar esta historia haciendo que nosotros seamos los que armemos el rompecabezas creando una experiencia personal e íntima igual que la relación de Hans y Viktor. La fotografía carece de color, estamos rodeados de una paleta de color fría que emula la carente humanidad que un lugar como la cárcel nos puede ofrecer, a pesar de esto siempre encontraremos una luz cálida a la cual los personajes se aferran para encontrar una resistencia.

Hablemos del actor alemán Franz Rogowski quien entrega una de las mejores actuaciones del año pasado dotando a Hans de cierta vulnerabilidad y sensibilidad difícil de encontrar, pero este histrión lo logra de una manera natural. Hans llega al lugar aceptando sus preferencias y lo que conlleva vivir una vida homosexual y a pesar de esto jamás intenta cambiarlas o pretender ser algo que no es, pero también tiene tan metido en su conciencia el hecho de que no vale nada como ser humano que sabe no se merece nada bueno y justo cuando en el lugar más hostil empieza a recibir lo que toda la vida en el exterior ha buscado no está seguro de si se lo merece. El movimiento corporal y físico de este personaje es pieza clave para transmitir al espectador todas las sensaciones que vive el protagonista y Franz que es un experimentado bailarín usa su cuerpo como la herramienta más fuerte para este trabajo tan desgarrador y humano.

Aquí nos encontramos con un filme carcelario totalmente diferente a los que hemos visto cine y no tiene que ver el hecho de las preferencias sexuales del protagonista la que la hace destacar, sino que habla de una libertad que va más de allá de lo físico, más allá de esas paredes que los atrapan y más allá de los prejuicios. Es sobre encontrar empatía, bondad y cariño en el lugar más inhumano posible y es que aunque empieza siendo una película densa sobre un momento oscuro al que muchos homosexuales se enfrentaron termina mostrándonos que es una historia de amor propio, de solidaridad y de esperanza. La gran libertad de la que habla el titulo no tiene que ver con el exterior sino con encontrar paz y como el ser humano es capaz de crear un hogar en el lugar menos imaginado.

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