La piedra oscura

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 (Foto: Sebastián Sánchez Amunátegui)
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Foto: Sebastián Sánchez Amunátegui
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Foto: Sebastián Sánchez Amunátegui
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Foto: Sebastián Sánchez Amunátegui

Cuando estrenó esta obra en Madrid, el público conmocionó. En el aplauso final se dice que había lágrimas en casi todo el teatro. Era probablemente todo el llanto contenido durante casi 80 años, el tiempo que llevaba muerto Federico, el poeta de España, el dramaturgo universal.

En el montaje español, Federico es un eco. En la propuesta de Sebastián Sánchez Amunátegui, director del montaje mexicano, Federico es una presencia suave e inquietante, que acompaña las últimas horas de Rafael Rodriguez Rapún; su amigo, su secretario en el grupo teatral La Barraca, su amante.

El texto de Alberto Conejero evoca al poeta granadino a través del encuentro que Rafael sostiene, en un hospital militar, con Sebastián, un joven soldado que antes de la guerra era un músico prometedor y ahora debe custodiarlo. Además de atender su última voluntad e incluso resguardar un patrimonio de las letras universales. Dos de los episodios definitivos de la historia española, la Guerra Civil y el asesinato de García Lorca, son vistos por dos hombres en apariencia opuestos a los que la poesía y la memoria van poniendo en comunión.   

A la poesía de García Lorca corresponden los diálogos de Conejero, dispuestos  a ahondar en las heridas desde la belleza y el asombro. Sánchez Amunátegui expone el drama sin necesidad de llenar el escenario de elementos: apenas una banca, un telar y una ventana y el mar de Federico. Los sonidos que contrastan y recuerdan al más sensible Paco Ibáñez y al más contundente de los militares. Obra de palabras y de secretos, teatro íntimo, casi de susurros, porque hoy como entonces hay que cuidar lo que se dice: las paredes oyen y los que escuchan juzgan y castigan.

La propuesta del director se complementa con la música original de Tareke Ortiz. Sucede en España, en 1937. Es el trabajo preciso y apasionado de Kerim Martínez, José Manuel Rincón, Jonathan Persan, Jhovanni Raga y Daniel Fuentes Lobo el que hace que esta obra duela y conmueva 80 años después, en México, país que mucho le debe a la España de la Guerra Civil y a los versos de Federico.

Por Enrique Saavedra

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