1. El retrato


Es el corazón de la ofrenda. Representa a la persona o personas que esperamos recibir. Colocarlo al centro es una manera de decir “aquí te recordamos” y marcar el punto de encuentro entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

¿Ya tienes lista tu ofrenda? Cada año, las casas mexicanas se llenan de color, aromas y recuerdos para recibir a quienes ya partieron en sus ofrendas de Día de Muertos. Más allá de los adornos, cada elemento tiene un propósito espiritual que ayuda a guiar y reconfortar a las almas que regresan del más allá.
Colocar una ofrenda no es solo cumplir con una tradición: es volver a abrir la puerta de casa para dejar pasar a la memoria. Es mirar una foto, sentir un olor y recordar lo que alguna vez nos hizo reír o llorar.
En el fondo, lo que honramos no es la muerte, sino la vida y momentos que compartimos. En México no se olvida, se recuerda con música, con pan, con flores y con amor. Mientras haya ofrendas encendidas, nadie se va del todo.
Por: Hugo Reynoso
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Es el corazón de la ofrenda. Representa a la persona o personas que esperamos recibir. Colocarlo al centro es una manera de decir “aquí te recordamos” y marcar el punto de encuentro entre el mundo de los vivos y el de los muertos.


Simbolizan la luz que guía el camino de las almas hacia su hogar. Algunas familias colocan una vela para cada ser querido, y su flama representa esperanza, fe y el deseo de reencuentro


Con su color intenso y aroma inconfundible, se dice que ilumina el sendero que conecta ambos mundos. Sus pétalos, dispuestos en caminos o cruces, marcan la ruta hacia la ofrenda.


Después de su largo viaje, las almas necesitan refrescarse. El agua simboliza la pureza y la vida, un elemento que no puede faltar porque representa el descanso espiritual.


Uno de los símbolos más dulces de la tradición. Su forma circular alude al ciclo de la vida y la muerte, mientras que los “huesitos” en la parte superior recuerdan a nuestros ancestros y la unión familiar.


Su aroma purifica el ambiente y eleva las plegarias. Representa el aire, uno de los cuatro elementos que equilibran la ofrenda junto al agua, fuego (velas) y tierra (flores y alimentos).


No hay bienvenida sin banquete. Se colocan los platillos y bebidas preferidas del difunto como gesto de cariño, agradecimiento y conexión emocional. Es una manera de decir: “te seguimos recordando como eras, con tus gustos y tus antojos”.
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