Rafael Cabrera Redada Fiesta Hippie 2026
Emiliano Marquez | Rafael Cabrera
Emiliano Marquez

Redada en una fiesta hippie: libro de Rafael Cabrera basado en hechos reales

El escritor y periodista nos platica cómo reconstruyó en su nuevo libro la mítica fiesta que terminó en detenciones arbitrarias

Mauricio Nava
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Cuando la curiosidad de Rafael Cabrera (La Casa Blanca) lo llevó a indagar en algunos archivos de Jodorowski, nunca imaginó encontrar una lista de personajes icónicos y disidentes que habían sido detenidos de manera arbitraria y exhibidos por los medios como participantes de una orgía masiva en Lomas de Chapultepec. De ahí nació la idea de su libro Redada en una fiesta hippie. Platicamos con el prolífico escritor y respetado periodista sobre su nuevo libro. 

¿Por qué elegir como punto de partida para la investigación de este libro una redada en una fiesta (orgía, según los medios) que sí pasó y fue tan asediada por las autoridades del México setentero?

Creo que el término «orgía» era un tanto ofensivo; no por una cuestión moral, sino, creo, porque todas las personas involucradas (los entrevistados para el libro) decían: «A ver, eso no fue una orgía», por respeto a las víctimas. Porque todas las personas detenidas no eran delincuentes; son víctimas de una agresión desde el Estado, de una represión. Pienso que desde que decidí quitarle la palabra y enfocarme en la «fiesta» fue el abordaje correcto, por respeto hacia las personas que, después de cincuenta años, decidieron contar lo que había pasado.

Es el libro en el que estoy más presente como persona, aunque claramente no es sobre mí. Los temas que toca, la materia prima, me resultan divertidos; los personajes, las anécdotas, la mota, el movimiento gay, todo este desmadre: es un libro desmadroso. Dije: «Me voy a divertir» y a alejarme un poco de esta idea de que solo el periodismo importante o serio tiene que enfocarse en narcos o contratos ilícitos, cuando en realidad cualquier tema se puede abordar con profundidad.

¿Cómo fue el proceso de reunir este mosaico de historias, darles sentido y reconstruir los hechos desde el periodismo, pero que al mismo tiempo fuera entretenido y divertido?

El periodismo puede ser una forma de burlarte del poder, de ironizar, de ser antisolemne. Decidí tener una voz un poco más burlona, ser más irónico, reírme de esta situación; pero, sobre todo, reírme del poder. No era reírme de las personas, de las víctimas, porque en realidad ellas son las protagonistas, sino decir: «Vean las mamadas que estaban diciendo los periódicos y la sociedad».

Ahí está lo más grave: no solo es el poder o la policía atacando a las personas, a los detenidos en la fiesta, sino que además se suma la sociedad, se suman los periódicos; y eso era lo que me parecía más relevante, todo un sistema termina atacando a estos, digamos, dignos representantes de la contracultura mexicana. Cada uno de los personajes asistentes a la fiesta tenía una especie de libertad o rebeldía y todos iban un poco contra lo establecido en aquellos años. Cuando los ves juntos, tal vez por eso les inquietó a la gente de aquellos días; la gente libre siempre puede preocupar al poder.

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Emiliano MarquézRafael Cabrera

¿Cómo narrarle a las personas a través de tu visión, siendo contestatario al poder, una clase tan magistral y divertida de periodismo como esta? ¿Cómo lo lograste?

En el libro hay un conjunto bastante amplio de personajes. Para mí fue como una especie de reto preguntarme: «¿Cómo organizo tantas historias?». Por ejemplo, Olga Breeskin, que tiene un cameo muy fino, la diva que aparece en un momento deslumbra y desaparece en la noche. Las entrevistas o los testimonios que recabé narran que el Negro Durazo y ella se van hacia atrás de la casa, donde había una puerta, y al rato solo regresa él, y ya. Hablé con Olga y me dijo: «Pues sí, fui la única a la que dejaron escapar esa noche».

Lo complejo para mí fue organizar la información; me quise concentrar más en el relato en sí mismo, utilizando la información y todo lo que les pasa a cada una de las personas que aparecen en la historia. Incluso las palabras con las que están narrados cada uno tienen que ver con sus propias entrevistas para darles forma.

No son cosas que yo inventé. Ahí están los gritos de Isela Vega madreando a los policías; cincuenta años después no había una sola persona entrevistada para el libro que no recordara su fuerza, su convicción, sus gritos. Una mujer indignada por la violación de derechos humanos que sucedió esa noche, y tenía razón.

El libro muestra a un grupo de personas libres a quienes les debemos mucho. Hoy puede parecer muy simple el hecho de salir a la calle con tacones, tatuajes o piercings, pero hubo una época en esta ciudad en que eso te costaba la libertad. Cualquier patrulla te podía parar y te podían meter a los separos por cosas mínimas. ¡Cuántas vidas, tal vez, no se destruyeron por esos prejuicios!

Para mí fue muy importante reconocer a todos estos 143 hippies como gente que nos dio libertad. Está el hecho de que se meten a una casona, agarran a ciento cuarenta y tantas personas por hacer una fiesta, y eso te hace reflexionar que quizá esta clase de represión siempre va a estar presente. No sé si vaya a volver a pasar, no sé qué vaya a ocurrir, pero pienso que es de esas historias en las que uno puede verse reflejado y decir: «¡Ah, mira, podríamos haber sido mis amigos y yo!».

¿Cómo organizaste las historias de estos personajes relevantes de los archivos y entrevistas que investigaste?

Fue como ir entendiendo a cada persona; cada uno tenía cierta rebeldía, libertad. Por ejemplo, Isela Vega o Jodorowsky, haciendo un teatro que escandalizaba y que además no era la primera vez que los metía en problemas con el gobierno. Arturo Vega, que hacía teatro universitario montando a The Who, reflejaba el espíritu de la época. Eduardo Ruiz Saviñón, que todavía vive, fue una de las personas clave para hacer el libro. Arturo Vega era un hombre que navegaba entre vestirse de mujer y desafiar el canon en aquellos días, algo que hoy sería como un «amigue no binarie»; a él lo exhiben horrible en los medios por aquellos días. Se va del país a causa de la persecución por homofobia, y por casualidad (y su talento) llega a diseñar el logo de The Ramones, una muestra muy punk de esta contracultura que refleja lo que nació esa noche. Como si hubiera sido la semilla que se sembró esa noche en Lomas de Chapultepec.

No podemos dar por sentado que las libertades siempre las vamos a tener ahí. Tampoco podemos decir: «Ya tenemos todo ganado». Es lo que tenemos gracias a los que caminaron antes de nosotros, ese recordatorio de todas esas personas que caminaron antes de nosotros con sus tatuajes, con sus cabellos largos, vestidos de mujer, en minifaldas, lo que tú quieras: esa libertad de ser quien eres. Eso hace unos años te costaba la libertad por cosas muy mínimas, pero creo que ahí es donde empiezan las libertades. Una vez que comenzamos a perder ese tipo de cosas, podemos ir perdiendo cosas más grandes. Lee un fragmento aquí.

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