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Disco de la semana: 'Slowdive', Slowdive

Después de 20 años, los reyes del shoegaze regresan con un disco homónimo, corto pero poderoso

Foto: Cortesía Slowdive

Hace poco más de 20 años, la prensa musical le dio la espalda a Slowdive y se enfocó en bandas como Blur, Oasis y Suede. En ese entonces la introspección era aburrida y el mundo admiraba la actitud de “macho” sobre todas las cosas. Asi fue como enaltecieron a los frontmans que se paseaban arrogantemente por el escenario y confrontaban a la audiencia a la menor provocación.

En los noventa, a nadie le parecía atractivo ver en vivo a una banda que pasaba el tiempo con la mirada fija en sus zapatos (esta es la raíz del término “shoegaze”), el mundo quería acción y Slowdive no eran los más enérgicos. Quizá por ello, cuando Alan McGee, fundador de Creation Record’s, les pidió que compusieran un disco pop, inició el aparente fin de su carrera. El resultado fue Pygmalion, un disco lleno de atmósferas envolventes, momentos intensos, pero definitivamente muy alejado del pop. Tras el lanzamiento de este material la banda terminó su relación laboral con McGee y decidieron separarse.

Sin embargo, estos 20 años de ausencia resultaron mucho más positivos para la banda de lo que uno podría imaginar. El público encontró en sus discos un refugio a tanto estímulo visual y una fuente de inspiración para crear sonidos. El sello de esta banda está presente en el trabajo de algunos de los artistas más excitantes de nuestro tiempo, como DIIV, Deerhunter y hasta Tame Impala. Quizá por ello es que su regreso provocó tanto alboroto. 

En 2014, la banda finalmente tuvo su regreso triunfal a los escenarios. Esto ocurrió durante el aclamado festival de Barcelona, Primavera Sound. Allí Rachel Goswell, Simon Scott, Neil Halstead, Nick Chaplin y Christian Savill tocaron frente a más de 25 mil personas. Nada mal para una banda de culto que llevaba alrededor de 20 años ausente, ¿no?

Lo mejor de toda esta historia es que Slowdive decidió regresar al estudio para crear nueva música y no vivir del pasado. El resultado es una joya sonora compuesta de ocho tracks que estremecen de inicio a fin. El álbum homónimo abre con “Slomo”, un tema que evoca la nostalgia de aquellos días en los que, irónicamente, el shoegaze fue desplazado. La armonía de las guitarras y el ambiente que crean en conjunto, es impresionante. Supongo que eso es lo que pasa cuando haces un disco lejos de la presión de la prensa. Este es un trabajo que rebasa cualquier expectativa. 

A este track le siguen “Star Roving” y “Don’t Know Why”, un par de piezas cargadas de una energía singular que muestran lo mejor de la banda. Todos estos años de madurez se reflejan en cada nota. Mientras que las líneas de bajo nos conducen a nuevos destinos.

El punto álgido del disco, al menos para mí, llega justo al final del mismo con “Falling Ashes”, un tema que inevitablemente te conmueve. Así estés hecho de piedra, esta pieza hace que tu corazón se estremezca, sobre todo cuando la letra te obliga a pensar en el amor. 

A pesar de ser un disco corto, el cual parece un EP, nos llena de alegría escuchar cosas tan bien hechas, aunque la banda tenía más de 20 años sin entrar a un estudio. Con un álbum tan bueno sólo nos queda pensar: ojalá todos los regresos fueran tan buenos como el de Slowdive.

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