Jungle
Foto: Cortesía Time Out London

Jungle presentó Loving in Stereo en México

Platicamos con el dúo de música electrónica británico después de su show en el Festival Vaivén

Rodrigo Broschi
Escrito por
Rodrigo Broschi
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Si a la energía post distanciamiento social le sumamos las ganas que dan de mover el cuerpo escuchando a Jungle, el resultado es un show que prende como gasolina. Afortunados los asistentes que vieron a la banda londinense en la edición 2022 del Festival Vaivén.

Sobre su experiencia en conciertos, su más reciente álbum Loving In Stereo (2021) y la influencia del soul de los años sesenta, platicamos con Tom McFarland y Josh Lloyd-Watson.

¿Qué es lo que más disfrutan hacer cuando están en la Ciudad de México?
Nos gusta salir a caminar y de repente detenernos en alguna cafetería local —nos encanta el café—. Comer tacos y tomar mucho tequila también.

¿Cómo se sintieron en su presentación en el Festival Vaivén?
Amamos este país. Siempre son muy nobles y entregados. No habíamos estado en México desde hace tres años y la energía del festival fue un empujón hacia arriba.

¿Qué prefieren, los conciertos íntimos o los festivales abarrotados?
Cuando la audiencia es pequeña se disfruta mucho porque se saben todas las canciones. Los festivales son divertidos pero arriesgados. Muchas veces pensamos que cantarán todas y resulta que no se las saben, entonces nos toca intentar ganarnos su cariño. En un festival nunca sabes qué esperar.

Su más reciente material Loving In Stereo se publicó en su propia disquera, Caiola. ¿Qué tanto les benefició la libertad creativa?
¡Muchísimo! Las cosas fluyeron mejor porque no hubo tanto intercambio de ideas. Confiamos en nuestros instintos y nos dejamos llevar. No lo sobrepensamos. Si muchas personas intervienen existe el riesgo de matar el arte.

¿Tienen alguna canción favorita del álbum?
Varía mucho, dependiendo de nuestro momento. Ahorita podríamos decir que “All of the Time” o “Romeo”.

Su sonido está fuertemente influenciado por la música de los sesenta. ¿De dónde viene la necesidad de regresar a épocas pasadas?
Fueron los últimos años que se grabaron canciones sin un tratamiento digital y forzosamente los intérpretes tenían que ser muy buenos. Ya a finales de los setenta y principios de los ochenta se dio el auge de los instrumentos electrónicos y comenzaron a utilizarse computadoras en el estudio. El factor humano se volvió más sutil.

¿Se puede conectar de la misma forma con la música hecha por máquinas?
Sí, claro, hay otros elementos. Pero no hay interpretación del sentimiento, hace falta el alma. La imperfección es lo que hace a la música buena.

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