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Altares urbanos

Desde Jesús Malverde y la Santa Muerte hasta la virgen en todas sus manifestaciones

Foto: Alfredo Mora
Santa Muerte

Santa muerte

Devoción ancestral

Sí, el principal altar de la Santa Muerte está en Tepito, pero este otro -perdido entre los pueblos originarios del oriente- destaca por su monumentalidad. Basta con ver a alguno de los seguidores saludarla con naturalidad para saber que se trata de un rito bastante doméstico, nada satánico ni malévolo. Entre los mismos habitantes de Iztacalco se pueden apreciar las diferencias de opinión de quienes están a favor o en contra de esta efigie, pero sin duda es una expresión más de la religiosidad mexicana y capitalina.

Virgen del Metro

Filtración de fe

La imagen, a la que muchos le atribuimos su origen a las goteras del Metro, fue encontrada en el piso por usuarios de la estación Hidalgo. En las semanas posteriores al hallazgo de 1997, la mancha fue colocada en el acceso a la estación que está en Zarco y Reforma, que se convirtió en un lugar improvisado de peregrinación y veneración.

Jesús Malverde

En la neblina del mito

El presunto santo patrono del narcotráfico llegó a la Vértiz Narvarte al menos hace cinco años. Acompañado de la Santa Muerte, Malverde tiene aun en el cuello la soga con la que supuestamente fue ahorcado por bandido y salteador de caminos.

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Guadalupana en San Ángel

Entre arcángeles

Por si no tuviera suficiente con la enorme basílica del Tepeyac, la virgen reclamó otro espacio en un rincón propicio para el catolicismo: la Plaza de los Arcángeles. En el hueco de un árbol, la pequeña imagen se encuentra resguardada de la lluvia por algunas protecciones improvisadas. También es común encontrar ahí flores y veladoras.

San Judas Tadeo en el Metro

Culto subterráneo

Aunque el epicentro del culto a este santo es el ex Convento de San Hipólito, el Sistema de Transporte Colectivo de la ciudad se convierte en una extensión del templo cada día 28. El apóstol preferido de las clases populares de la ciudad y auxilio en las causas difíciles, se hace omnipresente en el andén y el convoy a través de cientos de fieles que cargan estatuas (a veces hasta de estatura humana), camisetas, medallas, veladoras. No pocas veces son los mismos fieles los que representan a San Judas con túnicas y báculos en mano. Sólo hay que rondar Hidalgo para comprobarlo.

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